El hilo rojo del destino: La doncella celestial

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El hilo rojo del destino: La doncella celestial

Mensaje por Ayame el Miér 26 Ago 2015 - 21:37

Aqui uno mas XDD. Dejo los personajes

Emperador de Jade (Ji Sung)



Es el gobernante del cielo según la mitología china y uno de los más importantes dioses del panteón taoísta. Los niños le llaman Abuelo Celestial. El Emperador de Jade gobierna sobre el cielo y la tierra del mismo modo que los emperadores terrenales gobernaron un día sobre China. Él y su corte son parte de la burocracia celestial que, a imitación de la de la antigua China, gobierna sobre todos los aspectos de la vida humana.

Park Shin Hye



Lee Jun Ki



So Ji Sub



Yoo Seung Ho



Shin Min Ah



Última edición por Ayame el Mar 29 Sep 2015 - 20:35, editado 2 veces

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Re: El hilo rojo del destino: La doncella celestial

Mensaje por Ayame el Miér 26 Ago 2015 - 22:14

Prólogo


Cuenta la leyenda que hay un dios que fue desterrado a la luna por el emperador de Jade. Antiguamente ese dios, se dedicaba a salir por las noches y pasear por la tierra en busca de almas destinadas a encontrarse. Cuando daba con ellas, las ataba con un hilo rojo para que no se perdieran. Era conocido como el dios del hilo rojo. Este dios tenía una hija, a la que quería con locura. Esta, pertenecía a la corte de las doncellas celestiales que tenía el emperador.

Al emperador de Jade le gustaba bajar por las noches a pasear por la tierra. Normalmente lo hacía solo, pero en una ocasión, las doncellas pidieron acompañarle. El, accedió pero con una condición: no debían ser vistas.

Esa misma noche un grupo de bandidos asalto la casa de un importante noble y para huir de la guardia, se refugiaron en el bosque. Allí, escucharon las voces de las doncellas y las descubrieron bailando y jugando cerca de un lago. Quedaron prendidos inmediatamente de su belleza y salieron de su escondite para llevárselas.

Al verse descubiertas, las doncellas corrieron en todas direcciones pero fueron capturadas. Las pocas que pudieron huir, se presentaron ante el emperador de Jade pidiendo su ayuda. Sin embargo este, les recordó la advertencia y les quito su inmortalidad, condenándolas a vivir como mortales. Solo la más joven de todas, una doncella de apenas ocho años, se libró de ese destino. La niña estaba acompañando al emperador en su paseo y no fue vista.

Cuando la noticia llego a oídos del dios del hilo rojo, intento pedir clemencia al emperador, pues su hija estaba entre las doncellas condenadas. No consiguió ningún resultado. El emperador de Jade era firme en su decisión. La niña también pidió el perdón de sus compañeras pero tampoco consiguió ningún resultado. Al final, conmovido por los ruegos de la pequeña, el emperador accedió a que la joven pudiera visitar a sus amigas una vez al año. Pero, con el paso de los años, dejo de hacerlo. Las doncellas, al ser mortales, no tenían la vida eterna que ella poseía.

El dios que se encarga de unir las almas mortales, jamás pudo perdonar que convirtieran a su hija en una simple mortal y tramo un complot para asesinar al emperador de Jade. Sin embargo, fue descubierto antes de llevar a cabo su plan y desterrado a la luna, donde sigue resentido y esperando su oportunidad para llevar a cabo la venganza.

- Por eso dicen que la luna es traicionera.

Un susurro cruzo el silencio en el que había quedado la pequeña audiencia que se había creado cerca de la taberna. Había corrido el rumor de que un nuevo orador había llegado a la ciudad y que sus historias eran fantásticas.

- ¿Qué paso con las doncellas? – pregunto una niña de apenas diez años.

- Los años pasaron y las doncellas tuvieron descendencia con los humanos – continúo el orador – sin embargo, no podían negar sus raíces celestiales y sus hijos tenían alguna cualidad especial. La mayoría apenas eran conscientes de ellos pero otros, acumulaban el rencor de las primeras doncellas y se convertían en demonios.

- ¿Quién se encarga de esos demonios? – pregunto un joven.

- Esa es una historia que contare en otra ocasión – sonrió el orador.

- ¿Qué paso con la niña que acompañaba al emperador?

- ¡Vaya pregunta! – exclamo una joven – está claro que regreso a los cielos y se casó con el emperador de Jade.

- Imposible – rio una mujer con un bebe en brazos que dormía tranquilamente – es demasiado mayor para ella.

- Ya lo ha dicho antes – dijo un hombre molesto por la charla – regreso a los cielos.

El orador iba a continuar con la historia, pero sonó una campana que anunciaba la hora de la comida y el grupo se dispersó. El orador comenzó a recoger sus cosas cuando se dio cuenta que un hombre continuaba esperando. Llevaba una túnica muy elaborada y de colores muy vivos. Debía pertenecer a la nobleza, así que se inclinó en señal de respeto.

- Es una historia interesante – sonrió el hombre sacando unas monedas de su bolsillo – me pregunto qué paso con esa niña.

- Gracias señor – dijo el orador aceptando las monedas que le tendían – son solo leyendas recopiladas en diferentes pueblos. Esas doncellas no existieron.

- Todas las leyendas tienen un comienzo – sonrió el hombre.

El orador se inclinó para despedirse, pero al incorporarse el hombre, había desaparecido.

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Re: El hilo rojo del destino: La doncella celestial

Mensaje por Ayame el Jue 24 Sep 2015 - 23:24

Capítulo 1. La Traición

Le pesaban los ojos, pero a pesar de ello, quería abrirlos para poder ver que era la calidez que sentía en su mano. Sin embargo, había algo más. Uno de sus brazos parecía estar dormido… ¿Por qué? Lentamente abrió los ojos y lo primero que vio fue el techo grisáceo de una habitación. Una franja de luz se dibujaba en él, así que lo siguió hasta su punto de origen. Provenía de la ventana, la cual estaba un poco entreabierta. Estaba cerca de la cama y por ella, entraban los rayos de sol que caían en su mano.

Intento levantar el brazo que no sentía, pero le costaba demasiado y decidió no esforzarse. Tumbada sobre la cama pensaba en lo que había ocurrido. Recordaba haber recibido una notificación y decidido bajar a la tierra para ver de qué se trataba. Al llegar al punto de reunión que decía la nota, no vio a nadie. Era un cobertizo abandonado. ¿Realmente iba a conseguir información de la persona que estaba buscando? Al investigar un poco para hacer tiempo, comprobó que había diferentes sellos. Eran familiares, pero no conseguía recordar donde los había visto.

Cuando cayó en la cuenta de que eran sellos de contención, era muy tarde para huir. Varios hombres se abalanzaron sobre ella y, aunque lucho para librarse, fue rápidamente reducida. Se trataba de chamanes buscadores de poderes celestiales para atraer a los demonios y ganar poder. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Ahora recordaba que el motivo por el cual no podía mover el brazo, era debido a un corte que había recibido con una daga mientras se defendía.
Volvió a hacer un intento de levantarse, pero la habitación empezó a dar vueltas y se mareo. Escucho que la puerta se abría y, un joven entro en la habitación. Llevaba un uniforme completamente negro y, a pesar de su palidez, era bastante atractivo debido a sus labios carnosos y su mirada inocente, aunque madura. La joven no sabía muy bien como había llegado a convertirse en ángel de la muerte, ya que no le gustaba hablar de esa época, pero su muerte se había producido cuando era joven.

- Me alegra ver que has despertado – sonrió apoyado en la puerta – si hubieras tardado un par de horas más, realmente me habría preocupado.
- Seung Ho – susurro ella – fuiste tú quien me…
- ¿Quién sino? – dijo el sentándose al lado de ella - ¿en que estabas pensando? Es peligroso bajar a la tierra y más tú sola. Me extraño verte marchar con tanta prisa y te seguí.
- Creí que podía ser una pista para encontrar a…. – la joven suspiro – no importa…. Está claro que he cometido una estupidez.
- Tu estupidez ha llegado a oídos del jefe – dijo Seung Ho ayudándola a incorporarse – esta vez no podrás librarte Min Ah. Quiere verte.

La joven se arregló los pliegues de la falda y suspiro. Había intentado arreglarse un poco para presentarse ante el emperador de Jade, pero las magulladuras que tenía no podían disimularse en cuestión de minutos. No sabía cuáles eran los motivos por los que el emperador la había elegido desde pequeña. Min Ah era una muchacha del montón. Cuando se miraba al espejo, lo único destacable era su mirada sincera. Por lo demás, era una chica morena y del montón. Dentro de la corte celestial había cientos de doncellas que le hacían sombra.

Avanzo por el pequeño puente que llevaba a los jardines privados del emperador de Jade. Hacía tiempo que no iba a aquella zona del reino celestial. Una sirvienta avanzo hacia ella con una bandeja donde llevaba una pequeña tetera. La miro con desaprobación y continúo su camino. La observo alejarse preguntándose qué le pasaba.

Continúo avanzando hasta llegar a un amplio jardín lleno de flores. A pesar del paso del tiempo, seguía preguntándose como conseguía mantener el jardín en perfecto estado. Varias doncellas celestiales paseaban entre las flores hablando entre ellas. No se fijaron en la joven que avanzo hasta un claro donde había unos troncos caídos. Allí estaba el emperador que parecía estar dándole órdenes a un ángel de la muerte. Cuando vio que la joven se acercaba lo despidió. Llevaba un cómodo hanbok blanco y el pelo perfectamente recogido con una simple horquilla de madera. La joven noto como la mirada del emperador intentaba leer a través de ella y, desvió la suya. La intensidad de su mirada podía sacar los secretos sin realizar ninguna pregunta. La joven se inclinó en señal de saludo, pero no se acercó. Si el emperador estaba molesto por algo, lo mejor era mantenerse alejada.

- Deberíamos celebrar un festival – dijo de repente, como si saliera de sus pensamientos – últimamente estamos muy aburridos.
- Maestro, yo…

El emperador levanto una mano para pedir silencio. Se incorporó y camino hacia un pequeño templete, donde había una mesa baja y dos tazas. Como vio que la joven no lo seguía, se giró y espero por ella. Min Ah se apresuró a ponerse a su lado y ambos continuaron andando en silencio al interior del templete, donde se sentaron el uno frente al otro.

- ¿Encontraste lo que buscabas? – pregunto el emperador después de unos minutos de silencio contemplando a las doncellas pasear por el jardín.
- Era una trampa – respondió ella apretándose el brazo herido – creía que por fin tendría alguna pista, pero supongo que es imposible.
- Min Ah…. Quizás la carga que te has impuesto a ti misma es demasiado pesada. Sé que no vas a darte por vencida, pero no quiero volver a oír que saliste lastimada o que corres riesgos innecesarios.
- No volverá a ocurrir, señor – respondió ella inclinándose.
- He recibido noticias de la luna – continuo el cambiando de tema – Ji Sub parece dispuesto a firmar una tregua por fin.
- Han pasado muchos años de aquello, pero supongo que el rencor se acumula año tras año y se hace más grande. Quizás ha decidido darse por vencido.
- Aun así, quiero que tengas cuidado – el emperador hizo una pausa para beber un poco de té – Min Ah… ¿Tú también crees que fui muy cruel con ellas?

La joven lo miro sorprendida. Recordaba el revuelo a los días posteriores a la decisión del emperador. Ella también había rogado por el perdón de esas doncellas. Sin embargo, el paso de los años la ayudo a comprender la decisión del emperador de Jade. El mundo terrenal y el mundo espiritual debían estar separados. No se podía permitir ningún desequilibrio o todo se convertiría en caos.

- Creo… que fue la decisión correcta.
- También fue difícil para ti. Por culpa de mi sentencia, te quedaste completamente sola.
- Fue un gran honor que te convirtieras en mi maestro y me enseñaras todo lo que se – respondió ella rápidamente – Ji Sub fue muy cruel conmigo solo porque fui la única que se salvó. Además, no soy más que una simple doncella para juzgarte.
- Sigo sin fiarme de Ji Sub, a pesar de que quiere firmar la tregua y de que le permitiré venir a verme para ello, no quiero que te cruces con él.
- ¿Cruzarme con él? – la joven lo miro atónita - ¿Por qué me cruzaría con él? Solo si tú lo ordenas podre entrar en la sala de audiencia.
- Sigue pensando que fui muy benévolo contigo. Seguramente haga alguna exigencia sobre ti para firmar la paz. No quiero que…

Un ángel de la muerte interrumpió la conversación, diciendo que había un asunto urgente que atender. El emperador se levantó y lo siguió a través de una pequeña puerta lateral que había en el templete, dejando a la joven sola y pensativa.

Min Ah atravesaba los corredores del palacio tan rápido como podía. Se había echado una capa por encima del traje y se había recogido una coleta alta para que el pelo no le estorbara. La falda se adhería a sus piernas y eso ralentizaba su marcha. Estaba acalorada y empapada en sudor y podía oír su respiración en medio del silencio.

Había estado toda la tarde encerrada en su habitación, que el emperador se lo había ordenado. Aburrida, decidió dar un paseo fuera del palacio para así despejarse y olvidar la visita de Ji Sub. Tal y como el emperador había predicho, las doncellas oyeron como exigía un castigo para la joven, pero el emperador se negó en rotundo.

Al regresar, casi al anochecer, noto la entrada principal demasiado tranquila. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los guardias que debían vigilar? Tenía la sensación de que sería demasiado peligroso acercarse por allí, así que lo mejor sería dar un rodeo.

Para no perderse, caminaba pegada a las murallas. El camino era sencillo y, además, contaba con la seguridad de los arbustos en caso de peligro. Escuchaba murmullos al otro lado de la muralla, pero no llegaba a entender que decían. De momento decidió centrarse en un solo asunto, averiguar porque estaba todo tan silencioso cuando debería haber un banquete. Al acercarse a una puerta lateral, vio que estaba abierta y que por ella, pasaba una pequeña comitiva de hombres armado. Iban de negro con una cinta roja en la cabeza. Algunos estaban heridos y se preguntaba si venían de una batalla y contra quien habían luchado. Sin embargo, no reconocía ese uniforme y tenía un temor intenso que comenzó a crecer en su cabeza, pero la sacudió, queriendo rechazar la idea rápidamente. Pasando entre los arbustos, llego a la puerta lateral y espero a que estuviera vacía para entrar.

No había nadie en el pasillo. Se aventuró por él y bajo las escaleras. Por la ubicación debía estar dentro del área privada del emperador, pero no estaba segura. Tras abrir una puerta, dio con un pequeño patio interior. Un viento frio la hizo temblar y avanzo corriendo hacia la otra puerta del patio. Al abrirla dio con otra habitación, donde había un pequeño altar y varias espadas. Estaban manchadas de sangre y horrorizada se preguntó que podría haber pasado.
Escucho voces procedentes del patio que se dirigían hacia allí. Se escondió dentro de un armario lateral y espero. Dos soldados entraron y cogieron varias espadas. Ambos parecían satisfechos con el resultado que había tenido el plan y que apenas hubiera bajas. ¿Qué plan y que bajas? ¿Habían atacado el palacio? ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Dónde estaba el emperador de Jade?

Cuando estaba segura de que se habían alejado, salió del armario. Dejo la habitación y volvió a cruzar el patio. Esta vez, para dirigirse a un pequeño pasadizo oculto. Sabía que algunas estancias lo tenían y, por suerte, ese patio era uno de ellos. Aunque no sabía a donde llevaba. Ese pequeño pasadizo acababa en otra estancia interior. Al salir de esta, llego a un pequeño pasillo. Tenía más habitaciones a ambos lados, pero no quiso entrar en ninguna. Sin embargo, se giró cuando escucho pasos detrás de ella. Alguien la seguía, por lo que rápidamente se metió por una de las puertas y espero a que pasara el peligro.
Había entrado en una sala con una mesa y varias sillas. Debía esconderse pronto o la descubrirían. Vio una puerta lateral que estaba entreabierta, posiblemente otro pasadizo y decidió escapar por allí. Justo cuando iba a dar un paso, una mano le agarró del brazo. Se giró asustada pero le taparon la boca para que no gritara. Ella se revolvió para huir, pero su captor la libero, para sorpresa de la joven quien fue incapaz de gritar. Cuando vio de quien se trataba, se calmó.

- ¡Seung Hoo! – la joven se apoyó aliviada contra la pared, pero se sobresaltó al ver al joven tan magullado. Podía ver la sangre en la espada que tenía en el suelo, así como heridas y cortes en la cara y manos - ¿Qué te ha pasado?
- Era una trampa – respondió lentamente recogiendo la espada y guardándola en su funda – el emperador ha sido traicionado. Ji Sub utilizo la reunión como una excusa. Reunió un ejército y ha atacado el palacio.
- ¿Cómo es posible? ¿Porque haría al como como eso?
- Lo he visto. Antes de comenzar el banquete ha dado la orden de ataque. No fuimos capaces de detenerlo. Esta dispuesto a acabar con el emperador.
- ¿Dónde está ahora?
- No lo sé – respondió Seung Hoo – lo perdí en medio de la batalla, pero me dio una orden. Me pidió que si te encontraba, ye sacara de aquí. Por lo tanto, marchémonos.
- ¿Qué ha pasado con Ji Sub?
- Juro venganza y luego huyo detrás del emperador – Seung Hoo avanzaba por el pasadizo con la joven detrás de el – estaba herido, creo.
- Finalmente ha decidido vengarse – dijo Min Ah con pesar- debemos tener cuidado y encontrar al emperador.
- No somos responsables de su desgracia.
- Eso no cambia nada. Ji Sub sufrió una herida incurable. Ahora es una máquina de guerra, un concentrado de odio y resentimiento que solo puede encontrar alivio en el dolor ajeno.
- Por la manera que hablas, te sientes culpable, a pesar de que todo pertenece al pasado. Min Ah… Ji Sub se ha perdido para siempre.
- Pero el…
- Se ha convertido en un problema que debe ser eliminado.

Llegaron al jardín privado del emperador de Jade. Avanzaron hacia el pequeño templete donde le había servido te, preguntándose que debían hacer. Seung Hoo pidió a la joven que esperara allí, él iba a asegurarse de que no había peligro, ella lo llamo antes de que se alejara. Había una nota del emperador de Jade donde les pedía que salieran del palacio. ¿Cómo iban a hacerlo? ¿Cómo sabía que irían allí? Escucharon pasos y Seung Hoo desenfundo la espada.

El lugar se llenó de soldados y Min Ah pudo ver a Ji Sub entre ellos. Sabía que su amigo se enfrentaría a todos ellos para salvarla, pero por suerte también llegaron refuerzos. Las tropas del emperador que defendían el palacio se interpusieron. En el clamor de la escaramuza, apenas noto como Seung Hoo la sacaba de allí. Ahora mismo lo único que importaba era llegar a la localización que decía la nota.

La puerta principal estaba fuertemente protegida en ese momento, pero con la ayuda de Seung Hoo, se coló entre las patrullas y pasaron deprisa por la portezuela que había al lado del portal exterior. Seung Hoo se ocultó entre las sombras, cubriendo la espalda de la joven, mientras Min Ah salía al puente. La joven avanzaba y no quería pensar en que ocurriría si era atrapada por la guardia de Ji Sub.

De pie y sola en el puente, se sintió muy vulnerable. Sabía que Seung Hoo estaba en algún lugar en las sombras, pero había una gran explanada de arena y mas allá, un gran bosque que rodeaba la muralla externa del palacio. Unos caminos salían de allí a los diferentes partes del reino y, si atacaban desde varias direcciones, el joven no podría ayudarla.

Min Ah comenzó a percatarse de su imprudencia. ¿Y si había sido una trampa para atraerlos hasta allí? Al otro lado de los muros se oía el alboroto de las peleas. La joven se estremeció de miedo pensado en las bajas sufridas. Apretó fuertemente la nota que llevaba en la mano y espero. El emperador estaba tardando, pero ella se mantuvo quieta esperando, casi sin atreverse a respirar. Para llegar hasta allí, debía atravesar las filas enemigas, era normal que tardara.

- Debería irme ya – se dijo con severidad – pronto amanecerá y seré descubierta.

Pero por mucho que se reprendiese, no podía evitar continuar allí parada. Quería encontrarse con él y comprobar que estaba bien. Por eso, no le importaba lo imprudente o descabellado que fuera, lo esperaría un poco más.

Algo se movió entre los arbustos al otro lado del puente. Era un hombre y, bajo la luz de la luna, vio la cara del emperador, haciéndola respirar aliviada. Este camino rápidamente hacia ella, con una espada fuertemente sujeta al cinturón. La joven permaneció quieta como una estatua, aferrándose a la barandilla de madera. El emperador asintió en señal de agradecimiento a algún punto oscuro cerca de la entrada del palacio, donde Seung Hoo se encontraba. Sus ojos se encontraron y Min ah intento no desviar la mirada, pero no pudo. Los ojos del emperador brillaban con intensidad y preocupación.

- Lo habéis conseguido – dijo sonriendo y en voz baja, mientras abrazaba a una sorprendida Min Ah.
- Si maestro… gracias por enviar a Seung Hoo.
- No podía dejar a una chica en apuros – sonrió divertido.
- ¿Qué hacemos ahora?
- Tengo que reorganizar al ejército. Ha habido muchas bajas, esto nos ha cogido desprevenidos. En este momento apenas tengo fuerzas, hombres o poder.
- Luchare a tu lado. Maestro yo…
- No – respondió rápidamente – también quiere vengarse de ti. Si te pasara algo yo…

El emperador no pudo continuar. La puerta principal se abrió de repente y salieron los soldados. Seung Hoo intento detenerlos, mientras el emperador protegía A Min Ah. Siguiendo las órdenes del emperador, se adentró en el bosque y busco algo que la ayudara a defenderse. Cogió un palo alargado y esquivo el ataque que, no la mato de milagro.

De repente se escuchó un fuerte ruido y alguien se abalanzo sobre ella, arrojándola al suelo con violencia. A Min Ah no le dio tiempo a gritar. Solo sintió un enjambre de flechas silbando a su alrededor y luego, la oscuridad se la trago mientras a su alrededor había gritos de dolor.

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Re: El hilo rojo del destino: La doncella celestial

Mensaje por Ayame el Jue 12 Nov 2015 - 0:04

Dejo aqui lo que llevo escrito del capitulo 2.

Capitulo 2: encuentro

Caía la tarde y comenzaba la frenética actividad en la cocina del castillo. El rey del país había decidido dar un pequeño banquete invitando a algunos ministros de confianza. Los sirvientes corrían de un lado al otro d la cocina entorpeciendo la labor de las cocineras y, algunos soldados robaban comida cuando discutían entre ellos.

Una de las jóvenes aprendizas de cocinera recibió la orden de bajar a la gran despensa subterránea de la que disponía el castillo. Allí se almacenaban los productos que se estaban secando, al igual que las bebidas más costosas. Le habían ordenado recoger algunos botijos llenos de vino. Nadie quería bajar allí porque se decía que estaba embrujado pero, ¿Cómo iba a desobedecer una orden?

La chica con temor comenzó a bajar las escaleras y se paró en un pequeño descansillo que tenía la escalera para girar un poco y luego seguir bajando a la despensa. Oyó que alguien subía por las escaleras y pensó que habían mandado a alguien. Una mujer joven que no reconoció apareció delante de ella. Quizás fuera uno o dos años mayor que ella y la espada que llevaba parecía demasiado grande para ella. ¿Qué hacía en esa despensa con una espada? Estaba a punto de preguntarle cuando algo le resulto todavía más extraño: era transparente. La figura se volvió hacia ella y pareció mirarla fijamente.

La joven sintió un escalofrío, pero intento tranquilizarse. Por el pequeño ventanuco que había en el descansillo pudo ver que las sombras del atardecer eran cada vez más largas y, quizás no fuera más que su imaginación jugándole una mala pasada.

La aparición comenzó a subir las escaleras e hizo una pausa antes de continuar para mirar por la ventana. No se hallaba a más de dos pasos de donde estaba la joven, acurrucada contra la pared, trataba de protegerse. La figura se volvió y quedo iluminada por la luz que poco a poco se apagaba. Ella pudo ver un rostro arrugado y demacrado.  Subió las escaleras y paso junto a ella como si no estuviera. ¿Es que no era una mujer joven hace un momento? No estaba segura de cual le inspiraba más miedo. En su aldea, se decía que los peores demonios eran los que parecían  inofensivos, pues era la mejor forma de engañar y aterrorizar. Entonces, la chica que era más joven, debía ser más peligrosa que la anciana, aunque parecían ser la misma.

Cuando llego cerca de la puerta. Se giró poniéndose de cara a la pared y comenzó a ascender en el aire, moviendo las piernas como si hubiera unas escaleras invisibles. La muchacha se mordió la mano para no gritar, ya que no quería atraer la atención de la aparición. Esta, poco antes de llegar al techo hablo:

- Señora, voy a entrar.

Como si alguien le hubiera dado permiso, hizo una reverencia y desapareció atravesando el techo. La joven no se atrevía a moverse. Sin duda los rumores eran ciertos y por allí deambulaban fantasmas errantes.

Escucho como la llamaban a través de la puerta para que volviera a la cocina y fue como si algo se activara en su mente, paralizada por el miedo, para que comenzara a subir las escaleras. Cuando estaba cerca de la puerta vio otra aparición. Era un hombre de unos veinte años. Esta vez sí parecía haberla visto y comenzó a avanzar hacia ella. La joven grito aterrada y atravesó la puerta de la cocina, cayendo de bruces al suelo. Estaba tan desesperada por escapar que solo se dio cuenta que era ella la que gritaba, cuando una cocinera la cogió por los hombros y la zarandeo.

- ¿Qué ocurre muchacha?
- Fan… - la chica veía como todo se había parado en la cocina y la observaban. Más tranquila de reconocer algunas caras, se desvaneció susurrando – fantasmas
.

Lee Jun Ki dejo el papel sobre la mesa y se llevó las manos a la cabeza sin estar muy seguro de lo que estaba leyendo.

Había sido nombrado jefe de policía hacía apenas unas semanas y todavía se preguntaba cómo había acabado así. El joven era el hijo segundo de una familia noble, y por lo tanto debía luchar por un puesto elevado dentro de la sociedad. El problema consistía en que sus posibilidades eran escasas y, como su padre ya tenía un heredero que se encargaría de perpetuar el linaje, no ambicionaba ningún puesto entre las filas militares. Además, su hermano mayor había heredado el espíritu luchador de su padre y estaba más que decidido a servir al rey con su vida si hacía falta.

Jun Ki siempre había sido más rebelde y a pesar de no poder evitarlo por mucho tiempo, en este momento, prefería tener más libertad. Su padre siempre le recordaba cual eran sus deberes: Como noble debía servir a su rey hasta la muerte y como hombre, formar una familia y perpetuar el linaje familiar. El problema venia en que no había cumplido ninguno de los dos. Se había negado a seguir los pasos de su hermano, aunque hubo un tiempo que estuvo pegado a los libros, por eso su padre pensó que se haría monje. Cuando se organizó todo para que cogiera los hábitos, el joven lo miro sorprendido y se negó en rotundo a inscribirse en un templo. Además, tampoco tenía intención de formar una familia todavía y, todas las citas que había organizado su madre, las había arruinado o rechazado amablemente.

Por eso, las circunstancias familiares y los contactos lo habían llevado al desconocido mundo de las fuerzas de seguridad, donde juro arreglárselas lo mejor posible para intentar contentar un poco a su familia.

El joven volvió a leer por encima el informe de la aparición, no muy convencido de lo que estaba leyendo. ¿Qué era todo aquello? ¿Acaso la gente se había vuelto loca de repente? Llamaron a la puerta de su despacho y dio permiso para pasar. Un muchacho se deslizo lentamente dentro del despacho.

-   ¿Qué ocurre? – pregunto el joven con curiosidad, al ver que el pequeño no hablaba.
-    Señor… es… Lee Dong Hae…

Jun Ki suspiro molesto. ¿Es que ese idiota no iba a dejarlo nunca tranquilo? Se trataba de su mejor amigo desde la infancia. El joven siempre había sido muy curioso y entrometido. Por ese motivo, desde que lo habían asignado a ese puesto, se escapaba de casa para intentar meter las narices en todos los asuntos. Le había dicho mil veces que ese no era lugar para él y que se quedara en casa, pero el joven tenía el mismo carácter indomable  y aquello, era imposible. Dong Hae además era muy cabezota y nadie en la oficina era capaz de hacerlo entrar en razón.

- Señor…

Jun Ki  suspiro molesto y se levantó para salir del despacho. Tardaron poco en llegar al patio de armas, que estaba rodeado por los edificios destinados a la seguridad y justicia del país. Jun Ki examino el patio esperando verlo pegar gritos, pero solo había un grupo de soldados esperando por él. La tranquilidad reinaba allí y eso lo sorprendía e inquietaba a la vez. Uno de los hombres debió leerle la mente porque señalo una puerta cerrada.

- Le hemos dicho que podía esperarte allí dentro. Comento que si nos lo echábamos a la fuerza, como nos ordenaste, comenzaría a gritar…

El joven suspiro derrotado y abrió la puerta de la sala de audiencias Dong Hae estaba apoyado en la mesa jugando con una horquilla en una mano, mientras que con la otra leía los informes que estaban detrás de él.

- ¿Qué haces aquí? – Pregunto Jun Ki quitándole el trozo de pergamino de la mano – además de molestar a la gente que está trabajando…
- ¿Cómo has podido darles orden de que me echen a la fuerza? Eres cruel…
- ¿Por qué estás aquí?
- ¡Qué mal carácter! Vengo a avisarte de que tu madre ha organizado otra cita a ciegas para arreglar tu matrimonio. Esta vez la joven parece de una familia importante. He investigado un poco sobre ella para advertirte que…
- ¿Qué has investigado? – el joven lo miro – realmente estas muy aburrido.
- Aun encima que me tomo la molestia de… - Dong Hae suspiro, pues no quería enfadarse con el – bueno, ¿quieres escuchar como es ella?
- No me interesa – Jun Ki se sentó en su mesa y comenzó a firmar documentos. Quizás si lo ignoraba, se fuera aburrido.
- Y bien, ¿Qué vas a hacer?
- ¿Respecto a qué? – Pregunto el joven y luego lo miro – asistiré cuando mis padres me digan que día es. ¿Y porque vienes a decirme esto? Podrías haber esperado a que llegara a casa.
- Quiero saber qué novedades tienes hoy – sonrió Dong Hae con sinceridad – contarte lo que madre planeaba era la excusa.
- Vete a casa Hae – pidió el joven cansado – aquí no tienes nada que hacer.

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