Fanfic: cronicas del viento

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Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Mar 6 Jul 2010 - 12:54

En fin, ayer no podia dormir y tampoco se me ocurria nada para los otros fic (el insomnio es muy malo), asi que empece uno nuevo xDDD. Este va de mitologia (mas o menos) pero con actores jajajajajaja. De hecho usero las imagenes de algunos, pero los nombres quizas cambies para que sea mas facil no perderse ( es que hay muchos dioses ^^U). Ire actualziando los personajes a medida que vayan saliendo. Tampoco le voy a poner capitulos y de hehco lo voy a escribir con mucha calma jajajajaja. Esta basado en el mawha de la novia del dios del agua xDDD. No me enrollo mas, pongo los personajes xD.

Por cierto, si alguien quiere participar en el fic, solo tiene que escribir en el hilo. Si quereis lo podemos convertir en uno conjnto (como ese de Jun Ki que se quedo en proyecto xD) Si lo quereis, este lo podemos utilizar para ello. Los personajes tb som cambiables jajajaja


Personajes:

Park Shin Hye



Kajin ---- > Dios del viento



Jo Shin ---- > dios del agua



Ahjik ---  dios del fuego



Dae Shi --- > general del ejercito



Sujini --- > amigo de Kajin (el moreno jajajaja), es guardia personal xD



Kom Yi <--- ???? (aun no desvelare quiene s xD)



No Min Woo <------  ????  



Kwon Ji Yong < ----- ????? Si lo teneis en hanbok o ropa que pueda paecer antigua, ya sabeis xD



Nakbin<--- diosa de la luna y madre de Kajin



Damdeok  < ----- emperador. Las fotos estan puestas a conciencia.



Última edición por Ayame el Dom 15 Jun 2014 - 23:08, editado 22 veces
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Mar 6 Jul 2010 - 13:12

Cuenta una leyenda que hace mucho tiempo, una mujer que lo había perdido todo debido a una batalla, conjuro a la diosa de la luna. Quería tener un marido y suplico a la diosa, hasta que esta accedió a sus ruegos pero, a cambio debía darle el primer hijo que tuviera con el. Ella, viendo que se cumpliría su deseo, acepto el trato. Poco tiempo después apareció un joven que se enamoro de ella y se casaron. El bebe nació una fría noche de invierno. Este era pálido y de cabellos claros, además sus ojos eran grises. El marido pensando que le había traicionado, acabo con la vida de su esposa y cogió al niño y lo abandono en el bosque. La diosa de la luna lo recogió y lo crio. Cuando el muchacho creció, le otorgo poderes celestiales y, así, fue como nació el dios del viento.

Los niños escuchaban hablar a la joven. Todos los días se reunían alrededor de un pozo donde la chica les contaba historias. Se trataba de Park Shin Hye, la hija de un comerciante de artesania. La joven era de piel pálida y sedosos cabellos oscuros. Conocía miles de historias sobre los dioses, pues iba al templo a leerlas de los libros. Sin embargo, en los últimos días pocas veces habían podido disfrutar de esas historias, pues solo llovía constantemente y muchas veces iba a acompañado de fuertes vientos. Debido a esas intensas lluvias, se producían inundaciones y acababa con la vida de los aldeanos. Los ancianos decían que era porque el dios del agua y del viento estaban luchando para probar sus poderes.

Comenzaba a llover de nuevo y la joven recogió las cosas y se dio prisa para resguardarse de la lluvia. Cuando llego a un templete ya llovía con fuerza y estaba completamente empapada. Sentada en un pequeño banco, vio pasar a dos jóvenes. Parecía no importarles que lloviera tan fuerte, pues iban a paso tranquilo y charlaban entre ellos. Uno de ellos se fijo en que los miraba y sonrió. Era un joven con el pelo oscuro y pudo notar como este le lanzaba una fría mirada que la dejo petrificada en el sitio. El otro joven también miro hacia ella. A diferencia de el otro, este tenía los cabellos plateados y los ojos grises, pero enseguida invito al otro a marcharse y ellos desaparecieron por una esquina. La joven se preguntaba que pasaba con ellos y se dijo a si misma que cuando los volviera a encontrar golpearía al moreno. Después de un buen rato y de ver que no se iba a acabar esa lluvia, decidió volver a casa aunque se empapara. Iba pasando de refugio en refugio hasta que se hizo imposible avanzar pues el agua ya comenzaba a correr por las calles. Enfadada entro en la posada y se sentó a esperar. Cerca de ella había una mujer que vestía un hanbok oscuro y que reconoció enseguida. Se trataba de una casamentera y además la miraba fijamente. Minutos después se levanto y se acerco hasta ella.

- Coge una – la mujer le ofreció una bolsa y dentro había varias bolas de colores – he visto algo en ti y quiero confirmarlo.
- No si yo…
- No te cobrare por esto – la mujer volvió a ofrecerle la bolsa y ella no supo como negarse- Shin Hye saco una bola de color verde que la mujer cogió y examino con cuidado – como me parecía cuando te vi. Tienes un destino interesante, pronto te darán una importante noticia. Al principio no comprenderás porque te ocurre, pero no puedes evitar el destino.
- Vaya – Shin Hye se levanto rápidamente. No le gustaba las casamenteras y esta no le inspiraba confianza – parece que ha dejado de llover, discúlpeme.

La joven llego empapada a casa y rápidamente se metió en el baño que ya había preparado su madre. Cuando salió de el, su padre ya había llegado a casa. Estaba reunido junto a su madre al calor del fuego del hogar. Su padre parecía preocupado.

- El c consejo de ancianos se ha reunido. Han decidido ofrecer a una joven en sacrificio para que calme la ira de los dioses.
- ¿Sacrificio? – la madre de Shin Hye dejo de avivar las llamadas y lo miro – eso hace mucho tiempo que no se lleva a cabo, porque…
- Precisamente por eso, porque hace mucho tiempo, creen que es el motivo por el que el dios esta furioso.
- ¿Han elegido ya la persona que lo hará? – pregunto Shin Hye asustada. Con el sacrificio ofrecían a una joven en edad de casarse.
- Todavía no, están pensándolo. Dentro de unos días darán la respuesta.
- Debemos buscarte un pretendiente – la madre se acerco al padre – ella esta en edad de casarse, no podemos…
- Hace unos meses que entro en esa edad – el padre intento tranquilizarla – no la elegirán a ella, será mas mayor.

Debido a la noticia, los aldeanos estaban nerviosos y preocupados. Las madres corrían de un lado para otro formando grupos e intentando convencerse unas a otras para evitar que fuera su hija la elegida. La actividad parecía haberse detenido en la aldea hasta que dijeran quien era la elegida. Incluso en el pozo, donde solían jugar los niños, no había nadie. Por ese motivo, Shin Hye decidió esconderse en el templo. Allí podría leer con tranquilidad y cuando todo acabara, podría contarles nuevas historias a los niños. Sentada sobre unos cojines, decidió que era tiempo para descansar y se tumbo observando el cielo. Se quedo dormida y cuando despertó había anochecido y un fuerte viento soplaba indicando que pronto comenzaría a llover de nuevo. La joven se levanto y corriendo salió de allí. Sus padres debían estar muy preocupados. Cuando iba a franquear la puerta, vio al joven de pelo plateado que había visto hacia unos días. Estaba sentado al borde de un estanque. Este al sentirse observado, se giro y la miro a ella. El viento movía con suavidad su pelo y ella se pregunto como era posible, pues las rachas apenas le permitían a ella ver bien. ¿Quién seria ese joven? No recordaba haberlo visto nunca en la aldea. No importaba, tenia que volver enseguida a casa.

Al abrir la puerta su madre estaba sentada cerca del hogar con un pañuelo en la mano. Al verla, se abalanzo sobre ella y comenzó a llorar. Se disculpo por llegar tarde y haberla preocupado, pero la madre no parecía escucharla. En otra habitación escucho varias voces masculinas. Abrió la puerta y vio a su padre con el consejo.

- ¿Qué esta pasando…
- Shin Hye, ellos están aquí porque…
- Has sido la elegida para calmar la ira de los dioses – termino uno de los ancianos.
- ¿Qué estáis diciendo? – la joven cogió a su padre y lo miro suplicante – padre, no puedes permitirlo. Esto es una locura no…
- ¿Deshonraras a tu familia? Si eres buena hija lo harás sin protestar – uno de los ancianos se levanto y los otros lo siguieron – mañana tendrá lugar la ceremonia. Os enviaremos las cosas para los preparativos.
- Lo siento Par Shin Hye – el padre se inclino ante ella – no podemos hacer nada.

Esa noche fue muy larga. Incapaz de dormir, daba vueltas de un lado al otro de la habitación. Había pensado en huir de allí, pero no podía hacerle eso a sus padres. Siguió dándole vueltas a como evitar ese destino, pero no encontraba la solución, ¿es que no podía hacer nada? Escucho sollozos detrás de la puerta de su habitación. Alguien lloraba, posiblemente su madre. Ella tampoco pudo evitar dejar escapar las lágrimas, pues no la volvería a ver más. Poco a poco el sueño le fue venciendo y se quedo dormida. Le vino a la mente un recuerdo que tenia de la infancia. Cuando era muy pequeña, estaba jugando en el jardín del templo. Una ráfaga de viento se llevo una pequeña pelota que tenia. Cuando fue a recogerla, se había parado delante de un niño. Intento recordar su cara, pero no era capaz de verla. Estuvieron jugando juntos y cuando se despidió de él, le pregunto el nombre pero este no le respondí y salio corriendo.

Alguien abrió las persianas y dejo entrar la claridad del día. Dentro de la estancia había varias mujeres listas para vestirla y peinarla. Observo que había un hermoso hanbok blanco con hojas de cerezo que parecían volar y supo que era un último regalo de su padre. Su madre también estaba allí, aunque serena y sin derramar lagrimas. A lo largo del día se fue agolpando gente alrededor de la casa. Al atardecer Park Shin Hye salió de su casa. Todos estaban impresionados de verla. Con el kimono, el peinado y el maquillaje parecía una novia de verdad. Sus amigas estaban en un lado, llorando. Algunas jóvenes susurraban oraciones y todos le daban las gracias por salvar a la aldea, aunque también escucho murmullos que se comparecían de ella porque posiblemente se encontraría con un monstruo. Sin embargo, ella sabía que todo era mentira. En verdad pensaban que era un alivio que fuera ella y no sus hijas. Odiaba todo esto y lo peor es que no había forma de escapar. Al menos debía agradecer algo, el día había sido claro y ni el viento ni la lluvia habían hecho acto de presencia. El consejo de ancianos la esperaba en la playa. Según decían las leyendas, para acceder al reino de los dioses había que ir montada en una barca y ellos la guiarían. Así, se aseguraban que nadie conocía la entrada. Después de varias oraciones la ayudaron a subir a la barca y le colocaron un velo blanco. Cuando empujaron la barca mar a dentro, busco la mirada de su madre. Estaba muy nerviosa y necesitaba un punto de apoyo. Su madre estaba cerca del agua, intentando contener el llanto. Solo desvió la mirada cuando era un punto en la lejanía. Estaba sola en una barca en medio del mar. Se preguntaba si alguien la salvaría o moriría ahí. Poco a poco cayó la noche y las estrellas comenzaron a reflejarse en el agua en calma. Se tumbo a lo largo de la barca. El hambre comenzaba a aparecer, al menos lo podrían haber dejado un poco de comida. Miro el cielo estrellado y se acordó del encuentro con el joven de pelo plateado. Volvió a surgirle la duda de quien era pero ya nada podía hacer. Jamás lo volvería a ver.

Suspiro resignada y decidió dormirse, quizás así todo pasara mas rápido. El viento comenzó a mover la barca. Al principio pensó que el vaivén le ayudaría a conciliar el sueño, pero se asusto cuando las rachas se hicieron más fuertes y levantaron olas. La intensidad del viento subió en pocos minutos y las olas con el. Se sujeto con fuerza a la barca cuando una de ellas casi la tira. Realmente era una muerte horrible y no quería pasar por eso. Rezo para que todo aquello terminara pronto y cerro los ojos cuando una ola inmensa enguño la barca.

Le pesaban los ojos, pero quería abrirlos para ver que había pasado. Cuando la ola arrastro la barca al fondo del mar, intento subir a la superficie pero debido al peso de todo lo que llevaba fue incapaz de conseguirlo y pensó que había muerto ahogada. Sin embargo, estaba viva en una playa, pero algo estaba mal allí. Al mirar hacia arriba pudo ver el cielo azul, pero también unas enormes rocas que se preguntaba como se sostenían en el aire. Apenas tuvo tiempo de preguntárselo, pues alguien estaba a su lado. La joven de un salto se puso en pie y retrocedió. Se trataba de un anciano con un traje de fina seda. Este se inclino y la invito a seguirle.

- La he estado esperando. Me llamo Tensho, soy un sirviente del dios del agua. El me ha mandado venir a buscarla. Usted es la novia del dios del viento.

Park Shin Hye lo siguió hasta el interior de un palacio que parecía de cristal. La joven no sabía decir con exactitud si estaba aterrada o impresionada. Tensho le pidió que esperara por el en un pequeño jardín mientras la anunciaba. Después de varios minutos se impaciento y decidió explorar. Al girar un seto vio un lago a alguien en el. Un joven de cabello rojo fuego parecía disfrutar de la vista del lago. Cuando este se giro y la vio, comprobó que su mirada era gentil y calida. ¿Podría ser el dios del viento? este se acerco a ella y se inclino. Cuando iban a hablar, Tensho apareció detrás de ella asustándola.

- Debería haberme esperado donde le dije – Tensho se inclino y se dirigió al joven – le pido disculpas, es la novia del dios del viento. Acaba de llegar.
- Es una joven hermosa. Será mejor que la lleves cuanto antes junto al dios y que le presente a su futuro esposo.

El joven volvió a inclinarse y desapareció. Tensho apremio a la joven para que entrara por una gran puerta y la cerro detrás de ella. Era una sala con una mesa y con te preparado. En ella estaba un joven de su edad de cabello revuelto que la miraba con curiosidad.¿Quizas este si era el dios del viento? Este hizo un gesto y la invito a que se sentara.

- Lamento la forma en la que llegaste aquí – el chico parecía realmente apenado – debes haber pasado miedo.
- Esto…. – la joven sonrió nerviosa. No sabia como comportarse realmente ante ellos – Habaek…
- Llámame Jo Shin, el nombre de Habaek es como me conocen los humanos – el muchacho sonrió - ¿Y tu nombre?
- Ah, me llamo Park Shin Hye. ¿Cuántos años tienes?
- Mmmmm se podría decir que en términos humanos, deberían ser unos 22 – Jo Shin rio ante la cara de la joven, pero su expresión cambio cuando se abrió la puerta. Por ella entraba el joven de cabello plateado y ojos grises que había visto el día de la lluvia y en el templo. Ambos se levantaron y saludaron – este es Kajin, dios del viento. Como me pediste he ayudado a tu novia a cruzar hasta…
- ¿Por qué querría alguien como yo a una mujer humana? Hay miles de sirvientas, podría tener a la que quisiera.
- No seas así – Park Shin Hye vio que al lado estaba el otro joven del día de la lluvia. Este se acerco a ella y le acaricio el rostro – sirve como juguete. Dime preciosa, ¿Cuál es tu nombre?
- Park Shin Hye – susurro ella.
- Bien, acompañarla a su habitación – el dios del viento salio por otra puerta con el otro joven – voy a divertirme un rato con esos humanos.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Vie 30 Jul 2010 - 9:51

Ahora si, esta corregida la ortografia y añado otro trozo. La parte nuea la pongo en negro para que tey no se pierda jajajjaja.

El paso de los días no ayudo a que Shin Hye se encontrara mejor. Apenas había visto nada del lugar. Se limitaba a pasarse las horas encerrada entre su habitación y una pequeña sala donde la acompañaban dos sirvientas. Por supuesto, tampoco había vuelto a cruzar una palabra con Kajin.

Desde la ventana de la pequeña sala, había visto pasar varias veces a Kajin acompañado de algunos soldados. Una de las veces, sus miradas se encontraron, pero él se limito a continuar su camino sin prestar atención. Por las noches, se sentía sola. Siempre había estado rodeada de su familia y en este lugar, ni siquiera tenía a alguien a quien contarle sus miedos o inquietudes. Todas las noches lloraba recordando a su madre hasta caer profundamente dormida. El agotamiento se hizo patente, cuando una mañana, las sirvientas fueron a vestirla, y ella se desmayo.

Ni siquiera en ese momento Kajin fue a verla. Sin embargo, Jo Shin si que la visito. El joven dios parecía preocupado y ella, agradeció su compañía. En alguna ocasión, le acompañaba otro chico. Este vestía de negro. Era moreno con el pelo largo, y lo presento como Dae Shi, general de su ejército. Al principio Shin Hye se encontraba distante. Desconfiaba de ambos, pero Jo Shin era muy amable con ella y con Dae Shi, rápidamente cogió confianza. Tanto el dios como el general, pasaban a verla siempre que tenían tiempo. Esto llevo a que poco a poco se fuera forjando la amistad entre ellos.

Kajin estaba sentado bebiendo con su amigo Sujini. Este era su guardia personal desde hacía muchos años. Junto a ellos, había un grupo de bailarinas y soldados. Algunos, lanzaban miradas a las jóvenes bailarinas y estas, sonreían hacia ellos. Sin Hye paso disimuladamente entre los biombos, pero Kajin la vio. Permitió que las bailarinas continuaran el baile, pero él se retiro argumentando un pequeño malestar. Una sirvienta iba a acompañarlo, pero él se negó y se marcho. Sujini lo miro extrañado, pero decidió continuar la fiesta.

Diviso a la joven pasando entre unas columnas. Se dirigía a un pequeño jardín que tenían en un lateral del palacio. Al seguirla comprobó que allí estaba Jo Shin y Dae Shi. Hasta el habían llegado los rumores de que los tres se llevaban muy bien, pero jamás podría comprender que le veían de interesante a esa humana. Escucho una risa y se sorprendió porque era la de ella. Nunca la había escuchado reír desde que llego. También los chicos sonreían mientras paseaban.

- ¡Ay, que mono! – Shin Hye se acerco a un pequeño pájaro dorado que estaba posado en una rama.
- ¡No lo toques! – gritaron los chicos a la vez.

Sin embargo, el aviso llego demasiado tarde. La joven iba a acariciarlo. En cuanto poso una mano sobre él, comenzó a chillar y sus plumas se convirtieron en púas que se clavaron en su mano. Al separarse, Dae Shi espanto al animal y Jo Shin comprobaba la herida. La zona estaba enrojecida y para mitigar el dolor, utilizo un poco de su poder para refrescar la herida.

- ¿Qué es eso? – pregunto la joven.
- Se llama daseba – Kajin irrumpió en el jardín. Se había cansado de observa – los humanos sois idiotas, ¿Cómo tocas un animal que no conoces?
- ¿Me has llamado idiota? – Shin Hye se levanto molesta - ¿Quién te crees que eres para llamarme así?
- Un dios – respondió este sonriendo altivo – puedo llamarte como quiera.
- No es bueno que te alteres – dijo Jo Shin sujetándola al notar que estaba tan molesta, que iba a pegar a Kajin – el veneno se extenderá.
- Los humanos sois unos débiles – dijo Kajin cogiéndola de la mano y marchándose.
- ¿Qué crees que estas…?
- Callare – ordeno Kajin desde lejos.
- Es la primera vez que se hablan desde que ella llego – dijo Dae Shi observando al dios del agua, quien parecía divertido - ¿todo esto lo has planeado tu? Los daseba pueden ser peligrosos.
- No pasa nada, estabas tú para defenderla.
- Es un monstruo que ha atacado a la novia del dios del viento – respondió molesto el general – es mi trabajo protegerla, pero no me gusta que este expuesta a riesgos innecesarios.
- No te enfades – rio Jo Shin – te invito a beber algo para rogar tu perdón.
- Aun no me has dicho que quieres conseguir con esto.
- Divertirme – respondió el dios – me pregunto si ella será capaz de destruir la coraza en la que se protege Kajin.
- Es una simple humana.
- Estos seres llamados humanos, pueden hacer cosas verdaderamente increíbles. Solo tenemos que observar.

Kajin llevo a la joven a su habitación. Allí la obligo a sentarse en la cama y le aplico un ungüento. Ella observaba en silencio como él se levantaba y se dirigía a la puerta. No sabía los motivos por los que la odiaba, pero estaba intrigada y quería conocerlos.

- ¿Qué tienes en mi contra? – pregunto la joven directamente. Al ver que no recibía respuesta, comenzó a enfadarse. Se dio la vuelta y se tumbo en la cama – me gustaría ser tu amiga, pero veo que es imposible. ¿Quién de los dos es mas crio? Deberías pensarlo.
- No me gusta que me impongan las cosas – Kajin la miro, pero la joven seguía de espaldas – y tu no me gustas tampoco. Odio a los humanos.
- Lamento no ser de tu agrado, pero no puedo desaparecer sin más.
- Con ignorarte bastara – dijo Kajin abriendo la puerta.
- Serás… - la joven le tiro un almohadón cuando cerró la puerta.

Como era habitual, después de curar su herida, no volvió a saber nada de Kajin. La joven no podía pasar por alto el hecho de que el dios odiara tanto a los humanos. Jo Shin y Dae Shi no parecían odiarla. Sabía que preguntarle directamente no servía de nada con Kajin, por lo que decidió investigar por su cuenta. Empezaría por Jo Shin.

La joven abrió la puerta de su dormitorio y, después de mirar a ambos lados, salió y cerró la puerta con cuidado. Después del incidente le habían pedido que no saliera, pero se sentía atrapada en esas cuatro paredes. Se recogió el pelo en una coleta y avanzo en dirección hacia un pabellón cerca del lago, donde el dios del agua solía estar. No estaba allí, por lo que decidió buscarlo por el laberintico palacio.

Para no perderse, caminaba pegada a las murallas. El camino era fácil y además, contaba con la seguridad de los arbustos en caso de peligro. Escuchaba murmullo al otro lado de la muralla, pero suponía que eran los guardias. No sabía que había al otro lado y eso era otra cosa que la tenia intrigada. De momento decidió centrarse en un solo asunto, lo mejor era ir poco a poco. Al acercarse a la puerta principal, vio que estaba abierta y que por ella pasaba una pequeña comitiva de hombres armados. Vio algunos heridos y se pregunto si habría habido una batalla y contra quien habían luchado. Su atención se desvió a un joven que iba a caballo. Al principio le costó reconocerlo, pero bajo el casco asomaban algunos mechones pelirrojos. Se trataba del joven que había visto la primera vez que llego, y que confundió con el dios del viento.

Pasando entre los arbustos llego hasta la entrada principal. Allí se separaban los soldados y se dirigían a sus diferentes cuarteles. El joven pelirrojo bajo del caballo y se adentro en el palacio. Shin Hye espero a que todo estuviera despejado para seguirlo.

No había nadie en el pasillo. Se aventuro por él y bajo las escaleras. Tras abrir una puerta, dio con un patio lleno de cerezos. Estaban cubiertos de nieve, pues era invierno. Un viento frio le hizo temblar y ella recorrió el patio corriendo hasta la otra puerta. Al abrirla dio con una habitación donde había un pequeño altar y varias espadas y una lanza. Se preguntaba de quien serian. Escucho voces procedentes del patio. Se dirigían hacia allí. Se escondió dentro de un armario que había en el lateral y espero. Dos criadas entraron y recogieron varias espadas, luego salieron. Cuando estaba segura de que se habían alejado, salió del armario. Dejo esta estancia y volvió a cruzar el patio, esta vez para dirigirse a otro pequeño pasillo. Este tenía algunas estancias a ambos lados, pero no quiso entrar en ninguna. Sin embargo, se freno cuando escucho ruidos detrás de ella. Alguien le seguía. Rápidamente se metió en una de las puertas y espero a que pasara el peligro. Pudo ver que había entrado en una pequeña sala con varias sillas. Si no se escondía pronto, la descubrirían. Al ver una puerta trasera que estaba entreabierta, decidió escapar por allí. Justo cuando iba dar un paso hacia el exterior, una mano le agarro el brazo. Se giro asustada y le taparon la boca para que no gritara. Comprobó que se trataba de Dae Shi y se calmo.

- ¡Dae Shi! ¿Cómo me has encontrado?
- Soy tu guardia personal, tengo que saber en todo momento donde estas. Tenemos que salir de aquí rápido – El joven se giro y chasco al lengua. Cogió a la joven y la metió en un armario lateral. El también entro – no te muevas ni hagas ruido.

A los pocos segundos, pudo escuchar voces que reconoció como la de Kajin, Jo Shin y dos personas más que no sabía exactamente quien eran. Pudo notar seriedad y preocupación. Se sentaron e las sillas y comenzaron una conversación sobre algunas estrategias militares que ella no entendía. Dae Shi permanecía en silencio pero en alerta, como si en cualquier momento fueran a abrir la puerta y tuviera que salir a pelear.

- ¿Qué quieres decir con eso Ahjik? – pregunto Kajin y Park Shin Hye adivino que hablaba con el joven pelirrojo, pues las criadas le habían dicho su nombre.
- Ahora m ismo las fronteras están aseguradas, pero el enemigo se ha vuelto peligroso. Han aumentado su número y cuentan con un aliado poderoso.
- ¿Quién? – pregunto otro joven y ella reconoció como Sujini, el amigo de Kajin.
- Aun no lo sabemos – respondió Ahjik – los espías están investigando.
- Por lo tanto solo tenemos que esperar noticias – suspiro Jo Shin.

Llamaron a la puerta y por la rendija, Shin Hye pudo ver una criada. Detrás de ella había un muchacho de apenas 15 años. Parecía nervioso y la criada lo presento como un mensajero.

- Kajin, dios del viento – comenzó el muchacho – tengo un mensaje de Nakbin, diosa de la luna. Dentro de tres días, vendrá a visitarte. Quiere conocer a tu novia.
- ¿A Park Shin Hye? – pregunto Jo Shin cuando el mensajero se despidió.
- ¿Qué interés puede tener mi madre en una humana? – pregunto Kajin – la recibiré, pero no le presentare a esa mortal. No tengo tiempo para sus juegos.
- Viene expresamente para eso – dijo Jo Shin - ¿Cómo se habrá enterado?
- Ya sabes que tiene mucho poder – respondió Sujini – supongo que es fácil saber cuando un insecto a traspasado el mundo humano y a acabado aquí.

Sin poder aguantar más, Shin Hye salió de su escondite. Los dioses la miraban con sorpresa, pues no se la esperaban allí. Kajin se levanto indignado, ¿Cómo había conseguido llegar a ese lugar? ¿Dónde estaba la seguridad del palacio? Su sorpresa aumento cuando Dae Shi salió detrás de ella. ¿Qué hacían allí escondidos? ¿Cuánto tiempo llevaban allí? Miro a la joven intentando buscar respuestas, pero solo encontró enfado y odio.

- Comprendo que me llaméis humana, que es lo que soy. Pero, ¿Insecto?, ¿mortal? – la joven golpeo la mesa – puede que no sea inmortal como vosotros, pero tengo un nombre y ese es…
- ¿Qué haces aquí? – pregunto Sujini – este lugar tiene la entrada prohibida.
- Ah,,, Yo,,, lo seguí – dijo ella señalando a Ahjik.
- ¿Para qué me seguiste? – preguntó el joven mirándola fijamente.
- Ah… porque yo… - no encontraba ninguna excusa.
- No puedo dejar que mi madre la vea – Kajin se sentó – sus modales son pésimos y estaba con Dae Shi.
- El me encontró y para que no…
- Está prohibido ver a la novia del dios del viento, y por lo tanto, tampoco puedes estar en el mismo sitio que ella – dijo Kajin – serás castigado por esto.
- Dae Shi no hizo nada, el…
- Park Shin Hye – Jo Shin se levanto – será mejor que lo dejes. Dae Shi se ha equivocado.
- Pero es injusto – Shin Hye cogió a Dae Shi de la mano- el gesto sorprendió a todos y el joven, intento soltarse, pero ella lo sujeto mas fuerte – lo estoy tocando. Por lo tanto, castígame a mi también.
- Shin Hye, ¿Qué haces? – Dae Shi miro alarmado a Kajin – no lo provoques.
- ¿Estas desafiándome? – la cara de Kajin estaba roja de ira. Rápidamente se acerco a ellos. Dae Shi se puso delante de Shin Hye protegiéndola. El joven dios era muy temperamental y temía que pudiera dañarla. Ahjik y Jo Shin también se acercaron alarmados. Kajin se calmo un poco y aparto a Dae Shi para mirar a la joven a los ojos – todavía no ha nacido el mortal que ose plantarme cara. Parece que eres muy valiente. Espero que también lo seas cuando recibas tu castigo. ¡Guardias! Llevad a esta mortal a su habitación y que no salga. Sujini, llévate a Dae Shi y enciérralo hasta que decida qué hacer con él.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Mar 10 Ago 2010 - 12:10

El dios del viento y el dios del agua bajaron a la tierra. Kajin quería calmarse y sabia que permanecer en su mundo no le ayudaba. Además tenía que ir a verla y si iba en ese momento, solo conseguiría enfurecerse más y cometer alguna locura. Pero no la había dejado sola, Sujini se encargaría de asustarla un poco antes de que él fuera.

Jo Shin miraba de reojo al dios. Los dos caminaban por el mercado, pero la mente de Kajin no estaba allí en ese momento. Tanto él como Ahjik habían presenciado el interrogatorio a Dae Shi. El joven general se mantenía en su postura de que se había metido con ella en el armario para protegerla. No sabía quién iba a entrar en la sala y para poder protegerla, lo mejor era estar juntos. Jo Shin creía en el, pues sabía lo importante que era su trabajo para el general. Sin embargo, le preocupaba la actitud de Sujini, quien parecía divertirse con esto. Además, tenía que sumar su preocupación por las últimas palabras de Ahjik antes de dejar la sala.

- Dentro del palacio tampoco estamos seguros.

Se había dado la orden de reforzar la seguridad, pero si el ataque venia de dentro, podía ser más peligroso que cualquier otro.

El pueblo de Park Shin Hye estaba en calma. Solo un pequeño altar dedicado al dios del viento, recordaba a la joven. En él, se habían colocado ofrendas y un poco de incienso. A parte de eso, estaba vacío. Solo una mujer estaba allí arrodillada y rezando. Ambos dioses se pararon para escuchar su ruego.

- Dios del viento, cuida de mi hija. No dejes que nada malo… - el sollozo interrumpió el rezo – perdónanos Shin Hye.
- Que raros son los humanos – comento Kajin.
- Deberíamos volver – dijo Jo Shin. La verdad es que estaba preocupado por los métodos de interrogación que solía hacer Sujini. Conocía el odio que le tenía a los humanos e interrogaba a hombres y mujeres por igual – hace tiempo que la encerraste. Debe estar aterrada.
- Estará más preocupada por Dae Shi que por ella misma. Los humanos son idiotas.
- Aun así, debes ir. No deja de ser tu novia.

El dios del viento se giro antes de desaparecer. Hizo un disimulado movimiento de su mano y una pequeña ráfaga de viento, que movió el cabello de la mujer. Esta lo interpreto como que su plegaria había sido escuchada,

Sujini se dirigió al edificio de los criados, en la parte posterior del palacio. Allí se estaban alojando sus tropas. Había ordenado que llevaran allí a Park Shin Hye, quien lo esperaba en una habitación estrecha y oscura, sin ventanas ni lámparas. El edificio consistía en una hilera de habitaciones similares, destinadas a almacenes y un dormitorio grande con media docena de camas. Allí, Sujini se puso un peto de bronce y cuero entorno al pecho, muñequeras del mismo material y un cinturón donde metió una daga. Distraído, no escucho al soldado que lo llamaba.

- Señor, ¿estas bien? - Sujini levanto la vista del suelo y vio al soldado con un látigo de conducir carros de caballos - ¿Habías pedido esto?
- Si – respondió Sujini - ¿Dónde están los demás?
- Esperando fuera, señor.
- De acuerdo – Sujini se ajusto la daga, miro el látigo y sonrió – vamos.

Fuera le aguardaban los cuatro soldados más altos y musculosos que tenia, con grandes piernas y anchos troncos. A su lado Sujini, parecía un hombre escuálido. Camino junto a la hilera de puertas y, al llegar a la ultima, hizo una señal a un soldado, que retiro el pestillo sigilosamente. Luego, dio un paso atrás y abrió la puerta de una violenta patada.

La luz del sol atravesó la negrura del interior. Un soldado cogió la lámpara que llevaba uno de los hombres y entro con paso firme. Sujini hizo señas a los demás soldados de que lo siguieran, y estos obedecieron entrando con lanzas y llenando toda la habitación. Solo entonces entro Sujini, caminando pesadamente y golpeándose el muslo con el látigo enrollado.

Park Shin Hye estaba apoyada contra la pared más alejada, con los brazos caídos en los costados. Por lo general, Sujini no solía fijarse en el aspecto de las personas que interrogaba, pero esta vez era diferente. No pudo evitar admirar su figura sin adornos. Para ser una mortal, en sus ojos brillaba aquella molesta expresión de valentía que tanto odiaba. Estos eran grandes y rasgados, y lo miraba con descaro. Llevaba sueltos los largos y espesos cabellos. Al contrario que muchas mujeres espía, a las que Sujini había interrogado, Shin Hye no se mordió el labio inferior para atraer la atención hacia la boca. Se limito a encararse con él en silencio, con la dignidad de una diosa.

El general respondió al saludo de los guardias, se situó frente a ella y le dirigió una mirada glacial. Atónito, comprobó que la expresión de la joven no había cambiado al ver entrar a los soldados. ¿es que no tenía miedo?

- No serás capaz de interrogarme por la fuerza.
- ¿Estas dispuesta a confesar? – pregunto él.
- Ya dije que no había nada que confesar. Estaba curioseando por el palacio, cuando Dae Shi me vio.
- Dae Shi ha confesado, tu deberías hacer lo mismo. Así será todo más fácil.
- ¿Disfrutas con esto? – la voz de Shin Hye se dirigió a la puerta. Creía que allí estaba Kajin. Luego miro a Sujini – Dae Shi no ha podido decir nada. Aunque lo torturéis, siempre dirá la verdad.
- ¿Cómo estas tan segura?
- Confió en el – sonrió Shin Hye. Volvió a mirar a la puerta.
- No está aquí – respondió el joven general – estoy yo solo. Visto que no quieres confesar, tendré que pedirte disculpas por adelantado. Perdóname.
- ¿Por qué? – Shin Hye se movió con nerviosismo, luego miro el látigo y tuvo un poco de miedo – no serás capaz de…
- No puedo hacerlo – Sujini también miro el látigo. Quizás se estaba excediendo y no sabía muy bien como reaccionaria Kajin cuando se enterara. Luego miro a un soldado. Si él lo hacía, no sufriría el castigo directamente – tendrás que hacerlo tú.
- Tendré cuidado, señor.
- Sé que lo tendrás, pro será difícil.
- ¿Qué es difícil? – quiso saber la joven.
- Señor, será mejor que esperes fuera.
- Tienes razón,
- Espera un momento – pidió Shin Hye.
- Debo irme – dijo Sujini mirándola – te enviare un medico enseguida. Es muy bueno curando quemaduras. Quizás no te quede cicatrices.
- ¿Co… como puedes decirme eso? ¡¿A dónde vas?!
- Tienes razón – dijo Sujini – no soy capaz de interrogarte por la fuerza. Me has derrotado.

Dio la espalda a Shin Hye y traspaso la puerta, que se cerró dejándole a la luz del sol. A lo lejos vio llegar a Kajin y a Jo Shin. Espero a que se acercaran y sonrió al verlos.

- Llegáis a tiempo. Va a confesar.
- ¿Dónde está Park Shin Hye? – pregunto Kajin.

Dieron un respingón cuando oyeron el restallido del látigo. Luego, oyeron un grito, el grito de una mujer pero no era de dolor, sino de rabia. Después sonó una bofetada.

- ¡Sujini!!Abre la maldita puerta! ¡Maldita sea! Eres un rastrero… ¿Sujini? Que los dioses te maldigan si no estas ahí.
- ¿Qué estas haciendo con ella? – pregunto Jo Shin alarmado y se dirigió a la puerta pero Kajin lo paro. Vio que el joven dios miraba la puerta con horror y luego dirigió una mirada a su general.
- Solo intento sacarle la verdad – se limito a responder este.

Kajin abrió rápidamente la puerta. Shin Hye seguía de pie contra la pared. Sus largos y oscuros cabellos estaban revueltos y jadeaba. La falda mostraba un tajo desde la cadera hasta el muslo y la sangre brotaba y se esparcía entre la ropa y el suelo. A su lado, estaba el soldado mirándola boquiabierto y con una mano apretada contra la mejilla enrojecida. El látigo se hallaba en el suelo. Kajin lo recupero y miro al soldado, que le devolvió la mirada confundido. Saludo y se fue, indicando a los demás soldados que salieran primero.

Iluminada por la luz de las lámparas, Shin Hye estudio a Kajin, aferrándose los brazos. El comprendió que, de lo contrario, le temblarían las manos. Kajin dio un paso al frente, pero ella se alejo de él y se volvió bruscamente hacia la pared.

- ¿Como puedes ser tan rastrero? – dijo escupiendo las palabras - ¡ibas a dejar que me torturaran!
- Debo descubrir la verdad – Kajin no tenía intención de admitir la verdad. Conocía los métodos de Sujini, pero no esperaba que llegara a tanto.
- Nunca he mentido – respondió la joven – me mantengo en lo dicho. Dae Shi solo estaba protegiéndome.
- ¡Shin Hye! – Jo Shin entro en ese momento. Al ver como sangraba la herida se apresuro a coger a la joven de un brazo y a sacarla de allí – Kajin, tiene que verla un medico cuanto antes.
- Llévatela – respondió el joven dios.
- Te odio – susurro la joven al pasar a su lado.

Jo Shin la ayudo a caminar y cuando pasaron al lado de Sujini, Shin Hye le lanzo una mirada cargada de odio. El joven se limito a sonreír. Había conseguido uno de sus objetivos, conseguir que la joven lo odiara y así Kajin, la devolvería con los humanos. Minutos después, el dios salió de la habitación y se enfrento al general.

- ¿Por qué lo has hecho? No es ninguna espía, no hay porque tratarla así.
- ¿Te estas viendo? Te compareces de una humana. Casi no te reconozco.
- Te considero casi un hermano – Kajin se acerco a su general para susurrarle, no quería que los soldados lo oyeran – pero no tolerare mas actos de este tipo, aunque seas tú.
- Es una simple mortal, no entiendo…
- Quizás porque yo también soy medio humano – susurro el joven dios – déjala tranquila.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Lun 30 Ago 2010 - 16:18

Es un trozo pq me voy a poner a estudiar. Depues por la noche cuelgo el resto, que aun no lo he pasado al pc xDD. Ah por cierto, pongo la foto del emperador XD

Después de lo ocurrido, Dae Shi fue revelado de su cargo como guardián de la joven. Había vuelto a estar bajo el mando de Jo Shin. Los últimos acontecimientos lo habían puesto en alerta. Además, Kajin estaba ocupado preparando la llegada de su madre.

Nakbin era una diosa que tenía mucho poder en el reino celestial. Era hija del difunto emperador y, a pesar de que había sido su hermano, Damdeok, quien había accedido al trono, la lucha que habían mantenido durante años, no había terminado.

Ahora se trataba de una guerra de intrigas y conspiraciones palaciegas y que afectaba a la familia de ambos. Nakbin tenía muchos aliados poderosos y su principal motivación era desterrar a su hermano del trono, aunque para ello tuviera que pisar a su propio hijo. Jo Shin lo sabía y por eso, se ponía en guardia ante esta visita. Kajin lo agradecía, pero Jo Shin sabía que su amigo era incapaz de dar una orden contra ella. Po lo tanto, el dios del agua asesoraba a Kajin y lo rodeaba de personas de confianza, para que no pudieran atentar contra él.

A pesar de decir que era una visita de cortesía. Tanto Jo Shin como Ahjik, que también se preocupaba de la protección del dios del viento, sabían cuál era el principal motivo de su llegada. Nakbin quería comprobar si podía utilizar a la joven como peón en su juego. Después de lo que había hecho Sujini, la joven odiaba a Kajin, pues pensaba que este había dado la orden. Jo Shin sabía que esto había llegado a la diosa, pues tenía una amplia red de espías. Por lo tanto, era un blanco fácil para la diosa.

Park Shin Hye volvía a estar encerrada en su habitación. Nadie tenía permitido acercarse allí, excepto unas criadas que tenían prohibido hablarle y Kajin, quien no se presento. Todos los días la joven preguntaba por Dae Shi, pero nunca recibía respuesta. Por las noches, cuando todo estaba en calma, notaba movimiento detrás de la puerta. Una sombra se paraba delante de ella, permanecía allí unos segundos y después se marchaba.

Una de las noches decidió comprobar quien era, así que tramo un plan para poder escapar de su encierro. Todas las ventanas daban al lago interior que había en el palacio, por lo que era imposible escapar por allí. Sin embargo, para poder construir las paredes tuvieron que poner columnas y estas las unieron por un pequeño saliente, por el que le podía caminar hasta llegar al pasillo. Decidió intentarlo. Al anochecer se acerco a la ventana y con cuidado avanzo hasta el pasillo. Como todavía era temprano, decidió dar un paseo sin ser vista. Después, se escondió tras una columna para esperar.

Pasaron los guardias que vigilaban, lo que le dio a entender que estaba cerca la hora en que todos se iban a descansar. Echo una mirada al pasillo, pero al verlo vacio, se sentó en la barandilla que había tras la columna y decidió esperar. A los pocos minutos escucho pasos y se escondió. Se asomo curiosa y vio a Kajin que se acercaba. En la mano parecía llevar algo y cuando paso a su lado, comprobó que era una caja. El joven se paro frente a la puerta, la miro fijamente y Shin Hye pensó que iba a abrirla. Sin embargo, dejo la caja en el suelo y suspiro.

Shin Hye salió de su escondite y poco a poco acorto distancia. Casi podía tocarlo y estiro la mano para hacerlo. En ese momento, el noto a alguien detrás, se levanto y saco la espada para ponerla en el cuello de su atacante. Cuando se dio cuenta de quién era, la aparto rápidamente y le dio la espalda.

- Casi te mato. No vuelvas a hacerlo.
- Perdóname – respondió ella aun sorprendida por la brusquedad y rapidez del movimiento. Por suerte, se había dado cuenta de quién era, pero si hubiera sido un enemigo, no habría dudado en matarlo – solo quería saber quién era el que…
- Está bien – dijo bajando la espada.
- ¿Qué hay en la caja? – pregunto ella después de un rato de silencio. Como Kajin no respondió, cogió la caja y la abrió - ¡es medicina!
- Aunque sé que el médico dijo que no te quedaría cicatriz, pensé que podía dolerte y por eso… pero como dijiste que me odiabas, no quería…
- Eres muy extraño – sonrió Shin Hye viéndose incapaz de enfadarse con el – delante de los demás actúas distante y frio, pero tengo la sensación de que el Kajin que está delante de mí, es el verdadero.
- Mas extraña eres tú, que te dan un latigazo o te ponen la espada al cuello y ni siquiera gritas o lloras – Kajin la miro a los ojos recordando lo ocurrido – lo lamento.
- Estas descubriendo el poder de los humanos a los que tanto despreciáis – sonrió la joven invitándolo a entrar en la habitación.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Lun 30 Ago 2010 - 19:49

Ala, un poquito mas. Nota para Tey: Ya esta aquiiiii>!!!!! Bueno, mas bien serian ya estan pq he decido incluir a G Dragon xDDD

La escaramuza con la tropa de Ahjik les había cogido por sorpresa. Los soldados a caballo, unos cincuenta por lo menos, los seguían con las espadas empuñadas. Una figura esbelta vestida de negro, miro inquieta al grupo que se acercaba. Luego miro a los jinetes que iban con ella y el carruaje que iba más adelante.

- Estad atentos, atacaran en cualquier momento.
- Intentare distraerlos – un joven se quito la capucha y miro a la lejanía – no dejéis que el carruaje caiga en sus manos. Si lo perdemos, no podremos sobrevivir al invierno.
- Ji Yong – otro joven apareció a su lado. Este también llevaba la cabeza cubierta, pero en la frente se podía ver una cinta con un sello – deja que te ayude.
- No – respondió ese alejándose y volviendo a cubrirse – te ordeno que permanezcan con el carruaje.

A escasa distancia, el camino se estrechaba, por lo que tuvieron que formar una única fila para poder pasar. El joven que respondía al nombre de Ji Yong se alejo y los jinetes lo siguieron. Con esto se confirmaba que lo seguían a él. Escucho un estruendo y al alzar la vista, vio la humareda. Algunos soldados habían seguido el carruaje y por eso, habían volado el paso.

Ji Yong se centro en su problema más inmediato, los soldados que le seguían. El joven se adentro en la ciudad y paso como un fantasma por las calles desiertas. Decidió dejar el caballo y esconderse hasta que pasara el peligro. Cuando iba a liberar al caballo, vio una sombra al fondo de la calle. El creía haber despistado a todos los soldados. Se había equivocado y ahora no podía escapar. Ji Yong salto sobre el caballo y, tirando de las riendas hacia un lado, se lanzo en dirección contraria, sin reconocer los lugares ni saber a dónde le conducía el galope del animal.

De nuevo una sombra inmóvil debajo del arco de una muralla cerraba el paso hacia el exterior de la ciudad. La joven volvió hacia tras y hacia los lados, pero estaba convencido de que encontraría las calles cerradas por pelotones de soldados imperiales. Sin embargo, las calles estaban vacías. Le estaban lanzando un desafío y estaba dispuesta a aceptarlo.

Tiro de las riendas del caballo y salto a tierra con la espada en la mano. También el jinete salto a tierra y desenvaino su acero. Vestía de negro y llevaba la cabeza cubierta con un sombrero del mismo color. No sabía quién era, pero le sacaba tres cabezas.

Paso a paso se acercaron y se detuvieron a la distancia de un golpe de espada que podría traspasar el uno al otro. Hubo un pequeño combate, pero Ji Yong estaba debilitado por la carrera, las emociones, la fuga y el miedo a un enemigo cada vez más fuerte. Cayó de rodillas al suelo junto a su espada, con la mano derecha apretada en la empuñadura y la izquierda apoyada en el suelo. La hoja de su adversario cayó sobre él, cortando el lazo que sostenía la tela que cubría el rostro del joven.

- Kwon Ji Yong – dijo y también se descubrió el rostro.
- Ahjik – respondió el joven - ¿Qué esperas? Ya me tienes en tu poder, mátame.
- Has elegido un camino que lleva al abismo, un camino en el que solo los malvados pueden seguirte. Es mejor que lo dejes ya.
- He oído que Kajin tiene una nueva novia y que esta es mortal – sonrió Ji Yong con ironía – ¿Es hermosa? Me pregunto qué pensaría si conociera al verdadero dios del viento.
- Ji Yong – continuo Ahjik – deberías dejar esto. Si te retiras a un monasterio, nadie te hará daño. Tienes mi palabra.

Ji Yong se levanto e intento atacar, pero Ahjik no se espero ese ataque y al esquivarlo, lo hirió en el pecho cerca del corazón. Casi inconsciente por el dolor, el joven se apoyo en Ahjik, quien lo cogió para que no cayera al suelo. Ji Yong levanto la cabeza y se acerco tanto al general que notaba su aliento en el rostro. Sus ojos brillaban, pero su voz sonaba gélida y rotunda.

- Dile esto a Kajin: Aniquilare a esta estirpe maldita del cielo y fundare una nueva. Pero si fracaso, iré al encuentro de mi destino sin lamentarlo.
- Mataste a Wangzi – recordó Ahjik – era tu maestro y aun si Kajin…
- No era mi maestro, lo era de el – respondió Ji Yong – por lo tanto, también era responsable. Los malos maestros deben pagar por los malos discípulos que han esparcido por el mundo para desgracia de los demás. Golpea ahora Ahjik, porque no tendrás una segunda oportunidad.

Ahjik guardo su espada y el adversario aprovecho para dar un salto inverosímil y caer sobre la grupa de su caballo. Espoleo en dirección al campo y desapareció de la vista. Los soldados imperiales esperaban la orden de seguirlo, pero Ahjik no dio la orden. Se limito a verlo alejarse hasta que desapareció.

Un guerrero con el rostro tapado y un lazo rojo en el brazo se irguió sobre los dos sepultureros. Empuñaba una espada y ante la aparición espectral, dejaron la fosa y los cuerpos mientras emprendían la huida. El guerrero descubrió su rostro, revelando unos delicados rasgos femeninos y, dejando escapar un largo suspiro se inclino sobre los cuerpos.

Se encontraba en el cementerio de la ciudad, pues en el caballo de Ji Yong había sangre cuando lo encontraron y ella sabía, que era el mejor lugar para esconderse si estabas herido. Observo los cadáveres, hasta que vio a su amigo no se acerco y poso una de las manos sobre el corazón, cerca de la herida. Luego sobre la yugular y dejo caer la mano sobre el pecho en un gesto de desconsuelo. Se quedo unos instantes inmóvil, pero le respondió otro aliento y una voz apenas perceptible.

- Kom Yi… - la muchacha levanto de golpe la cabeza y vio que el joven volvía los ojos a su alrededor para intentar ver donde estaba – Di orden de que no me siguiera nadie.
- Estas vivo… - La joven le abrazo y durante un instante sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos. Ji Yong la abrazo y durante un instante se dejo impregnar por el calor de su cuerpo. La joven le miro a los ojos – No hay tiempo que perder. Vamos, trata de levantarte, tenemos que irnos.

Lo ayudo a incorporarse y lo sostuvo casi a pulso durante los pocos pasos que le separaban del carro. Lo acomodo en el, hizo que se tumbara cuan largo era y lo oculto con un trapo ensangrentado con que habían cubierto los cadáveres.

En aquel momento llegaba el sepulturero encargado de enterrar a los muertos, al verlos, se agazapo tras un matojo muerto de miedo. Durante un instante, Kom Yi creyó advertir una presencia. Cogió la linterna que había en el carro y miro a su alrededor blandiendo la espada de Ji Yong, pero no vio nada. Cogió un sombrero de los carreteros, se hecho la capa sobre los hombros y arreo las mulas.

La carreta se puso en movimiento haciendo eses y chirriando y desapareció tragada por la oscuridad. El sepulturero, que finalmente fue capaz de moverse, fue corriendo a contar lo visto. Decía que una joven se había llevado un muerto. No le creyeron y dijeron que solo le robaron la carreta.

Kom Yi pasó por debajo de los amuletos y fue a sentarse frente un brasero de cobre que difundía en el interior una agradable calidez. Se sentó sobre sus talones y miro al joven. Lo conocía desde hace tiempo. Ambos habían formado parte del servicio imperial. Ella como criada y él como soldado. Se trataba de su amigo No Min Woo, que se había convertido en un caza recompensas y ahora estaba junto a Ji Yong. Tenía el pelo largo y oscuro. Además, tenía conocimientos de medicina y era quien se había encargado de curar al herido.

- ¿Sobrevivirá?
- Es fuerte – sonrió Min Woo – esto no lo matara, ya lo sabes.

Se oyó un lamento. Kom Yi se levanto y se apresuro hacia el cuarto vecino, donde Ji Yong yacía sobre una estera extendida en el suelo. Se había despertado y su respirar era de dolor. Tenía el cuerpo cubierto de heridas de escaramuzas anteriores. Min Woo las había cosido, al igual que esta última. Sus labios estaban rotos y cubiertos de sangre, debido al calor.

- ¿Quién eres? – murmuro.
- Soy Kom Yi – la joven se acerco buscando sus ojos.
- ¿Dónde estamos? – dijo en un soplo.
- A salvo – suspiro la joven rozándole el brazo – en casa.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Vie 3 Sep 2010 - 20:28

b]Seguimos avanzando y complicando la historia XDDD.[/b]

La llegada de Nakbin tenía revolucionado el palacio. Todos corrían de un lugar a otro preparándolo todo. Jo Shin inspeccionaba una de las murallas defensivas cuando apareció Ahjik. El joven había decidido hablar con el dios del agua en ese momento cuando estaba solo. Los dos eran dioses y siempre estaban rodeados de consejeros y criados, por lo que les costaba tener momentos para estar solos. Ahjik sabía que Jo Shin había aprovechado esa inspección para descansar. El dios del agua noto la preocupación en la cara de Ahjik y por eso, se alejo de los soldados y se acerco al borde de la muralla para mirar el horizonte.

- Esta vivo – dijo Ahjik.

Jo Shin se volvió a mirarlo y sabia que hablaba de Ji Yong.

- ¿Cómo lo sabes?
- Lo he visto. El otro día me enfrente a él en la escaramuza. No lo comente en la reunión porque estaba Kajin y sabemos que no le gusta tocar ese tema. No fui capaz de retenerlo, lo siento.
- ¿Y dónde ha ido?
- No lo sé – respondió Ahjik – juro venganza y desapareció. Han pasado ya unos días, por lo que podría estar por aquí o haberse alejado a los bosques en busca de protección. Estaba herido.
- Primero Nakbin y ahora Ji Yong – susurro molesto Jo Shin.

Se levanto un fuerte viento y unas oscuras nubes se veían a lo lejos. Los dos dioses se quedaron en silencio, meditando lo que significaba esa reaparición.

- Ha decidido vengarse – dijo Ahjik por fin con pesar – y conoce de la existencia de Park Shin Hye. Debemos tener cuidado.
- No somos responsables de su desgracia. Ya te lo he dicho muchas veces, no me obligues a repetirlo.
- Eso no cambia nada. Ji Yong sufrió una herida incurable. Ahora es una máquina de guerra, un concentrado de odio y resentimiento que solo puede encontrar alivio en el dolor ajeno.
- Por la manera que hablas, te sientes culpable, a pesar de que todo pertenece al pasado – contesto Jo Shin – a pesar de que no tenemos nada que ver en lo ocurrido. Ahjik, Ji Yong ya no es un ser humano. Se ha convertido en un problema que debe ser eliminado.
- Pero el…
- ¿Vas a traicionar a Kajin? – pregunto Jo Shin girándose. Vio al dios del viento paseando con Shin Hye. Pasaron al lado de Dae Shi, quien los saludo y Kajin permitió que la joven le preguntara como se encontraba – juramos que lo protegeríamos y esa es nuestra prioridad.

Apenas había terminado de decir esto, cuando un grito resonó en el valle, agudo y estridente como de un águila. Vieron aparecer unos jinetes a lo lejos, así como un carruaje.

- ¿Qué ha sido eso? – pregunto Jo Shin.
- Una señal – contesto Ahjik – un mensaje para darnos a entender que Nakbin se acerca. Tienes razón, no puedo seguir viviendo en el pasado. Me encargare personalmente de la protección de Shin Hye, tanto de Nakbin como de Ji Yong.

Park Shin Hye fue llevada a su habitación, donde empezó a prepararse. Una vez vestida, le recogieron el pelo en una trenza y para sujetarlo, le colocaron un binyeo (adorno del pelo) con forma de libélula.

Cuando terminaron de maquillarla, se miro en el espejo. Casi no se reconocía con esas telas tan lujosas y los adornos. El temor se adueño de ella.

- ¿Me vera bien Nakbin? ¿Estaré a la altura de Kajin? Todo esto me supera.

Lo cierto es que la relación entre los jóvenes había mejorado. Con gente alrededor, se seguía mostrando frio, pero en estos días habían pasado noches juntos y el se mostraba más abierto y confiado. Sin Hye se alegraba de esa confianza que le había dado y temía perderla, pues por primera vez, se sentía a gusto en ese reino desconocido. Sus preocupaciones se desvanecieron porque al abrir la puerta de la habitación, le esperaba Ahjik. Los ojos del dios le fulguraron sonrió divertida y alagada.

Cuando llegaron al patio central, este bullía de animación. La multitud jubilosa charlaba, reía y los niños corrían de un lado a otro. La noticia de la llegada de Nakbin corrió como la pólvora y la gente se agolpaba para verla.

De una carroza adornada con gran lujo, apareció una mujer morena. Nakbin vestía un hanbok ricamente decorado y unas joyas espectaculares. Antes de bajar el último escalón, se detuvo e inspecciono el efecto que había producido su llegada. Sin Hye observo que en sus ojos oscuros había un pequeño destello, que le daba cierto aire de malignidad.
Kajin se acerco y, despacio, ella se apoyo en la mano que le tendía el dios. Kajin caminaba como si nada de lo que sucediera a su alrededor tuviera la menor relación con su vida. Ella, sin embargo, se fijaba en todo y clavaba su mirada con una intensidad inquietante.

Shin Hye noto movimiento a su lado, que le hizo olvidar sus observaciones y se giro. Además de Ahjik, se habían unido a ellos Dae Shi y Jo Shin. Este último le susurro que era su turno y la invito a seguirlos.

La joven fue conducida a una estancia y se quedo maravillada. Era formidable, de altos techos y estaba adornada con grandes guirnaldas de laurel. En el ambiente flotaba un grato perfume, que provenía de unos braseros que quemaban maderas olorosas, quizás sándalo y algo de tomillo.

En la estancia solo estaba Kajin, Nakbin y Sujini, quien se mantenía en las sombras. Shin Hye se percato de que al lado de la diosa, había una joven. Era hermosa y de finos rasgos. Llevaba un traje de color rojo, en el que la falda se abría en unos fuelles de color fuego. El pelo estaba recogido a los dos lados, con trenzas. Shin Hye se pregunto quién era y como había llegado allí. Además, notaba a Kajin muy tenso, pero imagino que era por el encuentro.

Ahjik carraspeo y la joven salió de si ensimismamiento y se arrodillo en señal de saludo. El silencio lleno la estancia y sabía que Nakbin la estaba observando. Esta, esbozo una sonrisa y se dirigió a su hijo.

- A pesar de ser una humana, es hermosa. ¿Cómo has dicho que se llamaba Kajin?
- Park Shin Hye.
- Esta vez parece que los aldeanos han elegido bien. ¿Qué opinas Kom Yi?

La joven asintió y quizás, debido a que estaba más relajada, noto la tesion en a ambos lados. Junto a ella estaban Ahjik y Jo Shin, quienes miraban fijamente a la joven. Dae Shi se mantenía oculta y la cara atónita de Ahjik le sorprendió. No pudo descifrar que pasaba, porque la voz de Nakbin hizo que se centrara en ella.

- Estoy cansada. Ha sido un viaje muy largo. Me retiro a mi habitación. Kom Yi, ahora no te necesito, por lo que puedes descansar mientras tanto. Más tarde te hare llamar.
- Te acompaño – Kajin se levanto.

Shin Hye se incorporo cuando madre e hijo salieron. Ahora el ambiente era menos tenso, pero no se había relajado del todo. Los dos jóvenes que estaban a su lado seguían atónitos e incluso Sujini salió de su escondite y lentamente se acerco a la joven.

- No es posible – susurro - ¿Cómo es que te pareces tanto a ella?
- ¿Parecerme? ¿A quién? – pregunto la joven mirándolo sorprendida – no os conozco. Si me disculpáis, me marcho.
- Es imposible – dijo por fin Jo Shin observando al atónito Ahjik y luego viendo como la joven salía – yo mismo vi como…
- No es ella – respondió Ahjik marchándose. Sujini salió tras él.
- ¿Qué está pasando? – pregunto Shin Hye.
- Esa joven – explico Dae Shi acercándose – se parece a Hyori, la hermana de Sujini y prometida de Ahjik. Ella, murió hace tiempo.[/
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Jue 9 Sep 2010 - 19:24

Todavia estoy escribiendo. Luego subo el resto xD

Kom Yi miro a ambos lados y comprobó que no había nadie. Dio unos golpes en la puerta del edificio y después se alejo hasta el jardín. A los pocos minutos, llego un soldado de la guardia de Nakbin. Ella le saludo y lo miro con una sonrisa.

- Te queda bien el traje imperial, No Min.
- Parece que no ha sido tan mala idea colarnos disfrazados de sirvienta y soldado.
- El problema es como acercarnos a la chica – dijo la joven – parece estar bien protegida.
- ¿Crees que no podrás hacerlo?
- No hay imposibles para mí.
- Kwon Ji Yong espera fuera. Algo tenemos que hacer.
- Toma – dijo dándole una nota – mañana hay un mercado. Kajin y los demás estarán ocupados e intentare que ella venga conmigo.
- ¿Lo conseguirás?
- Solo tenemos una oportunidad – sonrió la joven – entrégale la nota a Ji Yong y que esté preparado.

Era una mañana transparente, hermosa pero fría. Y era jueves, el día grande del mercado de Ghyka. Shin Hye había recibido a Kom Yi aquella mañana y le había propuesto escaparse para ver el mercado. A ella no le pareció mala idea, pues estaría sola y aburrida porque los chicos estaban con la diosa. Además, quería comprobar el motivo por el que los chicos estaban tan tensos. Después de la respuesta de Dae Shi, no le dijo nada más. Tampoco consiguió hablar con Jo Shin o Ahjik y por supuesto, no lo había intentado con Sujini.

El mercado estaba abarrotado de gente, gritos, colmado de colores y rebosante de olores. A los puestos habituales de verdura, cacharros, aves, conejos y corderos, se sumaban ese día los mercaderes ricos con aromáticas especies, brocados, sedas, cajas de marfil, perfumes….

La joven notaba que la seguían. Un joven moreno seguía sus pasos. Cuando sus miradas se cruzaban, sonreía pero cuando Kom Yi se paraba, se ocultaba entre la multitud. Shin Hye no podía evitar corresponder su sonrisa con otra. Cuando, al cruzarse apretujados entre la gente, vio que se agachaba como para recoger algo y la joven noto un tirón de la falda, que la dejo estupefacta. Kom Yi iba delante, apartando la chusma y Shin Hye, impedida de seguirla sin arriesgarse a perder la parte baja del hanbok, no sabía qué hacer. Iba a gritar, pero él le devolvió la libertad enseguida, tras un instante que pareció eterno. Beso el borde de su falda, sonrió otra vez y antes de alejarse le entrego una nota. La joven miro la nota, donde ponía el nombre de un lugar: el jardín interior del palacio y que se reunirían esta noche. Cuando levanto la vista, el joven había desaparecido arrastrado por el gentío, provocando que Shin Hye se quedara emocionada e impaciente.

Kom Yi se detuvo en un tenderete, un mercader vendía sedas. Allí estaban colgadas las telas de maravillosos colores y caprichosos dibujos. Se detuvieron a observarlas, pero la atención de Shin Hye no iba hacia la mercancía, alguien le hacía señales. Cuando Kom Yi se puso a regatear, la joven se separo y se dirigió a los soportales. Allí la encontró. Estaba situada a la entrada de una bocacalle, medio oculta tras una columna. Parecía una adivina, pero cuando la joven le pidió que le leyera la mano, se negó. Insistió varias veces, pero en todas obtuvo la misma respuesta, así que saco un pequeño monedero de debajo de la falda. Volvió a insistir. Negó con la cabeza, pero pudo comprobar cómo la adivina no apartaba la vista de las monedas. La joven le dedico una dulce sonrisa y le dio unas monedas. Ella sabía que arriesgaba mucho, pero le hizo una señal y, en la sombra que proyectaba la columna, extendió un pañuelo negro. De un saquito también negro, hizo caer unos objetos dentro de un cuenco de madera y, tapándolo con una mano, los agito con cuidado para luego desparramar su contenido sobre el pañuelo.

- No me equivocaba. Te esperan grandes aventuras. Tendrás muchas victorias, pero también muchas derrotas – dijo por fin. Estaba seria y la miro esperando la siguiente pregunta.
- Ah… no se que preguntar –Shin Hye se preguntaba cuales serian esas derrotas, pero no estaba segura de querer saberlo. Sacudió la cabeza y sonrió – supongo que te preguntaran sobre el amor.
- ¿Estas enamorada? – pudo ver que la joven se ruborizaba y volvió a mirar los huesos – puede ser que ahora sea tu caballero, pero difícilmente mas.
- ¿Le gusto? – Shin Hye no estaba segura de porque pensaba en Kajin.
- Os ama.
- ¿Entonces porque…?
- Un gran poder se opone…
- ¿Cuál?

Recogió los huesos en un cuenco y volvió a soltarlos en el paño. Estuvo largo tiempo mirándolos y murmurando.

- La oscuridad devora a la luz – susurro al fin.
- ¡¿Qué?! – exclamo alarmada.
- Mira – señaló un hueso que parecía el cráneo de un pequeño roedor y otro el de un pájaro – uno dice comer y el otro ser devorado.
- ¿De quién se trata?
- De la oscuridad.
- ¿La oscuridad? – repitió sintiéndose como una niña tonta – entonces la luz…
- La luz es tu mundo, todo el – confirmo está tendiendo la mano, quería mas monedas.
- No me has dicho nada.
- Te dije que te amaba, quédate con el amor. Todo lo demás está rodeado de horrores. no quieras saber más o…
- Quiero saber si…
- No me hagas mirar más. El futuro está en manos de los dioses, y mis huesos hablan de otras cosas. Cosas que no debes saber. A veces se castiga a quien quiere descubrir lo que tiene que estar oculto. Ahora, dadme las monedas y marchaos.

Shin Hye sintió miedo y un escalofrío en forma de temblor sacudió su cuerpo. Le dio la moneda y ella empezó a recoger su tenderete de forma precipitada, como huyendo del desastre, mientras la joven trataba de asimilar lo que había oído.

Kom Yi la regaño cuando se reunió con ella y la joven pensó que le estaba bien empleado por preguntar a una bruja embaucadora.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Sáb 11 Sep 2010 - 16:00

Un poco mas para que no os quedeis con la intriga xDD

Kwon Ji Yong las estaba buscando para asegurarse de que llegaban bien al palacio. Le habían llegado rumores de que Nakbin quería deshacerse de la joven. Le habían dicho que estaban por aquella zona y vio a Kom Yi regateando, pero no rastro de su acompañante. Su reacción fue inmediata y sin ningún miramiento, agarro a la chica por el brazo y le dio un buen tirón para interrogarla.

- ¿Dónde está?
- Estaba aquí – respondió asustada mirando a su alrededor. Al final, alarmada por no verla, se puso a chillar - ¡Shin Hye!

Eso atrajo la atención de la calle y Ji Yong comenzó a preguntar sobre que habían visto. Una mujer que vendía cestos de mimbre dijo haberla visto momentos antes y oír, al poco, un chillido desde la casa de enfrente, que parecía deshabitada. Ji Yong le dijo a Kom Yi que fuera a buscar ayuda mientras forcejeaba con una puerta sólidamente atrancada. No podía abrirla.

En la casa, le taparon los ojos, atándola, pero como se debatió, anudaron las cuerdas de los pies con las de las manos de forma que impedían casi totalmente sus movimientos. Sin Hye estaba muy asustada. Es cierto que Sujini intento torturarla, pero esta violencia le era desconocida y le era extraña y aun más el sentimiento de impotencia de saber que estaba a merced de lo que aquellos rufianes quisieran hacer con ella. Esto la hacía temblar y un nudo se formo en su garganta. Fue entonces cuando oyó golpes en la puerta y una voz pidiendo que abrieran. Aquello le dio esperanzas.

Nakbin atravesó la sala principal y se sentó al principio de la mesa. Kajin había ordenado un pequeño banquete privado solo para ellos. Así lo había planeado, pero Jo Shin y Ahjik se negaron a dejarlo solo con Nakbin, así que además de ellos, estaría Dae Shi y Sujini como guardaespaldas. La diosa sabía que su hijo la adoraba y que era incapaz de oponerse a ella, pero durante la recepción de ayer, cuando el joven miraba a Shin Hye, notaba algo en su hijo. Las anteriores novias del dios del viento apenas habían impresionado al joven y rápidamente las había devuelto. Sin embargo con esta no había pasado lo mismo. Aun seguía con ellos y además, a Kajin parecía no molestarle su presencia. Por eso, había contratado a unos bandidos para que la quitaran de en medio. Kom Yi le había dicho que quería visitar el mercado y que Shin Hye iría con ella. Esta era la oportunidad que necesitaba. Si Kajin, guiado por su mitad humana, se enamoraba, ¿Cómo iba a permitir ella que un humano gobernara país del viento?

- Hoy no se encuentra con nosotros tu joven novia – apunto la diosa.
- He ido a buscarla- dijo Dae Shi – pero parece que no se encuentra bien. Ha pedido que nadie la moleste mientras descansa.

El joven general odiaba mentir, pero realmente nadie sabía dónde estaba. Se lo había comentado a Jo Shin y este había dado orden de que lo buscara. Como Kom Yi tampoco estaba, pensaron que estarían juntas. Un soldado entro en la sala y, saludando, se acerco a Ahjik. Le susurro algo al oído y el joven dios se levanto, saludo y se marcho, no sin antes lanzar una mirada a Jo Shin.

- Es una lástima – respondió la diosa ignorando lo ocurrido – más tarde le enviare a mi médico personal.
- Está en buenas manos – respondió Jo Shin desafiándola con la mirada – no hace falta que se preocupe.
- Madre – Kajin se había mantenido callado todo el tiempo, pero ya no aguantaba más - ¿Cuál es el verdadero motivo por el que has venido?
- Para estar con mi hijo unos días – sonrió la joven pero Kajin la miro con seriedad, pues no la creía – está bien. He venido para pedirte un favor.
- ¿Un favor?
- Como sabes, tu tío y yo estamos enfrentados. Vengo a pedirte que te unas a mí para derrotar al emperador Damdeok.


Última edición por Ayame el Miér 22 Sep 2010 - 19:09, editado 1 vez
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Jue 16 Sep 2010 - 16:48

Tey, espero la continuacion de tu fic xDD

Kwon Ji Yong pidió ayuda a grandes gritos. Debía haber algo al otro lado que mantenía atrancada la puerta. Varios comerciantes y curiosos se prestaron a ayudar. Un alfarero acudió cargando una banqueta. Usándola como herramienta, golpearon la puerta hasta lograr romper los enganches. Sin embargo, al entrar se encontraron la casa vacía. Ji Yong estaba perplejo. ¿Era ese lugar? Su incertidumbre solo duro unos segundos, pues paso a sorpresa y a ponerse a la defensiva cuando Ahjik apareció a su lado.

- ¿Qué haces aquí? – pregunto Ahjik también con sorpresa.
- Eso ahora no importa – dijo Ji Yong – hay que encontrarla.
- ¿De que la conoces?
- ¡Aquí! – grito el alfarero desde el sótano - ¡hay un agujero en la pared que conduce a la casa de al lado!

Ambos dejaron la conversación y se precipitaron escaleras abajo para pasar a la casa vecina. La puerta de la calle abierta en el piso de arriba evidenciaba lo ocurrido. ¿Hacia dónde irían?

- Intentan escapar por la puerta norte – grito Kom Yi desde abajo – parece que han comprado a alguno de los guardias.
- Ordena cerrar las puertas – grito Ji Yong a Ahjik.

Después de dar la orden, se pusieron a correr por la calle en dirección a la entrada de la ciudad, seguidos por algunos curiosos. Al poco vieron a cinco hombres tirando de un carretón de mano con un bulto cubierto.

- ¡Deteneos! – grito Ahjik - ¡Deteneos en nombre del dios del viento!

En lugar de obedecer, los del carro aceleraron su huida, pero el que mandaba dijo algo y se pararon. Un par de ellos se encaró a los perseguidores, sacando daga y garrote. Ji Yong y Ahjik no tenían alternativa, debían separarse o escaparían. Solo les basto una mirada y Ahjik continúo tras el carro. Para esquivarlos, cogió por una calle paralela.
El alfarero los había seguido, pero al ver a los rufianes amenazando, como iba desarmado, se mantuvo a una distancia prudente. Ji Yong se dio cuenta de que no debía arriesgarse solo contra los dos. Pensó en cruzar entre ambos, pero el callejón era muy estrecho y sería fácil que lo mataran. Movió la cabeza en busca de algo que pudiera servirle y vio una piedra saliente del pavimento. La arranco con el puñal y se la entregó al alfarero, al tiempo que gritaba para que le oyeran:

- Las tropas del dios del viento están llegando. Con esa piedra puedes partirle la cabeza a uno. Yo me encargo del otro. ¡Hay que rescatar a la novia del dios del viento! – y más bajo le dijo casi al oído al alfarero – solo entretén al de la izquierda mientras voy a por el otro. Serás recompensado por ello.

Y confiando en el alfarero, que empezó a amenazar al bandido con romperle el cráneo con el pedrusco, Ji Yong se lanzó contra el que llevaba un cuchillo. Por unos instantes ambos se tantearon, pero el joven tenía prisa y le largo una estocada profunda, solo intentando desequilibrar a su enemigo. Este la esquivo, pero se encontró con la mano izquierda de Ji Yong sujetando la suya armada. Antes de que pudiera reaccionar, el hombre notaba la daga del joven entre las costillas y aullaba de dolor cuando la siguiente cuchillada, le penetro en el vientre. Ji Yong no se detuvo ni siquiera en considerar en que situación estaba su otro enemigo y, apartando al herido de su camino, salió a todo correr detrás de Ahjik.

El dios del fuego angustiado imagino el carretón a punto de llegar a la puerta de la ciudad y que perdía a Shin Hye. Por haber dado un pequeño rodeo los perdió de vista. Por suerte, no tardó mucho en divisar a los fugitivos doblando un recodo. Estos, al oír sus gritos y verle llegar, quisieron apresurarse. Sin embargo, la carreta, en aquellas callejuelas estrechas y mal empedradas, era de difícil manejo e iba chocando en las esquinas de las casas. Ya estaban muy cerca de la puerta norte. Fue entonces cuando, en una curva de la calle, un golpe contra un saliente hizo que el carretón perdiera una de sus ruedas y cayera con estrepito.

Los raptores se miraron entre ellos desconcertados, pero cuando el que mandaba saco un puñal, los demás lo imitaron. Ahjik se detuvo a una distancia prudente y busco refugio en el umbral de una puerta para tener la espalda cubierta. Había sacado su daga. Se giró al escuchar jaleo y se sorprendió al ver llegar a Ji Yong seguido del rufián que se quedó atrás y una turba de gente curiosa. Ahjik respiro un momento, ¿Por qué Ji Yong no había acabado con él? Al menos, había conseguido detener la carreta.

- ¡Soltadla! – grito Ji Yong cuando se puso a su lado y el rufián estuvo con sus compañeros.
- ¿Por qué no lo has matado?
- Tenía prisa.
- Siempre dejas las cosas a la mitad – replico Ahjik – y lo complicas todo.
- ¿Realmente tenemos tiempo para discutir?

Los secuestradores se miraban unos a otros muy nerviosos.

- Ya hablare contigo después – luego se giró - ¡Entregaros! No podéis escapar.

El que lideraba el grupo no espero y, sin advertir a los demás, se puso a correr hacia la puerta provocando la desbandada de los suyos, que huyeron perseguidos por Ji Yong y los curiosos. Ahjik no tuvo dudas y, despreocupándose de los rufianes, se precipito al carretón. Quitando las telas, y la estructura de madera que las sostenía, se encontró con la joven envuelta en cuerdas, hecha un ovillo. En segundos, corto las cuerdas.
Park Shin Hye había quedado aturdida por el golpe y el cuerpo le dolía entero. Las cuerdas habían marcado su piel y, la sacudida del carro, lo había empeorado. Sin embargo, había oído los gritos y sabía que Ahjik estaba allí, por lo que confiaba en que la salvaría.

- ¡Shin Hye! – decía mientras quitaba las telas – tranquila. Estas a salvo. Soy yo, Ahjik.

Continuo hablando dulcemente mientras cortaba las sogas y la joven, una vez liberada, no pudo evitar abrazarle. Él también la abrazo consolándola con tiernas palabras. Sin Hye le dio un beso en la mejilla en señal de agradecimiento y olvidando todo protocolo.

- Gracias – decía mientras volvían a caballo.

No le dieron ninguna explicación. Dijeron que eran bandidos, pero que no querían hacerle ningún daño. Solo buscaban cobrar el rescate. Cogieron al herido y a otro más. Habían sido contratados por unas monedas. Fueron entregados a Sujini, quien bajo tortura, consiguió que confesaran. Ignoraban quien había dado las órdenes, pero por la forma de hablar y sus ropas, pertenecía a la nobleza.

Shin Hye pregunto por el joven que había ayudado a Ahjik, pues también quería darle las gracias. Sin embargo, el dios del fuego le dijo que no lo conocía y que no investigara sobre ello. Desilusionada miro la nota que le habían dado. Justo en ese momento llego Kom Yi con te, para pedirle disculpas. Al ver la nota, le pregunto quién se la había dado. Sin Hye le conto lo ocurrido mientras ella estaba con las telas y Kom Yi le sugirió, que podía tratarse de la misma persona que ayudo a salvarla. A Shin Hye se le ilumino la mirada, pues esa noche lo descubriría.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Dom 26 Sep 2010 - 0:39

Un poquito mas y avanzamos despacio pero con paso firme XD

Jo Shin caminaba hacia su despacho cuando recibió la noticia de lo ocurrido. Pregunto si Kajin ya se había enterado, pero le dijeron que estaba encerrado en su habitación y que había pedido que nadie le molestara. Posiblemente estaba dándole vueltas a la proposición que le había hecho Nakbin. Todos en la sala se sorprendieron ante esa declaración de guerra al emperador. Kajin, se había mantenido neutral y nunca se había posicionado hacia ningún bando. No le interesaba esta guerra entre familiares por el poder. Además, si se inclinaba hacia el bando de su madre, estaría abandonando al emperador. Si se inclinaba hacia el emperador, traicionaba a su madre. Al dios del agua no le gustaría estar en el pellejo de su amigo, pues decidiera lo que decidiera, se encontraba en una encrucijada muy peligrosa.

Dejaría a Kajin de momento y se centraría en el incidente. No le parecía casualidad. Primero aparece Ji Yong y se enfrenta a Ahjik. Después, Nakbin decide conocer a Shin Hye, aunque es una excusa, pues su intención es que su hijo se una a su bando. Y por último, aparece Kom Yi, quien se parece demasiado a Hyori, la hermana de Sujini. Demasiadas cosas en poco tiempo para ser simple casualidad.
Con gesto preocupado abrió la puerta del despacho y se encontró a Ahjik sentado. En cuanto lo vio se levantó, pero no pudo disimular su cara de preocupación.

- ¿Está bien Shin Hye?
- Solo tiene algunos moratones – Ahjik lo siguió con la mirada – habían sobornado a los guardias de la puerta. Cuando los interrogamos confesaron que habían sido unos sirvientes del palacio. Los hemos buscado, pero han desaparecido.
- ¿La orden vino de dentro del palacio? – por la mente de Jo Shin se cruzó la posibilidad de que Nakbin estaba involucrada.
- Ya dije que dentro del palacio no estábamos a salvo.
- No puedo blindar todo el palacio – suspiro el joven dios – hablare con Kajin. De momento, vigila a Nakbin, pero sin que ella se dé cuenta. No me fio de sus movimientos.
- Hay algo mas – Ahjik desvió la mirada – había salido con Kom Yi, la sirvienta de Nakbin.
- ¿Qué hacía con ella?
- Parece que salieron sin permiso del palacio. La joven quería visitar el mercado.
- Vigílala a ella también – Jo Shin estaba mirando unos papeles cuando dio la orden. Al darse cuenta de lo dicho, levanto la mirada – lo siento, le diré a Dae Shi que lo haga.
- Puedo ocuparme yo. Dae Shi y Shin Hye tienen más confianza, por lo que será más fácil – respondió Ahjik – hay otra cosa que me preocupa. Ji Yong… cuando yo llegue estaba intentando ayudarla.
- ¿Kwon Ji Yong? – Sujini entraba en ese momento. El general había escuchado los rumores de los soldados y quería confirmarlos - ¿Qué ha pasado? ¿Qué hace el aquí?
- No lo sé – respondió Ahjik y miro al dios del agua. Si Sujini le contaba algo a Kajin, las cosas se pondrían peor de lo que estaban.
- ¿Lo habéis detenido? – pregunto el general.
- Mientras que ayudaba a Shin Hye, el escapo.
- No se lo digas a Kajin aun – le pidió Jo Shin – deja que me encargue de la investigación y que se lo cuente después todo.
- De acuerdo, pero quiero que me lo contéis todo.

Park Shin Hye atravesaba los corredores del palacio tan rápido como podía. Se había echado una capa por encima del traje y se había atado un pañuelo a la cabeza. La falda se adhería a las piernas y eso relentizaba su marcha. Estaba acalorada y empapada en sudor. También podía oír su respiración en medio del silencio.

Había dudado toda la tarde sobre lo que hacer y continuamente miraba la nota. Kom Yi le había confirmado que quien le dio la nota e intento salvarla era la misma persona. Al final su curiosidad había vencido. Quería saber quién era y porque la había ayudado.

Al llegar al jardín, este estaba desierto. Desilusionada avanzo hacia un pequeño templete que había en él. Iba a sentarse a esperar, cuando vio otra nota. Esta tenía la misma letra que la recibida esa mañana. Le pedía que saliera del palacio. ¿Cómo iba a hacerlo? Escucho pasos detrás de ella y al girarse vio a Kom Yi con un joven soldado.

- Este es No Min Woo. Nos ayudara a salir.
- Pronto vendrán los soldados – dijo el joven – vamos.

Justo cuando abandonaban el lugar, este se llenó de soldados. Al girarse, pudo distinguir a Sujini entre ellos. Shin Hye decidió confiar en sus guías. Ahora mismo lo único que le importaba era llegar a la dirección de la nota.

La puerta principal estaba fuertemente protegida, pero con la ayuda de Min Woo, las dos chicas se colaron entre las patrullas y pasaron deprisa por la portezuela que había al lado del portal exterior. Kom Yi se ocultó entre las sombras, cubriendo la espalda de la joven, mientras Shin Hye salía al puente. La joven avanzaba y no quería pensar en lo que ocurriría si la atrapaban de noche fuera del palacio.

De pie en el puente y sola, se sintió muy vulnerable. Había una gran plaza y mas allá, diminuto en la distancia, un gran muro exterior que rodeaba la parte externa del palacio. Unas amplias avenidas salían desde allí en todas direcciones.

Shin Hye comenzó a percatarse de su imprudencia. Las calles estaban completamente vacías y, si aparecía algún bandido, tendría que volver corriendo al portal. No muy lejos de allí, se oía el alboroto de una pelea. La joven se estremeció de miedo. Miro la nota donde le indicaba que ese era el punto de reunión y espero.

El joven estaba tardando, pero ella se mantuvo quieta esperando, sin atreverse apenas a respirar. Para llegar hasta allí, debía recorrer calles abarrotadas de soldados y bandidos, era normal que tardara.

- Debería irme ya – se dijo con severidad – llevo mucho tiempo fuera y podrían descubrir mi ausencia.

Pero por mucho que se reprendiera, no podía evitar continuar allí parada. Quería conocerlo y, después de que Ahjik le dijera que no preguntara por él, su curiosidad aumento. Por eso, no le importaba lo imprudente o descabellado que fuera, lo esperaría un poco más.

Algo se movió entre los arboles al otro lado del puente. Era un hombre. Bajo la luz de la luna, Shin Hye vio la cara del joven que le dio la nota esa mañana. Tenía la nariz fina, los labios carnosos y el cabello un poco alborotado. La figura camino con una elegancia felina, con una espada firmemente sujeta al cinturón. La joven permaneció quieta como una estatua, aferrándose a la barandilla de madera del puente. Sus ojos se encontraron con los de él. Intento no desviar la mirada, pero no pudo. Los ojos de él brillaban con intensidad y despreocupación, como si nada le importara. Sin Hye pensó que se mantendría a distancia, pero se fue derecho hacia ella y se colocó en frente.

- Lo has conseguido – dijo sonriendo y en voz baja.
- Tenía curiosidad por verte – respondió Shin Hye apartándose un poco – también me han dicho que me ayudaste. Quería darte las gracias.
- No podía dejar a una chica en apuros.
- ¿Cómo puedo recompensarte?
- Necesito que hagas algo por mí – respondió el joven sacando un pañuelo. Al cogerlo Shin Hye pudo comprobar que pesaba – te he buscado por eso. Necesito que le des esto al dios del viento.

Kom Yi los observaba entre las sombras. Las órdenes de Ji Yong habían sido que permaneciera oculta y que avisara si corrían peligro. Ella le había pedido a Min Woo que se quedara en la puerta, para reforzar esa vigilancia. Permanecería hablando con los guardias hasta que ellas volvieran.

Shin Hye y el joven solo hablaron unos momentos. Ji Yong le entrego algo y poco después, se marchó. Entonces, Kom Yi salió de las sombras y ambas regresaron a la puerta. Min Woo las ayudo a entrar y en silencio, volvieron sobre sus pasos. Cuando llegaron al jardín, donde Shin Hye había encontrado la nota, este estaba vacío. Sujini se había marchado, pero no debía andar muy lejos.

- No podemos ir más lejos de aquí – dijo Min Woo.
- Gracias por ayudarme – sonrió Shin Hye y se alejó.

Llego a la puerta de su habitación y vio a Dae Shi frente a ella. Sabía que la estaba esperando, por lo que ni siquiera intento ocultarse. Se escondió lo que Ji Yong le había dado entre la ropa y avanzo. Dae Shi levanto la vista y saludo.

- Te estaba buscando – dijo el – deberías entrar antes de que Sujini te encuentre. Aún no ha revisado tu habitación. He podido impedírselo.
- ¿No vas a preguntar dónde he estado? – pregunto la joven.
- Mi misión es protegerte, no hacer preguntas – respondió Dae Shi – aun así, si tienes algún problema, puedo ayudarte.
- Gracias – sonrió ella.
- Ahora entra y descansa.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Mar 26 Oct 2010 - 23:42

Añado un trozo al capitulo anterior (esta en negro) y continuo un poco mas. No me ha dado tiempo a pasarlo todo. Mañana lo termino xD

Dos días después, Nakbin había anunciado que se marchaba. Kajin se había encerrado en su habitación y no quería ser molestado. No se despidió de su madre y solo salió para las reuniones.

Durante esas reuniones que mantuvo con el consejo, Kajin no pudo dejar de pensar en Shin Hye. Jo Shin, cuando el salió de la habitación, le había contado lo ocurrido. Ante él, el dios del viento no quiso mostrar su preocupación e hizo como si no le importara. Sin embargo, la realidad era bien distinta. Hacía días que no la veía, pero él era consciente de sus sentimientos, aunque no estaba seguro de nada.

Se preguntaba si ella lo veía como un amigo o como algo más. ¿Por qué dudaba? ¿Acaso no había sido enviada para ser su novia? Si Shin Hye hubiera sido una diosa, habría confiado ciegamente en ella. Sin embargo, sabia por experiencia, que los humanos eran traidores y mezquinos.

Las dudas lo asaltaban constantemente y el, no podía seguir actuando así. La noche anterior, se habían reunido después de varios días. Sin darse cuenta, se sentía terriblemente excitado por el simple hecho de verla frente a él, por la elegancia con la que sostenía la taza y la forma, en que sus labios se abrían unos instantes antes de que el borde de la taza los rozara. Si actos tan normales lo excitaban hasta el punto de dejarlo sin habla, estaba claro que había llegado al límite de su autocontrol.

Si Shin Hye había percibido lo que le ocurría, no había motivos para que siguiera reprimiendo lo que sentía. De ser así, aquello culminaría en la profecía que le leyeron cuando era más pequeño, su muerte prematura. En ella, decía que la joven moriría a manos de Kajin. El dios no podía aceptarlo, por eso debía actuar en consecuencia. No se permitiría acercarse a Shin Hye más allá de una simple amistad.
Incluso pensaba, para alejarla del peligro, en dársela en matrimonio a Jo Shin o Dae Shi, a los cuales consideraba pretendientes dignos y hombres de confianza. Pero, el simple hecho de pensar que nunca más volvería a verla, ni siquiera como amiga, le provocaba una gran angustia. Aun así, prefería eso a ser el causante de su muerte.

- ¿Estás de acuerdo Kajin? – pregunto Sujini.

No podía admitir que no había oído nada. Habría sido demasiado ofensivo para Sujini y vergonzoso para él. Dijo que necesitaba meditarlo un poco más antes de tomar una decisión y, de esta manera, salía al paso. Le resulto difícil, pero el resto de la reunión se obligó a no pensar más en Shin Hye.

Jo Shin noto que el dios estaba distraído por otras preocupaciones, pero no dio el menor indicio de que lo había advertido. Cuando la reunión hubo concluido, se levantó y se marchó. Había decidido actuar conforme lo que dictaban sus instintos. Estos le decían que la partida de Nakbin no había sido improvisada. Seguía pensando que ella había participado en el incidente de Shin Hye y que tramaba algo. Había mandado espías tras ella, por lo que solo le quedaba esperar noticas al respecto.

El mes pasó rápidamente. Kajin se había prometido hablar con Shin Hye, pero todavía no lo había hecho. Kajin era consciente de que tarde o temprano tendría que hablar con ella, y lo cierto era que no tenía ganas de hacerlo. Durante ese tiempo, había estado evitándola y la veía solo cuando no podía soportarlo más. Sabía que ella preguntaba por el pero, ¿Qué iba a decirle? No podía darle ninguna respuesta, porque lo único que podía hacer era admitir el afecto que sentía por ella, y eso no era posible. Si se lo decía, moriría. La profecía no ofrecía dudas. No quería que muriera. La vida era más importante que el amor. Con esta idea en mente, al atardecer la convoca en una pequeña habitación del segundo piso de la torre norte. Allí tomaría su decisión.

Shin Hye estaba sentada en la habitación donde Kajin le había pedido que esperara. Ella, llevaba la daga para entregársela, pues no había encontrado el momento para hacerlo. Oyó que alguien se acercaba subiendo por las escaleras y pensó en el dios del viento. Una mujer joven que no reconoció apareció en la puerta. No tendría más edad que ella y la espada que ceñía parecía demasiado grande para ella. Estaba a punto de hablarle cuando se dio cuenta de que algo le resultaba extraño. Era transparente. La figura se volvió hacia ella y pareció mirarla fijamente.

Shin Hye sintió un escalofrío. Tal vez el hecho de que permanecía inmóvil y las sombras cada vez más largas del atardecer, la hacían poco visible. Tal vez fuesen invisibles la una para la otra o, que aquella figura no fuese más que una ilusión.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Jue 28 Oct 2010 - 23:47

Pongo el final del capitulo ^^.

La aparición paso caminando junto a ella como si no estuviera. Cuando llego a la pared opuesta, comenzó a ascender en el aire, moviendo las piernas como si estuviera subiendo por una escalera inexistente.

Shin Hye ahogo un grito. Se mordió la mano para no jadear. Temía hacer el más leve sonido que pudiera atraer la atención de aquella aparición. Poco antes de llegar al techo, la criatura hablo:

- Park Shin Hye – dijo - ¿puedo entrar?

Alguien debió darle el permiso, porque la aparición hizo una reverencia y, al cabo de un momento desapareció atravesando el techo. Shin Hye no se atrevía a moverse. Ansiaba, desesperadamente escapar de lo que sin duda, era un demonio. Al mismo tiempo, no quería hacer nada que atrajera su atención. Así pues, se quedó quieta y escucho. No oyó nada, pero el miedo la mantuvo paralizada un buen rato.

El atardecer dio paso a la noche. La profunda oscuridad de la luna nueva inundo el interior de la torre. Solo algunas estrellas permitían distinguir una sombra de otra. Por fin, el temor de quedarse allí se impuso al de escapar. Se deslizo lo más lentamente que pudo hacia el hueco de la escalera, apretándose el hanbok para que no hiciera ruido al andar.

Cuando llego al vano de la escalera y pensó que estaba a salvo, apareció el segundo espectro. Era un hombre de unos veinte años. Moreno, fornido y con el paso altivo de alguien que ha matado a otros hombres con las dos espadas que pendían de su cintura. A diferencia del otro, este se encamino hacia ella. Shin Hye retrocedió tan deprisa como pudo, y apenas logro apartarse de su camino antes de que el entrara en la habitación. Él se elevó en el aire de la misma y monstruosa forma que el primero y, como el, se detuvo un momento y pronuncio su nombre, haciéndola temblar.

- Park Shin Hye.

Después desapareció atravesando el techo. La joven retrocedió y se apoyó en la pared. Estaba atrapada y no podía arriesgarse a bajar las escaleras. ¿Qué pasaba si aparecía otro y pasaba a través de ella? Claro que si se marchaba, uno u otro la descubrirían y… ¿y qué? Al miedo se sumó la incertidumbre.

Esperaba que Kajin apareciera de un momento a otro. Posiblemente lo habían entretenido y por eso tardaba tanto. En la habitación, cerca del techo, vio algo oscuro que se movía en la oscuridad.
Observo que se posó en el suelo de la habitación y avanzo hacia el hueco de la escalera, hacia ella.
Shin Hye no podía retroceder más. ¿Cuál de los dos avanzaba hacia ella? No estaba segura de cual le inspiraba más miedo. En su aldea, se decía que los peores demonios eran los que adoptaban inofensivo, pues era la mejor forma de engañar y aterrorizar. Entonces, la chica que era más joven, debía ser más peligrosa que el hombre. A medida que se acercaba, le pareció que, en efecto era el peor de los dos, porque la silueta espectral era más pequeña que la del hombre.

La criatura hizo una pausa antes de ingresar en las escaleras y miro por la ventana. No se hallaba a más de dos pasos de donde Shin Hye, acurrucada contra la pared, trataba de protegerse. La figura se volvió y quedo iluminada por la luz de las estrellas. Ella pudo ver un rostro arrugado y demacrado.

Shin Hye grito, aterrorizada, y bajo corriendo por las escaleras. La conmoción que le provoco lo que había visto le hizo perder todo su sentido de la precaución y sus movimientos estaban gobernados por la desesperación. Solo cuando cayó en los brazos de Kajin, se dio cuenta de que era ella la que estaba gritando.

- ¡Que no salga nadie! –ordeno Kajin.
- ¡Señor! – los guardias, con sus espadas desenvainadas, acudieron rápidamente a la torre.

Shin Hye sabía que no encontrarían a nadie, porque no había nadie, solo fantasmas. Kajin noto que aun temblaba y la abrazo con fuerza.

- Estas a salvo, Shin Hye, estas a salvo.

Ella se aferró desesperadamente a Kajin. No podía controlar el temblor de su cuerpo. No, no estaba a salvo. Nunca más lo estaría, estaba segura de ello. Un momento antes de empezar a gritar había pensado que estaba viendo a un tercer espectro. Luego, en ese rostro anciano, reconoció a la joven y al guerrero. No eran tres espectros, sino uno que había logrado envejecer en poco tiempo. ¿Qué sería lo próximo?

Kajin observo la daga que ella tenía en la mano. La reconoció enseguida y se la quito de las manos. Ella seguía tan impresionada que ni siquiera se dio cuenta.

- ¿De dónde has sacado esto? – pregunto Kajin. La obligo a mirarle a los ojos – Shin Hye, ¿Quién te ha dado esto?

La joven sintió náuseas. Contrajo la garganta y aguanto el amargo calor de la bilis durante un rato que pareció demasiado prolongado, hasta que la quemazón se ahogó en su pecho. Kajin no insistió más y pidió que la llevaran a su habitación. Esa noche pondría guardias frente a su puerta y las criadas dormirían con ella.

Kajin no vacilo en adjudicar responsabilidades por la agresión, que supuso había sido protagonizada por un espía de sus enemigos. Shin Hye no trato de disuadirlo, pues no se encontraba con fuerzas. Ella seguía pensando que eran fantasmas, hasta que Jo Shin y Ahjik le dijeron que en la torre, habían colocado un incienso que producía alucinaciones.

El dios del viento, dejo que descansara durante un día completo y luego, fue a su habitación para buscar una respuesta. No se había separado de la daga y quería saber toda la verdad. Sin embargo, a esas alturas, el miedo que Shin Hye había sentido desde la aparición de lo que creía fantasmas, se había convertido en fiebre alta, escalofríos, mareos y persistentes nauseas.

- Un joven – respondió ella ante la pregunta de Kajin. Se encontraba sentada en unos almohadones frente al dios – me lo dio hace tiempo. Quise dártela antes, pero estabas tan ocupado.
- ¿Has vuelto a verlo? – Kajin tenía en mente a Ji Yong.
- Era la segunda vez que lo veía – respondió Shin Hye – él me había salvado cuando me secuestraban.
- ¿Qué? Eso no me lo dijo Jo Shin.
- ¿Qué es esta daga?
- Nada – respondió el distante – no tiene importancia.
- Vuelves a poner tu coraza – suspiro la joven – estoy cansada.
- Te dejo descansar – sonrió Kajin – tienes que recuperarte.

Shin Hye se retiró a sus aposentos antes de la puesta del sol. Pidió a las criadas que se retiraran, pues no podían ayudarla de ninguna manera. En el pasillo adyacente a su dormitorio había guardias vigilando. Como Kajin les había ordenado que vigilaran, no podía despedirlos. Al menos, sabía que Dae Shi estaba al otro lado de la puerta y eso, le hacía sentirse más segura.

Cuando llego la noche le subió la fiebre. Al final, el cansancio y el dolor, hizo que se acostara y cayera rápidamente dormida. A medianoche Kajin entro en la habitación con unas toallas húmedas. Las puso sobre la frente de la joven e intento bajarle la fiebre. No se sentía tranquilo. Al hecho de que iba a tener que participar en una guerra inminente, tenía que sumarle que Kwon Ji Yong se había interesado por ella. Que le diera esa daga no era casualidad y algo tramaba.

El dios del viento acaricio la cara de la joven y suspiro. ¿Qué debía hacer con ella? Kajin dibujo con los dedos una línea, desde su cuello hasta sus hombros, siguiendo el borde interno del hanbok. Su piel era suave y estaba ardiente. Ella no parecía notar nada y él sonrió. Kajin le acaricio una mejilla y ella movió ligeramente la cabeza.

- ¿Puedo besarte? – el lanzo la pregunta al aire sabiendo que no iba a obtener respuesta.

No lo soporto más. En ese momento no le importaba la profecía, su madre o Ji Yong. Su beso, suave y delicado, casi tan tenue como un soplo tibio sobre sus labios, hizo que Shin Hye se estremeciera. El volvió a sonreír y se levantó.

- He tomado una decisión – dijo Kajin antes de salir.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Vie 12 Nov 2010 - 22:06

Bueno, vamos a conocer la decision de Kajin xD. ¿Que pensais que hara?

Kwon Ji Yong atravesó el campamento montado en su caballo. Nakbin lo había llamado para hablar con él. A diferencia de Kajin, el no tenía ningún aprecio por la diosa, pues ella había sido la culpable de todo por lo que había pasado. Aun así, había intentado culpar a Kajin, a quien consideraba una marioneta en sus manos.

Estaba con Nakbin por culpa de su imprudencia. Un día, mientras asaltaban un carruaje, tuvieron la mala suerte de que la diosa estaba en él. Al reconocerlo, primero se sorprendió pues lo creía muerto. Sin embargo, decidió utilizarlo bajo la amenaza de acabar con el pequeño grupo que le había salvado la vida y, a los que consideraba sus compañeros.

Su misión había sido acabar con la vida de esa chica que había enviado desde el mundo de los humanos. Realmente iba a hacerlo pero al verla en el mercado con Kom Yi, no pudo evitar acercarse a ella. Al hacerlo comprobó que no era como las demás y eso, se reafirmó cuando se encontraron en el puente. Esa vez había actuado por su cuenta, pero quería que Kajin supiera que estaba vivo y que conocía a la joven.

Espero en la puerta de la tienda hasta que le dieron permiso para entrar. Nakbin estaba tumbada en la cama y una criada servía te en una taza. Al aparecer Ji Yong, se incorporó y se enfrentó a él.

- No has cumplido tu parte del trato. Creí haberte dicho que acabaras con ella.
- A diferencia de ti, soy incapaz de matar a alguien sin ninguna razón.
- Deberías tenerme más respeto. Soy …
- No te considero como tal, así que no lo digas – Ji Yong no desvió la mirada – cumple tu parte del trato, porque yo cumplí con la mía.
- No está muerta y además Kajin sabe que sigues vivo.
- Si, lo sé. Sin embargo, yo le entregue algo, que hará que esa joven se aleje de Kajin. Por eso no es necesario matarla. Así que, tú has conseguido tu objetivo y yo no he matado a nadie.
- Si la repudia es como si estuviera muerta – sonrió Nakbin satisfecha – una vez vuelva a su mundo, la insultaran e ignoraran. Ninguna lo ha soportado y todas han acabado suicidándose.
- Eso ya no es de mi incumbencia.
- De acuerdo, dejare tranquila a esa tribu de bandidos a los que lideras. Por cierto, tus dos criados se han quedado allí, aunque no dentro del palacio. Pero supongo que eso es algo que ya sabes.
- No son criados – dijo Ji Yong – Kom Yi y Min Woo son mis amigos.
- Nunca aprenderás que la amistad y el poder no son compatibles. Márchate, no tengo más cosas que tratar contigo. Espero que nunca más vuelva a verte.
- Es algo en lo que también estoy de acuerdo.

Ji Yong salió de la tienda y subió al caballo. Se alejó del campamento y luego saco una nota de Min Woo. En ella le contaba que Nakbin los había dejado en la ciudad y que había rumores sobre que la joven humana había caído enferma y que tenía visiones horribles. Min Woo investigo un poco el asunto y descubrió que espías de Nakbin se habían infiltrado en la torre donde Shin Hye se encontraba, habían encendido un incienso y luego, se habían hecho pasar por espíritus.

Ji Yong lo sentía por la joven, pues se encontraba en medio de una batalla en la que había entrado sin querer. Quizás hubiera sido mejor matarla, como Nakbin le había pedido, así evitaba todo el sufrimiento que estaba pasando. ¿Y Kajin? ¿Es que no le importaba? Posiblemente no, de todas formas era una simple humana.

Termino de leer la carta, pues no pudo hacerlo debido a la llamada de la diosa. Min Woo comentaba que el palacio estaba inquieto y corría el rumor de que la joven iba a marcharse. Guardo la carta y pensativo miro la lejanía. Al cabo de un rato, giro el caballo y puso dirección al palacio del dios del viento.

Jo Shin se presento ante Kajin. El joven dios no dijo nada, simplemente permanecía sentado mirando la nada. El dios del agua se sentó frente a él. A los pocos segundos llego Sujini acompañado de Ahjik. También se sentaron y Jo Shin les ofreció te. Estos lo aceptaron, pero enseguida llego el silencio. Dae Shi fue el último en llegar y se disculpó por el retraso.

Todos sabían cuál era el motivo de la reunión. Kajin quería todos los detalles de los incidentes relacionados con la joven. Además, estaba el tema de la guerra entre Nakbin y el emperador. Todos sabían la respuesta de Kajin, por eso no se sorprendieron al oírla.

- No quiero entrar en esta guerra, pero no puedo huir de ella eternamente.
- ¿Has hablado con el emperador? – pregunto Ahjik – quizás el…
- Envié un mensajero – respondió Kajin – pero el emperador parece que ya está al frente de su ejército. Aun así, sus consejeros me piden una respuesta.
- Eso significa que la guerra ya está avanzada y que la decisión ya la tienes tomada – intervino Sujini.
- O puede ser que está tratando de evitarla de cualquier modo – sugirió Jo Shin – Nakbin es la única que ambiciona el poder. El emperador no es amigo de los conflictos bélicos.
- De todas formas, antes de tomar una decisión me gustaría hablar con el – suspiro Kajin cansado – mientras tanto, continuaremos al margen. Aun así defenderemos nuestras fronteras y ayudaremos a los soldados heridos que las pasen.
- ¿Significa que te pones del bando de tu madre? – pregunto Sujini – si vas a ayudar a los heridos significa que…
- Será de ambos bandos – dijo Kajin – no quiero formar parte de sus ambiciones, pero no puedo dejar que la gente muera sin hacer nada. Antes de que me preguntéis si eso significa traicionar al emperador, os diré que no. Como no estamos oficialmente en el conflicto, podemos hacerlo.
- Preparare las tropas – dijo Sujini levantándose.
- No he terminado – Kajin saco la daga y la deposito encima de la mesa. Los demás se levantaron y se acercaron para verla mejor – esto lo tenía Shin Hye. Parece que Ji Yong ha podido contactar con ella… de nuevo.
- Es imposible – dijo Sujini – el no entro nunca en el palacio y ella no ha salido.
- Su primer encuentro fue cuando intentaron secuestrarla – respondió Kajin – puede que la tenga desde entonces.
- Ella te lo ha contado todo – dijo Jo Shin – lamento haberlo ocultado, pero pensamos que era mejor no decírtelo porque estabas preocupado por otras cosas.
- Ya no hay nada que hacer – dijo Kajin observando la daga. Lo mejor para todos era la decisión que había tomado, aunque fuera dolorosa – parece que está expuesta a muchos peligros.
- Me encargare de reforzar la seguridad y no la perderé de vista – dijo Dae Shi.
- Os necesito a todos listos por si entramos en la batalla. Por eso, Dae Shi, quedas relegado de tus tareas de protección.
- ¿Vas a quitar los guardias? – pregunto Ahjik sorprendido - ¿la vas a dejar sola?
- Kajin – intervino Sujini – sabes que no soy muy partidario de los humanos y que no apruebo que ella este aquí. Aun así, creo que te equivocas. Está claro que alguien intenta atentar contra ella y que si la dejamos sin protección, será el blanco de todos los ataques. Por eso, a pesar de mis ideas y mi poca amabilidad con ella, creo…
- Se marcha – lo interrumpió Kajin – Park Shin Hye volverá a su mundo.
- ¿Te has vuelto loco? – Jo Shin era incapaz de salir de su asombro – sabes perfectamente lo que ocurre cuando vuelven. Las demás te importaban poco, pero Shin Hye ha estado aquí más tiempo que ninguna otra y a trazado amistad con mucha gente. Si la devuelves…
- Se perfectamente lo que hago – dijo Kajin, quien pensaba que cualquier cosa era mejor que tenerla cerca y no poder decirle nada. Además, ella era diferente a las demás, ¿Por qué tendría que acabar igual? La situación era clara. Si permanecía con el su muerte estaba asegurada, pero si se marchaba, tendría una oportunidad de vivir - ¿estas cuestionando mis órdenes?
- Discúlpalo – dijo Ahjik intentando calmar los ánimos entre los dos – la noticia nos ha sorprendido a todos. ¿Cuándo se marcha?
- Esta misma noche – dijo Kajin abriendo la puerta – es mejor aprovechar la oscuridad. Prepararlo todo.

El joven dios salió seguido de Sujini. Los otros tres jóvenes se miraron incrédulos. Los tres volvieron a sentarse y se miraron en silencio durante unos minutos. Finalmente Jo Shin golpeo la mesa molesto.

- ¿Vamos a permitir esto?
- ¿Qué otra cosa quieres que hagamos? – pregunto Dae Shi quien también lo sentía por la joven.
- No podemos desobedecer a Kajin – respondió Ahjik – si eso es lo que ha decidido….
- ¿Qué crees que le pasara a ella? – pregunto Jo Shin preocupado.
- Lo mismo que a las demás – suspiro Dae Shi – cuando las manda de vuelta son ignoradas por el pueblo. Este las juzga por ser repudiadas. Creen que la joven ha cometido un error y por eso la devuelven. Es como si estuvieran muertas en vida. Nadie las quiere en sus casas y sus familias reniegan de ellas. Las abandonan en un pequeño templo fuera de la villa, donde terminan suicidándose.
- ¿Cómo sabes eso? – pregunto Ahjik sorprendido.
- Yo lo he enviado varias veces preocupado por la vida de las chicas – respondió Jo Shin – él las ha vigilado, pero no ha podido salvar a ninguna.
- Intente convencerlas para que vieran que no todo era el pueblo. Les dije que podían empezar en otro lugar, pero todas se negaban a abandonar a sus familias. En alguna ocasión evite que se suicidaran, pero salían corriendo y se suicidaban en otro sitio.
- No quiero que Shin Hye pase por eso – dijo Jo Shin con la vista clavada en Dae Shi que asentía ante esa contestación – tengo poco tiempo para trazar un plan.
- ¿Vas a desobedecer? – pregunto Ahjik.
- No, pero tampoco voy a dejar que ella muera.
- Te ayudare – dijo Dae Shi poniéndose de pie.
- ¡Maldita sea! – Ahjik también se levantó después de meditarlo un momento – contad también conmigo.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Vie 3 Dic 2010 - 20:32

Shin Hye se encontraba en la cubierta del barco. Todavía no estaba muy segura de lo que había pasado. Unas horas antes, Kajin había entrado en la habitación y le había pedido un té. Ella se sorprendió por la petición, pero se acerco a la pequeña mesita donde tenía la tetera. Cuando se levanto, se encontró con los brazos de Kajin que la rodeaban. Ella iba a hablar, pero el joven dios escondió la cabeza en su cuello y permanecieron en silencio. Después se separo y con un pequeño movimiento de cabeza, se marcho. Pocos minutos después, entro Jo Shin con la noticia de que se marchaban.

Todavía se sorprendía por esa actitud de Kajin, que se sumaba a la rara sensación con la que se despertó esa mañana. Durante le noche, sintió una corriente de viento en la cara. Cuando se despertó pensó que había sido porque dejo alguna ventana abierta. Sin embargo, todas las ventanas estaban fuertemente cerradas para su protección. ¿Había sido Kajin?
La joven se estremeció debido a la suave brisa marina, pero no se movió de donde estaba. A los pocos minutos alguien le puso una capa sobre los hombros. Se giro y sonrió en señal de agradecimiento. Jo Shin se puso a su lado pero no dijo nada. Shin Hye no había preguntado los motivos por los que estaba pasando esto y el, lo prefería así. No quería mentirle, pero tampoco sabía las verdaderas razones de Kajin para hacer todo esto.

El barco navegaba despacio sobre el rio en calma. A parte de la brisa, no había más viento. Jo Shin se preguntaba si también era dura para Kajin esta separación, pero sabia la respuesta. El dios había calmado el viento, como si todavía no estuviera muy seguro de su decisión e intentaba retenerla el mayor tiempo posible.

- Deberías entrar – dijo Jo Shin – aquí tendrás frio.
- Será la última vez que vea este paisaje – respondió ella – deja que lo disfrute un poco más.
- ¿Por qué no has intentado quedarte? – pregunto el dios del agua.
- No lo sé – respondió ella con sinceridad – quizás porque todo esto me ha cogido de sorpresa.
- ¿Sera porque en el fondo quieres volver a casa?
- Mi pueblo me envió con la misión de convertirme en la novia del dios del viento. Sin embargo, parece que no he podido cumplir mi única tarea.
- Bueno, yo creo que la has cumplido realmente bien – sonrió Jo Shin – Kajin no es un hombre fácil de manejar. Además, eres la que más tiempo a estado a su lado y la primera, a la que ha hablado o prestado atención.
- ¿Cuántas hubo antes?
- No sabría decirte. Podría contarlas, pero no tendría dedos suficientes – bromeo el joven.
- ¿Qué paso con ellas? – pregunto curiosa.
- Perdóname, pero no puedo decírtelo – Jo Shin se apresuro a cambiar de tema. Lamentaba haber entrado en el - ¿sabias que tu madre se alegrara de verte?
- ¿Cómo lo sabes?
- A menudo he bajado a tu aldea para ver cómo va todo. Te echa mucho de menos.
- Yo también a ella – sonrió la joven tristemente.

Hacia media noche todos se fueron a acostar. A la mañana siguiente tendrían que devolver a Shin Hye a su mundo, pro los chicos tenían un plan que llevarían a cabo. Todos parecían dormir y a Ji Yong le pareció un buen momento para atacar. Kom Yi y Min Woo habían subido al barco para acompañar al grupo, como les había pedido. No sabía muy bien porque lo hacía, pero se sentía culpable por todo lo que estaba pasando. Además, sabía que en el mundo humano no iba a ser bien recibida.

Se había nublado y pronto comenzaría una tormenta, por lo que era el momento perfecto para atacar. Cuando subió al barco cayo el primer trueno. Parecía que nadie estaba vigilando, quizás debido al mal tiempo. Min Woo salió a cubierta acompañado de Kom Yi. El chico le explico en que camarote estaba Shin Hye y que posiblemente Dae Shi estuviera con ella. De repente se encendieron las luces y se vieron rodeados. Dae Shi y Ahjik estaban frente a ellos, mientras que Jo Shin los observaba desde el puente de mando. Min Woo se asomo por la borda del barco y silbo. En pocos segundos, varios hombres salieron de la oscuridad de la noche.

- Solo quiero a la chica – dijo Ji Yong.
- ¿Y crees que te la daremos sin más? – pregunto Ahjik.
- ¿Qué quieres de ella?
- No lo comprendéis – Kom Yi se adelanto – queremos salvarla.
- No pienso entregarla – respondió Jo Shin – nosotros nos encargaremos de eso.

Sin mediar mas palabras, Dae Shi comenzó el ataque. Su adversario era Min Woo, quien había vuelto al lado de Ji Yong. Ahjik peleaba con este, mientras Jo Shin evitaba que los de tierra subieran al barco. Nadie hacia caso a Kom Yi, quien se introduzco en el barco en busca de la joven.

Park Shin Hye estaba escondida en el camarote de Dae Shi. Todos se encontraban fuera defendiéndola, pero ella se sentía completamente inútil. No tenía la suficiente fuerza para luchar, pro tampoco quería dejarlo todo en manos de los chicos. Quería formar parte de la lucha pero, ¿Cómo podía hacerlo?

- No debes preocuparte – se decía a sí misma – ellos estarán bien.
- ¡Park Shin Hye! – Kom Yi entro en el camarote y se acerco – vamos, aquí corres peligro.

La joven iba a decir algo pero la puerta se abrió de repente y algunos soldados entraron, Kom Yi intento detenerlos mientras Shin Hye esquivaba un ataque. Siguiendo las órdenes de Kom Yi se fue a la habitación continua, donde dormía ella. Uno de los asaltantes la había seguido. Kom Yi estaba ocupada defendiéndose en el otro lado, por lo que no iba a poder ayudarla. Busco algo que pudiera serle útil, pero no vio nada. El atacante desenfundo una espada y Shin Hye buscaba por toda la estancia, esquivando otro ataque. Al pasar al lado de la cama vio un palo alargado tirado en el suelo. Corrió hacia el e intento defenderse de un ataque que no la mato de milagro. No sabía luchar, pero al menos podía defenderse. Iba a evitar otro golpe, pero Jo Shin entro en el camarote y se deshizo del atacante. Después se acerco a ella y la ayudo a levantarse. Su intención era subirla a cubierta y mantenerla a su lado. Al pasar por la habitación de Dae Shi, Kom Yi ya no estaba allí.

La cubierta estaba llena de cadáveres de ambos bandos. Jo Shin la llevo al puente de mando y la coloco detrás de él mientras seguía defendiéndose.

- Me siento tan inútil – susurro ella.

Sin embargo el joven no le prestó demasiada atención. Miraba de un lado a otro como un animal al acecho. De repente sonó un ruido en el barco y se abalanzó sobre ella, echándola al suelo con violencia. A Shin Hye no le dio tiempo a gritar. Solo sintió un enjambre de flechas silbando a su alrededor y un golpe en la cabeza. Jo Shin dio la alarma mientras varios de sus hombres caían fulminados. El joven se irguió como pudo e intento corresponder al ataque, pero una nueva andanada de flechas le obligo a protegerse. Observo que al caer Shin Hye se había golpeado la cabeza y se había desmayado. A su alrededor había gritos de dolor.

Pidió a Ahjik y a Dae Shi que lo cubrieran, pero Ji Yong fue más rápido. Dejo fuera de combate a Ahjik y se encamino para enfrentarse al dios del agua. Por su parte Dae Shi estaba herido y Min Woo había desaparecido.

De repente se formo un gran revuelo de gente corriendo de un lado para otro en medio de feroces combates y el dios del agua, perdió de vista a Shin Hye. Ji Yong cogió a la joven y corrió como un loco hacia la borda del barco. Jo Shin le impidió el paso, por lo que tuvo que soltarla. Kom Yi y Min Woo aparecieron a su lado y entre los dos izaron a la joven y la sacaron del barco. Los demás saltaban como podían.

- ¡Kwon Ji Yong! – grito Jo Shin impotente al ver que escapaban.
- Dile a Kajin que a partir de ahora ella está muerta. Yo me ocupare de todo.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
- Hago las cosas a mi manera – sonrió Ji Yong desde la orilla – ah, una cosa más. Dile de mi parte que todo esto es su culpa, por dejar escapar de sus manos lo que es realmente importante.

El grupo de bandidos se disperso en el bosque y los tripulantes del barco tardaron unos minutos en recuperarse. Jo Shin no se movió de donde estaba. Su mente trabajaba deprisa intentando interpretar las palabras de Ji Yong y sus intenciones, pero no era capaz de sacar nada en claro. Ahjik se puso a su lado, acompañado del herido Dae Shi.

- ¿Qué vamos a hacer? – pregunto Ahjik.
- Seguiremos el juego de Ji Yong – respondió Jo Shin después de unos minutos de silencio. Lo que había pasado no era tan malo. Shin Hye no tendría que ir al mundo humano y por lo tanto no moriría allí. Sin embargo, no conocía las verdaderas intenciones de JI Yong y eso lo preocupaba – ¡volvemos a casa!
- Espera – dijo Dae Shi - ¿Qué le vas a decir a Kajin?
- Park Shin Hye ha muerto a manos de Kwon Ji Yong.
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Miér 1 Jun 2011 - 9:45

Hace tiempo que no subia nada de este fic xDD. Tengo mas, pero no tengo ganas de pasarlo al pc. Mañana termino de subirlo todo ^^

Sujini espero en la puerta hasta que Kajin se tranquilizara. Ambos habían visto el regreso de la embarcación desde el muelle y como descendían los heridos. Jo Shin bajaba ayudando a Dae Shi. Antes de que pudieran darle ninguna explicación, Kajin les pidió que fueran a curarse las heridas. Aun así, Sujini sabía que algo había ido mal. La mirada que Jo Shin le lanzo y, como evitaba mirar a los ojos a Kajin, así lo presagiaba. Intento hablar con él, para ayudarlo en caso de que se cumplieran sus pensamientos, pero no habían terminado de ponerle las vendas, cuando Kajin les pidió que se reunieran.

Los jóvenes entraron en la sala, donde tiempo atrás Shin Hye se escondió con Dae Shi. Este parecía reacio a entrar y solo lo hizo, cuando Kajin lo ordeno por segunda vez. Jo Shin comenzó a relatar lo ocurrido con la mirada clavada en la mesa. Sujini comprobó que la cara de Kajin iba pasando de la sorpresa al temor. Lo último que escucho de Jo Shin, fue que Ji Yong se había llevado a la joven.

- ¿Viva o muerta? – pregunto Kajin disimulando su preocupación.
- No estamos seguros – respondió Dae Shi viendo a su amigo incapaz de seguir.
- Estando conmigo estaba viva, pero… cayeron muchas flechas y se golpeó la cabeza. Luego Ji Yong la cogió… estaba inconsciente y él dijo…
- ¿Qué dijo? – Kajin golpeo la mesa furioso después de varios minutos de silencio - ¿QUE DIJO?
- Está muerta – sentencio Sujini leyendo las expresiones de los demás - ¿es eso lo que no podéis decir?

Todos volvieron a clavar la mirada en la mesa. Ninguno quería confirmar la pregunta. Kajin se dejó caer en el sillón, para luego levantarse y salir de la habitación. Sujini se dispuso a seguirlo, después de pedir a los otros que fueran a descansar. Un escalofrió recorrió su cuerpo al notar una pequeña brisa. Kajin estaba furioso y debía dejar que se tranquilizara. Unas criadas pasaron a su lado, comentando que habían visto pasar corriendo al dios del viento en dirección a la habitación de la joven.

Sujini se dirigió hacia allí y echo a las criadas que atónitas miraban la puerta cerrada. De su interior procedían todo tipo de ruidos y maldiciones. Espero hasta que no se escuchó nada y abrió la puerta. Kajin había destrozado todo lo que había encontrado a su paso. En el suelo había almohadones, teteras, vasos, vestidos y joyas que la joven había dejado. A medida que avanzaba comprobó que también había tirado y destrozado los muebles.

Lo encontró sentado en el suelo, cerca de la ventana que daba al lago, por el que la joven había escapado en alguna ocasión. Sujini se acercó y se sentó junto a él. Kajin no levanto la cabeza.

- Pensé que alejándola de aquí la protegería. Parece que todas las decisiones que tomo respecto a ella, son equivocadas.
- No podías saber que esto iba a pasar – respondió Sujini - ¿aun piensas en esa profecía? Ya te dije que…
- No te acuerdas de ella ¿verdad? Yo al principio tampoco estaba seguro, pero ella es la niña que conocí siendo niño, poco antes de conocer la profecía. Estoy seguro de que ella…
- En este momento no piensas con claridad…
- Tengo muy claro lo que quiero hacer – dijo Kajin levantando la mirada – tengo que encontrar a Ji Yong y acabar con él.
- ¿Te has vuelto loco? ¡Es tu hermano!
- Dejo de serlo hace tiempo, cuando acabo con la vida de tu hermana y de Yejin.
- ¿Por qué las nombras ahora? – pregunto Sujini sin querer pensar en ellas – eso paso hace tiempo.
- Porque en ese momento debí haber acabado con él y terminar con todo esto.
- El tiempo ha pasado – dijo Sujini – y ahora que lo veo desde la distancia y he investigado un poco, tengo mis dudas de que Ji Yong fuera el…
- ¡Su daga estaba manchada de sangre y estaba junto a sus cuerpos!
- Es cierto, pero hay cosas que no concuerdan. Aun así, no es momento de hablar de eso – Sujini miro al lago – Shin Hye…. No me agradan los humanos, pero ella era diferente.
- ¿Me ayudaras a acabar con Ji Yong?
- Te ayudare a celebrar un funeral como último homenaje hacia ella. El reino esta en medio de una guerra. Cuando el funeral acabe, olvídate de Ji Yong.

Shin Hye despertó en un lugar desconocido. Al principio miro de un lado al otro de la estancia, intentando buscar algo que le indicara donde estaba. Se tranquilizó al encontrarse con la presencia de Ji Yong. El joven parecía preocupado y al ver que lo reconocía, respiro aliviado.

- He tenido un sueño – dijo ella incorporándose – atacabas el barco y me ayudabas.
- No ha sido un sueño – respondió el joven.
- ¿Por qué lo has hecho? – Shin Hye lo miro fijamente – dime porque.

Ji Yong mantuvo la mirada de la joven. ¿Realmente había un motivo? Solo se sentía culpable de haberla metido en esa guerra. Por eso la había salvado. Min Woo entro en la habitación con un poco de comida y Ji Yong aprovecho para salir sin responder.

Shin Hye no volvió a verlo durante muchos días, pero recibía la visita de Kom Yi y Min Woo. Por algún motivo que desconocía, le preguntaban por los motivos por los que estaba en ese barco, pero era incapaz de recordarlo. Min Woo la examinaba todos los días, pero ella parecía estar bien. En alguna ocasión le oyó preguntarse a sí mismo porque era incapaz de recordar.

No sabía exactamente donde se encontraba, solo que estaba en algún lugar del bosque, donde Ji Yong había creado un pequeño pueblo. No podía salir de la habitación donde se recuperaba, pero en algunas ocasiones, acompañada de Min Woo, paseaba por el pequeño pueblo y le interrogaba sobre algunas cosas de este. A veces veía a Ji Yong pasar de un lado a otro acompañado de Kom Yi o a veces solo. Parecía preocupado, pero no tuvo tiempo para preguntarle.

Llegaron noticias de que iban a celebrar un funeral en honor de la novia del dios del viento. Shin Hye fue llamada y se presentó ante Ji Yong, quien estaba sentado en el suelo de una habitación en penumbra. Cuando la sintió entrar, abrió los ojos y la invito a sentarse.

- ¿Quieres acompañarnos?
- ¿Al funeral? No me gustan – respondió ella – aunque si el dios del viento lo organiza, esa chica es muy afortunada. Seguro que la quería mucho. ¿Conoces a la novia del dios del viento?

El joven la examino en silencio. Min Woo le había comentado que posiblemente la joven tuviera amnesia temporal. Recordaba que iba en un barco e incluso recordaba su encuentro en el palacio de Kajin, pero parecía haberlo olvidado todo sobre él y sus amigos. ¿Podía ser tan selectiva? La respuesta de Min Woo también fue extraña.

- A veces el cuerpo, para protegerse, te hace olvidar aquello que más quieres.

¿Había olvidado realmente a Kajin? Ji Yong esperaba que no. A pesar de todo, seguía queriendo arreglar las cosas con el dios del viento y ella, podía ser el intermediario para ello cuando llegara el momento.

- Estaremos unos días fuera, pero Kom Yi se quedara contigo y…
- He visto a los soldados entrenar – dijo Shin Hye – me gustaría aprender.
- ¿A luchar? – la petición sorprendió al joven.
- En aquel barco, antes de que me salvarais, me sentía tan inútil sin poder hacer nada… Aquí puedo aprender.
- Le diré a Kom Yi que te entrene, pero te advierto de que de que es una persona muy exigente – sonrió Ji Yong – en cuanto a que te salvamos…
- Min Woo no me lo ha dicho, pero le escuche hablar con otro joven. Comentaba que era una suerte que hubierais llegado a tiempo, sino estaría muerta. Iba engañada en ese barco. Pensé que volvía a casa y me estaban secuestrando.
- Es curioso cómo funciona la amnesia – susurro él y luego sonrió - ¿no recuerdas nada? ¿A ninguno de los que iban en el barco?

La joven intento recordar, pero no fue capaz. Ji Yong la miro preocupado, preguntándose si aquello estaba bien o debía decirle la verdad. Debía decírselo, pero antes quería averiguar a quien pertenecían esos soldados que atacaron tanto a sus hombres como a los de Kajin.

- No te preocupes – dijo Ji Yong – dentro de unos días veré tus avances en la lucha. Lo espero impaciente.
- Te llevaras una sorpresa – dijo ella sonriendo.
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Ayame
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Re: Fanfic: cronicas del viento

Mensaje por Ayame el Miér 14 Sep 2011 - 23:32

El luto nacional se decretó un día después de la llegada del barco. Unos velos oscurecieron las ventanas del palacio, los templos fueron cerrados y se interrumpieron todas las celebraciones. Los altos dignatarios debían dejarse crecer las barbas y el silencio reinaba en todas las casas. Con la muerte de la novia del dios del viento, se abrió un periodo de terror, pues faltaba la otra mitad, que apaciguaba y mantenía tranquilo al dios. Por eso, la capital se había sumido en un temeroso silencio, a la espera de una decisión que influiría en el reino.

Como no tenían el cuerpo de la joven, no realizaron la procesión hasta el santuario y Kajin, fue el único que entro en el templo para presidir el funeral. Los demás esperaron fuera. Recibió mensajes de otros reinos y agotado, proclamo que encontraría otra novia lo más rápidamente posible.

Kajin descansaba en una terraza cercana a su habitación. Aquello con lo que había estado soñando, encontrarse con Shin Hye, se había producido de un modo brutal y las consecuencias no eran las esperadas. Kajin tenía que aceptar la soledad y desconfiar tanto de aliados como adversarios. Nadie iba a protegerlo y además, su madre estaba dispuesta a luchar contra él, por lo que tampoco podía contar con ella. Además, no disponía de ningún confidente que pudiera ayudarlo, por lo que debía confiar en su intuición, sin permitirse el más mínimo error.

La sirvienta anuncio la llegada de Dae Shi. Kajin le permitió pasar, pero el joven no estaba solo. A su lado se hallaba un muchacho de apenas 15 años. Se presentó como Nakht y lo había enviado el emperador. Kajin supuso que tarde o temprano el también enviaría un mensajero, pero esperaba que se presentara en persona, como había hecho su madre.

- Antes de nada darte el pésame por lo ocurrido – dijo el muchacho – lamento mucho vuestra perdida.
- Dime que quieres.
- Has escuchado a muchos dignatarios y has tenido tiempo de formarte una idea de…

Dae Shi molesto por la presencia del joven, no apartaba la vista de él. No le gustaban ese tipo de visitas y menos en tan mal momento como estaban ahora. Al igual que Jo Shin., el también se culpaba de la perdida de Shin Hye.

- El caso es que me ponga en un bando o en otro – dijo Kajin sin ánimos – lo demás carece de importancia.
- No es verdad, señor… El emperador sabe que tomareis la decisión acertada.
- Kajin sabe cómo actuar – confirmo Dae Shi y Kajin le lanzo una triste sonrisa de agradecimiento.
- Supongo que ya no puedo permanecer más tiempo neutral. ¿Cómo puedo oponerme al emperador?
- Evitar la guerra civil es una sabia decisión – Opino Nakht – el tomara las decisiones y vos seréis quien aparecerá en público. El emperador no quiere esta lucha, la ha estado evitando, pero Nakbin… una vez acabemos con ella podrás reinar en paz. Mi señor te proporcionara el apoyo necesario de una parte de su ejército. Nakbin no se atreverá a ir contra los dos. No está en su naturaleza, ya que siente un respeto innato por la ley y el orden.
- Provocar una guerra civil, dividir a la gente y empujarlos a enfrentarse… ¿esos son los proyectos del emperador? No tengo intención de ser origen de semejantes horrores, pero tengo una exigencia que hacer.
- ¿Estáis en situación de formularla?
- Mi reino no será tocado y dará resguardo a todo aquel que no quiera participar en esta locura… Da igual el bando.

El joven reflexiono largo rato. Invadir el reino de Kajin le proporcionaba ventaja estratégica y quería arrasar el territorio para poder apoderárselo él. Sin embargo, reconsidero su posición, puesto que necesitaba la ayuda del joven.

- Acepto las exigencias – sonrió el joven.

Kajin no se engañaba. El emperador deseaba seguir gobernando y al igual que su madre, quería exponerlo para luego manipularlo en la sombra. Sin embargo, poco le importaba, pues le abrían un camino para poder perseguir sus ambiciones, que en este momento eran acabar con Ji Yong.
Jo Shin abandono la tienda del mercader y condujo el carro tirado por dos caballos por una calle serpenteante. Le habían notificado que allí podría encontrar noticias de los asaltantes, pero era una información falsa. Sin embargo, si le dieron información sobre el pasado, sobre la muerte de Hyori y Yejin.

Durante mucho tiempo, Sujini se había dedicado a buscar información de lo ocurrido y Kajin a odiar a Ji Yong por haberlas matado, cuando él había sido el objetivo y ellas se interpusieron. Pero, con el transcurso del tiempo, Sujini parecía haber olvidado su ira y haberse acostumbrado a su nueva vida. La información que Jo Shin acababa de recibir lo cambiaba todo. No sabían quién lo había ordenado, pero el asesinato de ambas jóvenes se llevó a cabo para provocar el enfrentamiento entre Kajin y Ji Yong. Este último, prefirió el aislamiento de la paz, a la costosa guerra y el mismo se exilió. Primero a un templo, donde estaba Wangzi, maestro de ambos dioses. También apareció muerto y de nuevo Ji Yong fue acusado del asesinato, porque huyo la misma noche del crimen.

¿La furia de Ji Yong lo había hecho buscar venganza contra Kajin? ¿Había participado realmente en esos asesinatos? Ji Yong quería mucho a Hyori y Jo Shin no lo creía capaz de asesinarla. Realmente estaba especulando sin saber, porque en aquella época el joven estaba realizando su formación como soldado y solo había leído los informes y algún relato de un melancólico Ahjik borracho. Aun así, quería seguir considerando a Ji Yong su amigo, incapaz de algo así.

Guio su carro por una callejuela atestada de gente, donde se hallaban vendedores de fruta, cerveza, pescado y otras mercancías. Los peatones se apartaban al paso del carro del joven, mientras algunos trataban de venderle sus mercancías, pero él estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos y los aparto con un ademan.

¿Por qué llevarse a Park Shin Hye?¿Para qué quería provocar más a Kajin? Le resultaba extraño su comportamiento. Sin embargo, ellos habían atacado primero y… ¿Quiénes eran los otros atacantes? Apostaba a que Ji Yong lo sabía. Quería interrogarlo, pero no sabía cómo encontrarlo y tampoco si estaba dispuesto a colaborar con él.

Más dudas surcaban su mente. ¿Por qué le dio la daga a ella? Debido a su carácter alegre y un poco curioso, le había permitido acercarse a ella. ¿Podría ser que se hubiera enamorado de ella? Si eso fuera así, antes de verla condenada al suicidio en la tierra, prefería tenerla cerca y quizás, poder conocer los verdaderos sentimientos de ella. Eso provocaría todavía más la ira de Kajin.

En la terraza de una casa, una mujer agito una alfombra y el movimiento lo saco de sus cavilaciones, además de cubrirlo de polvo. Maldijo y tosió al mismo tiempo. Se aferró a un lado del carro y se sacudió el polvo mientras los caballos disminuían la marcha y luego se detenían. La mujer bajo la mirada hacia él, se llevó la mano a la boca y desapareció por una escalera interior. Salió precipitadamente a la calle y se arrojó al suelo, balbuceando disculpas.

- No ha sido más que un accidente – Jo Shin saludo con una inclinación de cabeza y agito las riendas.

Pronto se adentró en una calle más ancha, cuidando de circular por el centro, fuera del alcance de las mujeres dedicadas a la limpieza. Volvió a agitar las riendas, apurando el paso de los caballos. Paso un umbral tras otro y la calle parecía desierta. El sol caía directamente sobre su cabeza. El calor brotaba de la tierra apisonada bajo las ruedas del carro y fluía hacia él desde las paredes altas e irregulares de las casas, que se alzaban por encima de su cabeza.

Los caballos estaban sudando y habían sufrido el calor mientras el meditaba. Jo Shin se reprochó su negligencia y animo a los animales a ir más deprisa. No estaba lejos de su casa, pero al llegar al final de la calle, vio un destello de piel desnuda y un vestido blanco.

Con un grito, tiro con fuerza de las riendas en el momento en que un niño se arrojó delante de los caballos. Los animales disminuyeron la velocidad con dificultad, luego se alzaron sobre sus patas traseras y relincharon en señal de alarma al ver en su camino un bulto borroso en movimiento. El carro viro bruscamente hacia la derecha y quedo inclinado sobre una rueda, mientras Jo Shin luchaba por recuperar el equilibrio y controlar a los caballos al mismo tiempo.

El hombro de Jo Shin golpeo contra un lado del carro, luego afirmo los pies en el suelo y se lanzó sobre el lado opuesto del vehículo. Al hacerlo, las riendas se le escaparon de las manos, pero el carro volvió a asentarse sobre ambas ruedas. Sin esperar a recuperar el aliento, salto a tierra e intento coger un arnés, pero se encontró rodeado de soldados con pantalones de cuero, espadas y lanzas. Eran soldados de infantería, no guardia real. Jo Shin conto nueve y comprobó que no tenía ninguna posibilidad de escapar. Dos de ellos refrenaron a los caballos y los calmaron. Oyó el resoplido de otro animal y alzo la vista para encontrarse con un jinete que avanzaba por la calle. Con el rostro inexpresivo, Ji Yong iba junto a Min Woo, que iba en otro caballo. Ji Yong salto del suyo y pasó junto a Jo Shin. Este dirigió una mirada amenazadora al recién llegado.

- ¿Qué estás haciendo, maldito seas?
- Ven conmigo.

Jo Shin movió la cabeza con un gesto de incredulidad mientras miraba el circulo de los soldados.

- ¿Qué pasa? – pregunto Ji Yong mirándolo - ¿No confías en mí? No… veo que no. Entonces ven porque no tienes otra opción.

Jo Shin miro con el joven desaparecía en las negras profundidades de la casa junto a la que se habían detenido. Tres de los hombres dieron un paso hacia él, y Jo Shin les dirigió una de las miradas que reservaba a los reclutas inexpertos que habían cometido algún error necio. Los soldados se detuvieron y el siguió a Ji Yong hacia la casa. Antes de entrar hecho un vistazo a la calle por encima del hombro: a excepción de su escolta, habían desaparecido todos los soldados, Min Woo y el carro. Pero de pronto apareció una mujer con un burro. Jo Shin pensó por un momento en la posibilidad de huir, pero una mano lo cogió del brazo y lo arrastro hacia la oscuridad. Se aferró a su daga, pero la mano se desprendió de su brazo.

- Suéltala, Jo Shin – dijo Ji Yong – te enfrentas a lanzas.

El joven aparto las manos del cuerpo y alguien cerró la puerta. Otro soldado apareció desde el interior sosteniendo dos lámparas. Los rasgos finos de Ji Yong aparecieron bajo una lluvia parpadeante de luz. La llama amarilleaba su oscuro cabello. De repente, se quedaron solos.

- Quiero hablar contigo – dijo Ji Yong.
Jo Shin se volvió, fue hasta la puerta y puso la mano sobre la manija.
- Así que tú también crees las mentiras.

El joven soltó la manija de la puerta, dio media vuelta y apoyo la espalda contra la pared.

- ¿Qué mentiras?
- Puedo vivir con un vulgar mendigo Jo Shin. Tú, más que nadie, prestas atención a los rumores, así que debes estar enterado de todos los que circulan sobre mí. No estoy en contra de Kajin y no mate a Hyori ni a Yejin.
- Somos amigos desde que éramos jóvenes.
- Así es.
- Me salvaste la vida.
Jo Shin no se movió cuando Ji Yong se acercó y mantuvo la mirada clavada en los ojos de su captor.
- Si, lo hice – respondió Ji Yong.
- Y juntos hemos servido a Kajin.
- Es verdad.
- Y en todo este tiempo – prosiguió Jo Shin – nunca me habías secuestrado para obligarme a cumplir tus órdenes.

Ji Yong soltó una maldición, se giró molesto y bajo la mirada. Al cabo de un rato volvió mirar a su amigo.

- Perdoname, viejo amigo. Tengo que ser cuidadoso. No puedo fiarme de nadie y si entrara en palacio Kajin me haría matar.
- ¿Qué paso con Hyori y Yejin?
- ¿Qué? – Ji Yong le dirigió una mirada turbada - ¿Por qué preguntas eso ahora? Cuando entre en la habitación ellas estaban heridas y Kajin inconsciente. Saque la daga del cuerpo de Yejin… Ella si murió pero Hyori…
- ¿Hyori está viva? – Jo Shin lo miro atónito – no es posible. Yo mismo vi como…
- Cuando Sujini la enterró, el cuerpo no estaba allí. Antes de exiliarme, entre en la habitación donde estaban las dos. Es cierto que no pude hacer nada por Yejin, pero Hyori estaba débil… Podía salvarla y por eso, me la lleve.
- ¿Dónde está?
- Tú ya la has visto… Cuando Nakbin…
- Era Kom Yi – susurro Jo Shin – ¿cómo…
- Le ha pasado lo mismo que a Shin Hye. No recuerda nada.
- Park Shin Hye también está viva?
- Lo está. Tardo un poco, pero Min Woo pudo curarla. Sin embargo… ha olvidado todo lo relacionado con Kajin.
- Kajin piensa que está muerta… Por eso han organizado…
- ¿Quién crees que ha enviado…
- Alguien contrato mercenarios para seguir nuestro rastro y asesinarla - No hubo ni un parpadeo, ni la contracción de ningún musculo.
- Shin Hye tiene un enemigo poderoso.
- Si… un enemigo que puede enviar soldados en su búsqueda, como tú has hecho conmigo.
- Hay una diferencia – dijo Ji Yong con voz suave.
- ¿Cuál es?
- Tú aun estas vivo – dijo Ji Yong y sonrió cuando Jo Shin alzo la barbilla.
- ¿Voy a seguir estándolo?
- No si no dejas de dudar de mí. ¿Cómo puedes preguntarme algo así? Me he dirigido a ti en busca de ayuda… Ahora pienso que debí haber hablado directamente con Kajin, aunque me juegue el pellejo.
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