JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

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JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Ayame el Vie 11 Nov 2011 - 23:40

Bueno.... Esta mañana hemos estado en un castillo y haciendo el idiota hemos creado un fic.... Si, lo se XDD estamos fatal pero.... nos quereis por eso. Es un fic entre Tey unnie y yo y... La ambientacion es coreana y japonesa. Os dejo a los personajes principales y la trama. Ah... El titulo es provisional... pq aun no lo tenemos muy claro jajajajjajajjaaj pero si... habeis leido bien y pone plastilina xD.

**LOS CAPITULOS SE SUBIRAN LOS DOMINGOS**

Bueno... pongo los personajes:

Coreanos

Park Yoo Chun



Kim Jae joong



Kim Jun Su



Shim Yun Ho



Shim Chang Min



Shim Hyo Ri *Chibi*



Cha Seung Wo



Japoneses

Kamenashi Kazuya



Kamenashi Rin *Tey*



Akanishi Jin



Kaneshiro Takeshi



Takenomiya Yoko (Nezu) *Yoyo*



Ichikawa Miho *Aya*



Obsequios



Resumen

Entre los años 1592 y 1598, Japón quiso expandir su territorio y decidió apoderarse de Corea. Con la excusa de invadir China, el regente Toyotomi Hideyoshi, mando al ejército japonés a la península de Corea. Durante ese periodo, se cometieron muchos crímenes y masacres, pero a la muerte de Hideyoshi, en 1598, Kaneshiro Takeshi, el nuevo regente, no quiso ser partícipe de esa lucha sin sentido y firmo la paz.

Kaneshiro, envió emisarios a Corea y, después de varios años de negociaciones, las relaciones entre los países mejoraron y se produjeron grandes alianzas tanto comerciales como familiares. Para reforzar esa amistad entre Corea y Japón, los nobles coreanos deciden enviar un regalo para consolidar la relación entre ambos países, pero el mensajero es asesinado en el camino. ¿Qué ocurrirá si ese obsequio no aparece? ¿Significara la ruptura de las relaciones y el comienzo de una nueva guerra?


Última edición por Ayame el Jue 24 Nov 2011 - 13:41, editado 4 veces
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Re: JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Tey el Dom 20 Nov 2011 - 9:58

Estamos a Domingo de nuevo asi que aqui esta el prologo!! Finalmente el fic va a llamarse "Detras de una sonrisa" Pero don't worry... el dragon de plastilina tendra su lugar en el fic xD
Nos vemos la semana que viene con el primer capitulo, disfrutar del prologo!


PROLOGO

Pasaba la medianoche cuando Shim Yun Ho decidió que ya había bebido suficiente. El joven procedía de Corea y había sido enviado con una pequeña delegación para entregar un objeto al emperador Kaneshiro. Con este, se cerraría el tratado de paz que habían firmado los dos países: Corea y Japón.

Al salir a tomar un poco el aire, porque el ambiente estaba muy cargado, escucho los últimos clamores de la fiesta y se preguntaba que estaba pasando. Uno de sus compañeros se levantó y fue en su busca. El, intercambio unas palabras de cortesía, pero no iba a volver a entrar. Farfullo unas palabras de despedida y decidió volver a la posada donde se estaban alojando.

Después de una larga travesía desde Corea, habían llegado al puerto de Tsushima hacia cuatro días y, para evitar encuentros indeseados, habían viajado en caballo todo el trayecto, parando solo en pequeñas posadas durante la noche. Habían llegado al mediodía a Edo y, para seguir pasando desapercibidos, habían decidido coger la habitación dentro del Yoshiwara, el barrio de placer.

Unas geishas se ofrecieron a acompañarlo y el acepto, porque se había fijado en una de ellas durante toda la noche. Gracias a su formación como diplomático y, a sus conocimientos del idioma japonés, fue elegido por el emperador para realizar esta importante misión. ¿Qué pensarían de el si lo veían en un prostíbulo bebiendo? Aun así, se había dejado arrastrar por sus compañeros de viaje y, aunque poco convencido, no se imaginaba que podría encontrar compañía para aquella noche.

Cuando salió a la calle acompañado por las dos jóvenes, el jaleo se había alejado pero aún quedaba gente en la calle disfrazada. Reconoció a alguno de sus acompañantes entre la multitud, que habían salido del local para disfrutar del folclore local. La geisha que iba a su derecha, le explico que se celebraba la llegada de la primavera. Se pedía que el tiempo acompañara y que los dioses llevaran la prosperidad y alejaran las desgracias. Mientras la joven se explicaba, la otra iba a su lado escuchando con una sonrisa.

Al doblar una esquina, ella se quedó parada y el dirigió la mirada hacia donde ella estaba mirando. Estaban frente a un pequeño restaurante familiar que aun permanecía abierto. Era una pequeña taberna y, en la entrada había una joven que, a pesar de llevar un kimono apagado y el pelo revuelto, destacaba su esbelta figura y su exótica cara. A su lado había una camarera y ambas estaban invitando a los pocos transeúntes del lugar a pasar.

-Aquí hacen fantásticos dangos – dijo la geisha que se había parado – quedemos a probar unos pocos.

A Yun Ho no le hizo mucha gracia porque quería llegar rápido a la posada, pero la otra chica también parecía querer comerlos, así que acepto. La joven tabernera los saludo con una inclinación y los invito a pasar. Había pocos clientes, pero el lugar era cálido y acogedor. En las pocas mesas ocupadas, había una pareja que mantenían una conversación privada y erótica mientras terminaban los dangos. En la otra punta, un joven samurái bebía solo. Los recién llegados se sentaron en una mesa y, la camarera que estaba al lado de la tabernera, les llevo un plato con unos pocos dangos y te. El joven samurái reclamo enseguida a una de las geishas para él y una de ellas, tuvo que marcharse. Tanto Yun Ho como su acompañante se dieron prisa en acabar los dangos y, después de despedirse de todos, salieron del local. Ambos caminaban deprisa por las sombrías calles del Yoshiwara, ya que querían llegar rápido a la posada para poder disfrutar de su mutua compañía.

En la oscuridad de la noche, apenas eran visibles, pues se escondían entre los huecos de los oscuros callejones para dar rienda suelta a la pasión cada pocos pasos. Sin embargo, el joven tardo poco en encontrarse mal. Se apoyó en la pared con un leve mareo, que rápidamente se convirtió en otros síntomas. Primero se le paralizaron los labios y luego el resto del cuerpo. La geisha le pregunto si estaba bien, pero Yun Ho no podía hablar, solo resbalo por la pared debido a que se había quedado sin fuerzas para sostenerse y, le suplicaba ayuda con la mirada. Ella, dio unos pasos atrás, temerosa de que pudiera ser contagioso, pero escucho crujidos detrás de ella y al volverse, un hombre salió de entre las sombras. La chica grito, agito los brazos en señal de defensa y, sintió una punzada de dolor antes de desplomarse. A pesar de estar paralizado, Yun Ho lo presencio todo durante los últimos minutos de su vida.

El jinete detuvo su caballo en un estrecho sendero que conducía al rio. Había salido del barrio del placer a caballo, cargando con un bulto en la grupa del animal. Espoleo a la yegua un poco y esta avanzo. El sendero descendía abruptamente por una pronunciada ladera hacia el rio, haciendo que el bulto, se tambaleara peligrosamente. Podía escuchar como el agua chocaba contra la ribera, así que desmonto, ato al caballo a un árbol y comenzó a avanzar.

El bote estaba allí, donde lo había dejado el día anterior, escondido entre las ramas más bajas de un gran pino. Con cuidado, lo arrastro por el camino para llevarlo junto al caballo. A continuación, desato las cuerdas que sujetaban el bulto a la grupa del animal y, cuando se desato el último nudo, el bulto cayó dentro del bote con un fuerte golpe.

Empujo la embarcación pendiente abajo, hasta el agua. Enseguida comenzó a jadear por el esfuerzo, pero al final alcanzo la ribera y el bote se deslizo dentro del agua. Luego subió a la embarcación y al hacerlo, el bote se balanceo peligrosamente. Durante un instante temía que se hundiese, pero se estabilizo rápidamente. Dejando escapar un suspiro de alivio, levanto el remo, se puso de pie en la popa y empezó a remar en dirección a la ciudad.

Por suerte, aquella noche tenía el rio para el solo y nadie lo vio. En la ribera cercana, los faroles del barrio del placer le iluminaban tenuemente el rio y hubiera deseado estar en cualquiera de las casas de placer. Sin embargo, no podía entretenerse porque solo quedaban unas horas para el amanecer y necesitaba de la protección de la noche.

Estaba cansado de remar, su respiración se convirtió en dolorosos jadeos y el sudor empapo sus vestimentas. Deseaba haber podido hacer esto a caballo, pero las puertas de la ciudad estaban cerradas. Estas se cerraban antes de medianoche, prohibiendo la entrada y la salida, por lo que el rio era la única vía.

Se sintió aliviado cuando vio las vistas de la ciudad. Las embarcaciones sobresalían del muelle, donde descansaban hasta que llegara la hora de que los pescadores volvieran a salir a faenar. Al fin, el puente que unía el muelle con la ciudad se alzó ante él. Exhausto se detuvo en un embarcadero rio abajo, más allá del puente y ato el bote a uno de los pilares.

Con precaución, para no volcar el bote, desato las rígidas ataduras de paja del bulto. Echo un vistazo al cielo, que le advertía que la luna se había puesto hacía ya tiempo y que las primeras luces del amanecer teñían el firmamento. Nervioso por lo tarde que se había hecho, controlo el impulso de tirar la última estera para descubrir todo el contenido de lo que transportaba. Los dos cuerpos unidos por la muerte y por las cuerdas atadas a tobillos y muñecas, estaban tumbados uno frente al otro, con las mejillas tocándose. El hombre vestía con ropa cómoda de viaje y su cabello corto enmarcaba un rostro atractivo y varonil. El hombre sonrió satisfecho por lo fácil que había sido darle muerte, pero la mujer…

Su cara inocente y joven estaba cubierta con maquillaje de polvo de arroz y brillaba con un blanco traslucido. En su frente se perfilaban las finas líneas oscuras dibujadas sobre sus cejas, que alzaban el vuelo sobre las medias lunas que formaban las largas pestañas de sus ojos cerrados. Debido al transporte, su largo cabello negro se derramaba casi hasta la cintura, sobre el kimono de seda que se enroscaba alrededor de su esbelto cuerpo. Suspirando, se recordó que su muerte era tan necesaria como la del hombre, aunque eso no evitaba que sintiera pena por ella.

Con un último esfuerzo, paso una cuerda para atar ambos cuerpos, levanto a la mujer por los brazos y lanzo ambos cuerpos por la borda del bote. Se escuchó un chapoteo apagado cuando ambos, golpearon las oscuras aguas. Antes de que se hundieran, atrapo el extremo de la cuerda que ataba las muñecas y la sujeto alrededor del pilar del muelle, atándola en una grieta de la madera. Lanzo una última mirada a los cadáveres que ahora flotaban justo debajo de la superficie del agua, rodeados por la maraña que formaba el pelo de la mujer.

Asintió satisfecho, porque cuando los encontrasen, algo que sucedería muy pronto, todo el mundo daría por sentado que habían saltado del puente juntos y la corriente les había arrastrado rio abajo, hasta que el pilar los detuvo. Era muy común ese tipo de suicidios últimamente.

Tey
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Re: JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Ayame el Dom 27 Nov 2011 - 10:41

Holaaa!!!! Pues hoy es domingo y toca actualizacion xDD. Aqui os dejo el primer capitulo... No me enrollo mas. Un saludo ^^

Capítulo 1


Kamenashi Kazuya había sido nombrado jefe de policía hacía apenas unas semanas y, avanzaba lentamente a lomos de su caballo en dirección a la parte baja de la ciudad. Todavía se preguntaba cómo había acabado así. El joven era el hijo segundo de una familia noble, y por lo tanto debía luchar por un puesto elevado dentro de la sociedad. El problema consistía en que sus posibilidades eran escasas y, como su padre ya tenía un heredero que se encargaría de perpetuar el linaje, no ambicionaba ningún puesto entre las filas samurái. Además, su hermano mayor había heredado el espíritu luchador de su padre y estaba más que decidido a servir al shogun con su vida si hacía falta.

Kazuya siempre había sido más rebelde y a pesar de no poder evitarlo por mucho tiempo, en este momento, prefería tener más libertad. Su padre siempre le recordaba cual eran sus deberes: Como samurái debía servir a su amo hasta la muerte y como hombre, formar una familia y perpetuar el linaje familiar. El problema venia en que Kazuya no había cumplido ninguno de los dos. Se había negado a entrar en el mundo samurái y siempre estaba pegado a los libros, por eso su padre pensó que se haría monje. Cuando su padre organizo todo para que cogiera los hábitos, el joven lo miro sorprendido y se negó en rotundo a inscribirse en un templo. Además, tampoco tenía intención de formar una familia todavía y, todas las citas que había organizado su madre, las había arruinado o rechazado amablemente.

Por eso, las circunstancias familiares y los contactos lo habían llevado al desconocido mundo de las fuerzas de seguridad, donde juro arreglárselas lo mejor posible para intentar contentar un poco a su familia.

Aquel día había decidido inspeccionar un poco la ciudad en vez de quedarse sentado en su escritorio sellando informes de su personal. Kamenashi atravesó el ruidoso y maloliente mercado de pescado, para cruzar el puente que llevaba al barrio de los curtidores. Sin embargo, unos gritos llamándolo, hizo que se girara y detuviera al caballo. Corriendo en la distancia vio a uno de sus subordinados. El muchacho, que apenas había alcanzado la mayoría de edad, se colocó a un lateral del caballo exhausto por la carrera.

- Kamenashi – dono, necesitamos que vuelvas a la oficina. Tenemos un pequeño incidente allí.
- ¿Qué ocurre? – pregunto el joven con curiosidad, pues aquella mañana cuando había salido, todo estaba bien.
- Dono… es su hermana…

Kamenashi suspiro molesto. ¿Es que esa idiota no iba a dejarlo nunca tranquilo? La joven siempre había sido muy curiosa y entrometida. Por ese motivo, desde que lo habían asignado a ese puesto, se escapaba de casa para intentar meter las narices en todos los asuntos. Le había dicho mil veces que ese no era lugar para ella y que su deber era quedarse en casa cumpliendo los deseos de su padre, pero la joven tenía el mismo carácter indomable que él y aquello, era imposible para ella. Rin, que así era como se llamaba su hermana, además era muy cabezota y nadie en la oficina era capaz de hacerla entrar en razón.

- Dono…

Kamenashi giro el caballo para dirigirse a la oficina y, antes de espolearlo, tendió al muchacho para que subiera con él a la grupa. El chico se quedó pasmado y Kamenashi suspiro molesto.

- Sube de una vez. Tengo muchas cosas que hacer y tengo poco tiempo.

Tardaron poco en llegar al distrito administrativo, donde se encontraban todos los edificios destinados a la seguridad y justicia del país. Kamenashi bajo del caballo y lo dejo a manos del muchacho, mientras el accedía con paso rápido al interior del edificio que albergaba su oficina. La tranquilidad reinaba allí y eso lo sorprendía e inquietaba a la vez. Al abrir la puerta corredera, vio a cuatro hombres sentados en sus escritorios. Estos, se levantaron al verlo entrar e inclinaron en señal de saludo. Kamenashi inspecciono la habitación esperando ver a su hermana allí pegando gritos. Uno de los hombres debió leerle la mente porque señalo una puerta cerrada.

- Le hemos dicho que podía esperarte allí dentro. Comento que si nos la echábamos a la fuerza, como nos ordenaste, comenzaría a gritar…

Kamenashi suspiro derrotado y abrió la puerta de su oficina. Kamenashi Rin era dos años más pequeña que él, pero en lo único que se diferenciaban era en que ella había nacido chica. Estaba apoyada en la mesa jugando con una horquilla en una mano, mientras que con la otra leía los informes que estaban detrás de ella.

- ¿Qué haces aquí? – pregunto Kamenashi quitándole el trozo de pergamino de la mano – además de molestar a la gente que está trabajando…
- ¿Cómo has podido darles orden de que me echen a la fuerza? Eres cruel Kazu…
- No me llames Kazuya aquí…. ¿Por qué estás aquí?
- ¡Qué mal carácter! Vengo a avisarte de que madre ha organizado otra cita a ciegas para arreglar tu matrimonio. Esta vez la joven parece de una familia importante. He investigado un poco sobre ella para advertirte que…
- ¿Qué has investigado? – Kamenashi la miro – realmente estas muy aburrida.
- Aun encima que me tomo la molestia de… - Rin suspiro, pues no quería enfadarse con el – bueno, ¿quieres escuchar como es ella?
- No me interesa – Kamenashi se sentó en su mesa y comenzó a firmar documentos. Quizás si la ignoraba, ella se fuera aburrida.
- Y bien, ¿Qué vas a hacer?
- ¿Respecto a qué? – pregunto Kamenashi y luego la miro – asistiré cuando nuestros padres me digan que día es. ¿Y porque vienes a decirme esto? Podrías haber esperado a que llegara a casa.
- Quiero saber qué novedades tienes hoy – sonrió ella con sinceridad – contarte lo que madre planeaba era la excusa.
- Vete a casa Rin – pidió el joven cansado – aquí no tienes nada que hacer.
- Kamenashi dono – un mensajero llego corriendo, salvando a Kamenashi de la réplica de su hermana. El mensajero se inclinó con una apresurada reverencia – por favor señor, presentaros inmediatamente en la cárcel.
- ¿En la cárcel? – Rin se incorporó como si tuviera un muelle en los pies.
- Rin vete a casa – repitió el joven, saliendo seguido del mensajero y cerrando la puerta. Pocos segundos después tenia a Rin corriendo detrás de él y preguntando qué pasaba- al final el cogen se paró y la cogió de los hombros - ¿Cuántas veces tengo que decirte que no te metas en mis asuntos?
- Pero…
- No.

Kamenashi la arrastro hasta la puerta y la metió en el palanquín, dando orden de que la llevaran a casa y que no pararan bajo ninguna circunstancia. Hasta que no vio desaparecer el palanquín, no se giró para que el mensajero le mostrara el camino mientras comentaba que había ocurrido.
La cárcel era un lugar de muerte al que nadie entraba voluntariamente. Kamenashi no la había visto nunca antes, y tampoco lo hubiera hecho sino fuera porque sabía que los cuerpos que habían encontrado en el rio, habían sido llevados allí. Se produjo una gran conmoción en el puesto de guardia a la llegada del joven. Mientras desmontaba y ataba el caballo, vio que tres guardias casi cayeron uno encima del otro, al intentar salir por la puerta. Comprobó que se miraban confusos y después, hacían una profunda reverencia.

- ¿En qué podemos ayudarle, dono?

Tenían un aspecto descuidado, el pelo corto y la armadura de piel demasiado remendada. Llevaban una sola espada, por lo que probablemente eran plebeyos a los que les permitían portar las armas para que los samuráis no realizaran ese indigno trabajo. Kamenashi se presentó como el jefe de policía e indico que quería ver los cuerpos. Los guardias lanzaron una exclamación y Kamenashi pensó que posiblemente nunca habían visto a un oficial con un rango tan elevado.

- ¿Qué estáis haciendo? – pregunto el acompañante de Kamenashi que llegaba en ese momento - ¡daos prisa!

Uno de los guardias descorrió las gruesas vigas de madera que cerraban la puerta y, el joven entro en la cárcel, preparándose para lo peor. Sin embargo, la primera visión fue tranquilizadora. Se trataba de un sencillo patio de tierra batida, con cinco guardias patrullando. Su acompañante lo condujo por un corredor y se paró frente a una puerta, que abrió.

Kamenashi vio que su acompañante se inclinaba para saludar a alguien que había en el interior y comenzó a hablar. A los pocos segundos, se hizo a un lado y lo dejo pasar. Dentro de la estancia, había un hombre robusto, que tenía la mesa de su escritorio llena de papeles y que miro a Kamenashi con una sonrisa.

- Las personas que encontraron los cuerpos… los traerán enseguida. Llévalo fuera – dijo al acompañante.
- Tendremos que salir fuera – dijo este dirigiéndose a Kamenashi – los presos tienen prohibido entrar aquí.

Kamenashi siguió al guardia hacia el patio, preguntándose porque no podían entrar los presos en esa habitación. Tuvieron que esperar unos minutos a que los guardias aparecieran con dos jóvenes que estaban temblando y Kamenashi sabía el porqué. Un samurái podía quitarle la vida para probar su espada, si así lo deseaba y el, había escuchado también las terroríficas historias que circulaban sobre el trato en la cárcel. Se dirigió a ellos con suavidad porque tenía que llevarlos a su terreno para que hablaran.

- ¿Vosotros habéis encontrado los cuerpos esta mañana?
- Si señor – dijo uno de ellos después de un largo silencio.
- ¿Visteis algo que indicara que no era un suicidio? ¿Heridas?
- No – respondió temblando el que parecía más joven.
- Contadme como estaban los cuerpos – suspiro Kamenashi, pero ante su silencio se resignó e intento calmarlos – no temáis y pensarlo con calma.

Después de varios intentos, Kamenashi se dio cuenta de que no sacaría nada en claro, debido al miedo y a que eran incapaces de expresarse.

- Podéis iros – dijo decepcionado.

Los dos jóvenes se levantaron y se marcharon. El guardia debió verlo bastante abatido, por lo que se acercó a él y carraspeo. Kamenashi levanto la mirada y el guardia sonrió.

- Dono… Me gustaría ayudarte – Kamenashi lo miro esperanzado, quizás el sí pudo sacarles información antes – realmente ellos no saben nada, solo tuvieron la mala suerte de encontrar los cuerpos y avisar, pero puedo llevaros ante alguien que puede saberlo todo.

Kamenashi siguió al guardia alrededor de un edificio y luego a través de otro patio. Allí se alzaba un edificio de yeso sin pintar. Tenía unas minúsculas ventanas a mucha distancia del suelo, lo que le daba un aspecto de fortaleza. Era la cárcel propiamente dicha. Lamentos y sollozos salían de detrás de las sólidas puertas al pasar por allí y Kamenashi se estremeció. Además, había que añadir un hedor que no sabía muy bien de donde procedía. Por suerte, el guardia lo llevo al exterior por un estrecho pasillo. Se encontró con otro patio rodeado por una valla de bambú.

- La morgue – dijo el guardia abriendo la puerta de un pequeño edificio cubierto con tejas y lo invito a pasar.

Kamenashi dudo, pues no sabía lo que podría encontrar allí dentro o, si su estómago lo aguantaría. Temeroso, pasó al interior, pero solo se encontró con un suelo de madera, armarios empotrados y nichos de piedra cubriendo las paredes. Había dos mesas altas en el centro y un hombre anciano, que estaba junto a la ventana.

- Es el medico que tenemos en la prisión – dijo el guardia a modo de presentación.

Kamenashi se presentó y explico porque estaba allí. El doctor también se presentó y saludo, pero no dijo nada más.

- ¿Ha analizado los cuerpos?
- No he podido verlos aun, he estado ocupado – el medio observo lo joven que era Kamenashi y lo reto con la mirada – quizás, si me acompañas, entre los dos podamos averiguar algo. Sin embargo, solo podremos examinar a uno. La geisha ha sido devuelta a su okiya para su entierro. ¿Quieres examinarlo conmigo?

El joven estaba atrapado pero admitir su miedo ante ese hombre, sería una vergüenza. Por ese motivo, asintió y el medico salió de la habitación, pidiendo que se quedara allí. A los pocos minutos regreso con dos guardias que llevaban un bulto, que dejaron sobre una de las mesas y el médico, con otro más pequeño que dejo en la otra mesa.

- Los efectos personales de… - miro la nota que estaba atada a la tela – Shim Yun Ho. Sus compañeros de viaje lo reconocieron hace unas horas.

Kamenashi esparció el contenido en la mesa, intentando evitar mirar el cuerpo de la otra mesa. Envueltas en una tela de lino blanca, estaban las lujosas ropas de viaje del joven. ¿Por qué habían matado a un joven noble coreano? Siempre había trifulcas en los bajos fondos con los emigrantes coreanos, pero la nobleza no se veía involucrada en ellas. ¿Qué había pasado? El medico parecía leerle la mente.

- El cuerpo de Shim Yun Ho nos lo dirá.

El medico se dirigió al cuerpo, que ya estaba expuesto. Kamenashi ya no podía posponer más echar un vistazo al cuerpo, así que miro hacia la mesa. Su primera sensación fue de alivio. El cuerpo estaba rígido y tenía la boca abierta, haciéndola parecer un muñeco, pero no guardaba ningún parecido con los cadáveres mutilados, que Kamenashi había imaginado. Barro y tiras de algas colgaban de su piel, pero no había sangre ni signos de descomposición. Con curiosidad, Kamenashi se acercó a la mesa para verlo de cerca.

- Rozaduras de las cuerdas – explico el medico señalando las marcas de las muñecas y tobillos.

Aparte de eso, no tenía más signos de violencia. Antes de su muerte, disfrutaba de buena salud y si había muerto por otras causas que no fueran de ahogamiento, no lo mostraba.

- Ya he visto suficiente…. Gracias

El médico no lo escucho y se inclinó sobre el cuerpo. Kamenashi también se acercó y capto el olor que desprendía: un hedor dulzón y asqueroso a matadero, mezclado con la suciedad podrida del rio. Se echó para atrás, hacia la ventana abierta y cogió aire.

- ¿Qué es ese olor?
- El veneno del pez globo – explico el médico.

La teoría de Kamenashi cogía fuerza. La muerte del joven era consecuencia de encontrarse en el lugar y el momento equivocado. Realmente había sido su día de mala suerte. Envenenado con pez globo y asesinado por acompañar a una geisha.

- No puedo comprobar si su muerte ha sido provocada por el veneno o por ahogamiento hasta que no lo examine en profundidad – el medico cogió un cuchillo y corto la carne, que empezó a sangrar.

Kamenashi había visto suficiente y no quería permanecer allí más tiempo. Puso la excusa de que tenía que ir a visitar la okiya para hacer unas preguntas y salió de allí, aunque pidió que le enviaran un informe de lo que descubrieran.

Los pasadizos de la prisión parecían interminables y, antes de montar en el caballo a la salida, vomito en el canal. El mismo se sorprendía de cuanto había aguantado. Se sentía sucio, así que cabalgo hacia un baño público, se quitó la ropa y se metió en la humeante bañera. Después de enjabonarse hasta hacerse daño, se sintió limpio. Dejo escapar un suspiro y se acomodó en la bañera, cerrando los ojos.

Quizás el noble si había tenido mala suerte pero, ¿Por qué motivo eliminarían a la geisha? Tenía el presentimiento de que todo esto no había sido casual y, normalmente, acertaba en sus premoniciones. Sabía que iba a ser difícil hablar con los dueños de la okiya, ya que el mundo de las geishas estaba cerrado para los hombres, pero en este caso, deberían hacer una excepción.
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Re: JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Tey el Dom 4 Dic 2011 - 19:17

Pues aqui os dejamos el capitulo dos Very Happy
Unnie prohibeme que salga si no lo he terminado Shocked Que me ha costado sudor y lagrimas


CAPITULO 2

Shim Changmin se encontraba dando las últimas órdenes e ultimando todos los detalles para que la fiesta que tendría lugar aquella misma noche fuese todo un éxito. Su hermano mayor, YunHo, había sido elegido personalmente por el emperador para viajar a Japón y hacer entrega de un valioso dragón de porcelana al imperio nipón.

Suspiro profundamente al recordar que también había tenido posibilidades de realizar aquel viaje si no fuera el hermano menor. Sabía perfectamente que estaba incluso más capacitado que su hermano pues había estudiado mucho más y también era un gran guerrero, pero cuando el emperador nombro a YunHo para la misión se vio obligado a aceptarlo y mantenerse en silencio, deseándole suerte a su hermano aunque en realidad estuviera profundamente molesto con él.

-¿Qué te ocurre hermano? –pregunto Hyori, entrando en la sala donde se encontraba, viéndolo suspirar-.

-Hyori… -susurro volviendo a la realidad al escuchar su voz- nada, solo estaba terminando de organizar todo.

Hyori asintió al mismo tiempo que se acercaba a su hermano y le daba un abrazo fugaz, dirigiéndose a la puerta de nuevo. Adoraba a su hermano por sobre todas las cosas por lo que realmente se alegro cuando supo que YunHo sería el que viajara a Japón y no él. También quería a YunHo, por supuesto era su hermano, pero sentía un cariño especial hacia Changmin y estaba convencida de no poder vivir sin él, sin su perfecto hermano mayor.

-Empezaré a vestirme, debo estar preciosa esta noche para celebrar los logros de nuestro hermano –dijo sonriendo antes de marcharse-.

Changmin asintió con un leve movimiento de cabeza sin que ella llegase a verlo, continuando con lo que estaba haciendo a pesar de sentirse extraño, sin saber exactamente porque tenía un mal presentimiento.

El día paso más rápido de lo esperando y cuando Changmin quiso darse cuenta ya estaba saludando a todos los asistentes, recibiendo halagos y felicitaciones por el trabajo realizado por su hermano.

Cuando consiguió alejarse un poco de toda la gente vio a Hyori sirviendo una bebida a algunos de los invitados y decidió que lo mejor era que se marchara a otra sala para poder estar solo y tranquilo durante un rato, alejado de todas aquellas personas.

-¿Estás cansado de soportar a toda esta gente, verdad? –dijo Jaejoong, sentándose enfrente suyo-.

Changmin levanto la mirada del suelo al escuchar su voz, sorprendiéndose pues ni siquiera lo había escuchado entrar, asintió con la cabeza y le dedico una pequeña sonrisa a Yoochun cuando este se sentó al lado de Jaejoong. Para Changmin eran sus hyungs desde que se conocieron años atrás y confiaba en ellos plenamente.

-Oye enano, ¿se te ha comido la lengua el gato o qué? –bromeó Jaejoong, acomodándose mejor-.

Kim Jaejoong era uno de los soldados más reconocidos de todo el imperio a pesar de tener solamente 25 años. Era una persona bastante peculiar a los ojos de Changmin, siempre decir lo que pensaba sin llegar a preocuparse por las consecuencias, siempre bromeaba sobre cualquiera tema y parecía que nada llegaba a importarle realmente, pero solo las personas que lo conocían bien sabían que no era así en realidad. Además por todos era sabido que le encantaba beber y jugar y que su mayor pasatiempo eran las mujeres.

-Tan gracioso como siempre –dijo Changmin, mirándolo mal antes de dirigirse a Yoochun- ¿Estáis disfrutando de la fiesta?

-Sí, es todo perfecto –dijo este sonriéndole al menor-.

Park Yoochun era uno de los generales del ejército más valorados por el emperador. A pesar de tener la misma edad que Jaejoong ya se había convertido en su general, nombrando a este su mano derecha. Yoochun era una persona centrada, que siempre sabía lo que hacía y decir, muy inteligente y bastante calculador aunque muy inocente en realidad. Por todas estas cualidades había llegado a conseguir el título que ostentaba, cosa que alegraba a unos y molestaba a muchos otros.
Yoochun y Jaejoong eran dos personas totalmente distintas y aunque para el mundo pudiera parecer mentira e incluso imposible ellos eran los mejores amigos, casi como hermanos. Y Changmin estaba seguro de ello.

-¿Vas a contestar a mi pregunta o no? –volvió a hablar Jae, sin apartar la mirada del menor-.

-Estoy harto de ellos, los dos sabéis que detesto este tipo de celebraciones –dijo para que Jaejoong tuviera su respuesta y se quedara tranquilo-.

-Y a tu hermano también –susurro Jae, sonriendo con malicia ahora-.

Por toda respuesta al comentario recibió un codazo de Yoochun y una mirada asesina de Changmin. Decidió quedarse en silencio aunque no terminaba de entender porque los dos querían negar lo evidente, porque estaba segurísimo de que Changmin odiaba a su hermano, y mucho más después de que este se marchara a Japón.

-¿Has tenido alguna noticia en todos estos días? –pregunto Yoochun, rompiendo así el silencio pues empezaba a sentirse bastante incómodo, como siempre que Jae abría la boca-.

-Nada de momento –respondió Changmin, mirando a Yoochun y Jaejoong durante unos segundos- y sinceramente lo prefiero, así no me enfadado tanto.

-¡Lo ves! no lo soportas, y estás enfadado porque él ha podido ir y tu no –dijo Jae todo orgulloso, sentándose bien antes de mirar a Yoochun- y no me hagas callar porque todos sabemos que ahora mismo tengo razón.

Changmin admitió finalmente que lo que estaba diciendo Jaejoong era cierto, asintiendo con un leve movimiento de cabeza. Sin moverse ni un poco les explico que lo envidiaba desde que era un niño pues al ser el hermano menor no podía aspirar a nada y todo sería para Yunho, aunque él fuere mejor en todos los sentidos. Al ver que los dos lo escuchaban atentamente siguió contándoles que por ese motivo se había esforzado muchísimo desde que era un niño. Había entrenado su cuerpo sin descanso para las batallas y había estudiado mucho para ser el mejor de los dos.

-Pero nadie lo tiene en cuenta –dijo finalmente, suspirando molesto-.

-Cambiemos de tema –digo Yoochun al ver que Changmin empezaba a enfadarse- ¿qué era lo que han llevado a Japón como obsequio?

-Un dragón de porcelana muy valioso –dijo Changmin justo cuando alguien llamo a la puerta- ¿quién es?

Changmin se levanto y fue hacia la puerta para ver quién era, abrió y se encontró con Hyori al otro lado, sosteniendo una carta entre las manos mientras miraba a su hermano con cara de miedo. Changmin la hizo entrar y cerró la puerta a sus espaldas, mirando a su hermana mientras esperaba que empezara a hablar y explicara qué pasaba.

-Acaba de llegar uno de los soldados que el emperador mando con nuestro hermano, ha traído esto y me ha dicho que lo lamentaba, que no entendía como podía haber pasado –dijo Hyori, tendiéndole la carta a su hermano para que la leyera- ¿le ha pasado algo a YunHo?

Jaejoong y Yoochun se levantaron rápidamente cuando escucharon lo que decía Hyori, acercándose a ellos para saber que estaba pasando. Los dos saludaron a Hyori cuando estuvieron a su lado y se quedaron mirando a Changmin cuando este abrió la carta lentamente y empezó a leer en completo silencio, levantando después la cabeza para mirar a los chicos primero y a su hermana después, no estando seguro de cómo debía decir aquello así que fue directo y claro.

-YunHo está muerto –dijo sin apartar la mirada de los ojos de su hermana, volviendo a doblar la carta-.

Los minutos siguientes pasaron volando. Jaejoong cogió a Hyori en brazos cuando esta perdió el conocimiento a causa de la impresión. Yoochun salió rápidamente para ir a buscar a algunos criados que la llevaran a su dormitorio y la cuidaran hasta que estuviera mejor. Volvió con ellos para que se la llevaran, viendo como detrás venían dos criadas jóvenes para ocuparse de ella.
Cuando volvieron a quedarse los tres solos y estuvo la puerta cerrada Jaejoong cogió a Changmin del brazo y lo obligo a sentarse.

-Deberías salir para explicar lo que ha sucedido o todos empezarán a especular –digo Yoochun, viéndolo a los ojos- que se hayan llevado a tu hermana inconsciente no es muy normal.

Jaejoong negó con la cabeza mientras miraba a Yoochun, todos sabían que la gente iba a especular igual así que ahora lo mejor era que Changmin les contara a ellos que era lo que había sucedido con su hermano mayor. Jaejoong alargo el brazo para tocarle el hombro a Changmin, pidiéndole que empezara a hablar pero sin decirle nada para no presionarlo demasiado.

-Dicen que murió a causa del veneno del pez globo –empezó a decir Changmin- pero lo encontraron en el río, atado junto con una geisha, es muy extraño.

-¿Estás bien? –pregunto Jaejoong sin pensarlo demasiado-.

En cuanto termino de formular la pregunta se dio cuenta de que realmente Changmin no parecía estar nada afectado por la noticia, incluso se le notaba contento cosa que puso un poco nervioso a Jae.

-¿Y qué ha pasado con el dragón? –preguntó ahora, sin esperar respuesta a su pregunta anterior-.

-Ha desaparecido, al parece siempre lo llevaba YunHo con el –dijo viendo a los dos- nadie sabe donde puede estar ahora.

Yoochun se levanto y empezó a dar vueltas por aquella habitación, pensando en lo que acababa de contarles Changmin. YunHo estaba llevando un objeto importante para la unión de las dos naciones y había desaparecido, cosa que podía llegar a ser un gran problema. Luego estaba la muerte de YunHo, había algo que no cuadraba en todo ese asunto pues si había muerto envenenado no tenía sentido que su cuerpo apareciera en el río, atado. Volvió a sentarse y miro a Jaejoong unos segundos antes de clavar su mirada en la de Changmin.

-Todo este asunto es muy extraño, iremos a Japón para averiguar qué ha sucedido realmente –digo completamente convencido de ello, sonriéndole a Jae cuando este se incorporo ligeramente emocionado-.

-Pero si a YunHo lo han matado y esto es una conspiración es muy peligroso que vayáis los dos solos –dijo Changmin, algo preocupado por ellos-.

Yoochun volvió a levantarse, dándole un golpecito en el hombro a Jae para que hiciese lo mismo, mirando después a Changmin mientras negaba con la cabeza.

-No vamos a ir solos, JunSu y Seung Won van a venir con nosotros –dijo mirando a Jae, viendo como este asentía- Changmin tienes que hablar con el emperador para explicarle todo lo que ha pasado. Pídele que nos mande a algunos hombres de confianza para que nos puedan acompañar –dijo viéndolo fijamente a los ojos- partiremos dentro de dos días.

Changmin asintió a todo lo que le dijo Yoochun, asegurándole que iba a encargarse de todo y que les estaba realmente agradecido por lo que iban a hacer. Cuando los dos dijeron que tenían que marcharse se despidió de ellos, sonriendo ampliamente cuando se quedó solo. Sabía que estaba mal y no debía hacerlo pero se alegraba de la muerte de su hermano. Quien fuese que lo había asesinado acababa de hacerle un gran favor, pensó sentándose de nuevo, empezando a planear su encuentro con el emperador.

-JunSu prepárate, en dos días nos vamos a Japón –dijo Yoochun al entrar en su dormitorio, sonriendo sin poder evitarlo como siempre que veía al menor- tenemos que tenerlo todo listo para partir sin retrasos.

Kim Junsu era el mejor soldado con el que Yoochun se había encontrado jamás. Con solo 24 años había conseguido imposibles para con el imperio coreano, pero eso era algo difícil de creer para el resto de personas pues Junsu parecía tener una doble personalidad. Era fuerte y casi invendible en un campo de batalla pero tenía la mentalidad y la manera de comportarse de un niño pequeño, lo cual lo hacía adorable. Para Yoochun y Jaejoong era como un hermano pequeño aunque los dos sabían que el menor siempre estaba en su propio mundo.

-¿A Japón? –dijo incorporándose, sonriendo emocionado ante aquella idea- ¿Cómo y por qué? ¿Con quién?

Yoochun se echó a reír al ver su reacción y se sentó al lado de Junsu, explicándole un poco todo lo que había sucedido en casa de Changmin durante aquel rato, cuando termino se quedo mirando al menor mientras esperaba que este dijera algo al respecto.

-Oh YunHo ha muerto… -susurro finalmente, más para si mismo que para Yoochun, clavando la mirada en el entonces- eso significa que tenemos que ir a Japón para investigar la muerte de Yunho y encontrar ese dragón de plastilina tan valioso, me gusta la idea –dijo sonriendo-.

-¿Qué es eso de la plastilina? –dijo después Yoochun sin entender nada- ves como nunca me escuchas cuando te hablo, es un dragón en un pergamino –dijo ofendido porque no le hiciera caso-.

-¿Estáis tontos los dos? –dijo Jae, entrando en ese momento y escuchando lo que decían- porcelana, es la figura de un dragón de porcelana. Si es que no puedo dejaros solos ni cinco minutos –decía negando con la cabeza, sonriendo a pesar de todo-.

-Pues yo no he entendido eso cuando Changmin lo ha dicho –contesto Yoochun, frunciendo el ceño antes de empezar a reír-.

Realmente si no fuese por aquellos momentos que podían compartir los tres, siendo realmente ellos y sin tener que preocuparse por nada no sabía que sería de él. Después de reír un rato más por las tonterías que habían dicho se levanto del suelo, yendo hacía la puerta.

-Empezar a prepararlo todo que no quiero problemas en el último momento, os lo digo como vuestro superior ahora –dijo sonriéndoles-.

Yoochun sonrió unos segundos más hasta que termino de cerrar la puerta, disponiéndose a prepararlo todo para su partida. Debía avisar a Seung Won para que se preparara también pero no se llevaban muy bien así que decidió enviar a otro en su lugar ya que podía hacerlo.

Cha Seung Won tenía 33 años y era el mejor estratega de toda Corea, hasta el momento no había fallado ninguno de sus planes pero era una persona realmente difícil de tratar, y aunque debía servir y respetar a Yoochun porque era su superior su relación era bastante complicada.

Los dos días pasaron rápidamente y finalmente Yoochun, Jaejoong, Junsu y Seung Won partieron rumbo a Japón junto con seis hombres de confianza del emperador que los acompañarían en su misión.

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Re: JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Ayame el Dom 11 Dic 2011 - 11:20

Bueno, pues hoy es domingo y como tal subimos capitulo al fic ^^. Disfrutadlo ^^

CAPITULO 3


Nezu atravesó corriendo la puerta interior y el jardín de la okiya. Había regresado de pasar unos días con el joven samurái que había contratado sus servicios, cuando le dieron la noticia de la muerte de Midori, unas horas antes. Subió las escaleras en dirección a la habitación, pero en lugar de entrar, se detuvo un momento, temblando por un escalofrió que le recorrió el cuerpo. Siguiendo una decisión impulsiva, se quito los zapatos de suela de madera y, sujetándolos con las manos, recorrió en calcetines la galería, pasando por delante de las puertas que estaban bajo el saliente del tejado.

Una ventana abierta la detuvo en seco. A través de ella, escucho a las doncellas charlando mientras barrían. Hablaban de que un joven muy atractivo, estaba investigando la muerte de Midori. Nezu se agacho bajo la ventana, de manera que no pudieran verla. Cuando dio la vuelta a la esquina, más voces le llegaban por las delgadas ventanas.

-¿Sabéis el nombre del joven? – pregunto una de ellas.
-Kamenashi Kazuya. Es el segundo hijo del general Kamenashi. Dice que Midori fue asesinada.
-¿Cómo es posible? ¿No la encontraron atada a un joven? Midori se suicido porque no podían estar juntos.

Nezu negó con la cabeza. Midori jamás se suicidaría. Era una joven alegre y enérgica. La conocía desde niña y, aunque al principio habían sufrido mucho, ahora adoraba su trabajo de geisha. La joven echo una ojeada al pasillo, que estaba vacío y, lo cruzo como una flecha para entrar en la habitación de su amiga, donde les habían prohibido entrar.

La joven cerró la puerta tras ella y miro alrededor de la habitación. Todas las ventanas estaban cerradas y solo una tenue luz entraba del pasillo. Los braseros estaban apagados y el suelo de la habitación no desprendía calor, así que el frio se apodero de ella. Se abrazo a si misma para darse calor y consuelo.

Todas las cosas de Midori habían sido retiradas. Las esteras se habían barrido y los armarios empotrados que cubrían las paredes, cerrado. Aquella habitación no indicaba que Midori había vivido allí, ni que hubiera existido.

Un sollozo quedo atrapado en la garganta de Nezu. El vacio de la habitación la hizo comprender que su amiga se había ido. Ni siquiera la visión del cuerpo de Midori, tendido en la capilla de la okiya, entre quemadores de incienso y canticos de sacerdotes, lo habían conseguido. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas cuando se dio cuenta de que la muerte de Midori no era una pesadilla.

Dejo caer sus zapatos para limpiarse las lagrimas con la mangas del kimono. Sin embargo, intento calmarse, recordando lo que había ido a hacer. Se apresuro hacia los armarios y abrió las puertas de par en par. Al tocar los kimonos, pudo sentir la presencia de Midori y una lagrima cayó sobre su ropa. Se obligo a continuar y, con gran esfuerzo, rebusco en un arcón que estaba en el suelo, bajo las estanterías. Allí encontró lo que estaba buscando: un montón de páginas recogidas en volúmenes. Cada uno era un grueso fajo de papel color crema, atado con un grueso cordel de seda negro: los diarios de Midori. Miro hacia la puerta cerrada y comprobó que no había nadie en el pasillo. Con suerte, disponía de un rato para echar un vistazo al diario, a ver si descubría algo.

Kamenashi volvía a encontrarse frente a la dueña de la okiya. Su cuerpo era ancho y estaba erguido como el de un hombre. Del cuello para arriba poseía una belleza fascinante y, su pelo cepillado hacia atrás en un laborioso moño y sujetado con peinas lacadas, no mostraba ningún rastro de gris. Sin embargo, la postura y su aire de seguridad, demostraban madurez. Kamenashi se inclino ante ella y recito unas palabras que le agradecían que lo recibiese de nuevo.

-Aprecio vuestra visita, pero como os dije las veces anteriores, no sé nada.
-¿Se encuentra ya aquí la señorita Nezu? – pregunto el joven – lamento mucho molestaros, pero necesito hablar con ella, ya que estaba con Midori esa noche.
-¡Llamad a Nezu! – ordeno la mujer – Kamenashi-dono ha venido en misión oficial para investigar la muerte de Midori.
Kamenashi iba a plantear las preguntas con sumo cuidado, pues los días anteriores, no había recibido respuesta. Mientras esperaba a Nezu, decidió intentar sacarle de nuevo información a la dueña de la okiya. Por lo tanto, en lugar de preguntar si la muerte de Midori fue un suicidio, dijo:
-¿Os sorprendió como falleció la joven?
-Por supuesto – dijo la dueña de la okiya – pero reconozco que muchas jovencitas están influenciadas por el teatro últimamente.

En ese instante, una puerta se abrió hacia un lado y entro Nezu. La joven tenía el pelo suelto y largo. Su rostro era un ovalo alargado de piel tersa y joven, una nariz elegante, unos ojos estrechos y largos y una delicada y pequeña boca resaltada con un poco de pintura escarlata.

-Esta es Nezu, la otra geisha que trabaja para esta okiya – la presento la dueña – ella estuvo con Midori antes de que ocurriera todo.

Kamenashi se inclino en señal de saludo y Nezu se sentó frente a él, saludando también, al tenerla cerca, comprobó que la oven había llorado y parecía sentir la muerte de su amiga.

-Kamenashi-dono está aquí para hablar de unos asuntos relacionados con la muerte de Midori.

Que la dueña de la okiya estuviera allí podía ser un inconveniente, ya que la joven podía sentirse intimidada. Aun así, estaba contento de poder conocer a alguien cercano a la joven.

-¿Cómo era Midori? – dijo deseando preguntar si tenía enemigos, pero no podía ser tan directo y descortés - ¿Se llevaba bien con todos?
-Midori era reservada – se adelanto la dueña de la okiya – apenas hablaba, pero era muy gentil y con talento. No había nadie que no tuviera a Midori en gran estima. Era una gran geisha.

El joven asintió un poco molesto, pues esperaba que fuera la joven quien respondiera. Busco otra forma de intentar que hablara.

-¿Era difícil que saliera sola?
-Es una casa muy grande, Kamenashi-dono – volvió a intervenir la dueña – aquí vive mucha gente y es difícil seguirle la pista a todos. Además, era geisha, podía ir y venir a su antojo.
-Tu estuviste con ella la noche que murió – Kamenashi se giro y pregunto a Nezu directamente - ¿Sabes a donde se dirigían?
-No – suspiro Nezu – yo los acompañe porque allí me esperaba mi siguiente cliente. Me marche con él, pero yo pensaba que ella volvería a casa después de acompañar al extranjero.
-¿Lo conocía? – pregunto el joven y advirtió una mirada de alerta de la joven. Sin embargo, fue la dueña de la okiya quien volvió a hablar.
-Por tus preguntas, se podría pensar que Midori fue asesinada. Parece que intentar averiguar si alguien quería o podía haberla asesinado. Sin embargo, Midori se suicido, por lo tanto, no son necesarias tantas preguntas.

Al joven no le quedo más alternativa que despedirse y seguir a la doncella que lo guiaba hacia la salida, le decepción pesaba sobre el porqué no había conseguido nada en esta última visita, como las veces anteriores. Habían aceptado que Midori se había suicidado y continuaban con su vida.

Mientras recorría las calles intentando aclararse las ideas, un guardia lo paro y se inclino para saludarlo. Era uno de sus subordinados. El suspiro molesto y esperando que su hermana no estuviera otra vez en la oficina.

-Ha llegado el grupo de Corea que va a ayudar en la investigación por parte del emperador de su pais. Te esperan en la oficina para conocerte y que los informes.

Nezu quería volver a encerrarse en la habitación de Midori para seguir leyendo los diarios, pero la dueña de la okiya no se lo permitió. Había ordenado traer una nueva colección de kimonos y quería que ella eligiera los suyos antes que las demás. Mientras la joven se iba probando los kimonos, la dueña de la okiya comentaba lo buen chico que era Kamenashi, pero que tenia la desgracia de ser el segundo hijo. Nezu también pensaba en el, pues lamentaba que, al igual que ella, no pudiera decidir sobre su vida.

Media hora después, consiguió librarse y subió a la habitación. Con un poco de suerte, la dejarían tranquila el tiempo suficiente para que pudiera averiguar algo. Antes de abrir la puerta, escucho pasos amortiguados y se pregunto quién podría estar dentro. Entre abrió un poco la puerta y comprobó que había una luz amarillenta en el suelo. Había un brasero encendido y una sombra andaba de un extremo a otro la de estancia. Escucho el crepitar del brasero y cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba quemando el diario, así que abrió la puerta de golpe, asustando a la persona que estaba dentro. Se lanzo contra el brasero para apagarlo y la sombra salto por la ventana. Ella se asomo y la vio correr por el tejado y luego perderse entre el gentío de la calle. Rebusco por la habitación, pero no había ni rastro del diario. En el brasero solo quedaban cenizas y el resto, se lo había llevado la persona que había huido. No consiguió verlo bien, pero por la forma de moverse, estaba segura de que se trataba de una mujer.

Al regresar a su oficina, Kamenashi encontró el lugar demasiado silencioso. Sus hombres murmuraron un saludo y miraron a una sala interior. El joven pensó que allí estarían los recién llegados, así que avanzo hasta la puerta y la abrió. Los cuatro estaban sentados en el suelo, tomando té y mirando los informes. Levantaron la vista a la vez e inclinaron la cabeza en señal de saludo. Kamenashi se sentó y también saludo. Se miraron el silencio durante unos minutos y Kamenashi se pregunto si ellos hablaban japonés, pero sus dudas se despejaron en cuanto uno de ellos hablo.

-¿Esto es todo lo que hay? – Yoochun se giro y dejo los papeles sobre el tatami.
-¿Dónde está el cuerpo de Shim Yun Ho? – pregunto Junsu.
-Aun en la morgue – respondió Kamenashi – estoy esperando que…
-Aquí pone que se está investigando la muerte de la geisha – Yoochun levanto la mirada molesto - ¿Y la muerte de Yun Ho?
-El murió por estar con la geisha.
-Entonces, ¿fue la geisha la que tomo el veneno? – pregunto Jae.
-No – respondió Kamenashi – el veneno lo tomo el joven coreano.
-Bien… Ahora puedes dedicarte a otros asuntos – Yoochun volvió a los papeles – este asunto es nuestro.
-Eso es imposible – dijo Kamenashi molesto por la prepotencia del joven – una geisha…
-Un mal menor – dijo Yoochun – estaba en el lugar equivocado, eso es todo.
-Eso no…
-No te entrometas en una investigación del emperador de Corea o…
-¿O qué? – pregunto Kamenashi muy molesto con la actitud del joven y desafiándolo con la mirada.

Ambos habían comenzado con mal pie y, no parecían tener intención de solucionarlo pronto. Seung Won fue quien intervino para calmar los ánimos.

-Lamento tener que intervenir, pero ninguno de los dos lleva la razón – saco una nota – es una investigación de cooperación.
-En ese caso – Jae se levanto y toco el hombro de su amigo para que se calmara, antes de dirigirse a la puerta – te va a tocar aguantarte Chunnie.
-¿Dónde vas? – pregunto Junsu.
-Habéis nombrado a las geishas – sonrió Jae – voy a investigar en las casas de te, a ver si saco algo en claro.
-Te acompaño – Junsu siguió a su amigo – voy a la morgue a ver el cuerpo.
-Visto que todos os marcháis, voy a ver al emperador – Seung Won se levanto – tengo que intentar arreglar esto, hasta que aparezca el dragón.
-¿Qué dragón? – pregunto Kamenashi.
-El que ha desaparecido – Yoochun señalo los papeles - ¿y la taberna? Aquí no pone nada de la gente que trabajaba allí.
-Eso es porque la taberna es un local abandonado y nadie sabe nada de la gente que estaba allí esta noche.
-¿Qué nadie sabe nada? – Yoochun se levanto visiblemente molesto - ¿Qué clase de investigación estas realizando? Iré a comprobar.
-Los bajos fondos de Edo, no son un territorio agradable – Kamenashi siguió a Yoochun fuera de la oficina – sino te conocen, no hablaran.
-Ahora entiendo porque no has conseguido averiguar nada – dijo Yoochun con una sonrisa malvada – ellos no te conocen.
-Acabo de ser asignado, por eso…
-Al menos, buscaremos el dragón… A ver si hay suerte y a Yun Ho se le cayó.

Los dos jóvenes atravesaron el puente y entraron en las sinuosas y estrechas calles de Nihonbashi. En la calle, los vendedores tenían las fachadas de madera abiertas para vender sus mercancías. Al doblar una esquina, vieron a unos hombres trabajar sobre cubas dedicadas al tinte.

Dieron la vuelta a otra esquina y fueron a dar con un vasto espacio abierto donde debería estar el edificio que estaban buscando y que, había caído pasto de las llamas. Los restos carbonizados de las casas colindantes, las cenizas, las vigas ennegrecidas, los escombros remojados y las tejas caídas, sembraban el suelo. El olor a madera quemada flotaba en el aire, los vecinos rebuscaban entre los escombros, buscando sus objetos personales.

-¿Qué ha pasado aquí? – pregunto Kamenashi.

Yoochun suspiro y sacudió la cabeza de forma negativa. La mayoría de los incendios eran causados por accidentes o por simples errores inocentes, pero si el edificio estaba abandonado, estaba claro que había sido provocado. No podía quedarse solo mirando las ruinas, así que avanzo para buscar el dragón, mientras le pedía a Kamenashi que interrogara a los testigos.

-¿Has visto como comenzó el incendio? – escucho preguntar a Kamenashi.

Pero no llego a escuchar la respuesta, ya que en aquel preciso momento, llego el ruido de pasos de alguien corriendo y que gritaba. Yoochun se giro y vio a un hombre delgado vestido con harapos que paso al lado de Kamenashi jadeando y sollozando. Una pandilla de rufianes blandiendo garrotes, corría en estampida detrás de él. El hombre resbalo y cayó a los pies de Yoochun. Los perseguidores apretaron el paso y fueron a atacarle, pero Yoochun se puso en medio.

-¿Qué estáis haciendo? – pregunto con autoridad.

Kamenashi corrió hacia allí y sujeto el brazo de uno de los atacantes, que iba a lanzar el golpe sin importar que Yoochun estuviera delante.

-¿Vas a golpear a un oficial y a un noble? ¿Qué está pasando aquí?
-¿Quién lo pregunta?

Kamenashi y Yoochun se dieron la vuelta al escuchar una voz áspera. Un hombre joven y atractivo estaba parado detrás del grupo. Llevaba un kimono oscuro y estaba fumando. Detrás de él, había una joven que vestía un kimono corto sobre unas calzas de algodón y llevaba una espada corta atada a la cintura.

-¿Quién eres? – pregunto Yoochun - ¿Cómo te atreves a interferir…
-Akanishi Jin – susurro Kamenashi poniéndose delante - ¿Qué sabes de esto?
-¿Qué haces aquí Kame? – el tono de voz del joven, hizo comprender a Yoochun que se conocían. Akanishi sonrió – tanto como tu amigo mío.
-Está claro que sabes algo mas si persigues a este hombre – intervino Yoochun.
-Soy el encargado de investigar las muertes del otro día y ahora, este incendio – aunque procuro mantener la voz tranquila y severa su corazón latía acelerado. Era la primera vez que ejercía su autoridad.
-Oh!, impresionante – Akanishi lanzo una carcajada – me alegro de que hayas conseguido este puesto. No te había reconocido. Debemos disculparnos Miho.
Akanishi hizo un gesto con la cabeza y la joven que estaba detrás de él, dio una orden. Los rufianes formaron una hilera e hicieron una reverencia.
-Mis más sinceras disculpas.
-¿Quién es este? – pregunto Yoochun molesto por el tiempo que estaban perdiendo.
-¿Y quién eres tú? – pregunto Akanishi burlón.
-Akanishi Jin es quien se encarga de tener los suburbios bajo control y el… - Kamenashi señalo a su acompañante – es Park Yoochun, general del ejército coreano.
-Ohhh un general – la joven que respondió al nombre de Miho sonrió divertida.
-Ella es Ichikawa Miho – dijo Akanishi – mi compañera y…
-Ya basta de presentaciones – Yoochun señalo molesto al hombre en el suelo - ¿Por qué lo perseguís? ¿Qué ha hecho para que tengáis que perseguirle?

La joven detrás de Jin se adelanto y paso al lado de Yoochun, quien pudo apreciar el discreto aroma a incienso que desprendía. Se acerco al hombre y se puso a su lado.

-El ha sido quien ha hecho esto – dijo ella señalando los escombros – provoco el incendio y ha matado a dos personas.
-¿Cómo lo sabes? – pregunto Kamenashi.
-Los ciudadanos vieron a un hombre huyendo por la calle después de que comenzara el incendio. Él lo ha confesado.
-¿A ti? – Yoochun miro a la joven y luego se dirigió al hombre caído. Lo ayudo a ponerse en pie - ¿lo hiciste tu?
El hombre se encorvo hasta la cintura, luego se puso de rodillas y se limpio el barro de la cara. A continuación, ante la sorpresa de Yoochun, su boca se abrió en una amplia y desdentada sonrisa.
-Si amo – su cabeza no estaba quieta y sus ojos nerviosos miraban de un lado para otro sin posarse en nadie.
-¿Cómo te llamas?
-Si amo.
-¿Cómo te llamas? – Yoochun repitió la pregunta, pero al obtener la misma respuesta, lo intento con otra - ¿Dónde vives?
-Si amo.
-¿Provocaste el incendio? – pregunto Miho y Yoochun la miro molesto. Ella sonrió - ¡¿Qué?! ¿No era eso lo que querías preguntar? ¿Para qué dar más rodeos?
-¡Si amo!
-No comprende nada – furioso, Yoochun se dirigió a Kamenashi - ¡no podemos aceptar su confesión!
-Provocar un incendio es un crimen muy grave – dijo Kamenashi.
-¡Por dios! – exclamo Yoochun exasperado - ¡es un vagabundo indefenso!
-El confeso que lo hizo cuando le preguntaron – dijo la joven.
-¡También hubiera confesado que había robado el tesoro real si le hubieras preguntado! Debiste haberte preocupado de preguntar algo más y te hubieras dado cuenta de ello.

Los murmullos de aprobación recorrieron la multitud. Kamenashi debía pensar rápido que hacer. No podía condenar a un inocente, pero tampoco podía dejar pasar esto. Estaba claro que alguien intentaba ocultar pruebas.

-¿Has encontrado lo que buscabas? – Kamenashi se dirigió a Yoochun.
-No está aquí.
-Jin… - Kamenashi se giro y miro al joven que seguía fumando – déjalo libre.
-Está bien – el joven sonrió – a cambio buscaremos al verdadero pirómano juntos.

Yoochun lanzo una mirada de disconformidad, pero Akanishi era quien realmente conocía todos los secretos de los suburbios y quien le podría dar información veraz. De momento, dejaría que los ayudara y luego, se lo explicaría a Yoochun.

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Re: JYJ fic: Detras de una sonrisa (+18)

Mensaje por Ayame el Miér 9 Mayo 2012 - 22:34

Este fic no se va a continuar
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