La hija del Daimyo

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La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:28

Aqui mi nuevo fic, aunque en esta ocasion es novela historica. Ademas, de publicarla por aqui, tb esta en wattpad.

Os dejo la portada y los personajes




personajes:

Oda Nene



Ikeda Tsuneoki



Mori Ranmaru



Toyotomi Hideyoshi



Oda Nobunaga



Akechi Mitsuhide



Oichi



Añado tambien, que en wattpad no puedo, los mapas de la epoca




Última edición por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:33, editado 1 vez
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:31

Prólogo

Nene se encontraba parada cerca de la puerta de su habitación, dentro del templo Honnoji, donde esta hospedado el sequito de su padre. Oda Nobunaga era un importante señor de la guerra del país y, había sido convocado por el emperador para celebrar un banquete. Por ese motivo, ella se encontraba allí. Sin embargo, debido a que su padre era un personaje importante para la nación, el templo, había dejado de tener tal función y ahora, servía como un palacio, donde se celebraban audiencias y la puerta estaba llena de carretas y palaquines.

La joven descubrió que no solo habían ido hasta allí, sino que por el camino su padre había adherido nuevos territorios a su provincia. Debido a ella, el ejército de su padre, estaba disperso por todo el país y, apenas tenían una docena de soldados.

A pesar de que durante todo ese día había tenido un mal presentimiento, decidió no prestarle atención. Era demasiado joven para estar pendiente de cosas importantes. Habían llegado rumores de que el fin de Nobunaga estaba cerca, pero desde hacia ellos era un guerrero formidable y estaba rodeado de fieles seguidores que darían la vida por él. Casi había logrado unificar el país y hacerlo entrar en una época de paz. Ella no creía que nadie pudiera acabar con él.

Nene se acomodó el obi y avanzo por el largo pasillo que la llevaría al banquete. Su sirviente personal iba delante de ella alumbrando el camino con un pequeño farolillo. Al girar la esquina, le llego el sonido de la música y la risa de los invitados. Frente a la puerta había un joven montando guardia. Vestía completamente de negro y lucia el blasón de su clan bordado en hilos de oro. El pelo estaba perfectamente recogido en una coleta que apenas rozaba su cuello. Al verla aparecer hizo una profunda reverencia.

- Creo que nos conocemos desde hace muchos años para que seas tan formal conmigo, Ranmaru.

El joven se levantó y le devolvió una sonrisa. Era mucho más alto que ella y, aunque no era muy corpulento, la joven sabia de la fuerza que tenía. Todas las sirvientas suspiraban por él, pues aunque ya era un adulto, seguía conservando rasgos de la niñez.

- Debemos mantener el protocolo, señora – el joven volvió a inclinarse – estas realmente bella esta noche.

Ella no podía negar esa belleza. Tenía una piel asombrosamente blanca y unos ojos que llamaban la atención. Normalmente eran oscuros, pero por algún motivo, los suyos eran más claros de lo normal. Los monjes, cuando la vieron por primera vez, dijeron que eso era un bien presagio, aunque ella no le daba importancia. Además, no abusaba del maquillaje como las demás mujeres. Tan solo aplicaba un poco de maquillaje a sus mejillas y rojo en los labios.
Ranmaru se apartó para que la sirvienta pudiera abrir la puerta, pero Nene levanto una mano como orden para que no lo hiciera. La muchacha se retiró un poco de la puerta.

- ¿Hay noticias de Tsuneoki?
- Se encuentra en la provincia de Tamba, acompañando a Hideyoshi en la lucha.
- Ya van a hacer casi 2 meses que se fue…
- No debes preocuparte por él. Sabes que el solo podría hacer frente a un ejército enemigo.

Ambos se giraron al unísono al no escuchar el sonido de la música y las risas. En ese momento la puerta se abrió y un hombre apareció en la puerta. Se trataba de Akechi Mitsuhide, uno de los vasallos más leales de su padre. En esa ocasión estaba rojo de ira y de sake. Miro a la joven de arriba abajo y, después de una leve inclinación de cabeza, se marchó molesto por el corredor.

- ¡Nene! – un joven mayor que ella la invito a pasar. La joven inclino levemente la cabeza para despedirse de Ranmaru y este cerró la puerta tras ella – perdona los modales de Mitsuhide, parece que no se encuentra de humor.

La joven se inclinó para saludar a todos los presenten, que habían vuelto a hablar animadamente y al sake. El joven que la había invitado a entrar era su hermano mayor y sucesor de su padre. Nobutada era el vivo retrato de su padre, aunque no poseía la audacia de este en la batalla. Su padre estaba sentado al fondo de la habitación jugando con un grupo de geishas. Se limitó a realizar una ligera inclinación de cabeza y continúo bebiendo sake.

- Padre – ella se sentó frente a el - ¿me mandasteis llamar?
- ¡Señor! – exclamo una de las geishas – vuestra hoja es hermosa.
- Y peligrosa – sonrió este con orgullo – es toda la guerrera.
- Deje mi entrenamiento hace mucho padre – sonrió Nene – cuando deje de ser una niña.
- Mentirosa – susurro Nobutada poniéndose al lado de ella y llevándose un codazo. El joven sonrió y se dirigió a Nobunaga – padre, a pesar de que Nene acaba de llegar, nuestro invitado de honor se ha ido. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer con ella?
- Volveré a mi habitación y si me….

Ranmaru abrió la puerta de golpe, hizo una reverencia y se puso al lado de la joven y su hermano. Le tendió una carta a este último y, espero órdenes.

- Es de Hideyoshi – dijo Nobutada – pide refuerzos.

Todos los presentes dejaron de beber y las risas se apagaron poco a poco. Nobunaga mando salir a las geishas y a Nene con ellas. Aquella fiesta se había convertido en un consejo de guerra.

Nene escucho a lo lejos el sonó de las campanas que anunciaban los incendios, pero apenas le prestó atención, pensando que era en sueños.

- Despierta – era su hermano quien estaba a su lado.

Ella se incorporó de golpe y miro a su alrededor. Esta sola con su hermano, pero las campanas pertenecían al templo. Por todos lados se oía el griterío de los sirvientes intentando huir. Sin tiempo para vestirse, cogió una túnica y salió detrás de su hermano.

- ¿Dónde está padre?

Nobutada no le respondió. Iba delante hablando con otro samurái. El pasillo estaba abarrotado de gente y ella agarraba a su hermano de la mano para no perderse. El joven se abrió paso entre la gente, apartándose del patio central y dirigiéndose a la zona de donde provenía el humo. Nene lo siguió restregándose los ojos. Cuando llegaron a la zona, que creían que eran las cocinas, el humo era tan denso que apenas veían nada. Avanzaron a tiendas, dando traspiés y tapándose la cara con las mangas. Salieron por una pequeña puerta lateral y se detuvieron jadeando. El aire frio del amanecer le llenaban los pulmones, mientras veían arder el templo.

- ¿Dónde está padre? – volvió a repetir la joven.
- Nene… Padre… me ha mandado sacarte de aquí – le limpio un poco la cara que estaba cubierta de hollín y le coloco la túnica tapándole la cabeza – tapate bien y no digas nada, solo sígueme.
- Espera, padre no estará…
- Padre es un samurái y cumplirá con su deber. No podemos hacer nada.
- ¡Debes ayudarle! ¿Y Ranmaru? ¿Dónde está?
- Tengo órdenes de mi padre y señor para protegerte. Eso es lo que voy a hacer y después… iré a buscarlo. Ahora vamos.

Nene obedeció y lo siguió en silencio. Había un grupo de samuráis apiñados frente a la puerta de los cobertizos y pudo ver un palanquín, en el que huiría. Escucharon gritos otra vez y Nobutada la subió a su transporte. Ella doblo las piernas bajo el cuerpo y se metió los faldones bajo la rodilla para que no le dolieran las piernas durante el trayecto.

- Te sacaremos de aquí antes de que caigas en sus manos.

Un fuerte estruendo hizo que perdiera de vista a su hermano. Nene observo que el grupo de samuráis había comenzado a pelear con otro grupo recién llegado. De pronto vio la cabeza de Nobutada que se agarró a la puerta del palanquín con sus huesudas manos. Nene dio un grito ahogado al ver la herida de su cuello. Por un momento le brotaron las lágrimas de disgusto y frustración. La puerta se cerró de golpe y noto como el palanquín se elevaba y comenzó a andar. Perdió el equilibrio y cayó contra una de las paredes. Como iban deprisa, parecía que iba en una barca con el mar picado. La joven oía el chacloteo de cascos y el crujido de pies recubiertos de paja. Levanto un poco las tiras de la cortina de bambú y vio guerreros a caballo y samuráis que corrían tras ella. ¿Iría su hermano a su lado?

No sabía cuánto tiempo llevaba viajando cuando el palanquín se detuvo en seco. Escucho gritos y cortar de espadas. Aparto un poco la cortina y vio un grupo de samuráis acabando con sus portadores. Ella asió su daga e impotente e intento permanecer sentada. El palanquín se balanceaba y daba fuertes sacudidas. De repente, este paro y ella se quedó muy quieta, intentando no moverse. De pronto una mano sacudió la puerta del palanquín, pero desapareció al instante. Ella escucho algo inesperado: cascos de caballos y una fuerte explosión.

El palanquín comenzó a girar y ella daba vueltas dentro de él. No sabía que estaba pasando, pero de repente se detuvo y todo estaba en completo silencio. La joven estaba echa un ovillo y, cuando intento moverse, le dolían todas las partes de su cuerpo. Se quitó de encima la estructura de paja del palanquín y se vio rodeada de maleza y árboles. La levantar la vista, vio una pequeña ladera. Seguramente debido a la pelea, había caído sin poder parar. Así que ahora se encontraba sola y perdida en medio del bosque.

No era capaz de escuchar ningún ruido, por lo que no sabía a qué distancia estaba del camino o si, alguno de sus portadores había sobrevivido. Decidido ponerse en marcha, pues no iría a buscarla y quedarse allí parada significaba que era una presa fácil. Removió la estructura del palanquín y recupero su daga, que estaba todavía dentro de su funda.

Aunque su hermano había intentado sacarla de Kyoto, no tenía a otro sitio a donde ir. No debía encontrarse lejos de la ciudad y la otra opción: volver al castillo Azuchi, estaba descartada. Demasiado lejos para ir sola y a pie.
Volvería a Kyoto. Seguramente su padre y los generales habían conseguido parar al enemigo y todo estaría en calma. Con esa esperanza en mente, emprendió el camino.

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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Sáb 6 Feb 2016 - 17:21

Capitulo 1


No estaba segura del  tiempo que había estado caminando por el bosque, cuando vio aparecer las primeras casas. Lo único cierto era que el sol, hacia largo tiempo que estaba alto en el cielo.

Evito acercarse a los caminos, aunque le resultaba extraño que todavía no hubieran dado con ella o, no encontrarse con ninguna patrulla. Estuvo desorienta en algunos momentos, pero por suerte se encontró con el lago Biwa, que estaba cerca de la capital y lo bordeo hasta llegar a su destino.

Nene observo escondida tras la maleza como los habitantes realizaban sus quehaceres, sin importar lo que ocurría en la ciudad. A las orillas del lago, estaban amontonados algunos botes mientras otros, faenaban en él. Algunos niños jugaban en la orilla y también podía ver el humo de los hogares en las casas. No estaba segura de haber llegado a la capital, pero la enorme columna de humo que se veía en la zona norte, se lo confirmo. Debía de encontrarse en alguno de los barrios marginales.

Conocía la existencia de los paria, aquellos ciudadanos que se consideraban impuros por los trabajos que realizaban y también sabía que vivían en la periferia. Sin embargo, nunca los había visto y tampoco entendía que no le dieran importancia al humo que se veía. ¡Estaban atacando la capital! Prefirió no pensar en ello. Tenía que llegar hasta su padre y hermano, además de conseguir algo de ropa. Todavía se encontraba con el kimono blanco, que ya estaba manchado y echo jirones, y la capa que le dio Nobutada. Su atuendo delataba  que había huido de algún lugar y eso la hacía sospechosa.

Escucho risas y se giró preguntándose de dónde venían. Subió por una pequeña duna y vio a un grupo de mujeres cerca del lago. Estaban lavando la ropa, o al menos eso creía porque realmente parecían sacos. Alguna de las prendas estaba tendida sobre las ramas, así que solo tendría que conseguir uno.

Intentando hacer el menor ruido posible, estiro el brazo pero no llegaba. Podía rozar la tela con la punta de los dedos, aunque para llegar a ella se tendría que exponer a ser descubierta. Observo que casi todas estaban agachadas restregando la ropa contra las rocas, mientras reían entre ellas. Solo dos estaban más cerca de ella, pero no la habían visto. Estaban susurrando entre ellas y miraban de vez en cuando el humo.

- Lleva toda la mañana ardiendo. Me pregunto cuando conseguirán apagar ese fuego.
- Dicen que han atacado a alguien importante.
- Son cosas que a nosotras no nos importan – grito una desde el lago – como si quieren prenderle fuego a toda la maldita ciudad. Ahora, regresad a trabajar. La ropa no se lava sola.

Nene espero a que se agacharan con las demás y volvió a estirarse todo lo que pudo, esta vez, saliendo de la protección de su escondite. Además de la ropa, se hizo con una cuerda para atarlo. Volvió a refugiarse en la maleza y allí se cambió. Nunca había usado algo tan áspero e incómodo. Tal como imaginaba, no era un kimono pero tampoco un saco. Se trataba de una tela de arpillera que tenía tres agujeros: uno para la cabeza y dos para los brazos. Se ató la cuerda a la cintura, para darle algo de forma. Se soltó el pelo e intento colocarlo delante de la cara. Entraría en la ciudad haciéndose pasar por un paria. Nadie la miraría y tampoco se acercarían. Sabía que solo podrían entrar con un permiso especial o una petición de las clases altas pero, ¿Quién se atrevería a acercarse para preguntarle?

Avanzo por las estrechas calles procurando no perder los peces que había robado. Su excusa, si alguien le preguntara,  sería que iba a distribuir los víveres a una casa importante de la ciudad. Maldecía ir siempre en palanquines cubiertos, que no le permitían ver a través de ellos. Si su padre no hubiera sido tan insistente en que fuera siempre protegida cuando salía, quizás ahora, sería capaz de saber en qué punto exacto se encontraba.

Pronto apareció en una de las calles principales. Esta era más ancha que las demás y las casas tenían las puertas abiertas, ofreciendo sus productos a los compradores. Se encontraba en el distrito de los comerciantes, donde la calle estaba repleta de personas. ¿Habia sido su imaginación todo lo que había ocurrido? No era posible. La cortina de humo, que se elevaba en el cielo, así lo demostraba. Sin embargo, a nadie parecía importarle. ¿Podría ser que como el templo estuviera alejado, no afectaba la ciudad? Lo cual significaba, que estaban atacando a su padre, no a la capital.

Avanzo hacia la parte norte, de donde provenía el humo y, a medida que avanzaba iba desapareciendo la gente y las casas. La desolación se apodero de ella, al llegar a las puertas del templo. Todo estaba completamente quemado e incluso, algunas partes aún seguían ardiendo. Soldados imperiales transportaban cadáveres de un lado a otro y, un grupo de curiosos estaba en la puerta murmurando. Una patrulla impedía el paso.

- ¿Qué ha pasado? – pregunto ella casi sin voz.
- ¿Qué quieres saber tú? – dijo un soldado de mala manera – este no es lugar para ti.
- Me han pedido que entregara aquí esto – Nene mostro la mercancía.
- Ya no lo necesitan – respondió el soldado – aquí ya están todos muertos.

¿Eran verdad aquellas palabras? ¿Nadie había sobrevivido? ¿Qué había pasado con Nobutada? Estaba convencida de que la había seguido. ¿Podría haber muerto en la escaramuza del bosque?

- Aquí se alojaba Oda Nobunaga – dijo ella - ¿Qué ha pasado con él?
- ¿Cómo conoces tu a la persona que se hospedaba aquí? – pregunto un hombre del grupo de los curiosos después de que todos se miraran en silencio.
- Era un señor muy famoso – Nene se reprendió en silencio. Habia sido una bocazas – todo el mundo sabía que se alojaba aquí.
- ¡Basta de charla! – el soldado la amenazo con la katana - ¿Porque te interesa tanto lo que ocurrió aquí? Como sigas siendo tan entrometida, jamás encontraras un marido. Lárgate de aquí, antes de que se me acabe la paciencia.

Nene no quiso discutir, así que dio media vuelta. Perdida en sus pensamientos, tardo unos segundos en darse cuenta de que la seguían. Tras ella, iban dos hombres que se separaron del grupo de curiosos. No conseguía verles la cara, pero seguramente sus intenciones no eran buenas. Doblo una esquina y echo a correr lo más rápido que pudo para huir. Giro otra esquina y se dio de bruces con un callejón sin salida. Intento retroceder sobre sus pasos, pero los hombres ya estaban sobre ella.

- ¿Qué queréis? – pregunto ella apoyándose contra la pared.
- Para ser una rata hablas mucho – uno de los hombres dio unos pasos hacia ella - ¿no te han enseñado a callar y obedecer?
- ¡Kojiro! – el otro hombre parecía nerviosos y miraba constantemente hacia atrás - date prisa, creo que nos han seguido.
- Si me tocáis lo pagareis caro Nene saco la daga que estaba oculta entre los peces que llevaba y la blandió frente a ellos. Ambos se echaron a reír y, con unos rápidos movimientos, la desarmaron y le cogieron del pelo.
- ¿De qué sirven ahora tus amenazas mujer? – el hombre que respondía al nombre de Kojiro, la atrajo hacia él y olisqueo su pelo.

Nene debía controlar su miedo y, aprovechando un descuido de su agresor, consiguió darle una patada. Debido a la conmoción del momento, pues ninguno esperaba que se defendiera logro echar a correr, aunque solo hasta la entrada del callejón. Apenas pudo gritar, cuando le taparon la boca y volvieron a me
fçterla en el callejón. Esta vez, la tiraron al suelo bruscamente y le sujetaron los brazos sobre la cabeza. Nene no podía moverse y cuando Kojiro cayó sobre ella, casi la dejo sin aire. Aun así, se revolvió intentando librarse. El otro hombre continuaba tapándole la boca y ella, le mordió, consiguiendo lanzar un grito antes de llevarse una bofetada y que le volvieran a tapar la boca.

- Debes ser una buena chica – susurro Kojiro oliendo su cuello – ya deberías estar acostumbrada a estas cosas. Los de tu clase, solo sois escoria. Ahora, probemos esta daga. ¿De dónde la has sacado? Tenéis prohibido portar armas.

Horrorizada, no sabía cómo salir de la situación. Deseaba haber muerto en ese bosque a manos de sus atacantes, que mancillada por esos sucios hombres. Mientras el otro hombre le sujetaba con fuerza los brazos, Kojiro fue rompiendo la tela y ella sentía nauseas al notar su aliento recorrer su cuerpo. Escuchaba al otro hombre apremiarlo porque él también quería disfrutar. Se sentía totalmente indefensa y sucia pero, ¿Qué podía hacer contra dos hombres? Cerró los ojos esperando que aquello acabara pronto. Sabía que no tardarían en desnudarla y hacer lo que ellos quisieran y a pesar de todo, su mente se resistía a abandonar la idea de buscar una manera de huir de allí.

Un gemido llego a sus oídos y, algo cálido rozo su piel. La presión que sentía sobre ella y sus brazos quedo liberada. Ahora con total libertad de movimiento, se hizo un ovillo y enterró la cabeza en señal de protección. Escucho al otro hombre pedir perdón y suplicar por su vida. Oyó gruñidos y gritos, el chirrido del acero contra los huesos y los golpes de los cuerpos al caer al suelo. A continuación se hizo el silencio sepulcral, solo roto por el trino de un pájaro. Sin embargo, ella estaba ocupada intentando controlar los temblores de su cuerpo como para ver qué pasaba.

Una voz conocida la llamaba, pero tenía miedo de que fuera su imaginación. Volvió a escuchar su nombre, aunque esta vez a su misma altura y una mano rozo su hombro. La joven se sentó y se llevó las manos al pecho, que estaba manchado con un líquido escarlata.  Respiro hondo intentando calmarse y levanto la vista.

Ranmaru estaba frente a ella. Tenía la cara manchada de barro y sangre, así como el cabello completamente revuelto. Aun así, los oscuros ojos del joven, consiguieron que se tranquilizara.

- ¿Estás bien? – pregunto quitándose la capa y cubriéndola con ella.
- ¡Ranmaru! – susurro ella al borde de las lágrimas - ¿Qué ha pasado?
- No hay tiempo, te lo contare más tarde. Casi los pierdo al doblar una esquina. Luego escuche un grito y…
- ¿Y mi padre? ¿Y Nobutada?
- Nos han traicionado y ellos… - Ranmaru mostraba una expresión sombría – vamos a huir a las montañas. Una vez que estemos a salvo, te lo explicare todo. Ahora levántate. Mantén tu vista en mí y no la desvíes.
- ¿Por qué?
- Solo hazme caso.

El joven la ayudo a levantarse. Nene obedeció y no aparto la vista de él, aunque un desagradable olor impregnaba el ambiente. Era una mezcla de sangre y excremento. Por lo cual,  cuando el hedor llego a ella, contuvo una arcada. La tierra estaba húmeda  por donde pisaba, lo notaba en sus pies descalzos. Intrigada bajo la vista y, contuvo un grito al ver el charco de sangre de uno de los cuerpos sin vida de sus atacantes. Apretó los ojos con fuerza y también las manos de Ranmaru, negándose a andar. Este la cogió en brazos y, la obligo a esconder la cabeza en su cuello para que no viera nada.

Llegaron al comienzo de un sendero que los llevaría a las montañas. Allí había un samurái que esperaba con dos caballos. Ranmaru monto en el caballo y luego, ayudo a subir a Nene, colocándola delante suya. En completo silencio emprendieron el camino.

No era capaz de recordar en qué momento se quedó dormida. Al despertar, se encontró en una pequeña estancia iluminada solo por la luz de las velas. Todavía se encontraba cubierta por la capa y llevaba el traje destrozado. Sentía la mejilla dolorida, recuerdo de la bofetada recibida.

Nene se incorporó y avanzo hacia la estancia contigua. Era un poco más grande y en el centro, había un agujero con una hoguera que servía para preparar los alimentos, aunque en esta ocasión había agua hirviendo.

Le llego el sonido de una campana de viento y comprobó, que había una puerta abierta por la que entraba un poco de brisa. Al salir, descubrió que era de noche, aunque con los arboles tan frondosos, no sabría decir la hora. Imaginaba que sería tarde.

Justo al lado de la puerta, cerca de la débil luz que salía del interior y pegado a la pared, se encontraba su amigo y salvador. Estaba abrazado a la katana pero completamente inmóvil. Por lo tanto, no sabía decir si dormía o no.

- Ranmaru… ¿estas despierto? – pregunto con cautela. Un ligero movimiento de la cabeza del joven le confirmo que escuchaba. Rápidamente se arrodillo a su lado y lo miro – cuéntame que está pasando. ¿Dónde estamos?
- Es un refugio que utilizan los cazadores cuando se quedan en el bosque. Tienes ropa para cambiarte en la habitación y agua para limpiarte. Cámbiate y, una vez que hayamos comido algo, te lo explicare todo.

Obedeció inmediatamente. Estaba deseando quitarse la sangre seca, el hedor y todo el barro que tenia en el cuerpo. Aparto el agua del fuego, a la espera de que se enfriara un poco y examino la ropa, un sencillo hakama gris y un haori oscuro.

Tardo un rato en conseguir limpiar la sangre seca y, mientras se secaba, examino lo que había llevado puesto. Temblaba solo de pensar en lo que podría haber pasado, así que con furia, lo lanzo al fuego. Minutos después se vistió y se sentó al lado de Ranmaru, quien tenía una hoja a modo de bandeja con tres bolas de arroz.

- Tendrás que conformarte con esto.

Ella sonrió agradecida pero tenía un nudo en el estómago, por lo que estaba segura de que iba a ser incapaz de probar bocado.

- El otro hombre que te acompañaba, ¿Dónde está?
- Él consiguió la ropa y la comida. Ahora lo he enviado a buscar información. ¿Cómo estás?
- Es la primera vez que me enfrento a esto – respondió ella – siento que todo el tiempo que pase practicando, no ha servido para nada. Estaba asustada y me quede bloqueada. No sabía qué hacer.
- Luchar y ver sangre por primera vez no es fácil – Ranmaru perdió la mirada en la oscuridad de la noche y, se preguntó cómo fue la primera vez para el joven. Sin embargo, no le dio tiempo a preguntar y continuo – luego… te acostumbras, ya que es tu deber.
- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está mi padre y Nobutada?
- Nobunaga ha muerto – contesto el con suavidad e inseguro. Había buscado la forma de decirlo de manera suave, pero no la encontró y opto por ser directo. Observo que durante un segundo, Nene se quedó paralizada al ir a coger una bola de arroz. Enseguida se recuperó y la coloco de nuevo  sobre el hakama – Nobutada huyo a Azuchi.
- ¿No ayudo a mi padre? – Nene tenía la voz temblorosa, intentando parecer fuerte y no romper en llanto.
- Nobutada recibió la orden de tu padre de mantenerse alejado de Honnoji. Fui yo quien ayudo a nuestro señor a cometer seppuku.
- Se… seppuku – susurro ella y se sumió en el silencio durante un rato. Ranmaru la observaba, a la espera de que siguiera preguntando - ¿Cómo… como sobrevivirte? Había mucho fuego y…
- Me hice pasar por muerto – respondió el – aunque debería haber seguido a mi señor después de que muriera, pero me dio la orden de protegerte. Akechi había salido detrás de tu hermano y…
- ¿Akechi Mitsuhide traiciono a mi padre? – Nene tenía un nudo en la garganta – era uno de sus hombres más leales.
- Nobutada tenía la orden de sacarte de allí. Sin embargo, las fuerzas de Nobunaga habían sido mermadas y fue en su ayuda. Cuando el llego, vuestro padre ya estaba muerto y decido huir a Azuchi para salvar su vida.
- No lo entiendo… ¿Por qué Mitsuhide tenía los mandos del ejercito?
- Nobunaga le ordeno partir inmediatamente para ayudar a Hideyoshi. Le dio el mando del ejército y no esperar a que amaneciera, sino que esa misma noche salió. Sin embargo, lo traiciono y regreso para matarlo.
- ¿Por qué haría algo así?
- No lo sé.

Nene se sumió en el silencio. Aquello debía ser una pesadilla de la que pronto despertaría. ¿Qué iba a hacer ahora que se encontraba sola? ¿A dónde debía ir? ¿Porque Mitsuhide había traicionado a su padre?

- ¿Cómo me encontraste? – pregunto de repente - ¿Cómo sabías que estaba en el callejón con esos… esos…?
- Estaba entre el grupo de curiosos, intentando conseguir información para saber si te habían capturado. En el momento en que dijiste el nombre de tu padre supe que eras tu. ¿Qué paria conocería el nombre de un daimio?
- Fue una imprudencia por mi parte. Debí haberme callado.
- Si lo hubieras hecho, no te habría encontrado – sonrió Ranmaru intentando hacerla  sentir mejor – pero al alejarte esos dos hombres fueron tras de ti y yo…
- Gracias por salvarme – Nene cogió una de las bolas de arroz y se la tendio a su amigo – come conmigo. Dime Ranmaru, ¿Qué vamos a hacer ahora?

El joven no respondió porque no lo tenía muy claro. Esperaría noticias y sobre ellas, tomaría una decisión. Escucho como Nene sollozaba mientras comía la bola de arroz. Ahora mismo estaban fuera de peligro, por lo que debía dejarla descansar. Mañana, cuando estuviera más tranquila, se enfrentarían a la decisión.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Jue 25 Feb 2016 - 22:25

Capítulo 2

Aquella mañana el campamento amaneció completamente empapado. La tarde anterior había comenzado a llover y tuvieron que detener la escaramuza. Aun así, se había producido numerosas bajas en ambos ejércitos. El torrente de agua que caía era tan fuerte, que dieron la orden de retirada. Durante la noche, el agua continúo cayendo sin descanso.

Tsuneoki salió de su tienda más temprano de lo normal. Por alguna extraña razón, no había sido capaz de conciliar el sueño. Se preguntaba si aquello era una mala señal hacia la cruzada que estaban llevando a cabo. El joven se dirigió a la tienda de su general, pero este no se encontraba allí. ¿Dónde podría estar? Mientras el campamento empezaba a despertarse, decidió recorrer los alrededores.

Se encontraba en el ejército que Nobunaga había enviado para controlar la provincia de Bitchu, en la parte oeste del país. Aquella tarea había sido encomendada a uno de los generales más leales, Toyotomi Hideyoshi. Este, hacía tres años que estaba embarcado en el proyecto, aunque Tsuneoki solo lo había acompañado durante los últimos dos meses. Lo habían enviado para ayudar en la caída del castillo de Takamatsu, el último punto que quedaba por conquistar de la provincia. En su interior se encontraba e daimio Shimizu Muneharu, aliado del clan Mori y enemigo de Nobunaga.

Una fina lluvia lo obligo a volver al campamento. Para cuando entro en su tienda, volvía a llover copiosamente. Comenzó a cambiarse de ropa, cuando un soldado le aviso de que Hideyoshi quería verlo.

Con paso ligero se dirigió a la tienda de su superior y entro. Después de una inclinación a modo de saludo, se sentó frente a Hideyoshi. Este era un hombre bajo y muy delgado. Además, su cara recordaba a un mono y por ello, Nobunaga siempre lo llamaba así. Sin embargo, no había que dejarse engañar por su aspecto. Tsuneoki sabía que tenía un don innato para la manipulación y era capaz de ver las intenciones de los otros hombres. Quizás por eso, había ascendido tan rápido. Minutos después de su llegada, entro Kanbei, subordinado de Hideyoshi y amigo de confianza. También era muy delgado y cojeaba de una pierna. Aunque durante unos minutos reino el silencio y solo se escuchó el sonido de la lluvia, Kanbei rompió el silencio.

- He examinado a nuestras tropas y un nuevo ataque sería demasiado arriesgado. Tenemos que esperar los refuerzos de Nobunaga.
- Shimizu no lo va a permitir – dijo Hideyoshi – en cuanto esta lluvia amaine, volverá a atacar.
- Esta mañana he podido espiar a las tropas enemigas – respondió Kanbei – su ejército está muy mermado. Se están refugiando en el castillo, por lo que no atacaran.
- Lo que nos lleva a un asedio largo y tedioso – concluyo Hideyoshi volviendo a caer la habitación en silencio. El general observo la lona donde caían las gotas de lluvia – esta estación de lluvias me deprime. Tsuneoki, ¿alguna idea?

El joven permaneció unos minutos en silencio. Hacía días que una idea rondaba su cabeza, pero no había terminado de darle forma. Por ese motivo, no había dicho nada al general. Tsuneoki miro a Hideyoshi y luego a la puerta, temiendo ser escuchado por los soldados. No sabía si algún espía podía estar escondido.

- Estamos completamente solos – dijo Hideyoshi – los soldados tenían orden de dejarnos solos en cuanto Kanbei entrara.
- Parece que el joven tiene un plan – Kanbei parecía animado – escuchémoslo.
- Durante los últimos días he observado donde se encuentra situado el castillo y la geografía que lo rodea. Solo tengo una vaga idea y podría ser arriesgado.
- Si no tomamos este castillo, es como si hubiéramos sido derrotados – dijo Kanbei – oigamos ese plan. No tenemos nada que perder.
- El castillo Takamatsu está en una llanura y sobre un terreno fangoso. Además, está rodeado de montañas y por estas discurren diferentes ríos. No sería difícil desviarlos para inundar el lugar.
- He oído de asedios a castillos con fuego que han tenido éxito, pero nunca con agua – dijo Kanbei.
- En crónicas militares antiguas, he leído que nuestro país ideo algo parecido cuando los chinos intentaron conquistar esta tierra – intervino Hideyoshi que había estado callado, meditando la idea – se llenaron con agua depósitos que se liberarían, inundado a las tropas enemigas y frenando su avance. Sin embargo, los chinos se retiraron antes y no se pudo probar su eficacia.
- Si llevamos a cabo este plan no sabemos si tendremos éxito – Kanbei no parecía muy convencido.
- Pero si tenemos éxito, será una grandiosa victoria – Hideyoshi miro a Tsuneoki y supo que su plan había sido aceptado – eres realmente brillante para la edad que tienes. Ve junto al soldado que confecciona los mapas. Poneos a trabajar inmediatamente. Tenemos que hacer diques de contención hasta que lleguen los refuerzos.

Tsuneoki regreso al anochecer. Estaba cansado de dar órdenes y ayudar a los campesinos que Hideyoshi había contratado para la construcción de los diques. Cuando se dirigía a su tienda, en la entrada había un muchacho que lo espera nervioso. El joven tenía la ropa manchada de barro y sangre, así como el pelo revuelto. Lo reconoció como uno de los pajes de Ranmaru y le ordeno que entrara en la tienda. No tuvo tiempo de preguntar qué le había pasado cuando este, le extendió una carta.

“Hemos sido atacados. No tenemos la fuerza suficiente para enfrentar al enemigo. Todo está perdido. Nos han traicionado.”

Tsuneoki releyó la nota sin creer lo que estaba escrito en ella. ¿Atacados? ¿Quién había atacado a Nobunaga? ¿Quién los había traicionado? Le pidió al joven que explicara lo que había ocurrido, pero estaba demasiado cansado para hablar. Había cabalgado todo el día para entregar el mensaje. Le indico que lo siguiera y se dirigió a la tienda de Hideyoshi.

En ese momento llego otro mensajero a la entrada del campamento y los guardias lo rodearon. También había cabalgado todo el día sin descanso y, cuando llego ante la tienda de Hideyoshi se desmayó. Tsuneoki cogió la carta que llevaba, ordeno a su mensajero esperar con los guardias y le prohibió hablar. Después, entro en la tienda sin avisar. Dentro, Kanbei explicaba un posible plan de ataque cuando la lluvia parara.

- ¿Qué ocurre muchacho? Parece que has visto un fantasma.
- Lamento interrumpir en este momento, pero ha llegado esto – dijo tendiendo la carta.
- Oh!! La respuesta de Nobunaga – Hideyoshi parecía satisfecho – ha sido más rápido de lo que yo creía. Muchacho, pronto estarás en casa.
- Yo también he recibido un correo – respondió Tsuneoki – ambos mensajeros han tardado un día en recorrer la distancia que nos separan de la capital.
- Demasiado rápido para ser solo un correo de respuesta a la petición de tropas – intervino Kanbei y Tsuneoki asistió. El general lo había comprendido.
Hideyoshi miro a ambos mientras desenrollaba la carta. A medida que leía e iba tornando más pálido y se le erizaba la piel.
- ¿Qué ha pasado? – pregunto Kanbei.
- Nobunaga ha muerto – Hideyoshi dejo caer la carta al suelo. Ninguno de sus acompañantes fue capaz de articular palabra. El silencio parecía interminable y finalmente el general continuo - ¿Dónde están los mensajeros?
- Uno esta inconsciente. El otro esta fuera esperando.
- Hazlo entrar.

El muchacho entro tímidamente y muerto de miedo. Tsuneoki le apretó los hombros para darle confianza y lo apremio para que hablara. El chico relato la parte que conocía. Indico que cuando empezó el incendio, Ranmaru lo llamo y redacto la nota que le había entregado a Tsuneoki. Después le mando salir de la capital y no parar hasta llegar al campamento. Cuando termino su relato, Hideyoshi hizo una señal y entraron unos pajes.

- Llevadlo a la cocina y darle de comer – cuando el joven salió añadió – encerradlo en una habitación y que no hable con nadie. Kanbei, tú te ocuparas del otro mensajero.

Tsuneoki comprendió a Hideyoshi. No quería que la noticia del incidente perturbara la moral de los soldados. Por lo tanto, del mensajero que iba a deshacer Kanbei, que asintió ante su orden.

- ¿Y Nobutada? – pregunto Kanbei - ¿También ha caído?
- No. Se ha refugiado en Azuchi. Nobutada ha sido quien ha enviado el mensajero – Hideyoshi golpeo el suelo con el puño - ¿Por qué Mitsuhide ha atacado?
- Nobunaga apenas tenía soldados en Honnoji. Si había enviado a Mitsuhide en nuestra ayuda, le había entregado las pocas tropas de las que disponía.
- Era su oportunidad. Nunca iba a tener a Nobunaga más vulnerable – dijo Hideyoshi.
- Señor – Tsuneoki se había mantenido en silencio todo el tiempo. Los dos hombres se habían olvidado de el – Nene… ella… estaba con Nobunaga. En la carta…
- No dice nada. Quizás se encuentre con Nobutada.
- Señor… no puedo quedarme aquí sentado. Quizás no solo Nobunaga ha muerto. Ranmaru, en la nota… no tengo noticias de Nene y mi amigo. Solicito…
- No puedo moverme de aquí – le dijo Hideyoshi – estamos a punto de conquistar la provincia. Además, si yo muevo a las tropas en retirada llamaremos la atención.
- Iré solo – afirmo Tsuneoki – el proyecto ya está en marcha, por lo que no me necesitas aquí. Seré una avanzadilla. Iré a Azuchi a ver cómo están las cosas y ver a Nobutada.
- Tsuneoki…
- Deja marchar al muchacho – intervino Kanbei – no te está pidiendo permiso. Se va a marchar con tu consentimiento o sin él.
- Ve a Azuchi. Encuentra a Nobutada y también ve a Fukui, al castillo de Kitanosho. Allí te reunirás con Shibata Katsuei. Cuéntale lo ocurrido y espera que te envié un mensajero.
- Si señor – Tsuneoki saludo rápidamente y salió de la tienda.

Si Ranmaru y Nene seguían vivos, seguramente estaban con Nobutada. Por lo tanto, en Azuchi se encontraría con ellos. ¿Qué podía haber llevado a Mitsuhide a cometer semejante acto de traición? ¿Lo había planeado todo solo? ¿Quién más podría estas implicado?

No se molestó en empacar gran cosa. Rápidamente mando ensillar su caballo y partió, sin pensar que ya era noche cerrada y que los caminos podrían ser peligrosos. Solo tenía una idea en mente: encontrar a sus amigos.

Nene se encontraba sentada en el interior de la choza. Había anochecido y no tenían noticias del mensajero que Ranmaru había enviado a Azuchi. ¿Estaría todo bien? Todo aquello aun le parecía irreal, pero había tenido todo el día para asimilarlo. También se prometió a si misma que nunca volvería a quedarse parada ante un combate.

Estaba segura que el silencio que se provocó en el banquete tenía que ver con el desenlace y no podía evitar preguntarse qué es lo que harían ahora. Ranmaru le había dicho que un mensajero avisaría a Tsuneoki y este a Hideyoshi pero, ¿Qué podría hacer él? Se encontraba muy lejos y tampoco estaba convencida de que el hombre cumpliera su cometido. Si un general había traicionado a su padre, ¿Qué impedía a un simple paje traicionar a Ranmaru?

Escucho movimientos en la pequeña entrada y la puerta se cerró de golpe. Escucho la voz de su amigo, pidiéndole que no saliera. Ella se apartó hacia la pared más alejada y se acurruco. Escucho el choque de espadas y gritos. De repente, la puerta cedió y un samurái desconocido, con katana en mano, entro en la estancia.

Nene alcanzo un trozo de madera que tenía al lado, para mantener la caldera encendida y lo blandió frente al recién llegado. Este parecía divertido por la situación y arrojo la espada a un lado.

- No la necesito para ocuparme de una mujer. Además, tengo orden de no matarte.
- ¿Quién te ha dado las órdenes?

El hombre no tuvo tiempo de responder. Como un rayo, Ranmaru entro en la habitación, atravesó al hombre desarmado y volvió a salir. Nene no lo pensó dos veces y, cogiendo la katana, se abalanzo hacia la puerta para seguir al joven. Sabía que no había manejado un arma en mucho tiempo y que, seguramente Ranmaru se enfadaría, pero estaba dispuesta a ayudarlo.

Ranmaru había contabilizado cuatro hombres, incluyendo al que había matado en el interior de la choza. Vio salir a la joven con la katana en la mano y uno de los atacantes, se abalanzo sobre ella. No tendría tiempo a reaccionar al ataque, así que el joven fue más rápido y la aparto de un empujón, parando el golpe. Los atacantes sonrieron divertidos, pues conocían el punto débil del chico. Si estuviera solo, no tendría problemas para acabar con ellos. Sin embargo, con ella allí, no podía concentrarse.

El joven le grito algo a Nene, que la joven no escucho. Salió corriendo en dirección a los arbustos para perderse en el bosque y, uno de los atacantes, la siguió. ¿En que estaba pensado esa idiota? Primero se desharía de los estorbos y luego, iría tras ella. Deseando que no le pasara nada, se puso en posición de combate.

- ¿Crees que podrás con nosotros? – el samurái rio – primero acabaremos contigo y después, nos la llevaremos.
- ¿Cómo nos habéis descubierto?
- Tu paje fue capturado antes de llegar a Azuchi. A cambio de su vida, desvelo vuestro paradero. Lástima que el señor Mitsuhide no sea tan benévolo como nosotros.
- No tengo tiempo de jugar con vosotros.

El combate fue bastante rápido. Ranmaru pasó entre ambos, golpeándolos con la katana. Cayeron al suelo sin moverse e iba a seguir a la joven, cuando vio a un último atacante que había permanecido oculto.

Nene se había dirigido hacia el bosque en un impulso. Solo pensaba en alejar a los enemigos del joven, para que este tuviera más libertad de movimiento. Paro unos segundos para coger aire en un pequeño claro, cuando escucho pasos que se pararon tras ella. Al girarse vio a su perseguidor. Estaba sola y debía hacerle frente. El samurái se dispuso a atacar, pero ella retrocedió y evito el golpe. Al atacante pareció divertirle la idea de un combate contra una chica y sonrió.

- Te equivocas si piensas que no podre defenderme. Ven a por mí - tal y como pidió fue atacada. Se agacho y esquivo la estocada. Con un rápido movimiento, le clavo su espada en la garganta – te lo dije, no debiste subestimarme.

Ranmaru observaba a su enemigo y, aunque sabía que debía resolver su problema más inmediato, no podría dejar de estar preocupado por Nene. Paso a paso se acercaron y se detuvieron a la distancia de un golpe de espada. Hubo un pequeño combate, sin embargo el joven no estaba concentrado y cayó de rodillas al suelo, con su katana al lado. La hoja de su enemigo cayó sobre él y, apenas tuvo tiempo de esquivarla, recibiendo un arañazo en el brazo.

El joven se levantó e intento atacar pero su adversario fue más rápido y lo hirió en el pecho. Casi inconsciente por el dolor, se apoyó en su espada para no caer al suelo. En ese momento llegaba Nene, que regresaba en su ayuda. Su adversario se giró para encararla, ya que no vio a Ranmaru como una amenaza, debido a su herida. Por lo que no se esperó la estocada de este, matándolo en el acto. La joven corrió hacia su amigo, que estaba de rodillas y lo ayudo a entrar en la choza. Cuando se fijó en ella y vio que estaba empapada en sangre, se apresuró a examinarla.

- Estoy bien, no es mía – dijo ella rompiendo un trozo de su hakama y vendando la herida de su amigo. Estaba completamente magullado y tenía cortes en los brazos - estas…
- Estoy bien – Ranmaru se intentó incorporar – tenemos que salir de aquí. No sabemos cuándo volveremos a ser atacados.
- Yo… he matado a un hombre – susurro ella temblando ligeramente.
- Sino lo hubieras hecho, el habría acabado contigo.
- Me quieren viva.
- ¿Cómo? – Ranmaru observo a la joven. Intento incorporarse pero se llevó la mano a la herida dolorido – tenemos que irnos. Fuera hay caballos.
- Iré a buscarlos – Nene se puso de pie y el joven le cogió una mano para detenerla – estaré bien.

Nene apareció segundos después con dos caballos que debían pertenecer a los atacantes. Ranmaru se incorporó y con dificultad subió al caballo. Luego, alargo la mano para que Nene subiera.

- Con un solo caballo seremos más rápidos – dijo cuando ella se acomodó delante de él. Con un ligero golpe de los talones, el caballo empezó a andar.
- ¿A dónde vamos?
- A Azuchi.

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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 8 Mar 2016 - 16:06

Capítulo 3


Al despuntar el alba, vieron las primeras casas de la ciudad que se había construido alrededor del castillo. Habían avanzado a galope ligero durante la noche en completo silencio. En alguna ocasión, Ranmaru había dejado caer su cabeza sobre el hombro de Nene, señal de que la herida lo agotaba.

El lugar estaba desierto y algunas casas estaban abiertas y las cosas tiradas por la calle, señal de que había sido saqueado. Nene rogaba para encontrar a su hermano en el interior del castillo, pero al llegar al pie de la escalinata de piedra que llevaba al mismo, la desolación se apodero de ella. Cientos de cuerpos yacían a ambos lados del camino, entre los que se encontraban soldados, campesinos e incluso mujeres y niños. Al llegar a la altura de las murallas, bajo del caballo y traspaso el lugar donde se suponía debía estar la puerta. Los jardines, por los que había paseado días antes, estaban destruidos. Con la llegada de Nobutada y del ejército de Mitsuhide, los aldeanos corrieron a refugiarse al castillo y desde allí, habían enfrentado al enemigo. Continuo avanzando hasta la parte central, donde debía alzarse la fortaleza que su padre mando construir. Esta, todavía presentaba pequeños focos de llamas y algunos pabellones anexos ya se habían consumido. Allí ya no quedaba nada.

“Este castillo servirá como base para conquistar este país”

Las palabras de su padre resonaban en su memoria como si las hubiera pronunciado hacia tan solo unos segundos. Sin embargo, se diluían a medida que las llamas consumían las pinturas de tigres y dragones que se habían dibujado en los muros exteriores de la torre. Quiso entrar para buscar a su hermano o a cualquier persona que pudiera seguir con vida, pero una mano la retuvo. Ranmaru se encontraba detrás de ella, se había olvidado de el por un momento.

- Aquí ya no queda nada – susurro ella vencida – creí que aquí podría encontrar a mi hermano. Deseaba que Azuchi hubiera resistido, pero ha caído tan rápido… esto es...
- No sabemos qué ha pasado con Nobutada. Quizás ha huido a Kiyosu o incluso a Fukui, donde esta Shibata Katsuei. Allí le prestarían ayuda.

Ella permaneció en silencio mirando cómo se consumía un pabellón cercano al lago artificial que estaba repleto de carpas. Recordaba como jugaba a darles de comer cuando era pequeña, mientras su padre disfrutaba del té sentado en un pequeño templete del que ya no quedaba nada.
- Es peligroso permanecer aquí – continuo Ranmaru – puede que haya grupos de renegados e incluso pueden volver. No puedo protegerte en este momento.
Nene miro por primera vez a Ranmaru desde que estaban allí. El joven se encontraba más  pálido que antes y se apretaba la herida, que había vuelto a sangrar. Ella echo una última mirada al castillo y subió al caballo de nuevo.

- Jamás se lo perdonare – susurraba ella mientras descendían de nuevo al pueblo.

Ranmaru dejó caer la cabeza sobre el hombro de la joven de nuevo. Lo llamo, pero no obtuvo respuesta. Llegaron a las primeras casas y detuvo el caballo. Se giró para intentar despertarlo. Era imposible para ella bajarlo del caballo.

- Ranmaru, necesito que hagas un último esfuerzo – pidió ella. El joven abrió los ojos con dificultad – ayúdame a bajar.

Cuando Nene estuvo en tierra, le dio la mano para que el bajara. Pesaba más de lo que creía y casi caen al suelo. Ranmaru consiguió estabilizarse y ella le agarro de la cintura y le paso los brazos por sus hombros para entrar en la casa. Era pequeña, pero no necesitaba más. Lo tumbo en una estera frente al hogar, encendió un fuego y puso agua a calentar. Busco también paños limpios para realizar las curas y desinfectar la herida.

Tsuneoki no dejo de cabalgar hasta llegar a Kyoto. Una vez allí, se obligó a parar para dejar descansar el caballo. Su idea inicial era continuar hasta su destino, aunque sabía que el caballo no lo soportaría. La capital estaba en absoluta calma, como si allí no hubiera pasado nada. Sin embargo, sabía que no debía extrañarle. El actual emperador no era muy amigo de Nobunaga y seguramente ayudo a Mitsuhide en su empresa. Y si no fuera así, no iba a ayudar a esclarecer los hechos, ya que habían acamado con uno de sus más feroces enemigos. En la capital lo único que importaba era vivir la vida con toda clase de lujos y comodidades.

Le fue difícil recopilar información. Los pocos amigos que su líder hubiera podido tener en la capital, estaban muertos,  acusados de traición o huidos. Tsuneoki no podía negar que las cosas estaban pasando demasiado deprisa y las malas noticias llegaban una tras otra. Desde luego, el horizonte se veía muy oscuro. Con Nobunaga muerto y los generales dispersos por diferentes puntos del país, hacerse con la región de Owari no iba a ser difícil. Sabía que Nobutada plantaría cara, pero si Mitsuhide lo enfrentaba antes de que consiguiera agrupar el ejército, no tendría ninguna posibilidad.

El joven descansaba en un pequeño puesto callejero antes de continuar el camino, cuando dos hombres empezaron a discutir delante de él. Al parecer, eran mercaderes y tenían noticias de Azuchi. Nobutada había huido hacia allí perseguido por Mitsuhide, tal y como Tsuneoki había supuesto. Una vez en el castillo, lo había acorralado mientras su ejército asaltaba la pequeña ciudad que estaba a sus pies. Se decía que Nobutada había cometido suicido después de prenderle fuego al castillo.

- ¿Es eso cierto? – pregunto el joven asustando a los hombres. Se había acercado a ellos a medida que escuchaba - ¿Azuchi ha caído?
- Vengo de una aldea cercana – dijo uno de ellos después de detenerse unos instantes a mirarlo – algunos campesinos huyeron. Además, el fuego del castillo se veía a leguas. Seguramente si fueras a la parte norte, cerca del lago, tú también lo comprobarías.

Abatido, volvió a sentarse en el banco. Una mujer le acerco unos dangos y una taza de té. ¿Qué debía hacer ahora? Tenía la esperanza de encontrarlos allí, de que hubieran podido huir y estar vivos. Sin embargo, estas noticias lo dejaba en una vaga ilusión. Agito la cabeza para quitarse esa idea de la cabeza. ¿En que estaba pensando?  Puede que Azuchi hubiera caído, pero conocía a Ranmaru. Si realmente estaban juntos, no dejaría que a Nene le pasara algo.

Los tres jóvenes se conocían desde que eran pequeños. Nene era la hija más pequeña de Nobunaga y pronto, se quedó sola. Sus hermanos habían comenzado a despuntar en el arte de la guerra, formando parte de las tropas de su padre mientras que sus hermanas se habían casado y abandonado el hogar familiar, convirtiéndolas en desconocidas. Solo quedo su tía Oichi, con la que pasaba gran parte del tiempo. Por lo tanto, Nobunaga permitió que los hijos de sus generales pasaran tiempo en el interior del castillo.

La primera vez que la vieron fue cuando Oichi la acompaño al patio de entrenamiento, en un lateral de la muralla exterior del castillo. Como era tradición, al cumplir los siete años de edad eran entrenados en el manejo del arco y la flecha. A los cinco comenzaban a acudir a clase para conocer las letras y poder leer y después, se formaban militarmente. Lo cierto era que las niñas, pronto abandonaban esa práctica ya que debían casarse, pero las hijas de samuráis podían continuar practicando, por si en alguna ocasión debían defender a su familia y hogar.

El samurái a cargo del entrenamiento miro a la niña y suspiro molesto. Los chicos que estaban entrenando también la miraron curiosos. Era una niña menuda, envuelta en un precioso kimono blanco con carpas que parecían nadar cuando caminaba. Oichi la animo a coger el arco, pero la niña apenas tenía fuerza para tensarlo. El instructor intento ayudarla, pero temía que saliera herida, asi que le pidió que solo observara. Todos conocían el temperamento de su señor y,  la ira de Nobunaga,  podría llevarlos a la muerte. Por ese motivo, se convirtió en una niña solitaria, que se dedicaba a mirar en el porche del patio como los demás entrenaban.

Una de las veces, Tsuneoki y Ranmaru se quedaron entrenando un poco más, ya que sus padres estaban reunidos. Después de ir al pozo para echarse un poco de agua, volvieron al patio para jugar mientras esperaban. La vieron coger el arco que hacía unos minutos, el instructor sostenía, pero no era capaz de tensarlo lo suficiente, por lo que la flecha caía a sus pies continuamente. Después de varios intentos la joven, molesta, lanzo el arco al suelo y le dio un puntapié.

- Es un poco grande para ti – Tsuneoki recogió el arco y lo llevo a una pequeña mesa. Allí cogió otro más fino y pequeño. Luego, se lo tendió a la niña – este es el que usábamos al principio. Prueba con él.

Ranmaru se acercó a por otro arco y se puso al lado de ella. Coloco los pies en posición y espero a que Nene lo imitara. Después, doblo el cuerpo y tenso el arco. Ella lo imito, pero no conseguía mantener la flecha. Tsuneoki, cansado de esperar, se colocó tras ella y la ayudo. Ambas flechas fueron disparadas casi a la vez, aunque la de Nene no impacto en la diana y cayó a mitad de camino.

- Pronto lo lograras – sonrió Ranmaru – nosotros te ayudaremos. Él es Tsuneoki y yo me llamo Ranmaru.

Ambos jóvenes se giraron al escuchar que los llamaban y después de saludar, se marcharon. Después de aquella primera clase, practicaban todos los días y luego de entrenar, continuaban jugando. Poco a poco se fueron haciendo amigos. Incluso Nene cambio su kimono largo por uno corto, que le daba mayor movilidad para correr.

Una de las veces, mientras jugaban al escondite, la joven se ocultó tras un árbol. Sabía que pronto la descubrirían, como siempre hacían. Por ese motivo, decidió cambiar de táctica. Levanto la vista y vio una rama que le parecía lo suficiente estable para ocultarse. Nunca había subido a un árbol, pero observo como los otros niños lo hacían. No parecía muy complicado.

Comenzó a trepar hasta colocarse en la rama y, minutos después, apareció Ranmaru. Dio la vuelta al árbol y se quedó pensativo. Tsuneoki apareció poco después. Ella sonrió satisfecha, pues su plan había tenido éxito. Escucharon la voz de Nobunaga y Hideyoshi que caminaban cerca y se inclinaros a saludar.

- Que extraño veros solos – dijo Nobunaga - ¿Dónde está Nene?
- Estamos jugando al escondite, señor. Sin embargo, no la encontramos.
- Sería una buena kunoichi – Hideyoshi alzo la vista y señalo. Al pasar bajo el árbol, descubrió los pies de la niña – aunque es la primera vez que veo a una pequeña subida a un árbol.
- ¡Nene! – exclamo Tsuneoki –  Las doncellas te están buscando. Baja.

Aquello parecía fácil, pero la niña no estaba muy segura de cómo hacerlo. Al comenzar a moverse hacia el tronco, la rama crujió, por lo que no aguantaría el peso. Nene miro a su padre, quien no tenía intención de intervenir, ya que pensaba que la niña debía ser capaz de solucionar sus problemas.

- Salta – dijo Tsuneoki – no está muy alto y yo te recogeré.
- Pero….
- Confía en mí.

La joven cerró los ojos y se lanzó al vacío. Un fuerte dolor recorrió su pierna izquierda, aunque al abrir los ojos se encontró sobre Tsuneoki, quien había parado la caída. Sin embargo, su pierna dolía cada vez más fuerte y ella empezó a llorar. Rápidamente Hideyoshi la cogió en brazos y se la llevo.

- Señor – Tsuneoki se incorporó y cayo de rodillas frente a Nobunaga – es culpa mía. Por favor, castígueme.
- No señor, fui yo quien propuso el juego – Ranmaru imito a su amigo – castígueme a mí.
- Apenas sois unos críos de ocho años y esto ha sido un accidente – rio Nobunaga – sin embargo, Tsuneoki le ha dicho a Nene que confié en el y ella, lo ha creído ciegamente. Por eso ha saltado.
- Se ha herido por mi culpa – susurro Tsuneoki.
- Nene tiene que aprender a salir herida – sonrió Nobunaga - cuidar de ella, ese es el castigo que os pongo.
- Cuidaremos siempre de ella. Pondremos nuestra vida en juego, señor – repitieron los dos a la vez inclinándose.

Tsuneoki sonrió al recordar aquel momento y, dejando el té a medias, monto en su caballo. Iba a continuar hasta Azuchi, sin embargo pensó que serie más rápido atravesar el lago. Quizás ya no quedara nada en la ciudad, pero debía asegurarse.

Mitsuhide observo sobre su caballo como los últimos soldados de Nobutada pedían clemencia antes de ser ejecutados. No podía culparlos. A diferencia de los generales, solo eran campesinos que estaban bajo unas órdenes que no podían evitar. No conocían las normas de los samuráis, donde era un honor morir en batalla.

No había sido una escaramuza especialmente dura, sobre todo porque poseía el grueso del ejército. Aunque, no podía negar la astucia de Nobutada y la valentía. Había huido de la capital para refugiarse en el castillo de su padre. En él, se atrinchero y planto resistencia hasta el anochecer. Mientras los generales de Mitsuhide planeaban la ofensiva final, vieron llamar que procedían de una de las torres. Poco después, los espías le confirmaron lo que estaba pasando. El fuego se extendía rápidamente por la fortaleza y lo habían iniciado desde dentro. No estaban seguros de si se trataba de un acto desesperado ante una derrota anunciada o, si simplemente era un señuelo para algún truco de Nobutada. Independientemente de cual fuera el motivo, Mitsuhide tenía una cosa clara, no iba a permitir que muriera con honor. Le informaron de que Nobutada habia salido por una puerta secreta, pero Mitsuhide se adelantó al movimiento y dispuso hombres en cada salida de la ciudad. Como habia imaginado, en el caso de que huyera, se iria en dirección a Owari, donde su padre habia nacido.

A pesar de la desventaja numérica y de llevar algunas mujeres con ellos, los hombres de Nobutada lograron huir, aunque solo hasta el monte Ryozen, a unos kilómetros de Azuchi. Amparados por la oscuridad de la noche, Nobutada pensó que si se dispersaban, tendrían más posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, no fue posible ejecutar la orden. Las tropas de Mitsuhide cayeron sobre ellos casi al instante. El bosque que estaba a los pies del monte, se convirtió en un cruel campo de batalla. ¿Qué podían hacer un pequeño grupo de apenas cien hombres, contra un ejército de casi trece mil soldados? Rápidamente fueron reducidos y Nobutada fue presentado ante su captor.

El joven dirigió una mirada llena de odio a la persona que estaba encima del caballo. Este sonrió de medio lado y bajo. Observo al joven, que había luchado ferozmente, pero que al final no había servido de nada. Tenía atadas las manos a la espalda  y no podía apenas moverse. Mitsuhide se agacho a su altura.

- A pesar de que eres tú el que sucedió a tu padre, el seguía dando órdenes. Sin embargo, para acabar con el clan Oda, tengo que darte muerte a ti.
- ¿Por qué traicionaste a mi padre?
- Llevaba aguantando sus insultos e insensateces demasiados años. ¿De verdad pensaba que el seria la persona que se haría con el control de todo el país? Se había labrado muchos enemigos a su paso. Simplemente tuve que ir recogiendo el odio que sembraba.
- Aunque me mates a mí, no acabaras con los Oda – sonrio Nobutada – aun queda Oichi y Nene.
- Oichi no será realmente un problema, ya que acabare también con Shibata Katsuei pero… - Mitsuhide fijo la mirada en el joven quien lo desafiaba en todo momento - ¿Nene no estaba contigo?
- Nos separamos en la capital. De todas las mujeres que has matado aquí, ninguna era mi hermana.
- Seguramente no haya sobrevivido sola. Por lo tanto, en mi opinión, el clan Oda está acabado.
- Aun no me has respondido porque lo has hecho.
- Porque tu padre me traiciono primero.

Fue lo último que Nobutada escucho. Una punzada de dolor de atravesó el pecho y al bajar la vista puso ver como la katana que, momentos antes estaba en la funda que tenia su cinturón, le atravesó el estomago. Realmente fue un golpe certero, ya que la sangre se agolpo en su garganta y salió despedida al toser. Poco a poco dejo de percibir los sonidos y a oscuridad lo iba tragando poco a poco. Apenas noto como Mitsuhide lo agarraba de los pelos, levantándole la cabeza y alzando la katana para degollarlo. Sin embargo, si fue capaz de percibir su risa de triunfo, antes de que la oscuridad se lo tragara completamente.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Miér 23 Mar 2016 - 12:56




Capítulo 4


Ranmaru se encontraba en un estado que no había experimentado nunca. La sensación de estar sumergido en un profundo sueño, se mezclaba con pequeños ruidos que parecían venir de la realidad. Muchas pesadillas acudieron a él. Amigos que había perdido en el incendio, venían a atormentarlo completamente desfigurados y ensangrentados. Luego, desaparecían súbitamente y la sombra de Nene asomaba como un fantasma. Parecía querer decir algo, pero al abrir la boca, no salía sonido alguno. Ranmaru la llamaba, pero enseguida se desvanecía.

La única sensación que le recordaba que no estaba muerto, era el olor de un perfume. Era un olor ligero, que a veces desaparecía, pero enseguida volvía. No era capaz de asociarlo con nada conocido pero, queriendo saber a quién pertenecía, se obligó a sí mismo a abrir los ojos.

Lo primero que vio fue un techo de paja de una simple casa. Al mover un poco la cabeza, vio a una mujer de espaldas que parecía preparar algo. En un primer momento pensó que era Nene. El kimono simple y oscuro que llevaba le era completamente desconocido, pero imagino que lo usaría para pasar inadvertida. Sin embargo, se llevó una sorpresa al ver a otra chica. También era joven, aunque un poco más mayor que su amiga. Esta se había girado un momento para atender la comida del fuego. Luego, sus miradas se cruzaron por un segundo y ella se acercó, volviendo ese olor que lo desconcertó en sueños.

- Estoy vivo – susurro.
- Lo estás, pero no podrás manejar la espada en un tiempo. Te alcanzo en el hombro y, aunque en un principio parecía más profunda, lo cierto es que no es demasiado grave.
- ¿Cuánto tiempo…?
- Dos días – respondió la joven a una pregunta no formulada. Ranmaru se maldijo por permanecer inconsciente todo ese tiempo. ¿Qué había pasado con Nene? La mujer continúo hablando – gracias a tu joven esposa, estas vivo. Si ella no hubiera realizado las primeras curas, seguramente ahora serias un cadáver.
- ¿Mi esposa? – repitió el incrédulo.
- Una lástima lo ocurrido – continuo ella lanzando un suspiro e ignorando la reacción del joven – lleváis poco tiempo casados y ha ocurrido esto… la buena noticia es que ningún ha muerto. Alégrate por ello.
- La chica… quiero decir, mi esposa – Ranmaru tardo unos minutos en asimilar la poca información recibida. Intento incorporarse pero le fue imposible - ¿Dónde está?
- Cuando regrese a casa – la joven señalo alrededor, dándole a entender que era ese lugar – ella estaba aquí realizando las curas, junto a otro joven.
- ¿Otro joven?
- También parecía bastante preocupado por ti. Ninguno de los dos quiso moverse hasta estar seguros de que te recuperarías. Así que esta mañana los he obligado a salir. No tardaran mucho en volver. No estaban muy conformes.
- ¿Quién eres?
- Me llamo Saki. Aquí es donde vivían mis padres. Ambos fueron asesinados durante el ataque.

Le tembló la voz al decir aquello y rápidamente volvió a la comida para que no la viera llorar. Sin embargo, el  joven no le prestó atención. ¿Quién era el joven que estaba con Nene? ¿Cómo había sido tan imprudente de confiar en alguien? Toda clase de horrores pasaron por su mente. Aquel desconocido podría haberla raptado, asesinado o cualquier otra cosa. ¿Acaso no había aprendido la lección de lo ocurrido en la capital? Quizás estaba exagerando las cosas. Saki había dicho que su acompañante también parecía preocupado. ¿Quizás no fuera un enemigo? ¿Nobutada quizás?

Tsuneoki observaba a Nene que caminaba en completo silencio a su lado. Todavía le parecía increíble lo rápido que los había encontrado. Cuando consiguió que alguien lo llevara a la otra orilla del lago, estaba avanzada la mañana. Al poner el pie en tierra firme, el silencio reinaba en el lugar. ¿Realmente podrían estar muertos? Pensaba mientras avanzaba por las calles. Cuando llego a la escalinata y vio los cadáveres, le quedo claro que todo estaba perdido. Se disponía a buscar algún superviviente, cuando escucho una voz. Sonaba desesperada y aterrada. Debía ser la única persona que quedaba allí, por lo tanto debía ayudarla y conseguir noticias.

Abrió despacio la puerta, pero esta chirrió y el silencio reino en el interior.  Echo una rápida mirada y solo vio a un joven tirado en el suelo. Al principio no lo reconoció, pero mientras avanzaba se dio cuenta que era Ranmaru. Se precipito hacia él. ¿Estaba muerto? ¿Dónde estaba la voz que había oído? ¿Podría ser Nene? No tuvo tiempo de reaccionar cuando una katana apareció pegada a su cuello. Lentamente levanto la cabeza y miro a su enemigo. Suspiro aliviado al reconocer a Nene. Estaba salpicada de sangre, sucia y completamente asustada. Ella tardo unos segundos en reconocerlo. Rápidamente tiro el arma al suelo y se arrodillo a su lado.

- Ranmaru… ayúdalo Tsune… Por favor.

El joven le pidió a Nene que terminara de limpiar la herida y saco un pequeño tarro que tenía en una bolsa de viaje. Por suerte, siempre llevaba algo de ungüento encima, ya que nunca sabía cuándo le podría ser útil. Sobre todo, cuando iba al campo de batalla. Además de entrenar para la guerra, los samuráis aprendían pequeñas nociones de fitoterapia, para ser capaces de auto curarse. Los ungüentos que preparaban eran muy básicos pero completamente validos en casos de urgencia.

Nene se paró frente al lago, sacando al joven de sus pensamientos. Hacía dos meses que no la veía y la joven parecía haber ganado años. Suponía que era normal, por lo ocurrido en los últimos días. Demasiado incluso para él. Las ojeras eran muy visibles en la cara de la joven, así como una delgadez que parecía estar consumiendo su cuerpo. Aunque tenía que reconocer que era una autentica mujer guerrera. Todos los golpes recibidos en estos días, no habían acabado con ella.

- ¿Qué debería hacer ahora? – pregunto ella de repente.

Tsuneoki no respondió enseguida, pero se paró al lado de ella. En pocos días lo había perdido todo. Nobunaga se había suicidado, Azuchi se consumió hasta sus cimientos y, por si no fueran suficientes golpes, Nobutada había sido asesinado. La noticia llego a la ciudad pocas horas después de que encontrara a sus amigos. Mitsuhide los rodeo en la montaña cercana y asesino a todos los que iban con él. ¿Cómo podía darle ánimo a una persona, a la cual no le quedaba nada?

- Eres hija de Oda Nobunaga. Todavía quedan personas fieles a él.
- No quiero que nadie más muera. No más derramamientos de sangre en nombre de los Oda – Nene perdió la vista en la lejanía del lago, dirección a la capital – yo vengare a mi clan.
- Deja que Hideyoshi se encargue – pidió Tsuneoki. Comprendía los sentimientos de ella, pero le iba a ser imposible – vayamos a Fukui. Hideyoshi enviara un mensajero.
- ¿Cómo podemos confiar en alguien? Yo acabare con Mitsuhide
- Nene – Tsuneoki suspiro derrotado, pero debía disuadirla – en Fukui estarás a salvo. Allí esta Oichi. Shibata es amigo, no levantara las armas contra ti. Estáis unidos por sangre.
- No podemos mover a Ranmaru todavía – respondió ella tras un breve silencio. Parecía estudiar la propuesta – tenemos que esperar a que despierte.
- Tardará varios días en recuperarse, quizás semanas - Tsuneoki sabía que no podían esperar tanto.
- No pienso dejarlo atrás.
- Es peligroso permanecer aquí. Mitsuhide podría regresar con el ejército.
- Tendrás que ir solo a Fukui – Nene no podía creerse lo que Tsuneoki estaba sugiriendo. Se supone que eran amigos – Ranmaru me ha salvado la vida y ha estado a mi lado. Como ya he dicho, ni pienso dejarlo solo.

Ambos se mantuvieron la mirada. En el pasado, el joven habría ganado el duelo, pero en esta ocasión no iba a ser así. Además de cabezota, Nene tenía la determinación de ejercer su voluntad por encima de cualquier cosa. En eso se parecía a su padre. La joven por su parte, conocía a Tsuneoki. Sabía que no se daría por vencido hasta conseguir lo que quería y que si era necesario, se la llevaría a la fuerza. Por lo tanto, no debía renunciar a su determinación. En esta ocasión ella ganaría.

- Supongo que tu disfraz de esposa, servirá por unos días – Tsuneoki lo dijo molesto, pero Nene no pareció percibirlo.
- Gracias Tsune – sonrio ella.

El castillo de Kiyosu se encontraba en una frenética actividad. Los sirvientes corrían de un lado a otro de la cocina, entorpeciendo la labor de las cocineras, y algunos soldados robaban comida mientras estos discutían.

Mitsuhide había caído sobre la población de Kiyosu al amanecer del dia siguiente, después de asesinar a Nobutada. No había esperado a que se corriera la notica, porque de esta forma, los podría coger indefensos. Debido a que no había podido tener Azichi, Kiyosu era la prioridad, ya que se trataba de la cuna del clan Oda. Por lo tanto, hacerse con ese castillo, era proclamarse señor de las provincias de Owari, Mino y Omi.

Al igual que lo acontecido en el monte Ryozen, no tuvo piedad con los leales a Oda. Pocos fueron los que pudieron salvarse y huir. Todos los demás, fueron obligados a suicidarse, incluyendo mujeres y niños de familias nobles. Acabo con familias enteras, que permanecieron fieles a Nobunaga.
En la enorme sala de audiencias del castillo, se encontraba reunido con los generales que estaban bajo su mando. Se quedarían unos días en Kiyosu, pero enseguida tendrían que partir.

- ¿Qué vas a hacer con el castillo? En el momento en que lo dejemos, se revelaran contra nosotros – preguntaba uno de los generales.

Sabía que tomar el control por la fuerza no era suficiente, pero de momento tendría que servir. Para controlar a los vasallos de Oda, iba a necesitar un vínculo mucho más fuerte que la fuerza bruta.

- Necesitamos a alguien que conozcan y que no suponga una amenaza para ellos. Si ponemos a algún desconocido, nos arriesgamos a continuas revueltas internas.
- Tengo al hombre perfecto -  sonrió Mitsuhide.

Alzo la mano y un sirviente abrió la puerta. Un joven de unos veinte años estaba de rodillas y se inclinó a modo de saludo. Los presentes lo miraron con precaución. Mitsuhide le indico que pasara y este, se deslizo hasta el interior de la estancia colocándose a su lado.

- Os presento a Mori Tadamasa. Es hijo de Mori Yoshinari, quien era leal a Nobunaga.
- Su padre murió luchando contra los Asakura – recordó uno de los samuráis – Nobunaga….
- Mando a mi padre a una lucha que no podía ganar – intervino el joven – mi padre fue asesinado por Nobunaga. La caída de este clan, debió producirse hace tiempo.
- Tu hermano es Ranmaru, ¿no es cierto? Ese chico es fiel a Oda.
- Ha roto sus lazos con el clan Mori – intervino Mitsuhide – lo voy a adoptar como mi hijo. Ya no es un Mori. Por eso, él se hará cargo del castillo de Kiyosu.

Se hizo el silencio en la sala. Nadie se atrevía a discutir las órdenes de su general. No confiaban en el joven. Sin embargo, el había estado antes en este castillo y conocía a los sirvientes y a la gente. Los nobles que habían escapado de la matanza, confiarían antes en el que en cualquier otra persona. Mitsuhide sonrió satisfecho y pidió que entrara la comida. El banquete de la victoria iba a durar todo el día.

Tadamasa se encontraba leyendo las hojas de recaudación, cuando un paje pidió permiso para entrar. Mitsuhide abandono Kiyosu al día siguiente del banquete para dirigirse a la provincia de Iga. Allí se encontraban los monjes guerreros que habían huido del monte Hiei, al cual Nobunaga prendió fuego. Allí,  buscaría su apoyo para hacer frente a Hideyoshi y a Ieyasu Tokugawa. Todavía no tenía noticias de ellos, pero tarde o temprano, buscarían venganza.

- ¿Qué ocurre? – pregunto Tadamasa.
- Señor, traigo noticias de Azuchi. Los espías lo han encontrado.
- ¿A mi hermano? – Tadamasa observo al paje - ¿no murió en Honnoji? No quedo nadie con vida.
- Esta herido.
- Traerlo – dijo Tadamasa después de un periodo de silencio – traer a Ranmaru a Kiyosu.

Nene observaba el castillo sentada en un pequeño banco situado en la entrada de la casa. A pesar de la oscuridad de la noche, era capaz de distinguir la silueta de la torre. Dejo que el viento le despejara las ideas y levanto la cabeza, que había agachado en algún momento, y mostro sus lágrimas.  Caían por sus mejillas hasta los labios y podía sentir su sabor.  Conocía la preocupación de Tsuneoki, pero por otra parte casi deseaba que Mitsuhide la encontrara. Quizás así, sería capaz de acabar con él. No le importaba lo que luego ocurriera con ella.Escucho como la puerta se abría y alguien se sentó a su lado.

- Deberías estar acostado. Aun no te has recuperado.

Ranmaru no dijo nada. La había observado durante todo el día y sabía que estaba tramando algo. Tsuneoki también estaba extraño, aunque no era capaz de adivinar que le ocurría.

- Debiste sorprenderte cuando Saki te dijo que eras mi esposo. Fue lo primero que se me ocurrió en ese momento. Lamento si te molesto.
- Es un honor haber sido de utilidad incluso en ese momento – dijo el – no me molesto.
- Deja que te cambie las vendas.

Nene entro y salió minutos después con una pequeña caja lacada. Ayudo al joven a quitarse el haori y limpio la herida. Después coloco vendas limpias y se centró en guardar las cosas de espaldas a Ranmaru.

- ¿Estás pensando en entregarte? – el silencio de la joven le dio a razón – sin duda es una opción. Sin embargo, le darás de victoria a Mitsuhide. Con lo cual, estarías cometiendo una estupidez.
- No deberías preocuparte por eso – ella se giro y lo miro – ahora mismo lo que más me preocupa es que te mejores.
- Deberías marcharte. Es peligroso estar aquí. Vete con Tsuneoki. En cuanto me recupere, iré tras vosotros.
- No quiero seguir huyendo.
- Ahora mismo es necesario. Huir ni significa perder, sino prepararte para el asalto – sonrió el joven.
- Ranmaru, yo…

Gritos procedentes de unas casas más alejadas llegaron hasta ellos, haciendo que se levantaran instantáneamente. Se formó un gran revuelo de gente corriendo de un lado a otro en medio de feroces combates. Ranmaru perdió a la joven de vista. Tsuneoki llego corriendo en ese momento.

- Nos atacan – dijo entrecortadamente – tenemos que salir de aquí.

Nene había entrado en casa para alertar a Saki, quien se ocultaba dentro. Siguiendo las órdenes de la joven, salto por una ventana. Nene iba a seguirla, pero un samurái entro en la estancia, seguramente buscando algo para robar. El hombre desenfundo la katana y ella busco algo para defenderse. Al pasar junto a la estera donde dormía  Ranmaru, vio que al lado del hogar había un palo largo, con el que se movían las brasas. Corrió hacia el e intento defenderse de un ataque que no la mato de milagro. Iba a defenderse de otro ataque, pero Tsuneoki entro de repente y se deshizo del hombre. Después se acercó a ella y la ayudo a levantarse.

- Me siento tan inútil – susurro ella.

Tsuneoki no le prestó atención. Miraba de un lado a otro como un animal al acecho. Ranmaru apareció apoyándose en la puerta y los miro con preocupación.

- Camino libre. Ahora es el momento.
- Yo me ocupare de todo.
- ¿Qué creéis que estáis haciendo? – pregunto la joven mirando a uno y luego al otro.
- Hago las cosas a mi manera – Tsuneoki la miro y ella supo, que no iba a poder llevarle la contraria – no pienso permitir que te pongas más en peligro.
- Marchaos ya – grito Ranmaru volviendo a salir.

Tsuneoki agarro la mano de Nene y corrió en dirección al puerto. Esta no opuso resistencia y lo siguió. Corrieron esquivando soldados y llegaron casi sin aire a la embarcación que los esperaba. El joven la obligo a subir y soltó amarras.

- ¡Ranmaru! – exclamo ella mirándolo aterrada - ¿Qué estás haciendo Tsuneoki?
- No lo comprendes – el joven cogió los remos – Ranmaru nos esta…

De repente se giró y se abalanzo sobre ella, arrojándola al suelo con violencia. Nene no tuvo tiempo de gritar, solo sintió un enjambre de flechas a su alrededor y un golpe en la cabeza. Tsuneoki se irguió, pero una nueva andanada de flechas le obligo a protegerse. Observo que al caer, Nene se había golpeado la cabeza y se había desmayado. Se tumbó sobre ella mientras el bote iba a la deriva y escuchaba gritos de dolor a su alrededor.


Última edición por Ayame el Lun 11 Abr 2016 - 23:38, editado 1 vez
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 11 Abr 2016 - 17:09



Capítulo 5


El paisaje era precioso. Estaban atravesando el lago, del que emergían pequeños islotes. Una fina niebla se alzaba en aquel momento, envolviendo las formas y dándoles protección. Tsuneoki seguía la corriente con el mantenimiento de los remos y de vez en cuando miraba a la joven, quien se encontraba sentada en una esquina, en completo silencio. No había pronunciado palabra desde que abandonaron Azuchi y el joven, no era capaz de adivinar que pasaba por la mente de la chica.

Navegaron durante tres días, parando solo para coger algunas bayas y descansar. Atravesaron el lago y un rio. De vez en cuando se cruzaron con algunas barcazas, aunque la mayor parte del tiempo, el rio estaba desierto. La tarde del cuarto día se detuvieron en una playa. Un poco más adelante se encontraba el mar. Habían llegado a la provincia de Echizen, en la zona norte de la península. Tsuneoki escondió la embarcación y se acercó a unos pescadores. Estuvo hablando con ellos unos minutos y luego regreso con la joven, quien esperaba en la entrada de una pequeña casa.

- ¿Qué pasa? – pregunto.
- Nada – respondió Tsuneoki – hay que esperar.

Ranmaru se levantó dolorido. Días después del ataque, se había despertado en una habitación con Saki a su lado. Se distrajo mientras los ayudaba a escapar y no vio como lo atacaban por la espalda.

Con trabajo, se acercó a la ventana y la abrió. El cielo estaba claro y varios niños jugaban en el interior de un patio. No sabía si se sentía peor por haber perdido a Nene, o por ser vencido. Escucho como se abría la puerta y se giró para enfrentarse a su captor. Su sorpresa fue mayúscula al ver a su hermano mayor frente a él. Hacía años que no se veían, desde la muerte de su padre en la guerra contra el clan Asakura. Nobunaga juro que se haría cargo de los cinco hermanos, pero Tadamasa se negó a servirle y se convirtió en ronin, un samurái errante. No habían recibido noticias de el en años, así que imaginaron que había muerto en alguna pelea de taberna o escaramuza.

- Quien ha curado tu herida – Tadamasa señalo el pecho de su hermano, del cual sobresalía una venda – ha aumentado tu tiempo de vida.

Ranmaru no dijo nada. En silencio observaba a su hermano. Ya no quedaba nada de aquel débil muchacho que había visto alejarse en un caballo. Tadamasa estaba cubierto de pequeñas cicatrices que eran visibles debajo de las mangas del kimono. En aquellos años, se había convertido en un hombre alimentando el odio y el rencor. Lo podía ver reflejado en su mirada.

- ¿Dónde estamos?
- Kiyosu – respondió Tadamasa y sonrió cuando su hermano abrió los ojos en señal de asombro – ahora soy amo y señor de este castillo.
- ¿Te has vuelto loco? Este castillo es de Oda.
- ¿De Oda? – Tadamasa estallo en una carcajada – ya no queda nada de ese clan. Están todos muertos. Ah! Te refieres a la hija pequeña, Nene. Pronto también desaparecerá. Este castillo me lo ha regalado mi padre adoptivo, el señor Mitsuhide. Ahora, estas tierras pertenecen al clan Akechi.
- ¿Qué locura estas diciendo? ¿Soy rehén del clan Akechi? ¿Por eso estoy aquí? No conseguirás nada de ningún general fiel a Oda reteniéndome. Para ellos no existo.
- Estas aquí para tener una oportunidad de vivir. Independientemente de la guerra que se avecina, sigues siendo mi hermano pequeño. Es mi deber protegerte. Cuando Mitsuhide acabe con Hideyoshi y Shibata, ningún general podrá hacerle frente. Tendrá a todas las provincias de Oda bajo su mando, haciendo posible la derrota de los demás daimios y por tanto, que gobierne este país.
- ¿Piensas que como agradecimiento, te apoyare en esta locura? Mi lealtad ha sido clara todos estos años. No voy a cambiar de parecer.
- Si mueres, no tendrás oportunidad de vengar a padre. Si te quedas a mi lado…
- La muerte de nuestro padre no fue culpa de nadie – Ranmaru se sentó en el suelo de la habitación – la mala suerte fue la culpable de su muerte ese día. Nobunaga nos dio protección. Además, cuido de nuestra madre y hermanos todos estos años. No puedo…
- Acabare con todo – lo interrumpió su hermano – destruiré las provincias. Las arrasare hasta sus cenizas y de ellas, creare un nuevo clan.
- Estás loco.
- Solo observa – Tadamasa abrió la puerta para salir – solo tienes dos opciones: vives y peleas conmigo o, mueres como un perro por el honor de un clan derrotado. Te daré tiempo para que lo pienses.
- ¿No está clara mi respuesta?
- Te confundes hermano. Tu lealtad nunca ha pertenecido a Nobunaga.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Ranmaru miro a su hermano, quien sonreía desde la puerta. No iba a obtener respuesta, así que decidió cambiar de tema - ¿Dónde está Saki?
- ¿La joven que te acompañaba? Vendrá enseguida con comida.

Tadamasa cerró la puerta y Ranmaru lanzo un largo suspiro. ¿Qué iba a hacer ahora? Lidiar con un hermano al borde la locura no entraba en sus planes. Sino tenia cuidado, su vida acabaría antes de lo esperado.

Nene y Tsuneoki esperaron hasta que la luna estuvo alta en el cielo. Entonces, el joven se incorporó. En ese instante aparecieron tres jinetes. La joven no comprendía que pasaba, pero al ver los blasones de la ropa, suspiro. Por una parte, se alegraba de estar a salvo. Sin embargo, no estaba convencida de confiar del todo el Shibata Katsuei. Tsuneoki subió al caballo que acompañaba a los jinetes y la ayudo a subir. En la oscuridad, se dirigían al casillo, donde lo tenían todo preparado para recibirlos.

La joven fue llevada a una habitación, donde la bañaron y comenzaron a prepararla. Una vez vestida, le recogieron el pelo en una coleta y la ataron con una cinta blanca. Todas las sirvientas, habían mirado con desaprobación el remolino de pelo que llevaba recogido con una cuerda, pero era lo único que había sido capaz de encontrar. Cuando terminaron de maquillarla, se miró en el espejo y casi no se reconocía. Pequeñas llagas habían aparecido  en sus manos, a pesar del poco uso que había hecho de la espada y la delgadez de su rostro, delataba el hambre y penurias por las que paso. La imagen del espejo, no mostraba a la joven llena de vida que había sido. Por un momento, cerró los ojos y deseo de nuevo que todo fuera un mal sueño. Suspiro derrotara y volvió a mirarse en el espejo. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que había lucido telas tan lujosas.

Avanzo por un pasillo para dirigirse a la sala de audiencias. Allí, un joven paje, anuncio su llegada. Las puertas se abrieron y vio que Tsuneoki estaba ya sentado frente a Shibata Katsuei. Nene hacía muchos años que no lo veía, pero físicamente estaba igual. Era un hombre regordete y con un fino bigote. A su lado, un poco más baja, estaba Oichi. Su tía era una mujer morena y de piel pálida. Vestía un kimono ricamente decorado y la miraba ansiosa por conocer cómo se encontraba Nene. Un nudo se formó en su estómago, pues a pesar de la diferencia de edad, era muy parecida a su padre.

- Me alegra que estéis perfectamente señora – dijo Katsuei haciendo que la joven mirara hacia el – debéis haber pasado por demasiadas penurias. Aquí estaréis a salvo. Cualquier cosa que necesitéis, solo tienes que pedirla.
- Gracias por acogerme – respondió Nene inclinándose a modo de agradecimiento.
- Tsuneoki ha sido un gran protector en todo este largo trayecto – sonrió Oichi – gracias por haber cuidado de mi sobrina y haberla traído sana y salva.

Tsuneoki se mantuvo en silencio y simplemente inclino la cabeza. Nene lo miro incrédula. ¿Es que se iba a quedar el con el mérito? Había sido Ranmaru quien más la ayudo. ¿No iba a nombrarlo?

- De hecho – intervino la joven fulminándolo con la mirada – tengo otro protector. Estoy esperando noticias suyas. Dijo que en cuanto fuera posible, vendría hacia aquí.
- ¿De quién se trata? – pregunto Katsuei
- Mori Ranmaru.
- El hijo de Yoshinari – recordó Katsuei – tu padre lo tenía en alta estima.
- Señor – Tsuneoki levanto la vista evitando mirar a Nene – hay asuntos que debo discutir con usted.
- Si lo sé. Ayer llego un mensajero de Hideyoshi. Ha conquistado el castillo de Takamatsu. Gracias a tu plan, el enemigo se rindió rápidamente. Hideyoshi se dirige a la capital a reunirse con el emperador. Me ha pedido que esperara por ti y partamos juntos.
- Nene debe estar cansada – intervino Oichi – ¿os importa que me la lleve? Estos temas políticos son demasiado aburridos para nosotras.

Katsuei aprobó la petición de su esposa y ambas se levantaron para salir de la estancia. Nene siguió a su tía de mala gana, pues quería conocer los planes, aunque sabía que no estaba permitido que una mujer interviniera. Antes de que la puerta se cerrara, Nene se paró y miro a Tsuneoki, quien seguía con la mirada clavada en algún punto del suelo.

- Señor – Nene se inclinó – voy a hacer uso de su amabilidad. ¿Podríais avisarme si hay alguna noticia de Ranmaru?
- En cuanto sepamos algo, te avisaremos – respondió este cogiendo una taza de sake que le servían.

Nene siguió a las doncellas en silencio. Mientras iban recorriendo los pasillos, comentaban entusiasmadas la aventura que la joven había vivido.  Ella estaba perdida en sus pensamientos y no las escuchaba. ¿Qué pasaba con Tsuneoki? ¿Por qué actuaba como si Ranmaru no le importara? Ella pensaba que eran muy buenos amigos. De hecho, Tsuneoki habia estado horas despierto ayudando a curar la herida del joven y también ayudo a bajarle la fiebre cuando estaba inconsciente. ¿Cómo había cambiado tanto en cuestión de horas? Recordó que ambos habían estado susurrando poco antes del ataque. Los vio dibujar en el suelo de la casa y borrarlo enseguida. ¿De que podrían estar hablando? ¿Era el motivo de su distanciamiento?

Tuvo que salir de sus pensamientos cuando casi tropieza con una doncella que habia parado delante de una puerta. La abrió e invito a pasar a la joven. Era una pequeña estancia que daba a un patio interior, donde unas enormes carpas nadaban tranquilas dentro del estanque. Oichi se encontraba sentada cerca de ellas, lanzándoles comida. Una suave brisa nocturna, evitaba que el calor se adueñara de la estancia. Nene se apresuró a sentarse junto a ella. Alguien entro y dejo una tetera caliente sobre la mesa, donde ya se encontraban dos tazas.

Oichi le dedico una dulce sonrisa y se levantó parar servir el té. La siguió con la mirada, pero no la acompaño. Su tía había cambiado mucho. Cuando era una niña, la recordaba como una joven indomable. Tenía el carácter muy parecido a su hermano, así que lo mejor era no hacerla enfadar.  Recordaba los gritos que se habían dedicado, cuando Nobunaga le anuncio su boda con Katsuei. Ahora, parecía que se había adaptado perfectamente a su nueva vida de señora de un castillo.

- No se equivocaron cuando los monjes predijeron que te esperaban grandes aventuras – dijo Oichi dejando la tetera sobre la mesa – tu padre estaría orgulloso.
- ¿Aventuras? Lo único que me han ocurrido han sido desgracias. ¿Qué debería hacer ahora?
- Dejar que ellos se encarguen de tomar las decisiones. Quedarte aquí conmigo y descansar. ¿No te parece un buen plan?
- Tengo un deber que cumplir como hija. El honor de los Oda…
- Solo conseguirás acabas como tu padre y hermano – Oichi alzo la voz para hacerla callar. Luego, volvió a susurrar – creo que ya hemos perdido bastantes vidas inútilmente.
- Pero…
- Normalmente las mujeres somos pronto entregadas en matrimonio. Nuestro deber es tener descendencia para así fortalecer las uniones politicas con vínculos de sangre – Oichi se acercó a la joven y le dio su taza - ¿sabes porque tu aun estabas bajo la protección de mi hermano?
- Siempre me lo he preguntado, pero no fui capaz de…
- Mi hermano te adoraba. Sabía que eras una chica fuerte y muy parecida a él. No quería entregarte a cualquiera y para Nobunaga, nadie era lo suficiente bueno para ti. Conocía las traiciones que se producían y como nos convertíamos en monedas de cambio. No quería eso para ti – Oichi la hizo dejar la taza de té y le cogió las manos. Estas eran cálidas y la joven se sintió protegida – Nene, olvídate de los Oda. Ya no hay ningún clan que proteger. Busca un esposo que cuide de ti y adopta su apellido.
- ¿Quién querría casarse con la hija de un daimio muerto y de un clan caído en desgracia?
- El joven que te acompaña es un buen candidato. Tsuneoki siempre ha estado a tu lado.
- ¡El… él es solo un amigo!
- La amistad es solo el comienzo – rio divertida Oichi – no creo que se negara a la propuesta.
- No bromees.
- Oh espera, ¿Sera que ya estas enamorada? – pudo ver que la joven su ruborizaba, pero lo negó con la cabeza. Aquella conversación divertía a Oichi y además, servía para animar a su sobrina – no seas tímida muchacha.
- No tengo intención de casarme – respondió Nene con seriedad – acabare con Mitsuhide Akechi.
- No seas tonta Nene, no podrás ni acercarte a él. Entrar en el mundo de la guerra solo hará que salgas herida. Deja que los generales se encarguen. Cásate con Tsuneoki. Deja que el clan Oda desaparezca y se feliz. Eso era lo que Nobunaga más deseaba.

Aquella noche fue muy larga. Nene era incapaz de conciliar el sueño y daba vueltas de un lado a otro de la habitación. No pudo evitar dejar escapar unas lágrimas al recordar a su padre. La conversación con Oichi debería haberla hecho desistir, pero solo consiguió afianzar su determinación. No estaba dispuesta a abandonar su venganza, ya que era lo único que la motivaba a seguir con vida.

La joven abrió la puerta de su dormitorio y, después de mirar a ambos lados, salió y cerró con cuidado. Se sentía atrapada entre esas cuatro paredes. El camino estaba iluminado con pequeñas velas situadas en el suelo. Paso cerca de la sala de audiencias y se sentó en las escaleras del patio central. Allí también se recibían visitas, se realizaban entrenamientos e incluso, los días de festejos, teatro y danza. Perdida en sus pensamientos, se sobresaltó cuando alguien se sentó a su lado. Tsuneoki tenía la mirada fija en las piedras. Nene sabía que era una costumbre que tenía desde pequeño. Cuando estaba confuso, era capaz de mirar a Nene a la cara.

- ¿No puedes dormir? – pregunto ella.
- Estaba paseando por el pasillo cuando te vi salir de la habitación. Me preguntaba a donde irías. ¿Tú tampoco?
- Demasiadas cosas en las que pensar – tras las palabras de Nene se produjo un largo silencio. La joven le daba vueltas a las palabras de su tía. ¿Casarse con Tsuneoki? La idea le pareció descabellada al principio, pero Oichi tenía razón. Siempre la ayudaba en todo – Tsune… tu… esto…
- Es la primera vez que no sabes cómo formular una pregunta. Tú, que siempre eres tan directa – Tsuneoki soltó una carcajada.
- ¿Alguna noticia de Ranmaru?
- Nada – suspiro el – yo también estoy preocupado. Sin embargo…
- ¿Qué estas preocupado? Fuiste tú quien insinuó abandonarlo allí. ¿Cómo puedes…?
- Ranmaru sabe cuidarse perfectamente. Él estaba más preocupado por ti que por sí mismo. Te lo propuse porque…
- ¿Me estás diciendo que lo que le haya podido pasar a Ranmaru es culpa mía? – Nene se levantó molesta y se dispuso a marcharse. Tsuneoki la observo. La joven se giró y furiosa se enfrentó a el – debo estar loca por escuchar a Oichi y dejar que me confunda. Casarme contigo, cuando me estas culpando de la posible muerte de…
- ¿Qué has dicho? – Tsuneoki la agarró del brazo para que no se escapara.
- Ah! Yo… - Nene lo había soltado sin darse cuenta en el ataque de rabia que había sufrido. Intento librarse del agarre del joven, pero no fue posible.
- ¿Casarme contigo?
- No deberías hacerme caso. He estado hablando con Oichi sobre lo que debería hacer y….

No pudo terminar la frase. Tsuneoki  paso una mano por su cintura y con la otra, le acaricio el pelo. Lentamente se acercó a ella. Notaba su respiración, agitada por los nervios. Estaba tan sorprendida que no sabía cómo actuar. El debió notar su sorpresa, porque se apresuró a juntar sus labios con los de la joven para que no pudiera decir nada. Era un beso dulce y suave, pero también expresaba todo lo que no había podido decir con palabras. Nene decidió dejarme llevar y sin ningún esfuerzo, correspondió su beso.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 25 Abr 2016 - 20:29



Capítulo 6


Nene estaba tan distraída, que era incapaz de concentrarse en la lectura. Se encontraba en una sala con Oichi. Esta, se dedicaba al bordado, mientras su sobrina estaba apoyada en la puerta del jardín simulando que leía. ¿Cómo había podido enfadarse tanto con Tsuneoki, que le había dicho que estaba pensando en casarse con él? ¿Es que se había vuelto loca? Y por si fuera poco, había correspondido su beso. Nene estaba segura de que no podía hacerlo peor.

Suspiro y se puso a juguetear con un trozo de papel que tenía a su lado. Debía arreglar las cosas y decirle que todo había sido un malentendido. Que estaba confusa por lo ocurrido y por la conversación con Oichi. No pensaba con claridad en ese momento. Después del beso, había salido corriendo completamente avergonzada y sin darle tiempo a preguntarle todo lo que quería saber. Sin embargo, le intrigaba su amigo. Le sorprendió que no se echara a reír en ese momento y por el contrario simplemente la besara. ¿Es que había sido incapaz de ver los sentimientos de Tsuneoki todos estos años? Razón de más para hablar con él.

- Nene – la voz de Oichi la saco de sus pensamientos - ¿Qué te ocurre muchacha? Es la quinta vez que suspiras.
- Lo siento – Nene dejo el papel y regreso al libro.
- Hacía años que no veía una grulla de papel – Oichi señalo a su lado – has mejorado mucho.

La joven sonrió en agradecimiento y miro la grulla. Hacía mucho tiempo que no se entretenía con ellas. Solamente cuando necesitaba calmarse usaba la papiroflexia. La primera vez que vio una y se interesó por ellas, fue unos días después de caer muy enferma, cuando tenía ocho años.  La grulla de papel aparecido en la puerta de su habitación y nadie sabía quién la podría haberla dejado allí. Estas siguieron apareciendo todos los días hasta que se recuperó.

- Las grullas de papel se hacen para desear salud, felicidad y prosperidad – Dijo Nobunaga cuando la niña se hubo recuperado y le pregunto – quien quiera que lo haya hecho, se preocupa por ti.
- ¿Entonces… sirven para los amigos? – pregunto la niña – sé que Tsuneoki y Ranmaru han estado preocupados todo este tiempo. Quiero agradecérselo.
- Las grullas de papel también se usan para expresar otros deseos – continuo Nobunaga – se regalan cuando nace un hijo, cuando una pareja se casa, cuando alguien enferma o simplemente, se puede regalar a alguien que es importante para ti o alguien a quien quieres.
- ¡Enséñame a hacerlas! – pidió ella - ¡le daré una a cada uno!

Nene disimulo una sonrisa cuando recordó las caras de sus amigos al ver las grullas. Fueron las primeras que hizo y, estaban bastante arrugadas por doblar tantas veces el papel. Con el tiempo, le fueron saliendo mejor y también se volvió un hábito para relajarse.

Una doncella entro en la habitación y anunció que todo estaba preparado. Nene la miro intrigada y luego, clavo la mirada en su tía, que se había levantado.

- Vamos a despedirnos – dijo saliendo por la puerta.

Nene medito unos segundos esas palabras, se levantó corriendo y salió detrás de su tía. ¿Despedirse? ¿Es que iban a dejarla allí? Sabía que Tsuneoki se iría, pero jamás imagino esto. Al llegar a la entrada principal del castillo, vieron que Shibata había congregado una pequeña comitiva que la acompañaría en el viaje. La idea principal era ir a caballo, pero Tsuneoki ofreció otra. A caballo tardarían más tiempo, pero si bajaban hasta el lago y lo atravesaban, tardaría solo un día y medio en llegar a la capital. La idea le gusto al daimio y la acepto.

La joven buscaba a Tsuneoki entre la multitud. Este se encontraba subido a un caballo, cerca de la puerta. Algunas doncellas intentaban captar la atención de los jóvenes soldados, sin conseguir su objetivo.

- Oichi se quedara al mando del castillo en mi ausencia – grito Shibata. Luego, miro a su esposa, quien inclino la cabeza – regresare pronto.

Nene estudiaba a su amigo. En ningún momento desvió la mirada hacia las mujeres y se limitaba a pasar revista a las tropas para disimular. Cuando Shibata atravesó la puerta de salida, lo siguió sin mirar atrás.

- ¡Alto! – grito Nene. Bajos las escaleras, atravesó el patio y a la multitud y avanzo hacia Tsuneoki. Shibata se giró en el caballo y la miro sorprendido. La joven tenía el descaro de hacer que un daimio detuviera su marcha. Ella no le prestó atención y se enfrentó a su amigo - ¿Dónde crees que vas Tsuneoki?

El joven lanzo un suspiro e inclino la cabeza hacia Shibata en señal de disculpa. El daimio hizo una mueca de disconformidad, pero dio media vuelta y siguió avanzando. Una vez que el pequeño ejército hubo salido, Tsuneoki bajo del caballo y se enfrentó a Nene.

- ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo se te ocurre detenerlo?
- ¿Dónde vas? – la joven ignoro a su amigo - ¿me vas a dejar aquí? ¿Sola?
- Hideyoshi me ha convocado en Kyoto. Tengo que ir y es peligroso que tú vayas. Ya te lo he dicho, aquí estarás a salvo.
- ¿Y si no lo estoy? – Nene lo miro suplicante – déjame ir contigo.
- Quédate aquí Nene. Hablare con Hideyoshi y si todo está bien, pediré que vengan a buscarte.
- ¿Y ya está? Me abandonas aquí y…
- No te abandono – Tsuneoki le cogió una mano y le entrego un amuleto. La joven vio que tenía el blasón de su familia, una mariposa – cuida de esto por mí. Devuélvemelo cuando nos volvamos a ver.
- Pero…
- Además, tienes una misión aquí. Espera por Ranmaru.
- ¿Aún no hay noticias suyas? – Nene lo miro preocupada.
- Debo irme – Tsuneoki negó con la cabeza y la miro con una triste sonrisa –  Nene…  Tengo que alcanzar a Shibata. Volveré pronto.

Un mal presentimiento la acompaño el resto del día. No se sentía segura y por ese motivo, se encerró en su habitación temprano. No había conseguido sacarle información a su amigo, pero si el emperador estaba reuniendo a los generales de Oda, quería decir que iban a repartir el territorio entre ellos. ¿Cómo era posible? Ella seguía viva. Era cierto que no podía hacerse con el poder, pero quien fuera su esposo, si podría gobernar las provincias. ¿Quizás Shibata la había dejado allí como rehén? Imposible, Tsuneoki no lo habría permitido. ¿Y si se habían convertido en aliados? Estaba dándole demasiadas vueltas a las cosas.
Un gemido la despertó en medio de la noche. La joven se sentó de golpe en su cama y a través de la oscuridad, vio una silueta borrosa que estaba en la puerta que daba al jardín. Instintivamente llevo las manos al pequeño puñal que guardaba bajo la almohada. Lo apuntó hacia la dirección de la silueta, pero esta desapareció. Su corazón latía deprisa y tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba sola. Intento calmarse, pero un terrible presentimiento seguía manteniéndola en alerta.

La habitación estaba helada, producto de la corriente que entraba por la puerta que el intruso había dejado abierta. Se levantó para cerrarla, pero tropezó con algo. Se agachó para apartarlo, pensando que se trataba de la ropa de cama. Sin embargo, tocó algo cálido, húmedo y pegajoso. Se apartó y busco a tientas la lámpara de aceite y algo para encenderla. Tardó varios minutos en conseguirlo, pues le temblaban las manos. Cuando lo hizo, casi se le para el corazón y sus pulmones buscaban aire para calmarse.

Una de las sirvientas yacía boca arriba. La sangre manaba de un tajo que tenía en la garganta y un charco se formaba a su alrededor, que era donde Nene había tocado. Sus ojos sin vida, miraban al techo y cerca de ella había una preciosa horquilla para el pelo que le pertenecía. Nene comprendía que había pasado. La sirvienta entró a robar y acabó muerta en su lugar. Sin molestarse en vestirse, cogió su pequeño puñal y salió al jardín dando traspiés.

- ¡Un asesino! – gritó con todas sus fuerzas.

Enseguida se vio rodeada de antorchas y soldados. Oyó a las sirvientas preguntarse qué pasaba y como desaprobaban que saliera en ropa de cama, pero a Nene no le importó. Oichi apareció minutos después con un kimono colocado de prisa. El soldado que Shibata había dejado al cargo de la seguridad, también llegó con ella.

- Nene… ¿Qué…
- ¡Señor! – gritó uno de los soldados desde dentro de la habitación de Nene – esta… esta…

La joven volvió a entrar en su cuarto y observo que en el pasillo de entrada a su habitación, también había un joven inerte en el suelo. Unos oscuros moretones cubrían su cuello. Nene observo que apenas era un niño y había muerto estrangulado. Cerró los ojos y se dejó caer al suelo. Todo aquello era culpa suya.

- Señora – el samurái a cargo de la seguridad, la ayudo a levantarse – llevadla a la habitación de al lado. Buscad al asesino.

Aparte de Nene, Oichi y algunas sirvientas, así como varios soldados, esperaban noticias del asesino huido. No obstante, aunque se buscó en cada rincón del castillo, no encontraron a nadie. El asesino, simplemente había desaparecido.

- Es Sayo – susurró una de las doncellas cuando salía de la habitación – increíble que intentara robar.

Las siguientes horas fueron lentas y confusas. Por si fuera poco, rumores se esparcieron entre soldados y servicio, donde apuntaban a Nene. Al final, varios soldados que habían sido elegidos como los jefes de los equipos de búsqueda, se sentaron frente a Oichi.

- No hay ningún asesino señora.
- ¿Estáis segura de que había un asesino? - pregunto un samurái a Nene.

Nene intento aguantar estoicamente y con autocontrol, pero parecía imposible para ella. Además, la estúpida pregunta que le habían hecho, la hizo estallar.

- ¡Claro que había un asesino!
- ¿Cómo podemos estar seguros de que no los mataste tú? – aventuro un soldado.
- Parece un asesinato por robo – dijo otro soldado - ¿Qué hacías con un arma en tu habitación? La descubriste robándote la horquilla y…
- Mirad mi puñal. No hay sangre en él. Ni siquiera sabía que un soldado vigilaba mi puerta. ¡Cómo iba a matarlo! Y esa joven…  el asesino la confundió conmigo. Además, si lo hubiera hecho, ¿Qué sentido tendría salir al jardín a dar la voz de alarma? Lo normal sería huir de aquí. Tenemos que formar una patrulla y registrar las carreteras cercanas. También mirar los alrededores del castillo.
- Señora, todo esto es muy precipitado. Hay que investigarlo con calma y…
- Es muy tarde y no habéis encontrado a nadie. Por lo tanto, quien lo haya hecho, ya no está aquí – Oichi parecía cansada – ocupaos de los cadáveres y acostémonos todos. Mañana decidiremos qué hacer.
- Pero…

Nene iba a protestar pero su tía le lanzo una mirada de advertencia y no lo hizo. La dejaron sola en la habitación y pocos minutos después, la joven salió corriendo hacia los establos. No iba a quedarse allí, ya que no podían asegurar su vida en ese castillo. ¿Y si el asesino se había mezclado entre los soldados? ¿Quién le aseguraba que no lo intentaría de nuevo esa noche? Además, la habían acusado a ella, cuando podría haber sido la víctima. La única forma de llevar una vida tranquila, iba a ser acabando con Mitsuhide, ahora ya lo tenía claro. Seguiría a Tsuneoki hasta Kyoto, donde pediría audiencia con el emperador y solicitaría su ayuda. Nadie iba a poder detenerla.

Tsuneoki se asomó a la proa del barco, incapaz de conciliar el sueño. No sabía decir con exactitud que le preocupaba más, su amiga o el viaje a la capital. Dejar a Nene sola había sido una decisión precipitada, casi tanto como la confesión de la joven sobre el matrimonio. Sin embargo, sabía que con Oichi estaría a salvo. Allí nadie permitiría que le pasara nada, o eso quería creer.

Por otro lado, le preocupaba no saber qué se iba a encontrar en la capital. El emperador era una persona soberbia y tramposa. Ni siquiera estaba seguro de si ellos iban a salir con vida de allí, ¿Cómo iba a arriesgar la de Nene? Tampoco confiaba en Shibata y se preguntaba si realmente Hideyoshi estaría allí. Además había otra preocupación añadida, no tenía noticas de Ranmaru. Shibata indico que habían atacado desde Kiyosu, lo cual significaba que habían conquistado el castillo. Algo totalmente lógico, ya que al no tener señor, era un blanco prioritario. Si Mitsuhide se habia hecho con su control. Iba a ser difícil derrotarlo. Eso les llevaba a tener que pedir ayuda a los Tokugawa.

Tsuneoki jamás comprendió la buena relación que tenían con Nobunaga. El líder de los Tokugawa, Ieyasu, era un hombre cobarde y falto de iniciativa. Solo se dedicaba a esperar tranquilamente en su territorio y nunca intervino en ningún conflicto. Prueba de ello era que, a pesar de todo lo ocurrido, no había enviado ayuda a Azuchi y defendido el castillo de Kiyosu. Sin embargo, si estaría en la reunión para repartir el territorio. El joven no tenía dudas al respecto.

- ¿Tu preocupación se debe a ella o a tu amigo? – pregunto Shibata colocándose al lado de él.
- Ranmaru podrá arreglárselas solo, estoy seguro.
- Creo que en el fondo, desearías que no fuera así.
- ¿Qué va a pasar con el territorio de Oda? – pregunto Tsuneoki después de estudiarlo con la mirada unos minutos e ignorando la observación - ¿Qué va a pasar con Nene?
- El emperador dividirá el territorio y nos dará las provincias a los generales. En cuanto a esa joven… con la mejor de las suertes se convertirá en concubina de alguno – notó que el joven apretaba la barandilla con fuerza – es el destino más agradable que puedo imaginar. El emperador estaba en desacuerdo con su padre y ella, no tiene decisión sobre su vida en estos momentos.
- Ella luchara por su clan.
- Su deber era haber muerto junto a su padre. Eso es lo que se espera de los hijos. Deben mantener el honor y no deshonrar a sus padres.
- Nene no ha deshonrado a Nobunaga – la defendió Tsuneoki – Ranmaru jamás la hubiera permitido morir. Le hizo un juramento a su padre. Además, él no lo hubiera permito. Estoy seguro de ello.
- ¿Qué importa un juramento cuando una de las partes desaparece? De todas formas, si fuera mi hija no permitiría que sufriera esta humillación. Convertirse en moneda de cambio para fines políticos…. Hubiera acabado yo mismo con ella.
- No conoces a Nene – sonrió Tsuneoki – esa chica no será fácil de domar. Puedes acabar con un cuchillo en tu garganta si lo intentas.
- ¿Por qué no lo has intentado tú? – Shibata soltó una carcajada al ver la cara de asombro del joven - ¿creías que no me iba a enterar  de lo que ocurrió la otra noche? Mi castillo no tiene secretos para mí. Nada te hubiera impedido tomarla en el camino y realmente, a nadie le hubiera importado. Incluso convencí a Oichi para que ella…
- ¡Señor! – Tsuneoki lo miro realmente molesto - ¡Es la hija de Nobunaga!
- ¿Quién es Nobunaga? Muerto el padre, solo queda repartir el territorio y ella, no es más que…
- No pienso permitir que sigáis deshonrando el nombre de Oda y tampoco el de Nene – Tsuneoki estaba realmente furiosos y si pudiera acabaría allí mismo con Shibata pero, debía mantener la calma – Nene es…
- Si la deseas – lo interrumpió Shibata alejándose con una sonrisa triunfal – reclámala como tuya ante el emperador. Sino lo haces, será vendida como mercancía junto al resto de territorios o incluso, algo peor.

Tsuneoki golpeo con fuerza la proa. Aquello se había convertido en algo mucho más complicado de lo que él pensaba. ¿Cómo iba a lidiar con esto? ¿Realmente podría reclamarla como suya? Si Shibata tenía razón y la joven seria moneda de cambio, era la única solución posible. Aunque sabía que esa idea a Nene jamás de gustaría,  si era la única forma de salvarla, no le importaba ser odiado por ello.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 20 Mar 2017 - 20:26

Capítulo 7

Nene noto algo húmedo en su mejilla. Molesta, movió la mano, pero lo que fuera volvió al ataque. Dio otro manotazo, pero esta vez entreabrió los ojos. De un salto se puso en pie, esperando ver a los enemigos. Sin embargo, se encontró sola dentro de un establo repleto de caballos y, el más cercano, era quien la atacaba. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era huir de Fukui en mitad de la noche. No sabía que dirección había tomado, solo quería alejarse de allí. En algún punto del camino debió ser asaltada por bandidos, recibió un golpe en la cabeza y todo se volvió oscuro.

El caballo la empujo molesto, sacándola de su recuerdo. Decidió averiguar dónde estaba y para ello, salió fuera del establo. Era un día claro y corría un poco de brisa. Parecía encontrarse en una pequeña granja, a las afueras de alguna aldea. Debía darse prisa y dirigirse a Kyoto cuanto antes.

Después de caminar un rato, llego a un mercado abarrotado de gente. Descubrió que se encontraba en un pequeño pueblo costero llamado Tsuruga, entre Fukui y la capital. ¿Cómo había llegado hasta allí? Continuo curioseando entre los diferentes puestos hasta que noto que la vigilaban. Se detuvo en un tenderete y simulo preguntar algo. En ese momento, una multitud se arremolino alrededor y, su vigilante, continúo caminando sin verla. Se trataba de un chico joven y corpulento. Nene simulo interesarse por unas telas y, cuando paso al lado de ella, lo siguió. Continuo avanzando unos minutos tras él, hasta que lo perdió de vista después de girar en un puesto de comida. Noto que le hacían señales y pudo verlo en una puerta apoyado, pidiéndole que entrara. No espero a comprobar si la joven lo seguía y esta dudo en hacerlo, pero al final se acercó. Abrió la tela y accedió al interior. Dentro solo estaba el joven sentado sobre una esterilla. La saludo e invito sentarse.

- ¿Quién eres? ¿Cómo…? – pregunto intrigada, pero el joven la mando callar.
- No me confundí cuando os vi. Sois la hija de Nobunaga. Debéis tener cuidado señora, pues muchos os buscan.
- ¿Cómo sabes…?
- Era un soldado de Nobutada. Sobreviví a lo ocurrido en el bosque gracias a que me hice pasar por soldado de Mitsuhide. Jure que si os encontraba, os ayudaría.
- ¿Cómo he llegado a Tsuruga?
- Las últimas noticias eran que estabais prisionera en Fukui, así que me dirigía hacia allí, cuando me topé con unos bandidos que se jactaban de haber conseguido a una joven como botín. Decidí ayudarla antes de continuar, pero no imagine que seríais vos. Os rescate de ellos y os aleje de Fukui, donde corríais peligro.
- ¿Prisionera en Fukui? Allí estaba con mi tía y Shibata…
- Katsuei ya no es aliado de Nobunaga. Quizás lo fuera, pero al enterarse de su muerte, ambiciona sus tierras. Nobutada sabía desde hacía tiempo que no era trigo limpio y estaba informado de sus movimientos en secreto. Sin embargo, Katsuei se enteró y, si Mitsuhide no hubiera asesinado a vuestro hermano, él lo hubiera hecho. Está casado con Oichi, por lo tanto, unido por sangre con el clan Oda.
- Entonces, el asesino de la otra noche no lo mando Mitsuhide – Nene suspiro derrotada. No podía confiar ni en su propia familia – fue una orden de Katsuei para acabar conmigo y Oichi…. Lo había permitido.
- Ella ya no es del clan. Se debe a su señor y marido. Por lo tanto, tampoco puedes confiar en ella.
- ¿En quién puedo confiar entonces? ¿En ti?
- Solo he devuelto un favor que le debía a Nobutada de hace muchos años – el joven se levantó, saludo y se dirigió a la puerta – a partir de ahora estas sola.

Nene sintió miedo y un escalofrió en forma de temblor sacudió su cuerpo. Escucho ruidos en una ventada detrás de ella y se giró. Iba a volver a hablar con el joven, pero ya había desaparecido. Lo mejor sería ocultarse hasta decidir qué hacer.

Saki abrió la puerta de la habitación y entro con la bandeja que llevaba. La coloco sobre la pequeña mesa, que se encontraba en el centro de la habitación, y sirvió una taza de té. En silencio, observo al joven, que no parecía haberse percatado de su entrada. Este se limitaba, desde hacía días, a estar apoyado en la pared y a mirar por la pequeña ventana. No se atrevía a preguntarle que le pasaba por la cabeza en ese momento, pero estaba segura que tenía un debate interno sobre si debía mantener la lealtad al clan que lo había criado o hacia su hermano. A pesar de no oír directamente nada de boca del joven, los criados no paraban de cuchichear sobre lo ocurrido entre ambos.

- Lamento que te hayas visto envuelta en esto – dijo Ranmaru después de unos minutos de silencio – si solo hubiéramos podido…
- Me encontraba sola. Si me hubiera quedado allí, ahora mismo estaría muerta.

Ranmaru recordó como la joven intento liberarlo cuando fue capturado por los soldados. Tuvo que pedir que no le hicieran daño y que si la dejaban ir con él, se entregaría voluntariamente. Accedieron a ello, prometiendo que no le harían daño, pero no debían confiar en él, puesto que lo golpearon en la cabeza.

- ¿Alguna noticia de Tsuneoki? – pregunto el joven. No podía recibir noticias del exterior directamente, pero ella parecía disponer de cierta libertad de movimiento. Eso le permitía recabar información.
- Solo sé que se van a reunir en Kyoto – respondió ella – son las únicas noticias que he podido conocer de tu amigo y tu esposa.
- Mi esposa – Ranmaru se giró de nuevo hacia la ventana simulando una pequeña sonrisa.
- ¿Has decidido que hacer respecto a tu hermano? – pregunto Saki tras unos minutos de silencio – sé que no es asunto mío pero…
- Parece que no tengo más opción que seguir la corriente que me arrastra. Es la única forma para volver a verlos.
- Te ayudare – sonrió ella – déjame ser tus ojos y oídos de este castillo.
- Esa opciones peligrosa – Ranmaru se sentó frente a ella y probo el té – no puedo permitir que te pongas más en peligro. Hablare con Tadamasa para que te deje en libertad.
- Muy amable de tu parte – sonrió Saki – pero en el mismo momento en el que se produzca mi liberación, estaré condenada a muerte. Lo note en los ojos de tu hermano. Conozco lo ocurrido aquí y en el bosque de Ryozen. Ahora mismo el estar contigo es lo que me mantiene viva.

Tsuneoki abandono el interior de la taberna y se subió a su caballo. Avanzo por la calle sin rumbo fijo, sumergió en sus pensamientos. Hacía cuatro días que había llegado a Kyoto acompañando a Katsuei y desde entonces, todo eran preocupaciones.

Se había intentado reunir con Hideyoshi en varias ocasiones, pero el emperador tenia a los generales aislados en el palacio sin poder recibir visitas. No podía trazar un plan con el general que más confianza le daba y tampoco podía hablar con Kambei, su mano derecha. Lo había dejado al mando del ejército, a las afueras de la ciudad pero, cualquier intento de acercarse, se podría considerar traición por parte de Katsuei. Para este, Tsuneoki formaba parte de sus tropas y los generales eran enemigos hasta el reparto de tierras. El único frente común era acabar con Mitsuhide.

Además, estaba preocupado por Nene. Pronto llegaron las noticias del asesinato de la doncella y la huida de la joven. A diferencia de Katsuei, no se sorprendió de la huida. De hecho, le hubiera extrañado más que se quedara obedientemente en Fukui. Aun así, le preocupaba y no se atrevía a moverse de Kyoto para ir en su busca, porque sabía que ella se dirigía hacia allí.

También lo desconcertaba que había ocurrido con Ranmaru. Se suponía que se hacía pasar por prisionero para obtener información y adelantarse a los acontecimientos, pero que enseguida se reunirían para hablar con Hideyoshi. Al menos eso era lo acordado en Azuchi antes del ataque. Pero había pasado demasiado tiempo y seguía sin saber nada de él. ¿Podrían haberlo matado? No lo veía posible. De hecho, se sorprendió cuando Tadamasa apareció y se presentó como el señor de Owari. Y mayor fue su sorpresa cuando vio a su amigo al lado de su hermano. Tsuneoki estaba convencido de que no mataría a su propio hermano o al menos, eso quería creer. Sin embargo, tampoco esperaba que ambos se unieran para gobernar Owari.

Guio su caballo por una callejuela atestada de gente, donde se hallaban vendedores de fruta, cerveza, pescado y otras mercancías. Los peatones se apartaban al paso del animal, mientras algunos trataban de venderle sus mercancías, pero él estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos y los aparto con un ademan.

En la terraza de una casa, una mujer agito una alfombra y el movimiento lo saco de sus cavilaciones, además de cubrirlo de polvo. Maldijo y tosió al mismo tiempo. Detuvo el caballo y se sacudió el polvo. La mujer bajo la mirada hacia él, se llevó la mano a la boca y desapareció por una escalera interior. Salió precipitadamente a la calle y se arrojó al suelo, balbuceando disculpas.

- No ha sido más que un accidente – Tsuneoki saludo con una inclinación de cabeza y agito las riendas.

Pronto se adentró en una calle más ancha, cuidando de circular por el centro, fuera del alcance de las mujeres dedicadas a la limpieza. Volvió a agitar las riendas, apurando el paso del caballo. Paso un umbral tras otro y la calle parecía desierta. El sol caía directamente sobre su cabeza. El calor brotaba de la tierra y fluía hacia él desde las paredes altas e irregulares de las casas, que se alzaban por encima de su cabeza. Estaba saliendo del barrio rojo o barrio del placer.
El caballo sudaba y Tsuneoki lo animo a ir más deprisa. No estaba lejos de la casa donde se alojaba, pero al llegar al final de la calle, vio un destello de piel desnuda y un vestido blanco.

Con un grito, tiro con fuerza de las riendas en el momento en que un niño se arrojó delante del caballo. El animal disminuyo la velocidad con dificultad, luego se alzó sobre sus patas traseras y relincho en señal de alarma, al ver en su camino un bulto borroso en movimiento. Tsuneoki luchaba por recuperar el equilibrio y controlar al caballo al mismo tiempo.

Viendo que le sería imposible mantenerse sobre el animal. Sin esperar a recuperar el aliento, salto a tierra e intento coger un arnés, pero se encontró rodeado de soldados con espadas y lanzas. Eran soldados de infantería, no guardia real. Tsuneoki conto nueve y comprobó que no tenía ninguna posibilidad de escapar. Dos de ellos refrenaron al caballo y lo calmaron. Oyó el resoplido de otro animal y alzo la vista para encontrarse con un jinete que avanzaba por la calle. Con el rostro inexpresivo, Ranmaru iba junto a otro hombre que no conocía. Ranmaru salto del suyo y pasó junto a Tsuneoki. Este dirigió una mirada amenazadora al recién llegado.

- ¿Qué estás haciendo, maldito seas?
- Ven conmigo.

Tsuneoki movió la cabeza con un gesto de incredulidad mientras miraba el círculo de los soldados.

- ¿Qué pasa? – Pregunto Ranmaru mirándolo - ¿No confías en mí? No… veo que no. Entonces ven porque no tienes otra opción.

Tsuneoki miro como el joven desaparecía en las negras profundidades de la casa junto a la que se habían detenido. Tres de los hombres dieron un paso hacia él, y el joven les dirigió una de las miradas que reservaba a los reclutas inexpertos que habían cometido algún error, durante los entrenamientos. Los soldados se detuvieron y el siguió a Ranmaru hacia la casa. Antes de entrar, hecho un vistazo a la calle por encima del hombro. A excepción de su escolta, habían desaparecido todos los soldados, el desconocido y su caballo. Pero de pronto apareció una mujer con un burro. Tsuneoki pensó por un momento en la posibilidad de huir, pero una mano lo cogió del brazo y lo arrastro hacia la oscuridad. Se aferró a su katana, pero la mano se desprendió de su brazo.

- Suéltala, Tsune – dijo Ranmaru – te enfrentas a lanzas.

El joven aparto las manos del cuerpo y alguien cerró la puerta. Otro soldado apareció desde el interior sosteniendo dos lámparas. Los rasgos finos de Ranmaru aparecieron bajo una lluvia parpadeante de luz. La llama amarilleaba su oscuro cabello. De repente, se quedaron solos.

- Quiero hablar contigo – dijo Ranmaru. Tsuneoki se volvió, fue hasta la puerta y puso la mano sobre la manija - Así que tú también crees las mentiras.
- ¿Qué mentiras? - El joven soltó la manija de la puerta, dio media vuelta y apoyo la espalda contra la pared.
- Puedo vivir con un vulgar mendigo Tsune o como un gran señor para recabar información. Tú, más que nadie, prestas atención a los rumores, así que debes estar enterado de todos los que circulan sobre mí. No estoy en contra de Nobunaga y no me he aliado con Tadamasa. Somos amigos desde que éramos jóvenes.
- Así es.
- Me salvaste la vida - Tsuneoki no se movió cuando Ranmaru se acercó y mantuvo la mirada clavada en los ojos de su captor.
- Si, lo hice – respondió Tsuneoki - - Y juntos hemos servido a Nobunaga.
- Es verdad.
- Y en todo este tiempo – prosiguió el joven – nunca me habías secuestrado para obligarme a cumplir tus órdenes.

Ranmaru soltó una maldición, se giró molesto y bajo la mirada. Al cabo de un rato volvió mirar a su amigo.

- Perdóname, viejo amigo. Tengo que ser cuidadoso. No puedo fiarme de nadie y si Tadamasa se entera de que nos hemos visto, me haría matar.
- ¿Y los soldados? – pregunto Tsuneoki.
- Son leales a Nobunaga. Mitsuhide puede haber puesto a mi hermano como señor de Owari, pero nadie le guarda lealtad. Solo tienen miedo de él.
- ¿Sabes algo de Nene?
- ¿Qué pasa con ella? Imagine que estaba contigo – pregunto Ranmaru atónito – iba a preguntarte como se encontraba.
- Nene huyo de Fukui y nadie sabe nada de ella ni la han visto.
- Tadamasa recibió algo de información sobre eso, pero no conozco los detalles.
- Alguien contrato mercenarios para seguir nuestro rastro y asesinarla - No hubo ni un parpadeo, ni la contracción de ningún musculo.
- Mitsuhide es un enemigo poderoso.
- Si… tan poderoso que puede enviar soldados en su búsqueda, como tú has hecho conmigo.
- Hay una diferencia – dijo Ranmaru con voz suave.
- ¿Cuál es?
- Tu un estas vivo – dijo Ranmaru y sonrió cuando Tsuneoki alzo la barbilla.
- ¿Voy a seguir estándolo?
- No… si no dejas de dudar de mí. ¿Cómo puedes preguntarme algo así? Me he dirigido a ti en busca de ayuda… Ahora pienso que debí haber hablado directamente con Hideyoshi, aunque me juegue el pellejo.
- ¿Cómo pretendes que te ayude? No puedo hablar con Hideyoshi.
- Yo te puedo colar en el banquete de mañana – sonrió Ranmaru – déjamelo a mí.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 1 Ago 2017 - 22:05

Edito el capitulo 7

Capítulo 7


Nene noto algo húmedo en su mejilla. Molesta, movió la mano, pero lo que fuera volvió al ataque. Dio otro manotazo, pero esta vez entreabrió los ojos. De un salto se puso en pie, esperando ver a los enemigos. Sin embargo, se encontró sola dentro de un establo repleto de caballos y, el más cercano, era quien la atacaba. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era huir de Fukui en mitad de la noche. No sabía que dirección había tomado, solo quería alejarse de allí. En algún punto del camino debió ser asaltada por bandidos, recibió un golpe en la cabeza y todo se volvió oscuro.

El caballo la empujo molesto, sacándola de su recuerdo. Decidió averiguar dónde estaba y para ello, salió fuera del establo. Era un día claro y corría un poco de brisa. Parecía encontrarse en una pequeña granja, a las afueras de alguna aldea. Debía darse prisa y dirigirse a Kyoto cuanto antes.

Después de caminar un rato, llego a un mercado abarrotado de gente. Descubrió que se encontraba en un pequeño pueblo costero llamado Tsuruga, entre Fukui y la capital. ¿Cómo había llegado hasta allí? Continuo curioseando entre los diferentes puestos hasta que noto que la vigilaban. Se detuvo en un tenderete y simulo preguntar algo. En ese momento, una multitud se arremolino alrededor y, su vigilante, continúo caminando sin verla. Se trataba de un chico joven y corpulento. Nene simulo interesarse por unas telas y, cuando paso al lado de ella, lo siguió. Continuo avanzando unos minutos tras él, hasta que lo perdió de vista después de girar en un puesto de comida. Noto que le hacían señales y pudo verlo en una puerta apoyado, pidiéndole que entrara. No espero a comprobar si la joven lo seguía y esta dudo en hacerlo, pero al final se acercó. Abrió la tela y accedió al interior. Dentro solo estaba el joven sentado sobre una esterilla. La saludo e invito sentarse.

- ¿Quién eres? ¿Cómo…? – pregunto intrigada, pero el joven la mando callar.
- No me confundí cuando os vi. Sois la hija de Nobunaga. Debéis tener cuidado señora, pues muchos os buscan.
- ¿Cómo sabes…?
- Era un soldado de Nobutada. Sobreviví a lo ocurrido en el bosque gracias a que me hice pasar por soldado de Mitsuhide. Jure que si os encontraba, os ayudaría.
- ¿Cómo he llegado a Tsuruga?
- Las últimas noticias eran que estabais prisionera en Fukui, así que me dirigía hacia allí, cuando me topé con unos bandidos que se jactaban de haber conseguido a una joven como botín. Decidí ayudarla antes de continuar, pero no imagine que seríais vos. Os rescate de ellos y os aleje de Fukui, donde corríais peligro.
- ¿Prisionera en Fukui? Allí estaba con mi tía y Shibata…
- Katsuei ya no es aliado de Nobunaga. Quizás lo fuera, pero al enterarse de su muerte, ambiciona sus tierras. Nobutada sabía desde hacía tiempo que no era trigo limpio y estaba informado de sus movimientos en secreto. Sin embargo, Katsuei se enteró y, si Mitsuhide no hubiera asesinado a vuestro hermano, él lo hubiera hecho. Está casado con Oichi, por lo tanto, unido por sangre con el clan Oda.
- Entonces, el asesino de la otra noche no lo mando Mitsuhide – Nene suspiro derrotada. No podía confiar ni en su propia familia – fue una orden de Katsuei para acabar conmigo y Oichi…. Lo había permitido.
- Ella ya no es del clan. Se debe a su señor y marido. Por lo tanto, tampoco puedes confiar en ella.
- ¿En quién puedo confiar entonces? ¿En ti?
- Solo he devuelto un favor que le debía a Nobutada de hace muchos años – el joven se levantó, saludo y se dirigió a la puerta – a partir de ahora estas sola.

Nene sintió miedo y un escalofrió en forma de temblor sacudió su cuerpo. Escucho ruidos en una ventada detrás de ella y se giró. Iba a volver a hablar con el joven, pero ya había desaparecido. Lo mejor sería ocultarse hasta decidir qué hacer.

Saki abrió la puerta de la habitación y entro con la bandeja que llevaba. La coloco sobre la pequeña mesa, que se encontraba en el centro de la habitación, y sirvió una taza de té. En silencio, observo al joven, que no parecía haberse percatado de su entrada. Este se limitaba, desde hacía días, a estar apoyado en la pared y a mirar por la pequeña ventana. No se atrevía a preguntarle que le pasaba por la cabeza en ese momento, pero estaba segura que tenía un debate interno sobre si debía mantener la lealtad al clan que lo había criado o hacia su hermano. A pesar de no oír directamente nada de boca del joven, los criados no paraban de cuchichear sobre lo ocurrido entre ambos.

- Lamento que te hayas visto envuelta en esto – dijo Ranmaru después de unos minutos de silencio – si solo hubiéramos podido…
- Me encontraba sola. Si me hubiera quedado allí, ahora mismo estaría muerta.

Ranmaru recordó como la joven intento liberarlo cuando fue capturado por los soldados. Tuvo que pedir que no le hicieran daño y que si la dejaban ir con él, se entregaría voluntariamente. Accedieron a ello, prometiendo que no le harían daño, pero no debían confiar en él, puesto que lo golpearon en la cabeza.

- ¿Alguna noticia de Tsuneoki? – pregunto el joven. No podía recibir noticias del exterior directamente, pero ella parecía disponer de cierta libertad de movimiento. Eso le permitía recabar información.
- Solo sé que se van a reunir en Kyoto – respondió ella – son las únicas noticias que he podido conocer de tu amigo y tu esposa.
- Mi esposa – Ranmaru se giró de nuevo hacia la ventana simulando una pequeña sonrisa.
- ¿Has decidido que hacer respecto a tu hermano? – pregunto Saki tras unos minutos de silencio – sé que no es asunto mío pero…
- Parece que no tengo más opción que seguir la corriente que me arrastra. Es la única forma para volver a verlos.
- Te ayudare – sonrió ella – déjame ser tus ojos y oídos de este castillo.
- Esa opciones peligrosa – Ranmaru se sentó frente a ella y probo el té – no puedo permitir que te pongas más en peligro. Hablare con Tadamasa para que te deje en libertad.
- Muy amable de tu parte – sonrió Saki – pero en el mismo momento en el que se produzca mi liberación, estaré condenada a muerte. Lo note en los ojos de tu hermano. Conozco lo ocurrido aquí y en el bosque de Ryozen. Ahora mismo el estar contigo es lo que me mantiene viva.

Tsuneoki abandono el interior de la taberna y se subió a su caballo. Avanzo por la calle sin rumbo fijo, sumergió en sus pensamientos. Hacía cuatro días que había llegado a Kyoto acompañando a Katsuei y desde entonces, todo eran preocupaciones.

Se había intentado reunir con Hideyoshi en varias ocasiones, pero el emperador tenia a los generales aislados en el palacio sin poder recibir visitas. No podía trazar un plan con el general que más confianza le daba y tampoco podía hablar con Kambei, su mano derecha. Lo había dejado al mando del ejército, a las afueras de la ciudad pero, cualquier intento de acercarse, se podría considerar traición por parte de Katsuei. Para este, Tsuneoki formaba parte de sus tropas y los generales eran enemigos hasta el reparto de tierras. El único frente común era acabar con Mitsuhide.

Además, estaba preocupado por Nene. Pronto llegaron las noticias del asesinato de la doncella y la huida de la joven. A diferencia de Katsuei, no se sorprendió. De hecho, le hubiera extrañado más que se quedara obedientemente en Fukui. Aun así, le preocupaba y no se atrevía a moverse de Kyoto para ir en su busca, porque sabía que ella se dirigía hacia allí.

También lo desconcertaba que había ocurrido con Ranmaru. Se suponía que se hacía pasar por prisionero para obtener información y adelantarse a los acontecimientos, pero que enseguida se reunirían para hablar con Hideyoshi. Al menos eso era lo acordado en Azuchi antes del ataque. Pero había pasado demasiado tiempo y no habia tenido noticias de él. ¿Podrían haberlo matado? No lo veía posible. De hecho, se sorprendió cuando Tadamasa apareció y se presentó como el señor de Owari. Y mayor fue su sorpresa cuando vio a su amigo al lado de su hermano. Tsuneoki estaba convencido de que no mataría a su propio hermano o al menos, eso quería creer. Sin embargo, tampoco esperaba que ambos se unieran para gobernar Owari.

Guio su caballo por una callejuela atestada de gente, donde se hallaban vendedores de fruta, cerveza, pescado y otras mercancías. Los peatones se apartaban al paso del animal, mientras algunos trataban de venderle sus mercancías, pero él estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos y los aparto con un ademan.

En la terraza de una casa, una mujer agito una alfombra y el movimiento lo saco de sus cavilaciones, además de cubrirlo de polvo. Maldijo y tosió al mismo tiempo. Detuvo el caballo y se sacudió el polvo. La mujer bajo la mirada hacia él, se llevó la mano a la boca y desapareció por una escalera interior. Salió precipitadamente a la calle y se arrojó al suelo, balbuceando disculpas.

- No ha sido más que un accidente – Tsuneoki saludo con una inclinación de cabeza y agito las riendas.

Pronto se adentró en una calle más ancha, cuidando de circular por el centro, fuera del alcance de las mujeres dedicadas a la limpieza. Volvió a agitar las riendas, apurando el paso del caballo. Paso un umbral tras otro y la calle parecía desierta. El sol caía directamente sobre su cabeza. El calor brotaba de la tierra y fluía hacia él desde las paredes altas e irregulares de las casas, que se alzaban por encima de su cabeza. Estaba saliendo del barrio rojo o barrio del placer.

El caballo sudaba y Tsuneoki lo animo a ir más deprisa. No estaba lejos de la casa donde se alojaba, pero al llegar al final de la calle, vio un destello de piel desnuda y un vestido blanco.
Con un grito, tiro con fuerza de las riendas en el momento en que un niño se arrojó delante del caballo. El animal disminuyo la velocidad con dificultad, luego se alzó sobre sus patas traseras y relincho en señal de alarma, al ver en su camino un bulto borroso en movimiento. Tsuneoki luchaba por recuperar el equilibrio y controlar al caballo al mismo tiempo.

Viendo que le sería imposible mantenerse sobre el animal. Sin esperar a recuperar el aliento, salto a tierra e intento coger un arnés, pero se encontró rodeado de soldados con espadas y lanzas. Eran soldados de infantería, no guardia real. Tsuneoki conto nueve y comprobó que no tenía ninguna posibilidad de escapar. Dos de ellos refrenaron al caballo y lo calmaron. Oyó el resoplido de otro animal y alzo la vista para encontrarse con un jinete que avanzaba por la calle. Con el rostro inexpresivo, Ranmaru iba junto a otro hombre que no conocía. Ranmaru salto del suyo y pasó junto a Tsuneoki. Este dirigió una mirada amenazadora al recién llegado.

- ¿Qué estás haciendo, maldito seas?
- Ven conmigo.

Tsuneoki movió la cabeza con un gesto de incredulidad mientras miraba el círculo de los soldados.

- ¿Qué pasa? – Pregunto Ranmaru mirándolo - ¿No confías en mí? No… veo que no. Entonces ven porque no tienes otra opción.

Tsuneoki miro como el joven desaparecía en las negras profundidades de la casa junto a la que se habían detenido. Tres de los hombres dieron un paso hacia él, y el joven les dirigió una de las miradas que reservaba a los reclutas inexpertos que habían cometido algún error, durante los entrenamientos. Los soldados se detuvieron y el siguió a Ranmaru hacia la casa. Antes de entrar, hecho un vistazo a la calle por encima del hombro. A excepción de su escolta, habían desaparecido todos los soldados, el desconocido y su caballo. Pero de pronto apareció una mujer con un burro. Tsuneoki pensó por un momento en la posibilidad de huir, pero una mano lo cogió del brazo y lo arrastro hacia la oscuridad. Se aferró a su katana, pero la mano se desprendió de su brazo.

- Suéltala, Tsune – dijo Ranmaru – te enfrentas a lanzas.

El joven aparto las manos del cuerpo y alguien cerró la puerta. Otro soldado apareció desde el interior sosteniendo dos lámparas. Los rasgos finos de Ranmaru aparecieron bajo una lluvia parpadeante de luz. La llama amarilleaba su oscuro cabello. De repente, se quedaron solos.

- Quiero hablar contigo – dijo Ranmaru. Tsuneoki se volvió, fue hasta la puerta y puso la mano sobre la manija - Así que tú también crees las mentiras.
- ¿Qué mentiras? - El joven soltó la manija de la puerta, dio media vuelta y apoyo la espalda contra la pared.
- Puedo vivir con un vulgar mendigo Tsune o como un gran señor para recabar información. Tú, más que nadie, prestas atención a los rumores, así que debes estar enterado de todos los que circulan sobre mí. No estoy en contra de Nobunaga y no me he aliado con Tadamasa. Somos amigos desde que éramos jóvenes.
- Así es.
- Me salvaste la vida - Tsuneoki no se movió cuando Ranmaru se acercó y mantuvo la mirada clavada en los ojos de su captor.
- Si, lo hice – respondió Tsuneoki - - Y juntos hemos servido a Nobunaga.
- Es verdad.
- Y en todo este tiempo – prosiguió el joven – nunca me habías secuestrado para obligarme a cumplir tus órdenes.

Ranmaru soltó una maldición, se giró molesto y bajo la mirada. Al cabo de un rato volvió mirar a su amigo.

- Perdóname, viejo amigo. Tengo que ser cuidadoso. No puedo fiarme de nadie y si Tadamasa se entera de que nos hemos visto, me haría matar.
- ¿Y los soldados? – pregunto Tsuneoki.
- Son leales a Nobunaga. Mitsuhide puede haber puesto a mi hermano como señor de Owari, pero nadie le guarda lealtad. Solo tienen miedo de él.
- ¿Sabes algo de Nene?
- ¿Qué pasa con ella? Imagine que estaba contigo – pregunto Ranmaru atónito – iba a preguntarte como se encontraba.
- Nene huyo de Fukui y nadie sabe nada de ella ni la han visto.
- Tadamasa recibió algo de información sobre eso, pero no conozco los detalles.
- Alguien contrato mercenarios para seguir nuestro rastro y asesinarla - No hubo ni un parpadeo, ni la contracción de ningún musculo.
- Mitsuhide es un enemigo poderoso.
- Si… tan poderoso que puede enviar soldados en su búsqueda, como tú has hecho conmigo.
- Hay una diferencia – dijo Ranmaru con voz suave.
- ¿Cuál es?
- Tu un estas vivo – dijo Ranmaru y sonrió cuando Tsuneoki alzo la barbilla.
- ¿Voy a seguir estándolo?
- No… si no dejas de dudar de mí. ¿Cómo puedes preguntarme algo así? Me he dirigido a ti en busca de ayuda… Ahora pienso que debí haber hablado directamente con Hideyoshi, aunque me juegue el pellejo.
- ¿Cómo pretendes que te ayude? No puedo hablar con Hideyoshi.
- Yo te puedo colar en el banquete de mañana – sonrió Ranmaru – déjamelo a mí.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Dom 29 Oct 2017 - 19:00

Capítulo 8

Nene traspaso las inmensas puertas de la ciudad acompañada de un pequeño grupo de artistas ambulantes. Los encontró cuando salía de un pequeño pueblo. Un niño se había perdido y ella ayudo en su búsqueda. Como agradecimiento, le dejaron que los acompañara.

La ciudad bullía de actividad y a medida que avanzaban, los ciudadanos iban mostrando curiosidad por los artistas. La joven fue apartándose de la multitud poco a poco, hasta que se escabullo entre un grupo de jóvenes que se habían parado a hablar con unas chicas. Si se quedaba allí, tenía más posibilidades de ser descubierta y, necesitaba pasar desapercibida.

Lo primero que hizo fue recabar un poco de información.  Para ello, se adentró en el barrio de ocio. Seguramente desde que estaban allí los generales, se habían producido fiestas y banquetes todas las noches. Si se buscaba información importante, era allí. Estuvo tentada a ir al Barrio Rojo, el barrio del placer, donde seguramente le sería más fácil saber algo. Las mujeres de placer solían ser más indiscretas. Sin embargo, no se atrevía ella sola y no tenía con que pagar la información. Debía que llegar hasta Tsuneoki y contarle la traición de Katsuei, aunque antes lo mataría por dejarla sola. Deambulaba por la calle cuando de una de una casa escucho gritos.

- ¡Esa pequeña rata! – parecía la voz de una mujer mayor.

Una multitud se congrego casi al instante en la puerta. La joven se mezcló entre los curiosos. Vio a una niña de unos 12 años, arrodillada frente a dos mujeres mayores y una geisha, que se apoyaba en la puerta.

- Se supone que debías vigilarla – gritaba una mujer mayor a la niña - ¿Cómo ha podido huir?
- Midori nos pidió que fuéramos a buscar melocotones – dijo la niña – se escapó mientras pagaba.
- ¿Melocotones? – la mujer mayor miro a la geisha - ¿Es eso cierto? Había melocotones aquí dentro, ¿Por qué…?
- ¡La has ayudado a huir! – la mujer mayor cogió a la geisha, que se había quedado perpleja, y se adentraron en la casa.

La otra mujer levanto a la niña y de un brazo la llevo para dentro también. La multitud empezó a susurrar entre ellos, pero pronto se hizo el silencio. Los gritos que se dirigían unas a otras llegaban a la calle.

- Esa niñata me estaba chantajeando – gritaba la geisha – tuve que hacerlo. Iba a decírtelo todo.
- Las geishas no pueden tener amantes – gritaba la mujer – has deshonrado esta casa. Quítate la ropa ahora mismo. Serás llevada al Barrio Rojo.

Una exclamación recorrió la multitud. Nene pregunto a la gente que estaba a su alrededor que pasaba.

- No hay mayor deshonra para una geisha que ser desterrada al Barrio Rojo – le explico un comerciante – tienen prohibido tener relaciones con los clientes o enamorarse.  Si se descubre pierden el estatus y son vendidas al Barrio Rojo, donde continuara pagando las deudas como geisha, aunque ya no lo sea.
- ¿Qué van a hacer ahora? Solo tiene esta geisha y las maiko son demasiado jóvenes para ir al banquete de esta noche – dijo una joven.
- ¿Banquete? – pregunto Nene.
- El shogun ha decidido dar un banquete esta noche – explico el comerciante – van a estar presentes todos los generales. Todas las casa tienen orden de enviar una geisha.

Nene sonrió. Había encontrado la forma de acceder a ese banquete.

Tsuneoki se encontraba cerca del rio observando distraído como los pescadores faenaban. Corría el rumor de que Mistuhide había añadido a su ejército  los monjes supervivientes del monte Hiei. Si eso era cierto, debían actuar con rapidez. Quizás decidiera atacar Kioto, aunque no lo creía muy probable. Todos los generales estaban aquí y también Tadamasa, quien era su aliado. Además, estaban también las tropas del Shogun. Por lo tanto, presentarse aquí, sería un suicidio. ¿Tal vez estaba usando a Tadamasa de escudo? ¿Quería conocer a través de él, cuantas alianzas tenia? El emperador lo había aceptado como gobernador de Owari, por lo tanto podía acceder al reparto de tierras.

También le preocupaba su amigo. ¿Realmente podía confiar en él? Era cierto que lo había dejado marchar y que le prometió un medio para acceder al banquete, pero verlo cerca de su hermano no le inspiraba confianza. Ranmaru nunca había ambicionado el poder, pero tampoco traicionaba a la familia. Otra preocupación que añadir a su lista era el hombre que lo acompañaba. ¿Quién podría ser? ¿Quizás un sirviente? ¿Un espía? Demasiadas preguntas sin respuesta.

Algo cayó al suelo y lo saco de sus pensamientos. Un joven pescador había dejado caer la mercancía al paso de unas jóvenes que se dirigían a lavar la ropa. Rápidamente fue reprendido por su superior mientras las chicas reían divertidas. Tsuneoki suspiro y pensó en Nene. ¿Dónde se habría metido? Ranmaru ni se inmuto cuando le dijo que desconocía su paradero. ¿Acaso sabía algo y le estaba ocultando información?

Un leve movimiento entre los arbustos llamo su atención. Al fijar la vista, pudo ver al hombre que acompañaba a Ranmaru. Seguía completamente vestido de negro y le llamo la atención lo bajo que era. Estaba claro que se trataba de un ninja. La risa de la jóvenes volvió a captar su atención momentáneamente y cuando regreso al arbusto, ya no había nadie. Se dirigió hacia el punto donde había estado el hombre y encontró una pequeña placa de madera que tenía escrito: “cocina”. Atada con un cordel, se encontraba una nota: No es la manera más honrosa de entrar, pero servirá. Hideyoshi te estará esperando”.  Tsuneoki no pudo disimular una sonrisa. Introdujo la madera en la manga y se alejó.

Tsuneoki atravesaba los corredores del palacio tan rápido como podía. Todavía faltaban unas horas para el comienzo del banquete, pero la actividad en la cocina era tan frenética, que no tuvo ningún problema para acceder a la misma. Además, su disfraz de criado, no le delataba y le permitía pasar entre los guardias sin levantar sospechas.

No tenía muy claro que esperar de Hideyoshi pero era uno de los generales más fuerte y estaba seguro de que nunca traicionaría a los Oda. Seguramente ya tenía algo en mente, pero Tsuneoki no sabía si podría obtener su confianza para que se lo contara. También estaba el tema de Nene. Iba a pedirle que intercediera por el ante el emperador, para que le permitirá casarse con ella. No iba a dejar que la joven pasara más miseria o fuera vendida como mercancía. Iba a mantener su juramento a Nobunaga. Además, ella por fin había dado un paso hacia él y no iba a desperdiciar la oportunidad. Sus sentimientos, ocultos por tantos años, parecían correspondidos.

Abrió una puerta que daba a un jardín interior y se topó con Kambei. El hombre cojeaba nervioso de un lado para otro. Se puso a la defensiva al notar que se abrió la puerta, pero en cuento lo reconoció, le indico que avanzara y le dio una palmada en el hombro en señal de saludo.

- Muchacho, Hideyoshi espera su té.

Llegaron hasta una pequeña casa de té y Kambei le pidió que esperara un momento. El hombre, se perdió por detrás de la casa y a los pocos minutos, abrió la puerta corredera. Hideyoshi leía unos papeles, pero levanto la vista cuando Tsuneoki se arrodillo y lo saludo.

- Tu idea de inundar el foso del castillo fue estupenda. La rendición fue más rápida de lo esperado. Tienes un gran futuro como general y estratega.
- Gracias señor, pero…
- También fue una gran idea dejar a Nene a cargo de su tía. En el norte, estará segura y no podrá caer en manos de Mitsuhide.
- Sin embargo…
- Si – lo interrumpió Hideyoshi – conozco a esa niña tan bien como tú. Sabíamos que no iba a permanecer allí mucho tiempo.
- Nene… nadie sabe dónde está.
- Casi mejor así – Hideyoshi cogió él te que el joven le ofrecía – vivirá una vida más tranquila.
- ¿Qué está pasando? No entiendo nada. ¿Por qué Mitsuhide ataco a Oda?
- Realmente no conozco los motivos. Nobutada era quien más tiempo pasaba con su padre y quien conocía todos sus secretos. Sin embargo, si conozco un poco a Mitsuhide. Siempre ambiciono más poder del que tenía. Por encima de él solo estaba Nobunaga y el emperador.
- ¿Solo porque ambicionaba más poder?
- ¿Aniquilarías a todo un clan solo por eso? – Hideyoshi sonrió tristemente ante la negativa del joven- hubiera sido más sencillo dejar a alguna hija de Nobunaga viva, aparte de Nene y casarse con ella. Así podría reclamar todo el territorio. No…. Mitsuhide busca algo más.
- Es  una venganza personal.
Ambos se mantuvieron en silencio durante unos minutos pensando cual podría ser el motivo.
- Ranmaru…. Lo he visto acompañando a Tadamasa – dijo Hideyoshi como si se acabara de acordar del joven - ¿podemos confiar en él?
- Le confiaría mi vida – sonrió Tsuneoki.
- Es bueno saber que contamos con aliados en el otro bando – Hideyoshi se levantó – ven conmigo al banquete Tsuneoki. Serás mi invitado.
- Pero Katsuei…
- No te preocupes, no se atreverá a decir nada.
- Señor…. Tengo… una última petición. Es en referencia a Nene…
- Hablemos en el banquete – dijo Hideyoshi.

Nene abrió la puerta donde se había escondido y miro a ambos lados. No había nadie en el pasillo, así que salió, se arregló el kimono y cerró la puerta antes de avanzar por el pasillo. Cuando se le ocurrió la idea de entrar al palacio, pensó que era fantástica, pero luego cayó en la cuenta de que podía ser descubierta y se acobardo. Así que, cuando las geishas esperaban en una sala para acceder al banquete, se escabulló por una puerta lateral y robo un kimono de sirviente.

La joven atravesaba los corredores tan rápido como podía. Temía ser descubierta y estaba acalorada y empapada en sudor. Notaba su respiración en medio del silencio. Aun así, no le pasó desapercibido que todo estaba demasiado tranquilo. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaban los guardias que debían vigilar? Salió a un lado exterior del palacio, donde había un jardín y en frente las murallas. Para no perderse, caminaba pegada a ellas. El camino era sencillo y, además, contaba con la seguridad de los arbustos en caso de peligro. Escuchaba murmullos al otro lado de la muralla, pero no llegaba a entender que decían. De momento decidió centrarse en un solo asunto, averiguar porque estaba todo tan silencioso cuando debería haber un banquete. Al acercarse a una puerta lateral, vio que estaba abierta y que por ella, pasaba una pequeña comitiva de hombres armado. Iban de negro con una cinta roja en la cabeza. Algunos estaban heridos y se preguntaba si venían de una batalla y contra quien habían luchado. Sin embargo, no reconocía ese uniforme y tenía un temor intenso que comenzó a crecer en su cabeza, pero la sacudió, queriendo rechazar la idea rápidamente. Pasando entre los arbustos, llego a la puerta lateral y espero a que estuviera vacía para entrar.

No había nadie en el pasillo. Se aventuró por él y bajo las escaleras. Por la ubicación debía estar cerca de las cocinas, pero no estaba segura. Tras abrir una puerta, dio con un pequeño patio interior. Un viento frio la hizo temblar y avanzo corriendo hacia la otra puerta del patio. Al abrirla dio con otra habitación, donde había un pequeño altar y varias espadas. Estaban manchadas de sangre y horrorizada se preguntó que podría haber pasado.

Escucho voces procedentes del patio que se dirigían hacia allí. Se escondió dentro de un armario lateral y espero. Dos soldados entraron y cogieron varias espadas. Ambos parecían satisfechos con el resultado que había tenido el plan y que apenas hubiera bajas. ¿Qué plan y que bajas? ¿Habían atacado el palacio? ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Dónde estaba el emperador? ¿Cómo habían atacado el palacio con todos los generales en él? ¿Y Tsuneoki? ¿Qué había pasado con él?

Cuando estaba segura de que se habían alejado, salió del armario. Dejo la habitación y volvió a cruzar el patio, aunque no sabía a donde dirigirse. Salió otra vez al exterior y avanzo un poco más para entrar por otra puerta.  Al abrirla llego a un pequeño pasillo. Tenía más habitaciones a ambos lados, pero no quiso entrar en ninguna. Sin embargo, se giró cuando escucho pasos detrás de ella. Alguien la seguía, por lo que rápidamente se metió por una de las puertas y espero a que pasara el peligro.

Había entrado en una sala con una mesa y varias sillas, se preguntaba porque había ese tipo de mobiliario occidental en palacio, cuando todo el mundo sabía que al emperador no le gustaban los barbaros No había tiempo para preguntas. Debía esconderse pronto o la descubrirían. Vio una puerta lateral que estaba entreabierta, posiblemente un  pasadizo y decidió escapar por allí. Justo cuando iba a dar un paso, una mano le agarró del brazo. Se giró asustada pero le taparon la boca para que no gritara y se vio con una katana al cuello. Ella se revolvió para huir, pero su captor la libero, para sorpresa de la joven quien fue incapaz de gritar. Cuando vio de quien se trataba, se calmó.

- ¡¿Ranmaru?! - la joven se apoyó aliviada contra la pared, pero se sobresaltó al ver al joven tan magullado. Podía ver la sangre en la espada que tenía en el suelo, así como heridas y cortes en la cara y manos - ¿Qué te ha pasado?

El joven no respondió en un primer momento y se limitó a mirarla en silencio. La última vez que la vio, se había marchado con Tsuneoki y estaba casi seguro de que no los volvería a ver. No sé si estaba más sorprendido de verla allí o de que estuviera ilesa. Ella lo miraba apremiante.

- Estaba de guardia para el banquete cuando me avisaron de que un grupo armado estaba intentando asaltar el castillo. He ayudado a evitarlo.
- ¿Y Tsuneoki? ¿Lo has visto?
- Está en el banquete - respondió lentamente recogiendo la espada y guardándola en su funda - Hideyoshi está con él.
- Llévame con ellos. Necesito hablar con Hideyoshi.
- No podemos entrar sin más en el banquete. En cuanto de te vean, podrías ser detenida.
- ¿Detenida? Soy la hija de Oda Nobunaga, descendiente directa del señor de Owari y por lo tanto, tengo derecho de estar en ese banquete como un general más.
- Nene… - Ranmaru no sabía cómo darle la noticia – Owari ha caído. Tadamasa es el dueño y señor de Owari ahora.
- ¿Tadamasa? – la joven se quedó pensando unos momentos y luego miro atónita a su amigo – tu… tu hermano.
- Ven conmigo – Ranmaru la cogió de la mano y avanzo por el pasillo de vuelta al exterior – salgamos de aquí. En cuanto me sea posible te llevare con Tsuneoki y con Hideyoshi.
- Recuerdo cuando tu hermano nos dejó – Nene sonaba apenada – juro venganza sobre mi padre.
- No somos responsables de su desgracia.
- Ha cumplido su amenaza… ha destruido… lo que quedaba del clan Oda.
- Tadamasa sufrió una herida incurable. Ahora es una máquina de guerra, un concentrado de odio y resentimiento que solo puede encontrar alivio en el dolor ajeno.
- Pero el…
- Se ha convertido en un problema que debe ser eliminado.

Salieron al jardín. Un grupo de soldados estaba allí. Al verlos desenfundaron pero enseguida reconocieron a Ranmaru y los dejaron pasar. Cuando paso Nene, no pudieron reprimir unas risas. Salieron al exterior del palacio y la condujo por unas calles vacías hasta una pequeña casa.

- ¿Qué hacemos aquí? – pregunto ella – Te dije que tenía que hablar con…
- No puedo sacarlos del banquete – Ranmaru abrió la puerta – no es muy lujosa, pero te servirá para descansar. Mañana hablaras con ellos.
- Pero…
- Sin rechistar – Ranmaru cerró la puerta después de que ella entrara – te voy a preparar un baño. Descansa mientras tanto
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Dom 10 Dic 2017 - 21:23

Capítulo 9

Nene se acomodó en el agua caliente y cerró los ojos. Ni en sus peores pesadillas hubiera pensado que Owari caería. Todo esto era una locura y sus ideas de reclamar la provincia, se habían ido al traste. Observo la luna entre los barrotes de la ventana y se incorporó. Esta era grande y brillante como se veían en el castillo de Kiyosu. El viento movió las ramas de un sauce y vio los papelillos de los deseos. Era tanabata, la fiesta de las estrellas.

- Padre… hoy es noche de teatro Noh – suspiro tristemente.

La noche de Tanabata, Nobunaga siempre organizaba una velada con teatro Noh y luego, daba un banquete. El calor del verano, obligaba a celebrarlo en uno de los fosos del castillo. Además, era una de las pocas ocasiones en las que se permitía que tanto hombres como mujeres, estuvieran juntos disfrutando del espectáculo.

Nene estaba sentada en una de las tribunas con su padre y Hideyoshi. La joven  intentaba distraerse con algo, pero Nobunaga carraspeaba para que volviera a centrarse en la explicación que el general estaba dando sobre los trajes de los actores. La joven buscaba entre el gentío a sus amigos para pedir auxilio. Diviso a Tsuneoki, que hablaba con la hija de un general. Cuando sus miradas se cruzaron, el joven no pudo reprimir una sonrisa y después de despedirse de la chica, se acercó hasta ellos. Sin embargo, no interrumpió a Hideyoshi, para frustración de Nene.

- Puedes irte – dijo de repente Nobunaga – creo que hoy querrás estar entre la gente.

La joven se levantó y pasó como una exhalación al lado de los hombres. Hideyoshi movió la cabeza con desaprobación. Nobunaga soltó una carcajada al mirar al general.

– Creo, amigo mío, que no todos tienen nuestro gusto por el teatro Noh. Tsuneoki, acompáñala.

El joven saludo y salió tras ella. La joven había accedido a una de las torres laterales y la encontró cerca de una ventana. Esa noche corría una ligera brisa que llevaba el ruido de la ciudad. Tsuneoki se acercó a ella, pero no dijo nada.

- Hoy es Tanabana – dijo la joven - ¿Escuchas ese ruido Tsune? La gente se divierte y nosotros aquí, viendo teatro. A veces desearía que el Noh, dejara de existir.
- Si Hideyoshi te escucha, se enfadaría – rio el joven – no creo que Nobunaga te pida que vuelvas. De todos modos, creo que el problema no es el teatro. ¿Qué te pasa?
- ¿Crees que podríamos salir a pasear? – pregunto ella después de un rato de silencio.

Tsuneoki asintió, pero fue llamado por un general de Nobunaga. La joven le dijo que fuera y que lo esperaría allí. Ella fue a cambiarse. El kimono que llevaba, tenía demasiadas capas y le incomodaba demasiado. Un sencillo yukata sería más cómodo para lo que ella quería. Al regresar, era Ranmaru quien la estaba esperando. La hija pequeña del general tenía que volver a casa y ese hombre, le había confiado la tarea a Tsuneoki, el cual no había podido negarse.

- Tanto las doncellas como las hijas de los generales solo hablan de Tsune y de ti – rio Nene – incluso las mujeres casadas. Que ocurrirá cuando os comprometáis.
- No estoy interesado en eso. ¿Vamos?

Ranmaru siguió a la joven hasta una puerta lateral de la muralla. Cuando estaba a punto de abrirla, el joven la aparto y negó con la cabeza.

- ¿Quieres que tu padre me mate?
- Quiero ver los fuegos – dijo ella con una enorme sonrisa – por favor.
- Hoy es el día que más gente hay en…
- Por favor…

Ranmaru suspiro y le pidió que esperara un momento. Salió corriendo por un lateral y a los pocos minutos regreso con una katana a la cintura.

- Solo por precaución, pero tienes que prometerme que me obedecerás es todo lo que diga.
- Gracias Ranmaru.

Sin ser vistos llegaron al centro de la ciudad, donde los farolillos iluminaban las calles y los pequeños puestos daban ambiente festivo. Ranmaru se adentró por callejones repletos de gente, y así consiguió esquivar a las patrullas. Nene iba a su lado, agarrada a la mano del joven para no perderse. Llegaron a la orilla del rio, donde comenzaría el espectáculo.

- Conoces muy bien la ciudad – sonrió ella – eres un fantástico guía. Ojala pudiera salir más a menudo para…
- Esto no lo hago por cualquiera y además, no se volverá a repetir. Me estoy jugando el cuello.
- Tu vida me pertenece – dijo ella acercándose a una mesa repleta de papeles y escribiendo en él. Luego lo colgó en un árbol cercano, al lado de otros deseos – es mi deseo que Ranmaru sea mi guardián para toda la vida.
- Eso no hace falta que lo desees, Nobunaga…
- Obedecerás solo mis órdenes. No puedes abandonarme.
- ¿Qué ocurrirá cuando te cases? No puedo ir contigo. Además, podría morir en cualquier…
- Te prohíbo morir sin mi permiso – Nene se colocó frente a Ranmaru – tu vida, es mía.

El primer estallido anuncio los fuegos y ella se giró emocionada. Ranmaru la miraba atónito, preguntándose si era consciente de lo que acababa de decir. Estaba seguro de que no, pero se puso a su lado y sonrió.

- Como órdenes, señora.

Nene se levantó y salió del agua. Debía deshacerse de todos los recuerdos de días mejores y centrarse en su nueva meta. Ranmaru la esperaba en una pequeña sala removiendo unas ascuas. Al lado del joven había dos platos con comida y unos dulces con forma de hoja.

- Supuse que tendrías hambre. Salí a comprarlos mientras estabas en el baño. Ha costado conseguirlos, pero recuerdo que te gustaban estos fideos somen.
- ¿Acaso soy una niña? – pregunto ella, ya que era un plato típico para los niños en tanabata. Ella sonrió agradecida – te has acordado de que día es.
- Las celebraciones ya casi han acabado. Apenas queda gente en la calle, excepto en el banquete. Aun así – Ranmaru saco unos papelillos – si quieres podemos colgarlos.
- Ranmaru – Nene se sentó frente a él y comenzaron a comer – cuando me encontraste, dijiste que habían atacado el castillo. ¿Quiénes eran?
- ¿Acaso importa? Conseguimos detenerlos sin altercados. Los hombres del emperador se han hecho cargo y no han logrado su objetivo.
- Tú herida…
- Estoy bien – sonrió el – no puedo hacer mucho esfuerzo, pero me recuperare. Además, creo que cierta persona me dio órdenes de no morir.
- ¡Que! Aun… aun no recuerdas…
- No te pongas nerviosa – Ranmaru soltó una carcajada – solo era una broma. Estoy cumpliendo las últimas órdenes de Nobunaga.

Continuaron comiendo en silencio hasta que terminaron. Nene se levantó y cogió uno de los papelillos. Ranmaru la siguió hasta un sauce cercano. La joven colgó el papel y se giró.

- Ranmaru, te libero de tu juramento con el clan Oda – dijo Nene de repente – eres libre. Ya no hay ningún clan al que jurar lealtad.
- ¿Qué estás diciendo?
- Cuando hable con Hideyoshi, iré a por Mitsuhide. Una vez acabe con él, seguiré a mi padre. El clan…
- ¿Qué idioteces estas diciendo? – Ranmaru la cogió del brazo –no pienso permitirlo.
- ¿Quién te crees que eres? – Nene se soltó – no tienes ningún derecho…
- ¿Crees que esto lo hago por los Oda? ¿Crees que te he ayudado, protegido y cuidado solo porque tu padre me lo ordeno? ¿Acaso eres tan idiota para creer eso?
- ¡Claro que no! Eres mi amigo, por eso…
- No te debo lealtad Nene. No soy tu esclavo. Yo… – Ranmaru se puso frente a ella y la observo durante unos instantes. Ahora comprendía las palabras de su hermano: “tu lealtad nunca ha pertenecido a Nobunaga”. Había intentado negarlo, sabía que su deseo era imposible y lo oculto en lo más profundo de sus pensamientos. Por eso, al ver que iba a entregar su vida por una simple venganza, hacía que se enfureciera con ella. Cogió aire para calmarse y después se giró – es tarde. Deberías ir a dormir.
- Mori Ranmaru, no he terminado de…
- Pero yo si – dijo el alejándose – mañana hablaras con Hideyoshi. Descansa.

Pasaba la medianoche, cuando el emperador decidió que ya había bebido suficiente. Se encontraba mareado y, como el ambiente estaba cargado, quiso salir a una pequeña terraza. Llamo a un sirviente, quien recibió unas órdenes y se alejó. A los pocos minutos, unas geishas aparecieron a su lado. Atravesó la sala acompañado por ellas, pues se habían ofrecido a acompañarlo y él había aceptado. No había parado de mirar a una de ellas en toda la noche.

Paseando por el jardín, aun podían escuchar los últimos clamores de la fiesta. La geisha que iba a su derecha, intentaba entretenerlo con algún cotilleo, pero él quería llegar rápido a su habitación. Al doblar una esquina, se quedó parada y el dirigió la mirada hacia donde la joven miraba. La guardia personal custodiaba la entrada al pabellón real.

Avanzaron hacia ellos y la chica que estaba a la derecha, se quedó con ellos, manteniendo una conversación erótica. El emperador y su otra acompañante, caminaron deprisa al interior del pabellón.

- Que nadie me moleste – ordeno antes de perderse en la oscuridad.

En la oscuridad de la noche, apenas eran visibles, pues se escondían entre los huecos del corredor para dar rienda suelta a la pasión cada pocos pasos. Sin embargo, el emperador tardo poco en encontrarse mal. Se apoyó en la pared con un leve mareo, que rápidamente se convirtió en otros síntomas. Primero se le paralizaron los labios y luego el resto del cuerpo. La geisha le pregunto si estaba bien, pero no podía hablar, solo resbalo por la pared debido a que se había quedado sin fuerzas para sostenerse y, le suplicaba ayuda con la mirada. Ella, dio un paso atrás, temerosa de que pudiera ser contagioso, pero escucho crujidos detrás de ella y al volverse, un hombre salió de entre las sombras. La chica grito, agito los brazos en señal de defensa y, sintió una punzada de dolor antes de desplomarse. A pesar de estar paralizado, el emperador lo presencio todo durante los últimos minutos de su vida.

Tsuneoki se encontraba dentro de la habitación de Hideyoshi. Cuando el emperador había abandonado el banquete, los generales fueron marchándose poco a poco. Katsuei le hizo una seña para que lo siguiera, pero Hideyoshi lo mando llamar, por lo que no pudo negarse. También vio a Ranmaru desaparecer poco antes de que el emperador se marchara, se preguntaba donde había ido.
Durante el banquete, había sido un espectador de todo lo que ocurría. Observo como se formaban alianzas entre los diferentes generales y de cómo se repartían las riquezas antes de tenerlas en sus manos. ¿Realmente se iba a dividir todo el territorio? ¿Para que habían provocado tantos años de lucha y muertes, si luego iba a acabar así?

Hideyoshi entro por una puerta lateral a su habitación y se sentó frente al joven. Durante unos minutos ninguno dijo nada.

- Lo que has presenciado esta noche, es el comienzo de la guerra. Dentro de poco, todo se volverá caos. Una vez hayamos acabado con Mitsuhide, todas las alianzas se romperán.
- Tadamasa y Katsuei….
- Tiene muy bien aprendido con quien aliarse. Mitsuhide ha encontrado un buen peón en el. Los he visto hablar durante toda la noche. Tendremos que tener cuidado con ellos.
- Hablare con Ranmaru mañana a primera hora.
- También tengo noticias de Nene – Hideyoshi sonrió ante la cara de sorpresa del joven – mi red de espías funciona muy bien. Un grupo de acróbatas ambulantes ha llegado a la ciudad. Comentaron que alguien con sus rasgos, los acompaño durante el camino.
- Entonces…
- Si yo he conseguido esa información, Tadamasa y el emperador también la tienen que conocer. Si quieres encontrarla antes que ellos, tendrás que darte prisa.
- Respecto a ella… en el banquete no hemos podido hablar. No puedo permitir que sea usada como moneda de cambio. Quiero que me permitas casarme con ella.
- No tengo poder sobre ella.
- Pero ya no queda nada de su clan. Hideyoshi, le hice un juramento a Nobunaga, prometí cuidar de ella… yo… es la única forma que conozco para que no sea tratada como un objeto.
- Tú la estas tratando como tal al pedirme su mano – Hideyoshi sonrió – además, ¿Qué autoridad tengo yo?
- Ella cumplirá lo que tu órdenes. Eres la única persona a la que obedecerá.
- El emperador  no era amigo de Nobunaga. Intentará tomar venganza a través de ella. Hare lo que pueda. Descansa Tsuneoki, mañana será un día largo.

Saki miro a ambos lados y comprobó que nadie la había seguido. Dio unos golpes en la puerta y espero a que abrieran. Ranmaru apareció frente a ella y la invito a pasar. La joven se sorprendió al ver allí a Nene, quien estaba terminando de desayunar.

- Tu esposa…. La has encontrado.
- Llego ayer a la ciudad con unos familiares – mintió Ranmaru – en cuento me avisaron fui a buscarla.
- Gracias a los dioses que ella está bien – Saki volvió a mirar al joven – estoy aquí por algo urgente. Tienes que volver inmediatamente.
- No puedo dejar sola a Nene.
- Yo me quedare con ella. Es importante que vayas.
- Pero…
- Iré al templo a agradecer a los dioses que tuve buen viaje y te encontré – dijo Nene de repente – Ranmaru, vete. No te preocupes. Saki vendrá conmigo y cuando vuelvas, trae a Tsuneoki.

El calor ya apretaba cuando llegaron a la entrada del templo.  Se acercaron al altar, lanzaron unas monedas y comenzaron a rezar en silencio. Después de unos minutos, ambas volvieron a dirigirse hacia la entrada del recinto. Saki se detuvo frente a un pequeño puesto, donde un sacerdote vendía talismanes y amuletos. La joven comenzó a preguntar sobre los mismos, pero la atención de Nene, se desvió hacia una mujer, que la observaba tras una columna. Iba vestida de sacerdotisa y al cruzarse las miradas de ambas, esta bajaba la vista, para levantarla poco después. Nene se separó de Saki y se dirigió al lugar donde estaba la mujer.

- Eres la chica que aparece en mis sueños – dijo está sonriendo – te esperan grandes aventuras, pero también muchas derrotas.
- Eres una adivina – Nene recordaba que su padre las odiaba - ¿Cuáles son esas derrotas?
- El futuro está en manos de los dioses. Hay cosas que no debes saber. A veces se castiga a quien quiere descubrir lo que está oculto. Ahora, márchate.
- No me has dicho nada.
- ¿Estas enamorada? – la sacerdotisa sonrió al ver que la joven se ruborizaba – puede que ahora sea tu caballero, pero difícilmente será más.
- ¿Le gusto?
- Os ama.
- ¿entonces…?
- Un gran poder se opone.
- ¿Cuál?
- Dije que te amaba, quédate con el amor. Todo lo demás está rodeado de horrores. No quieras saber más.
- Pero…

Nene no pudo seguir preguntando, ya que la mujer dio media vuelta y huyo al interior del templo. La joven se sentía extraña cuando volvió al lado de Saki. Ahora entendía porque su padre odiaba a los adivinos. Eran todos unos embaucadores.

Ranmaru tardo más de lo que pensaba en atravesar las puertas del palacio. Los soldados hacían controles exhaustivos y retenian a todo el mundo. Cuando llego al patio central, vio a Tsuneoki salir del cuartel. Los criados corrían de un lado hacia otro y todo era un caos. El joven pensó que se debía a la reunión que se celebraría. Tsuneoki le pidió que lo siguiera y lo llevo hasta un lateral de la muralla, donde no serían molestados.

- El emperador ha sido asesinado.
- ¿Qué? – Ranmaru lo miro atónito.
- No conozco los detalles. Hideyoshi ha sido quien me ha informado esta mañana. El me comento que pronto se iba a desatar una guerra. Parece que este es el comienzo.
- ¿Por eso me has llamado a través de Saki? Tadamasa me lo habría contado, no hacía falta…
- Te he llamado por un asunto más urgente. Nene está en la ciudad. Hideyoshi lo sabe y seguramente Tadamasa también. Tenemos que encontrarla antes que él. Se la entregara a Mitsuhide en cuanto la tenga. Nos dividiremos y…
- Esta conmigo – Tsuneoki lo miro sorprendido – ayer la encontré dentro del palacio y me la lleve. Pedía verse con Hideyoshi.
- Este quiere verla. Teme que la usen para términos políticos. ¿Dónde está?
- Iba con Saki al templo.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Dom 8 Abr 2018 - 22:59

Capítulo 10

Nene y Saki avanzaron por la enorme avenida que bajaba del templo y que estaba repleta de puestos. El día se había nublado y amenazaba con llover en cualquier momento. Saki paro frente a un puesto de frutas y regateo el precio de unas manzanas. Luego, pasaron  cerca de otro puesto y compraron unos dulces. Las jóvenes iban entretenidas con su charla y disfrutando de una tranquila mañana. Saki volvió a pararse frente a un puesto de telas. Discutió sobre el precio de varias y cuando fue a pedir la opinión de Nene, esta había desaparecido.

Comenzó a llamarla a gritos, atrayendo la atención de la calle. Una mujer que vendía cestos de mimbre dijo haberla visto momentos antes y oír gritos desde una casa que parecía deshabitada. Saki pidió que buscaran ayuda mientras forcejeaba con una puerta sólidamente atrancada. No podía abrirla.

Dentro de la casa, a Nene le taparon los ojos y la ataron, pero como se debatía, anudaron las cuerdas de los pies con las de las manos, de forma que impidiera casi totalmente sus movimientos. Volvió a invadirla un sentimiento de impotencia al saber que estaba a merced de esos rufianes y de lo que quisieran hacerle. Eso la hizo temblar y un nudo se formó en su garganta. Fue entonces cuando oyó golpes en la puerta  y la voz de Saki pidiendo que abrieran. Aquello le dio esperanza.

Hideyoshi atravesó la sala principal y se sentó frente a la silla del emperador, ocupada ahora por un monje. La muerte del emperador se había extendido como la pólvora  y todos querían saber que había pasado. Sin embargo, tardarían unos días en esclarecer los hechos. Aquella le daba ventaja a Mitsuhide, ya que dejarían apartada la venganza contra el para centrarse en el heredero al trono. El candidato, desde luego, no era ninguno de los generales y el hijo del emperador, aún era muy pequeño, así que sería de su círculo íntimo.

- Los dioses han dado un nombre – dijo el monje poniéndose de pie – el próximo emperador es Ashikaga Yoshiaki.
- Está en el exilio – dijo un general – Nobunaga…
- Tendrá que volver, pues es un designio de los dioses. Mientras este llega, se declara el luto en el país por la muerte del emperador. Es lo único que tengo que decir.

El silencio reino en la sala mientras el monje la abandonaba. Todos se preguntaban qué ocurriría a continuación. Hacía años que el emperador no era más que un títere del general que tuviera más poder en ese momento. El emperador había ascendido con el apoyo de Nobunaga, aunque luego no llegaran a entenderse. El nuevo, se iba a encontrar con los generales peleando por las tierras. Además, nadie conocía el carácter de Yoshiaki. ¿Se dejaría manejar o, por el contrario, sería un estorbo para las ambiciones políticas de esos hombres?
Hideyoshi observo a Katsuei y a Tadamasa. Ambos se habían apartado un poco y hablaban entre ellos en voz baja. El hermano de Ranmaru estaba muy  tranquilo, pero Katsuei en un momento determinado, comenzó a moverse nerviosamente. Un criado se dirigió a Tadamasa y este, con una sonrisa triunfal, salió de la sala. Katsuei observo alrededor y al comprobar de Hideyoshi lo observaba, se dirigió hacia él.

- Los monjes van a organizar un grupo para investigar lo ocurrido. ¿Vas a participar?
- Aunque la muerte del emperador es un gran problema, tengo en mente otras cosas – respondió Hideyoshi – Nene aún no ha aparecido.
- ¡Oh si, Nene! Esa muchacha huyo de Fukui asesinando a una criada. Oichi me informo de lo ocurrido. También he escuchado que está en la ciudad. Espero poder encontrarla para que me explique…
- Debe tratarse de un error. Nene no sería capaz de matar a nadie.
- ¿Qué motivos tendría Oichi para mentirme?
- No quiero decir que lo haga – respondió tranquilo Hideyoshi – pero, ¿Qué motivos tendría Nene para acabar con ella? Debe ser algún tipo de error.
- La criada estaba vigilando para que no huyera. Oichi la había puesto para protegerla.
- ¿Acaso era una prisionera? Nene es apenas una…
- Te equivocas amigo. Nene ya no es la niña pequeña que recuerdas. Si ha sido capaz de matar a una criada, ¿Qué no le impide matar al emperador? No me mires con esa cara Hideyoshi. Nene es un problema añadido a todo ese embrollo.
- ¿Qué locura estas diciendo? – Hideyoshi lo miraba fijamente, intentando adivinar el hilo de sus pensamientos – Nene no podría acceder al castillo sin ser capturada y mucho menos acceder al emperador.
- ¿Quién tiene más motivos que ella? Nobunaga y el emperador no se llevaban bien. Seguramente fue ayudada por alguien para vengar la muerte de su padre.
- En todo caso sería con Mitsuhide, ya que fue quien acabo con el – Hideyoshi se alejó –Estas relacionando la muerte del emperador con el incidente de Nobunaga. Si hago caso a tu teoría, ¿quieres decir que Nene asesino al emperador porque descubrió que estaba aliado con Mitsuhide?
- No… yo…
- Ten cuidado viejo amigo. Juegas un juego muy peligroso.
Tsuneoki y Ranmaru llegaron a la avista alertados por los rumores de la desaparición de una chica. Al llegar, encontraron a Saki, quien seguía intentando forzar la puerta.  Un mercader apareció con una barra de hierro y, usándola como herramienta, consiguieron que saltaran los enganches. Ranmaru entro, aunque la casa parecía vacía.
- ¿Qué ha pasado? – pregunto Tsuneoki.
- No importa – respondió Saki nerviosa – hay que encontrarla.
- ¡Aquí! – grito Ranmaru desviando el tema – hay un agujero en la pared que lleva a la casa de atrás.
Ambos se precipitaron al interior de la vivienda y vieron que el agujero daba a la casa trasera, que tenía la puerta abierta y daba a la calle de atrás, confirmando lo que había ocurrido.
- Intentan escapar calle abajo – grito un muchacho - los he visto.
- Intentan llegar a la zona norte – grito Ranmaru – tenemos que detenerlos.
Tsuneoki atravesó la casa y por la calle vio a un grupo de hombres tirando de una carretilla y, sobre ella, iba un bulto. Nene estaría dentro, aunque pudo ver que solo se movía por el balanceo de la carrera. No había tiempo que perder.
- ¡Deteneos! – grito y salió corriendo tras ellos.

Ranmaru le dio unas instrucciones a Saki y siguió a su amigo. Comprobó que los captores aceleraron su huida, aunque algunos del grupo, se encararon a Tsuneoki. Ranmaru llego a su altura y solo una mirada basto para que continuara tras ellos por una calle paralela. Él se encargaría de los que se habían quedado atrás.

El joven estaba desarmado, por lo que mantuvo una distancia prudente de los dos hombres que estaban frente a él. Se dio cuenta de que no debía arriesgarse solo contra los dos. Pensó en cruzar entre ambos, pero la calle era muy estrecha y sería fácil que lo mataran. Movió la cabeza en busca de algo que pudiera servirle y vio una vasija tirada en el suelo. Saki llego en ese momento y se colocó detrás de él. Le entrego la vasija a la joven y grito para que le oyeran.

- Los soldados han sido avisados. Con esto puedes partirle la cabeza a uno. Yo me encargo del otro. ¡Hay que rescatar a Nene! – y más bajo le dijo casi al oído a la joven – solo entretén al de la izquierda mientras voy a por el otro.

Confiando en la joven, que empezó a amenazar al bandido con romperle el cráneo, Ranmaru se lanzó contra el que llevaba un cuchillo. Por unos instantes ambos se tantearon, pero Ranmaru tenía prisa y  se lanzó contra el bandido, solo intentando desequilibrar a su enemigo. Este lo esquivo, pero se encontró con la mano izquierda de Ranmaru sujetando la suya armada. Antes de que pudiera reaccionar, el hombre noto el puñal entre las costillas y aullaba de dolor cuando la siguiente cuchillada, le penetro en el vientre. Ranmaru  no se detuvo ni siquiera en considerar en que situación estaba su otro enemigo y, apartando al herido de su camino, salió a todo correr detrás de Tsuneoki.

Este, angustiado imagino la carreta punto de llegar a la puerta de la ciudad y que perdía a Nene. Por haber dado un pequeño rodeo los perdió de vista. Por suerte, no tardó mucho en divisar a los fugitivos doblando un recodo. Estos, al oír sus gritos y verle llegar, quisieron apresurarse. Sin embargo, la carreta, en aquellas callejuelas estrechas y mal distribuidas, era de difícil manejo e iba chocando en las esquinas de las casas. Ya estaban muy cerca de la puerta norte. Fue entonces cuando, en una curva de la calle, un golpe contra un saliente hizo que perdiera una de sus ruedas y cayera con estrépito.

Los raptores se miraron entre ellos desconcertados, pero cuando el que mandaba saco un puñal, los demás lo imitaron. Tsuneoki  se detuvo a una distancia prudente y busco refugio en el umbral de una puerta para tener la espalda cubierta. Se giró al escuchar jaleo y se sorprendió al ver llegar a Ranmaru seguido del rufián que se quedó atrás y una turba de gente curiosa. El joven suspiro molesto. ¿Por qué no había acabado con él? Al menos, había conseguido detener la carreta.

- ¡Soltadla! – grito Ranmaru cuando se puso a su lado y el rufián estuvo con sus compañeros.
-   ¿Por qué no lo has matado?
-   Tenía prisa.
-   Siempre dejas las cosas a la mitad – replico Tsuneoki – y lo complicas todo.
-   ¿Realmente tenemos tiempo para discutir?

Los secuestradores se miraban unos a otros muy nerviosos.

- Ya hablare contigo después – luego se giró - ¡Entregaros! No podéis escapar.

El que lideraba el grupo no espero y, sin advertir a los demás, se puso a correr hacia la puerta provocando la desbandada de los suyos, que huyeron perseguidos por Ranmaru y los curiosos. Tsuneoki no tuvo dudas y, despreocupándose de los rufianes, se precipito a la carreta. Quitando las telas, y la estructura de madera que las sostenía, se encontró con la joven envuelta en cuerdas, hecha un ovillo. En segundos, corto las cuerdas.

Nene había quedado aturdida por el golpe y el cuerpo le dolía entero. Las cuerdas habían marcado su piel y, la sacudida del carro, lo había empeorado. Sin embargo, había oído los gritos y sabía que Tsuneoki estaba allí, por lo que confiaba en que la salvaría.

- ¡Nene! – decía mientras la observaba – tranquila. Estas a salvo. Soy yo, Tsuneoki.

Continuo hablando dulcemente mientras cortaba las sogas y la joven, una vez liberada, no pudo evitar abrazarle. Él también la abrazo consolándola con tiernas palabras. Nene le dio un beso en la mejilla en señal de agradecimiento y olvidando todo protocolo.

- Tsune…  – decía ella mientras se ponía de pie.

Pocos minutos después llego Ranmaru, quien se mantuvo en la distancia hasta que la joven se tranquilizó. Luego se acercó y comprobó que estaba bien, pero evito hacer cualquier comentario.
Vieron pasar a los hombres de Hideyoshi, quienes habían sido avisados por Saki. Kambei iba con ellos y paro su caballo frente a los jóvenes. Observo que Nene parecía estar bien y luego inclino la cabeza en señal de saludo.

- No tenemos mucho tiempo – Kambei alargo la mano para invitar a Nene a subir al caballo – ha sido una suerte que vosotros la encontrarais primero.
- ¿Qué quieres decir? – pregunto Ranmaru.
- Démonos prisa – Kambei coloco a Nene delante suya y se la alejo de los dos jóvenes – Hideyoshi la espera.

Tadamasa golpeo furiosos el abanico contra la mesa. Su plan no estaba saliendo como él había planeado. Mitsuhide ya estaba cerca de Kyoto, por lo que se le acababa el tiempo. ¿Acaso había sido una equivocación confiar en Katsuei? la muerte el emperador no entraba en sus planes. De hecho, hacía que se preguntara quien era el nuevo enemigo al que se enfrentaba.

El emperador fue quien permitió que Mitsuhide atacara y no movió un dedo para salvar a Nobunaga. ¿Acaso Katsuei estaba traicionándolo? No estaba convencido de tener su confianza. Desconocía los motivos de su odio hacia Nobunaga. Se suponía que, junto  a Hideyoshi, era uno de sus generales más leales. Incluso estaba casada con Oichi, prueba de su lealtad. Sin embargo, se pregunta cuándo y por qué motivo habían orquestado entre los dos un complot para acusar y asesinar a Nene. Si ambos eran capaces de eso contra alguien de su familia, ¿Qué harían con él y Mitsuhide?

Nene parecía ser la clave en ese juego de traiciones y poder, aunque la joven era ajena a todo. Katsuei y Oichi la querían muerta. Mitsuhide le había ordenado capturarla con vida, pero sabía que iba a ser difícil. Hideyoshi, Tsuneoki y Ranmaru no dejarían que se hiciera con ella tan fácilmente. A pesar de intentar atraer a su hermano a su lado, sabía que en cuanto ella estuviera en peligro iría a salvarla. No podía ignorar lo que sentía por ella.

Tadamasa miro hacia la puerta, donde un mensajero esperaba pacientemente para que le permitiera entrar. El joven movió la mano hacia delante y, después de saludar, el mensajero le dio una nota. Este la leyó despacio y suspiro molesto. Aun así, la guardo dentro de su manga y volvió a jugar con el abanico. Le intrigaba Nene, sentía curiosidad por esa muchacha, a la cual solo recordaba de pequeña. Una niña frágil y delicada, que siempre correteaba alrededor de su hermano. Quizás debería hablar con ella para ver en que se había convertido y cuáles eran sus intenciones.

Nene fue llevada a una enorme mansión que se encontraba en el centro de la ciudad. Kambei le pidió que se cambiara y envió a una criada para que le ayudara a curar las rozaduras y moretones. Cuando pregunto quién había intentado secuestrarla, no le dieron ninguna explicación. Dijeron que eran bandidos, pero que no querían hacerle ningún daño. Solo buscaban cobrar el rescate. Cogieron al herido y a otro más. Habían sido contratados por unas monedas. Fueron entregados a Kambei para que confesaran quien los había contratado.

La criada le indico que Hideyoshi estaba con un invitado pero que en cuanto pudiera, la haría llamar para que hablaran. Mientras tanto, decidió pasear por el jardín trasero. De pies, mirando como las carpas nadaban dentro del estanque, Tsuneoki parecía estar esperándola. Se acercó hasta él, no muy segura de darle las gracias o enfadarse.

- Ha sido un buen susto – dijo el para romper el tenso silencio que había entre los dos.
- Debería estar ya acostumbrada – suspiro ella – últimamente mi vida está muy solicitada, pero no tengo intención de entregarla.
- Echaba de menos tu humor – sonrió Tsuneoki. A pesar de todo, ella no había cambiado.
- Estoy enfadada contigo Tsuneoki. Me dejaste allí sola, a pesar de que te pedí que no lo hicieras – le recrimino ella – aquello fue una…

Nene  no alcanzo a terminar la frase. Tsuneoki  la cogió por la cintura y junto sus labios con los de ella, dejándola sin respiración. El joven se encontró también siendo asaltado por unos finos labios que lo rozaban con suavidad extrema, invitándole y tentándole a dejarse llevar.

- Pensé que... – comenzó a decir la joven a punto de echarse a llorar.

Tsuneoki puso su dedo índice en sus labios en señal para que no dijera nada. Tomo su cara con sus manos y se acercó lentamente a los labios de la joven. Le dio un suave y pequeño beso y ella cerro los ojos, respondiendo a su beso.

- Nene…. No quiero volver a… - Tsuneoki suspiro preso del placer que sentía solo con tenerla cerca y poder disfrutar una vez mas de esos labios que tanto deseaba.
- Dejemos de pelear por un momento.

La joven coloco sus manos sobre las mejillas de Tsuneoki para atraerlo hacia ella, volviendo a unir sus labios con la boca del joven, que no opuso resistencia alguna. Lentamente, este,  se dejó envolver por sus movimientos, sin prisa y queriendo grabar lo dulces y adictivos que eran sus labios. Estaba eufórico al saber que, a pesar de todo, no la había perdido.
Nene deslizo las manos de sus mejillas a su cuello, para atraerlo con más facilidad a su cuerpo. Pegaron sus cuerpos y sus manos comenzaron a reclamar posesión sobre la piel de la joven. Las paso sobre sus costados y poco a poco las llevo hasta su espalda con lentitud. Quería saborear cada centímetro de ella y embriagándose con su aroma.

- No dejare que nada te separe de mi – dijo el soltando un poco sus labios.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 19 Jun 2018 - 16:31

Capitulo 11

Ranmaru permaneció en silencio mientras Kambei procedía a interrogar a los arrestados. No paraba de pensar en Nene. Cuando salió de la habitación para reunirse con Tsuneoki, los vio. Conocía los sentimientos de su amigo. Lo sabía desde hacía años, pero se preguntaba en que momento Nene le había correspondido. Desde la confesión de Tsuneoki, una noche de fiesta, no había mostrado sus sentimientos para no preocuparlo y además, había actuado como si no le importara. Sin embargo, la realidad era bien distinta y más con los recientes acontecimientos. Habían pasado días sin saber de ella, e incluso pensó que no la volvería a ver, pero el reencuentro en el castillo lo había hecho consciente de sus sentimientos de manera abrupta, aunque ya no estaba seguro de nada.

Se preguntaba si ella lo había visto siempre como un amigo o como algo más. ¿Por qué dudada? Estaba claro que ella nunca había sido consciente de sus sentimientos y, después de verlos, casi lo prefería. Aun así, ¿estaba seguro con eso? ¿Realmente era capaz de entregarla?

Las dudas lo asaltaban constantemente y él no podía seguir actuando así. La noche anterior, mientras cenaban, la observaba en silencio. Sin darse cuenta, se sentía terriblemente excitado por el simple hecho de tenerla frente a él, por la elegancia con la que sostenía la taza y la forma en la que sus labios se abrían unos instantes antes de que la taza los rozara. Si ese acto, tan normal, lo excitaba hasta el punto de dejarlo sin habla, estaba claro que había alcanzado el límite de su autocontrol. El cual, había perdido cuando ella dijo que iba a vengarse.

Si Nene había percibido lo que ocurría, no había dado muestras de ello. Estaba claro que cuando lo libero de su juramento, ella ya había tomado una decisión y sabía que nadie la haría cambiar de opinión. Sin embargo, no iba a permitir que ella entregara su vida tontamente. No podía aceptarlo e iba a obrar en consecuencia. No le importaba sino podía acercarse más a ella y no pasar de una simple amistad.

Después de lo visto, se alegraba de que fuera Tsuneoki el elegido. Aceptaba el matrimonio entre ambos, ya que consideraba a su amigo un pretendiente digno y de confianza. El marcharía con Hideyoshi y ellos, se quedarían aquí. El simple hecho de no poder volver a verla, le provocaba una gran angustia pero aun así, prefería eso que permitirle acercarse a Mistuhide, donde seguramente encontraría la muerte.

- ¿Estás de acuerdo con la declaración? – pregunto Kambei

No podía admitir que no había oído nada. Habría sido demasiado ofensivo para Kambei y vergonzoso para él. Dijo que necesitaba meditarlo un poco más antes de tomar una decisión y, de esta manera, salía al paso. Le resulto difícil, pero el resto del interrogatorio se obligó a no pensar más en Nene.

Kambei noto que el joven estaba distraído por otras preocupaciones, pero no dio el menor indicio de que lo había advertido. Cuando el interrogatorio concluido, se levantó y se marchó. Había decidido actuar conforme lo que dictaban sus instintos. Estos le decían que su hermano estaba detrás de esto. Seguía pensando que él había participado en el incidente de Nene y que tramaba algo inminente. Debía darse prisa en actuar.

Nene y Tsuneoki se encontraban sentados frente a Hideyoshi. El hombre observaba a la chica en silencio, intentando averiguar si no estaba lastimada, como le había dicho Kambei. A su lado se encontraba un hombre regordete y con cara amable. Tenía un fino bigote, que tocaba frecuentemente mientras también la observaba. Sostenía una taza pequeña en la mano con un líquido trasparente, que Nene supuso, era sake.

La joven se inclinó ante los dos y luego, sonrió mirando a Hideyoshi, quien le devolvió la sonrisa. Para ella, ese hombre era algo más que un general. Cuando un varón nacía, se le asignaba un guardián, que cuidaba de ese niño. Los extranjeros que llegaron al país también tenían una costumbre parecida y a Nobunaga le pareció interesante. Ellos lo usaban tanto para las niñas como para los niños y su padre, decidió ponerla en práctica. Padrino lo habían llamado.

- Cuidaras de ella, incluso cuando yo no esté – repitió Hideyoshi recordando a Nobunaga y Nene bajo la mirada.
- Necesito tu ayuda – comenzó Nene – sé que es complicado y tengo…
- Déjame que te presente primero –la interrumpió Hideyoshi - Tokugawa ha venido a unirse a nosotros.
- ¿Tokugawa? – Nene ignoro un gruñido de disgusto de Tsuneoki – Lo vi hablar con tu padre en algunas ocasiones.
- Realmente sois una joven con suerte – Tokugawa se sirvió otra copa – sois como vuestro padre y ha sido difícil dar con vuestra pista todo este tiempo. Has vivido toda una aventura.
- Yo no lo llamaría una aventura – susurro Tsuneoki casi inaudible.
- ¿Una aventura? – Nene lo miro molesta – han intentado matarme y lo he perdido todo. Solo me queda una cosa y es por eso que estoy…
- La venganza no es una opción Nene – dijo Hideyoshi con calma

La joven lo miro estupefacta. ¿Había oído correctamente? Le estaba negando lo único que le quedaba. ¿Cómo que no era una opción? Era lo único que había. ¿Qué iba a hacer ella sino obtenía la venganza? Haber pasado por todo esto por nada, no tenía sentido. Nene lo fulmino con la mirada, pero Hideyoshi estaba acostumbrado a ese tipo de expresiones por parte de Nobunaga. No por nada era quien más cerca había estado del padre de la joven. Nene tardo unos minutos en desviarla.

- ¿Y qué esperas que haga? – pregunto furiosa – quedarme aquí a esperar.
- Eres demasiado impulsiva para eso Nene – rio Hideyoshi – antes se congela el infierno que tu obedezcas esa orden. Lo demostraste en Fukui.
- Entonces al emperador – dijo ella ignorando el comentario – aquel que va a repartir las tierras de mi padre como si fuera…
- No hay emperador – respondió Tokugawa – fue asesinado.
- ¿Qué? – Nene lo miro sorprendida -¿Qué ha pasado?
- Aun no se sabe. Solo apareció muerto esta noche. En el pasillo que va a su habitación.
- Entonces…. Consiguieron su objetivo – susurro para su misma.
- ¿Qué murmuras? – pregunto Tsuneoki.
- Nada – respondió ella rápidamente. Volvió a enfrentarse a Hideyoshi - ¿Qué va a pasar a partir de ahora?
- ¿No está claro? – fue Tokugawa quien hablo – no van a mover un dedo ni repartir la tierra hasta que tengamos nuevo emperador.
- Deja este asunto a los generales Nene – pidió Hideyoshi.
- ¿A los generales? – Nene no pudo evitar echarse a reír – a aquellos que se van a repartir la tierra de mi padre. Aquellos que…
- Yo estoy entre ellos – dijo Hideyoshi tranquilo – no lo olvides.
- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Tú vas a traicionarme? Como lo hizo Katsuei, Oichi e incluso…
- Estaba claro que Oichi se aliaria con Katsuei – suspiro Hideyoshi llevándose una mano a la cabeza – esto es un…
- Las noticias decían que tu mataste a la sirvienta – intervino Tokugawa.
- ¿Por qué habría de hacerlo? Eso mismo me dijeron allí, por eso me marche. Pero dime Hideyoshi, ¿Qué territorio esperas conseguir?
- ¡Nene! – le advirtió Tsuneoki de nuevo.
- Owari ya está en manos de Mitsuhide, así como Mino– la joven se quedó un momento en silencio. Luego, como si hubiera recibido una imagen en su cabeza, miro a ambos hombres – claro…. Te alias con Tokugawa porque cuando derrotes a Mitsuhide reclamaras esas dos provincias, que están pegadas a Mikawa donde podréis formar una alianza y…
- Estas divagando Nene – dijo Tsuneoki.
- Tomémonos un descanso – pidió Hideyoshi levantándose – suficiente por hoy.

Ranmaru abrió la puerta de la pequeña casa y entro. Estaba en penumbra y medio derruida, pero sabía quién lo esperaba dentro. Saki le entrego una nota cuando iba a la reunión con Hideyoshi y no pudo ignorarla. Aun no entendía muy bien el porqué, pero no había sido capaz de rechazar la invitación. Quizás aún tenía un atisbo de esperanza de poder llegar hasta su hermano y hacerlo recapacitar. Tadamasa lo esperaba cerca de la puerta que daba a un pequeño huerto ya inexistente. Ranmaru se puso al lado de su hermano y espero en silencio a que este dijera algo.

- Ven conmigo. Mañana voy a encontrarme con Mitsuhide.
- ¿No conoces ya mi respuesta? – suspiro Ranmaru - ¿Qué esperas de mí? Sabes que nunca habría elegido la senda que recorres. ¿Crees que me estas protegiendo? ¿Qué iré contigo? Ahora me tienes en tu poder hermano. Mátame, porque de lo contrario nos enfrentaremos en un campo de batalla.
- Has elegido la muerte.
- Sin embargo el que ha elegido el camino que lleva al abismo eres tú. Un camino donde nadie puede seguirte. Ríndete Tadamasa, Mitsuhide nunca vencerá.
- Me han llegado rumores de que Nene ya ha elegido a su futuro esposo – Tadamasa sonrió al ver tensarse a su hermano - ¿no te parece cruel de su parte? Arriesgas tu vida por ella y prefiere a otro antes que a ti.
- Tadamasa – Ranmaru ignoro este último comentario – déjalo y retírate. Nadie te hará daño, tienes mi palabra.

Tadamasa comenzó a reír para luego mirar a su hermano a los ojos. Ranmaru supo en ese instante que todo estaba perdido. Cualquier intento por razonar con él, iba a ser desfavorable. Estaba consumido por el odio, el cual no le dejaba ver más allá de sus ansias de poder.

- Dile esto a Hideyoshi: aniquilare a esta estirpe maldita del cielo y fundare una nueva. Pero si fracaso, iré al encuentro de mi destino sin lamentarlo.
- ¿Mataste al emperador? – pregunto Ranmaru aunque la respuesta era obvia.
- Era un mal gobernante – respondió su hermano - Los malos gobernantes, deben pagar por las malas hierbas que han esparcido por el mundo para desgracia de los demás.
- No somos nadie para juzgar a otros hombres.

Tadamasa avanzo hasta la linde del bosque, donde lo esperaba un caballo que Ranmaru no había visto. Con una inclinación de cabeza se alejó del lugar. Ranmaru volvió a suspirar. La próxima vez que se vieran, serian enemigos.

Nene golpeo al aire con el boken y soltó un grito, liberando toda su frustración. La conversación con Hideyoshi no había salido como ella esperaba y además, la habían echado mientras los tres habían seguido reunidos. Tampoco lograba encontrar a Ranmaru, así que todo aquello la había puesto de tan mal humor, que no encontró mejor modo de desquitar su enojo que practicando kendo. Hacía mucho que no practicaba y sus músculos dolían ya demasiado, pero no le importaba. Aquello la distraía.

Comenzaba a caer la tarde cuando Ranmaru se asomó al patio. La joven estaba sentada en el suelo, jugando con un hilo de su yukata. El joven se había demorado en volver con ellos por la decisión que había tomado. Deambulo por el mercado y luego le dio instrucciones a Saki para que lo tuviera todo listo.

- Tenemos que hablar – Nene se levantó y cogió el arma que tenía a un lado, apuntando a Ranmaru - ¿fuiste tú quien lo asesino? Por eso estabas ensangrentado cuando nos encontramos.

Ranmaru permaneció en silencio, analizando la situación. Aquello no entraba en sus planes y Nene no estaba preparada para escuchar la verdad. ¿Debía decirle lo que paso? No estaba seguro.

- ¿Quiénes eran esos de negro? Cuando salimos ya no estaban – Ranmaru continuo en silencio - ¡Responde!
- ¿Has estado entrenando? – dijo el con calma – hacia mucho que no lo hacías. ¿Qué tal si te ayudo?
- Responde – repitió ella.
- Lucha conmigo – sonrió el joven – si me vences, te diré la verdad.

Nene estaba muy molesta, pero no iba a permitir que la dejara sin saber la verdad. Ranmaru volvió a sonreír, pues la expresión decidida de ella, le gustaba demasiado. Ella le lanzo otro boken y se preparó.

- Quedan prohibidos golpes bajos – dijo Ranmaru soltando las espadas y agarrando su arma - ¡empezamos!

Nene dio un paso recelosa. Ambos parecían esperar el primer movimiento del otro. Paso a paso se acercaron y se detuvieron a la distancia en que un golpe de espada, podía desarmar al otro. Los cuerpos se movieron en una danza que tensaba los miembros en busca de un equilibrio perfecto. Luego, las espadas chocaron con un nítido sonido de golpes limpios, cada vez más rápidos, cada vez más acelerados. A pesar de que él no quería luchar en serio, la fuerza de la joven, lo empujaba a ello. El filo de las armas rozaba la ropa, resbalaba sobre la otra espada, se dirigía hacia los ojos, la frente, el corazón y solo era desviado por la otra espada. De pronto ambos se detuvieron con las armas extendidas para preparar un nuevo y meditado ataque. Nene sintió la fuerza del contrincante intacta y la suya mermada por el esfuerzo anterior. Debía vencer ese sentimiento que la debilitaba.

Se lanzó hacia delante con un grito. Avanzo y, girando sobre sí misma, intento dar un golpe limpio entre las costillas. Supo que su adversario adivino su movimiento, pues esquivo el golpe haciendo una pirueta sobre la punta de sus pies y desplazándose como una peonza que corre por el suelo. El arma voló por los aires y la joven, cayó de rodillas frente a él.

Intento incorporarse, pero la espada sobre su cabeza se lo impidió. Si hubiera sido un combate real, el adversario podría haber acabado con ella de un solo golpe, pero no lo hizo. Por alguna razón, se sintió como si hubiera estado jugando con ella todo el rato y eso, le molestaba.

- Ha sido divertido – respondió el joven ayudándola a levantarse – como te dije, ese día estaba de guardia.
- No has respondido a mi pregunta.
- No quiero ponerte en peligro.

La joven suspiro y recogió las dos armas para guardarlas. Abrió la caja de madera para guardar las espadas y al cerrarla, se cogió un dedo por estar mirando a Ranmaru, que estaba cogiendo agua del pozo central para beber. La joven lanzo una maldición.

- Déjame ver - le cogió la mano – parece que no se ha clavado, solo es un pequeño corte.

Cogió un trozo de tela y la puso alrededor de la herida. La joven sonrió agradecida y el no pudo evitar pensar en todo lo que habían pasado y lo que estaba a punto de hacer. El olor de ella volvió a llenarlo todo y sin poder evitarlo, la arrincono contra la pared. Deseaba tenerla, aunque solo fuera una vez. Ella estaba tan sorprendida que fue incapaz de reaccionar y se dejó llevar. Ranmaru le acaricio el pelo y la cara. Pasó su mano por la cintura y la atrajo hacia él. Estaban tan cerca que notaba el calor que desprendían los labios de ella. Nene seguía sorprendida y cuando cayó en la cuenta de lo que estaba pasando, solo pudo susurrar el nombre de su amigo.

- Nene – escucharon gritar a Kambei – Hideyoshi os busca.

Ranmaru parecía despertar de un sueño, pues se alejó un poco de ella pero no la soltó. Sostuvo la mirada de la joven, donde la confusión llenaba sus ojos.

- Perdóname – se alejó y volvió al pozo - no se en que estaba pensando, olvida lo ocurrido.
- ¿Qué ha sido eso Ranmaru? – pregunto ella totalmente sorprendida.
- Olvídalo – pidió el – Por favor….

La joven iba a replicar, pero Kambei apareció por un lateral y le pidió que la acompañara. Ella se quedó mirando a su amigo durante unos minutos y después, siguió al hombre recién llegado. Ranmaru los vio alejarse y después se encerró en una habitación. Había estado a punto de cometer una locura y debía calmarse. Sonrió tímidamente al recordar su aroma y su piel. Luego, sacudió la cabeza sonrojado.

- Piensa en otra cosa.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Sáb 14 Jul 2018 - 0:45

Capitulo 12

Nene abandono todo pensamiento sobre Ranmaru en el momento que Kambei la invito a avanzar hacia el interior de la casa. Volvía a encontrarse en la sala donde antes se había reunido con Hideyoshi. En esta ocasión estaba el solo, con los utensilios de tomar el té preparados. La invito a pasar con un movimiento de la mano y ella, se sentó frente a él.

- Tengo la impresión de que sabes algo del asesinato del emperador – dijo Hideyoshi cogiendo un cuenco y volcando el té en su interior.

Noto como en los ojos de la joven una pizca de temor cruzo su mirada, pero rápidamente lo disimulo quitándole el cuenco y vertiendo agua para empezar a mezclarlo. Con un suspiro cogió el agitador y comenzó a realizar la mezcla. Al principio fue enérgicamente, a los pocos segundos, los movimientos eran más suaves. Hideyoshi se acomodó y espero a que ella terminara. Permitió que cogiera su taza y volcara un poco del líquido en ella. Luego hizo lo mismo en la suya y espero. Su interlocutor levanto su taza, saludo y bebió. Nene lo imito rápidamente.

- No voy a andarme por las ramas – dijo ella molesta – no sé nada y tampoco me importa. Ese hombre odiaba a mi padre. Lo que le ha pasado es lo que…
- Cuidado Nene – la cortó Hideyoshi – aunque este muerto, era el emperador.
- ¿Para qué me has llamado? Creo que has dejado clara tu posición de no ayudarme.
- Por supuesto que no – Hideyoshi sonrió ante la cara de incredulidad de la joven – estas bajo mi protección. No voy a permitir que nada te pase.

La joven volvió a tomar un poco de té y se quedó pensativa mirando la nada. ¿Podía confiar en el? Ya la habían traicionado antes y el hecho de verlo con Tokugawa no le contentaba ni le ayudaba. Le intrigaba ese hombre que, siendo aliado de su padre, no movió un dedo para ayudarlo. No confiaba en él.

- Tengo una propuesta para ti – dijo de repente Hideyoshi – Cásate conmigo.

Nene casi se atraganta con el té y su acompañante no pudo evitar soltar una carcajada cuando tuvo que ayudarla por un exceso de tos. La joven lo miro totalmente alucinada y turbada. ¿Lo estaba diciendo en serio? Sabía que le encantaba gastar bromas, pero esto era un tema realmente serio.

- Me has acusado de querer quedarme los territorios de tu padre. Ahora mismo eres la legítima heredera. Si ambicionara el poder de Nobunaga, solo tendría que desposarte con o sin tu consentimiento. Seria tu salvador, pues de otro modo, estas condenada.
- ¿Por qué casarnos y no adoptarme? ¿Qué buscas realmente? ¿Una persona que te este eternamente agradecida y en la que puedas confiar? ¿Un heredero con la sangre de ambos clanes? ¿Realmente serias capaz de tratarme de esa manera cuando siempre te he considerado como un padre y he venido a ti en busca de ayuda?
- No.

Sus miradas se encontraron y después de unos segundos, Nene bajo la mirada. Por un momento pudo volver a ver a la niña inocente que había sido, pero que Mitsuhide se había encargado de destruir. Él no iba a permitir que siguiera haciéndole daño. La protegería, aunque las decisiones que podría tomar no le gustaran a ella.

- Nene…
- No me casare contigo. Sabes que no puedo hacerlo y tú tampoco lo quieres. Tengo un propósito y no parare hasta conseguirlo. No me importa lo demás.

La residencia de Katsuei bullía de actividad, como si fuera un hormiguero. Los pocos sirvientes que tenía aguardaban órdenes mientras cuchicheaban en los rincones. Centinelas vigilaban la puerta de entrada, alejando a los curiosos. Cuando Tsuneoki se presentó, le anunciaron que Oichi se encontraba en el lugar y que tenían órdenes de llevarlo ante ella, si decidía pasar por allí.

El joven había estado dándole vueltas a una de las conversaciones que había tenido con Hideyoshi y además, necesitaba organizar sus ideas para poder continuar y descubrir la verdad. La actitud de Mitsuhide le intrigaba. ¿Por qué había hecho todo esto? ¿Qué buscaba sino era poder? ¿Una venganza personal contra Nobunaga? ¿Qué podría haber pasado para llegar a esto? Después de escuchar a Hideyoshi estaba seguro de que ocultaba información. Algo que no querían que supiera y que era el desencadenante de toda esta locura. Había algo más que la búsqueda de poder. Le había entregado Owari a Tadamasa y también debía estar al tanto del fallecimiento del emperador. Por lo tanto, podría haber marchado sobre la capital, aun con todos los generales allí y no lo había hecho. Estaba claro que el poder no lo movía, así que el desencadenante era personal. Algo no cuadraba y estaba dispuesto a averiguar el que. Pidió permiso para ver a Oichi. A parte de estar esperándolo, sabía que no se negaría pues seguramente querría escuchar noticias de Nene.

Entro en la casa acompañado por un soldado y uno de los sirvientes, que iba contando la última de sus desgracias: le habían negado un permiso para ir a visitar a un familiar. Tsuneoki se detuvo cuando vio pasar a Katsuei por un patio central, en dirección a la salida. Algo importante debía haber pasado, pues no reparo en su presencia. ¿Dónde iba el general? ¿No le habían avisado de su llegada?
Oichi caminaba hacia el con paso lento y algo parecía distinto en ella. Iba ricamente vestida, con un precioso kimono rojo, pero la notaba extraña. Tsuneoki se sentía perturbado por su aspecto tranquilo y su extrema palidez. La mujer espero a que llegara a su altura para invitarlo a pasar a una pequeña habitación. Entro después del joven y dio orden de que no fueran molestados.

- Nene… ¿Esta bien?
- ¿Ahora te preocupas por ella? Ha sido acusada de asesinato por Katsuei.
- Sin duda se trata de un malentendido. Tal y como ella dijo, un asesino entro y acabo con la vida de la muchacha. Una tragedia.
- ¿Dónde está ese asesino?
- No lo sé, pero sin duda mi esposo abrirá una investigación cuando vuelva….
- No voy a permitir que la sacrifiquéis en este estúpido juego de poder – dijo Tsuneoki molesto.
- Tan fiel a ella como siempre. Me alegro que mi sobrina cuente con dos chicos tan leales a ella. Por supuesto, hago referencia a Ranmaru. Sé que aunque Tadamasa lo retiene, el siempre será fiel a Nene – Oichi sonrió ante el silencio del joven – Si Mitsuhide hubiera decidido matarla, ya estaría muerta.
- Confirmas entonces que habéis estado tramando un complot contra Nobunaga.
- Me dijeron que no se derramaría sangre. No puedo permitirme seguir viendo como cae el clan Oda.
- ¿Ahora sientes remordimientos? Los Oda ya han caído. Solo quedáis vosotras dos. Ya es un poco tarde, ¿no crees?
- Apenas tengo tiempo para enmendar mis errores – susurro y una expresión de dolor atravesó su rostro al intentar levantarse. Con delicadeza, se llevó una mano al estómago y cerró los ojos. A los pocos segundos los abrió – si te digo el motivo de todo esto, ¿le pedirías a Nene que me perdonara?
- Hare lo que pueda.
- Ayúdame – Oichi alargo una mano y el joven se apresuró a levantarla. Un ligero aroma dulzón brotaba de la hermana de Nobunaga, pero no supo identificar que era. Ella rápidamente se separó y se dirigió a un biombo de garzas – sígueme.

Se encaminaron por un pasillo oculto tras un biombo, que conducía a una puerta. Tsuneoki pudo comprobar que algo ocurría, pues hasta llegar a la puerta, tuvo que detener su marcha en dos ocasiones. Al abrir la puerta, encontraron una estancia con una mesa baja y una serie de libros sobre ella. Oichi se detuvo en el umbral mientras el joven se acercaba a los libros.

- Son mis diarios y en su interior, está la correspondencia con mi hermano. Quiero que…

Oichi palideció súbitamente, hizo una mueca de dolor y grito. Tsuneoki apenas tuvo tiempo de cogerla antes de que cayera al suelo. El joven volvió a atravesar el pasillo con ella en brazos a la estancia donde habían hablado, allí había más espacio para respirar. La deposito con suavidad en el suelo y pidió a gritos que alguien fuera en su ayuda.

Llamo a Oichi varias veces para que recuperara la consciencia, pero solo recibió un gemido por respuesta y un hilo de sangre corrió por sus labios. Ahora recordaba que era ese olor dulzón. Unos hongos muy venenosos producían ese olor al mezclarlos con el té. La respiración de Oichi era cada vez más ruidosa, parecía el jadeo de un perro. Un sirviente apareció y después de ver que ocurría, salió gritando.

- Si te encuentran aquí…. Te acusaran…. Vete – susurro Oichi – coge los diarios… huye.
- Ha sido Katsuei, por eso salía con tanta prisa. No puedo dejarte así.
- Aquí acaba mi viaje. Me reuniré con Nobunaga y rogare por su perdón – Oichi intento mover su mano hacia el obi, pero le fue imposible. Tsuneoki lo hizo por ella y saco una carta – dásela a Nene. Es importante que ella sepa por qué ha pasado todo esto. Márchate, por favor. Ella… está en peligro.

A pesar de no querer dejarla allí, Tsuneoki obedeció. Al cerrar el biombo escucho gritos en la habitación y sollozos. Ya nada podía hacer por Oichi y se maldijo por ser tan idiota de no haberse dado cuenta antes de lo que ocurría.

Observo el final del pasillo y comprobó que la puerta se encontraba cerrada. No recordaba haberla dejado así. Avanzo hasta ella y antes de abrir la puerta, escucho pasos amortiguados y se preguntó quién podría estar dentro. Entre abrió un poco la puerta y comprobó que había una luz amarillenta en el suelo. Había un brasero encendido, en el cual no había reparado la primera ver y una sombra andaba de un extremo a otro la de estancia. Escucho el crepitar del brasero y cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba quemando los diarios, así que abrió la puerta de golpe, asustando a la persona que estaba dentro. Se lanzó contra el brasero para apagarlo y la sombra salto por la pequeña ventana. Se asomo y la vio correr por el tejado. Sin pensarlo, salto detrás de ella, pero fue más rápida y la vio perderse entre el gentío de la calle. Regreso a la habitación, pero no había ni rastro del diario. En el brasero solo quedaban cenizas y el resto, se lo había llevado la persona que había huido. No consiguió verlo bien, pero por la forma de moverse, estaba seguro de que se trataba de una mujer.

Nene salió al jardín a tomar un poco de aire. Todavía no se podía creer que Hideyoshi se hubiera planteado un matrimonio con ella y ante su negativa, había lanzado la segunda propuesta: Tsuneoki. ¿Realmente era necesario casarse? ¿Es que la veían incapaz de defenderse ella sola? No quiso escuchar nada más, así que completamente molesta, se marchó de allí. Hideyoshi no la siguió, pero escucho su carcajada y grito que era igual que su padre. Poco tiempo después, se despidió y salió acompañado de Kambei. Por hoy, habían terminado.

Comenzaba a anochecer y se preguntaba donde podrían estar los chicos. Ranmaru debía andar por algún lugar de la casa, pero hacía tiempo que no veía a Tsuneoki. Quería hablar con ellos para conocer cuál era el plan a seguir.

Se acercó al pequeño estanque y se distrajo pensando en Ranmaru. Su última reacción había sido tan repentina, que solo recordarla se sonrojaba. Sin poder evitarlo, lo comparaba con Tsuneoki y comprendió que el vuelco al corazón que Ranmaru había provocado, no lo había sentido con su otro amigo. ¿Qué significaba aquello? Sacudió la cabeza y se dirigió hacia el pozo para coger un poco de agua. Cerro los ojos e intento poner la mente en blanco. El silencio permitió que a sus oídos llegara el croar de una rana que estaba en el estanque y los últimos canticos de los pájaros.

Poco a poco la noche la envolvió con sus sonidos y le devolvió un poco de paz. Respiro profundamente y dejándose caer contra una columna del porche, percibió el sonido de un búho, un sapo y el chapoteo de las carpas en el estanque. Sin embargo, también percibió otro sonido. Continuo apoyada contra la columna y sin abrir los ojos, puso todos sus sentidos alerta e intento detectar quien podría estar acechándola.

Nene se movió en el mismo instante que alguien se abalanzo sobre ella. Dislumbró el brillo de una katana y se movió de nuevo, logrando esquivar el golpe por muy poco. Dio un grito de alarma con la esperanza de que alguien estuviera cerca y pudiera ayudarla. Intento acceder al interior de la casa en busca de Ranmaru pero una flecha le dio en el costado, haciéndola caer al suelo. Cuando intento levantarse, pudo observar que delante de ella estaba Katsuei, amenazándola con la katana.

Ranmaru dejo que los guardias lo empujaran fuera de la casa. Si estaba obligado a luchar, preferiría hacerlo a aire libre. Su hermano había entrado con ellos. Escucho el grito de Nene e intento librarse de los atacantes pero fue en vano. Entre los dos consiguieron reducirlo y maniatarlo. Le resultaba extraño que Tadamasa lo hubiera dejado marcharse así como así. Estaba dispuesto a cualquier cosa para llevarse a Ranmaru con él. Ahora debía actuar con rapidez, pues estaba preocupado por Nene y se preguntaba dónde demonios estaba Tsuneoki. Cuando los guardias lo empujaron se resistió y fue golpeado con el mango de una katana. Tadamasa se volvió hacia él y puso una daga delante de él.

- ¿A dónde me llevas? – exigió saber su hermano – libérame.
- Creo que no voy a hacerlo. He tenido tiempo para pensarlo y te llevare conmigo. Me sentiré mejor si te alejo completamente de Hideyoshi.
- Vas a hacer que me odie – Ranmaru miro fijamente a su hermano.
- Tal vez – rio Tadamasa – pero primero te retendré un tiempo. Si desaparecer de escena súbitamente, tendrá una causa para considerarte un traidor. Después de unos días te liberare y, por muy querido que seas, no volverá a confiar en ti.
- Y no me creerá si hablo en tu contra.
- Exacto. Si llegaras a traicionarme, tu interferencia seria en vano. Además, creo que tengo un incentivo para que quieras acompañarme.

Ranmaru vio aparecer por una esquina a Katsuei y delante de él iba Nene maniatada. El joven se revolvió y en un descuido de uno de los guardias consiguió zafarse, corriendo hacia la joven y golpeando a Katsuei, quien no esperaba el golpe. Con la katana del general libero a Nene y se la entrego, para luego dirigirse al otro guardia que quedaba en pie. Este cayó al suelo de un golpe y fue a recoger su arma. Sin embargo, un reflejo metalizo hizo que se girara y vio a Nene junto a su hermano, con la daga pegada al cuello.

- No deseo matarla – apretó la daga contra el cuello de la joven y Ranmaru soltó su arma – ahora, vámonos.
- Maldito seas Tadamasa.
- Lo se hermano, esto también me apena a mí.

Una flecha atravesó el aire lo que distrajo por un momento a todos. Ranmaru corrió hacia su hermano pero Katsuei se interpuso. El brazo de Tadamasa se deslizo alrededor de la garganta de Nene y le alzo la barbilla para dejar aún más expuesto el cuello. Ranmaru no se movió y Tsuneoki salió de su escondite, volviendo a cargar el arco.

- Bien hecho Tsune, pero deberías haberme matado – rio Tadamasa.

Tsuneoki echó a andar hacia ellos pero se detuvo al ver hundirse la daga un poco más en el cuello de la joven. Katsuei apuntaba a Ranmaru con otra katana, por lo que no podía moverse. Nene apretó los dientes al sentir que la hoja cortaba un poco de carne. Se negaba a gritar como su captor deseaba. Luego, súbitamente vio como Katsuei golpeaba con fuerza el hombro de Ranmaru, aquel que tenía herido y no pudo impedir que se le escapase un grito cuando su amigo cayó al suelo aturdido. Ranmaru sintió como se le nublaba la vista y apretó los dientes con fuerza.

- Perdóname Nene – dijo Tadamasa – lamento causar dolor a mi hermano, pero esta es la solución más eficaz. Ahora Tsune, déjanos marchar. Si tratas de impedirlo, me retrasare en mis planes y eso supondría la muerte de ambos. ¿Correrás ese riesgo?
- No.
- Lo imaginaba. Ahora subid al carro, tenemos un largo camino que recorrer.
- No empeores las cosas – dijo Ranmaru.
- Vamos Ranmaru, mira bien a la chica, me entregaría todo lo que le pidiera, si con ello salvara tu vida.

Katsuei lo arrastro hacia el carro y lo golpeo en la cara, haciéndolo caer inconsciente. Con eso se aseguraba que no lo molestaba. Los pensamientos de Tsuneoki iban deprisa. Intentaba pensar como liberar a ambos, pero aquello era imposible. Por lo tanto, decidió abandonar a su amigo y centrarse en el rescate de Nene. La joven se revolvió al ver como Katsuei derribo a Ranmaru y Tsuneoki aprovecho esa oportunidad. Corrió hacia Tadamasa y le golpeo el brazo, consiguiendo que soltara la daga. Lanzo a Nene contra Katsuei que la aprisiono mientras se enfrentaba a Tsuneoki.

Ambos luchaban por hacerse con el arma y aunque las cosas ocurrían con rapidez, Nene parecía que las veía a cámara lenta. La daga se movió en manos de Tadamasa y amenazo con ella a Tsuneoki. Este fue cogió por sorpresa, ya que su contrincante salto sobre el sin previo aviso y sintió que perdía el equilibrio. Se aferró a las muñecas de Tadamasa y forcejeo para quitarle el arma. Sin embargo apuntaba a su corazón y tanto el cómo Nene lanzaron un grito al ver como se hundía la hoja en su cuerpo. Sintió que las fuerzas le abandonabas y que las manos, húmedas de sangre, resbalaban al alejar la daga de su cuerpo. Los cuerpos enzarzados rodaron por el suelo. Consiguió ponerse en pie y vio como Tadamasa volvía al ataque. Consiguió esquivar la daga en el último momento, cayendo al suelo y golpeándose con fuerza contra la tierra apisonada. Lo último que escucho fue el grito aterrado de Nene. Luego, solo una absoluta oscuridad.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 25 Sep 2018 - 23:27

Capítulo 13

Nene fue arrastrada al carro y vio como a Tsuneoki se lo tragaba la oscuridad, preguntándose si su amigo seguía vivo. Deseaba que así fuera. No sabía con seguridad a donde se dirigían y al estar las calles oscuras, tampoco conocía la dirección a seguir. Pensó en la posibilidad de coger a Ranmaru y saltar del carro, pero lo descarto. Recordó cuando lo ayudo a bajar del caballo en Azuchi y no podría con el estando inconsciente. Saltar sola también estaba descartado. No lo dejaría solo.

Se colocó al lado de su amigo pero no supo indicar como se encontraba. Respiraba, de eso estaba segura al poner la mano cerca de su cuello. Escucho a Katsuei susurrarle cosas a Tadamasa, quien se mantenía en silencio mientras conducía. Intento pegarse más a ellos para conseguir información.

- ¿Has dejado algún cabo suelto? – pregunto Katsuei preocupado.
- Ya tengo a alguien encargándose de tus torpezas – respondió molesto Tadamasa.
- ¿Qué crees que hará Mitsuhide con ella?
- Eso solo lo sabe el.

No hicieron más comentarios pues el carro se paró súbitamente. Nene alzo la cabeza y vio que estaba ante las puertas de un campamento. Cientos de antorchas iluminaban caminos improvisados. Un soldado se acercó a ellos y saludo.

- Llama a Mistuhide. Estoy seguro que querrá ver la sorpresa que le traigo.
- El general ha pedido no ser molestado de ninguna de las maneras – dijo el soldado – tendréis que esperar a mañana.

Tadamasa resoplo y se dirigió al carro para ayudar a bajar a una impresionada Nene. ¿Cuándo había reunido Mitsuhide semejante ejercito? ¿Desde cuándo lo llevaba planeando? No sabía cuántos hombres estarían bajo su mando, pero temía la derrota de Hideyoshi cuando se enfrentaran. El joven empujo a Nene al interior del campamento y la escolto hasta un pequeño cobertizo construido con piedras. No tenía ninguna ventana, por lo tanto, una vez encerrada allí, no vería absolutamente nada. Antes de que su captor cerrara la puerta, pudo ver como Ranmaru era llevado a una tienda aun inconsciente.

La luz del sol atravesó la negrura del interior. Un soldado cogió la lámpara que llevaba uno de los hombres y entro con paso firme. Katsuei hizo señas a los demás soldados de que lo siguieran, y estos obedecieron entrando y llenando toda la habitación. Solo entonces accedió el general, caminando pesadamente y golpeándose el muslo con el látigo enrollado.

Nene estaba apoyada contra la pared más alejada, con los brazos caídos en los costados. Se había quitado la ropa y dejado el simple kimono blanco interior, para estar más cómoda. Por lo general, Katsuei no solía fijarse en el aspecto de las personas que interrogaba, pero esta vez era diferente. No pudo evitar admirar su figura sin adornos. Para ser apenas una mujer, en sus ojos brillaba aquella molesta expresión de valentía que tanto odiaba. Estos eran grandes y rasgados, y lo miraba con descaro, herencia de su padre. Llevaba sueltos los largos y espesos cabellos. Al contrario que muchas mujeres espía, a las que había interrogado, Nene no se mordió el labio inferior para atraer la atención hacia la boca. Se limitó a encararse con él en silencio, con la dignidad de una diosa.

El general respondió al saludo de los guardias, se situó frente a ella y le dirigió una mirada glacial. Atónito, comprobó que la expresión de la joven no había cambiado al ver entrar a los soldados. ¿Es que no tenía miedo?

- ¿Qué crees que estás haciendo? ¿Dónde está Ranmaru?
- ¿Estas dispuesta a confesar? – pregunto él.
- ¿Cuál quieres que sea mi confesión? Para confesar algo, tengo que saber de qué se me acusa.
- Él ha confesado, tú deberías hacer lo mismo. Así será todo más fácil.
- ¿Disfrutas con esto? – la voz de Nene se dirigió a la puerta. Creía que allí estaba Tadamasa. Luego miro a su captor – Ranmaru no ha podido decir nada. Aunque lo torturéis, siempre dirá la verdad.
- ¿Cómo estas tan segura?
- Confió en el – sonrió Nene y volvió a mirar a la puerta.
- No está aquí – respondió el joven general – estoy yo solo. Visto que no quieres confesar, tendré que pedirte disculpas por adelantado. Perdóname.
- ¿Por qué? – Nene se movió con nerviosismo, luego miro el látigo y tuvo un poco de miedo – no serás capaz de…
- No puedo hacerlo – Katsuei también miro el látigo después de unos minutos de silencio. Quizás se estaba excediendo y no sabía muy bien como reaccionaria Mitsuhide cuando se enterara. Luego miro a un soldado. Si él lo hacía, no sufriría el castigo directamente – tendrás que hacerlo tú.
- Tendré cuidado, señor.
- Sé que lo tendrás, pero será difícil.
- ¿Qué es difícil? – quiso saber la joven.
- Señor, será mejor que espere fuera.
- Tienes razón.
- Espera un momento – pidió Nene.
- Debo irme – dijo Katsuei mirándola – te enviare un medico enseguida, te curara la quemadura y no te quedara cicatriz.
- ¿Co… como puedes decirme eso? ¡¿A dónde vas?!
- Tienes razón – dijo el girándose – no soy capaz de interrogarte por la fuerza. Hemos sido familia durante un tiempo.

Dio la espalda a Nene y traspaso la puerta, que se cerró dejándole a la luz del sol. A lo lejos vio llegar a Mitsuhide y a Tadamasa. Espero a que se acercaran y sonrió al verlos.

- Llegáis a tiempo. Va a confesar.
- ¿Dónde está Nene? – pregunto Mitsuhide.

Dieron un respingón al escuchar el restallido del látigo. Luego, oyeron un grito, el grito de una mujer pero no era de dolor, sino de rabia. Después sonó una bofetada.

- ¡Maldito!!Abre la maldita puerta! ¡Maldita sea! Eres un rastrero… ¿Katsuei? Que los dioses te maldigan si no estás ahí.
- ¿Qué estás haciendo con ella? – pregunto Mitsuhide alarmado.
- Solo busco una confesión – se limitó a responder este – necesitamos un motivo para tenerla retenida.

Tadamasa abrió rápidamente la puerta. Nene seguía de pie contra la pared. Sus largos y oscuros cabellos estaban revueltos y jadeaba. El kimono blanco mostraba un tajo desde la cadera hasta el muslo. L a sangre brotaba y se esparcía entre la ropa y el suelo. A su lado, estaba el soldado mirándola boquiabierto y con una mano apretada contra la mejilla enrojecida. El látigo se hallaba en el suelo. Tadamasa lo recupero y miro al soldado, que le devolvió la mirada confundido. Saludo y se fue, indicando a los demás soldados que salieran primero.

Iluminada por la luz de las lámparas, Nene estudio a su captor, aferrándose los brazos. El comprendió que, de lo contrario, le temblarían las manos. Este dio un paso al frente, pero ella se alejó de él y se volvió bruscamente hacia la pared.

- ¿Cómo puedes ser tan rastrero? – Dijo escupiendo las palabras - ¡ibas a dejar que me torturaran!
- Debo descubrir la verdad – Tadamasa no tenía intención de admitir la verdad. Conocía los métodos de Katsuei, pero no esperaba que llegara a tanto.
- Nunca he mentido – respondió la joven – me mantengo en lo dicho. No sé quién asesino al emperador.
- ¡Basta! – Mistuhide entro en la habitación, provocando el silencio de todos. Al ver como sangraba la herida se apresuró a coger a la joven de un brazo y a sacarla de allí – tiene que verla un medico cuanto antes.
- Es toda tuya – respondió Katsuei.
- Te odio – susurro la joven al pasar a su lado.

Tadamasa la ayudo a caminar y cuando pasaron al lado de Katsuei, Nene le lanzo una mirada cargada de odio. Minutos después, Mitsuhide salió de la habitación y se enfrentó al general.

- ¿Por qué lo has hecho?
- Estoy llevando a cabo mi propia venganza, al igual que tú.
- Ten cuidado Katsuei. No voy a perdonar otro error como este – le advirtió Mitsuhide alejándose de él.

Le pesaban los ojos pero, a pesar de ello, quería abrirlos para comprobar que era la calidez que sentía en su mano. Aun así, había algo más. Uno de sus brazos parecía estar dormido… ¿Por qué?

Lentamente abrió los ojos y lo primero que vio fue el techo grisáceo de una habitación. Una franja de luz se dibujaba en él, así que lo siguió hasta su origen. Provenía de la puerta, la cual estaba un poco entreabierta y por ella se colaban los rayos de sol que rozaban su mano.

Intento levantar el brazo que no sentía, pero le costaba demasiado y decidió no esforzarse. Dispuesto a levantarse descubrió, debido a un fuerte dolor, que no solo era el brazo. El pecho estaba cubierto por una venda. Volvió a hacer un intento por levantarse, pero la habitación empezó a dar vueltas y se mareo. Tumbado sobre la cama pensaba en lo que había ocurrido.

De regreso a la vivienda vio un carro aparcado frente al muro de entrada y escucho ruido dentro. Con precaución accedió a ella y comprobó como Ranmaru era apresado. Maldijo para sí mismo y se acercó a un pequeño cobertizo en busca de algo para defenderse. Encontró un arco y flechas. Observo como sacaban a su amigo a empujones y giro para esconderse en un lateral de la casa, donde la oscuridad le daba protección. Volvió a maldecir cuando vio a Nene acompañada de Katsuei. Estaba a punto de intervenir, cuando Ranmaru paso al ataque. Sin embargo, al ver el arma en su cuello, no lo dudo y disparo. Volvió a maldecir al errar el tiro. La oscuridad le impidió apuntar con precisión y además, había delatado su posición. Por lo cual, no tuvo más remedio que revelar que estaba allí.

Al ver a Nene intentar escapar de Katsuei, no lo dudó un instante y se lanzó a por Tadamasa. ¿Cómo había sido tan idiota de actuar sin pensar? Ese error precipito que perdiera la lucha y también a sus amigos. Molesto consigo mismo, volvió a intentar levantarse pero la habitación comenzó a dar vueltas y se mareo. Escucho pasos por el pequeño pasillo y se giró para ver a Kambei aparecer por la puerta.

- Me alegra ver que has despertado – sonrió apoyado en el dintel – si tardas en hacerlo un poco más, me habría preocupado.
- ¿Cuánto…?
- Un día – respondió Kambei – fue una suerte encontrarte vivo. Cuando llego la noticia de la muerte de Oichi, Hideyoshi mando buscar a Nene inmediatamente. Al llegar, solo te encontramos a ti.
- Tadamasa se la ha llevado. También a Ranmaru – Tsuneoki suspiro derrotado – tienen a alguien que los ayuda. Cuando Oichi murió estaba con ella. Me iba a dar sus diarios, pero es persona los destruyo.
- ¿Crees que puedes levantarte? – Kambei lo ayudo cuando este asintió – Hideyoshi quiere verte. Necesitamos tu ayuda.

Tsuneoki siguió a Kambei hacia un patio de tierra batida. Preguntándose como estaría Nene. Hideyoshi esperaba en medio del lugar y, después de examinar al joven en silencio, continuo hasta atravesar el patio y llegar a un edificio sin pintar. Era la cárcel propiamente dicha. Tenía unas minúsculas ventanas y unos guardias custodiaban la entrada.

Kambei descorrió las gruesas vigas de madera que cerraban la puerta y entro justo después de Hideyoshi. Lamentos y sollozos salían por la puerta recién abierta y Tsuneoki se estremeció antes de entrar. Había escuchado historias terroríficas que circulaban sobre el trato en la cárcel. Trago saliva y entro. Sus acompañantes lo condujeron por un corredor y pararon frente a una puerta custodiada por dos guardias. Estos lanzaron una exclamación y Tsuneoki pensó que posiblemente nunca habían visto a alguien de rango tan elevado como Hideyoshi. A una señal de Kambei, saludaron y se fueron. Este abrió la puerta y accedieron a una pequeña habitación con un hueco en la pared por el que entraba un poco de luz. En una esquina, sentada mirando hacia la pared, se encontraba una joven.

- Se niega a hablar – dijo Kambei – pero quizás contigo si lo haga.

Tsuneoki avanzo curioso. ¿Quién podría ser? ¿Por qué pensaban que hablaría con él? Kambei dio una orden y ella se levantó y giro lentamente. Debido al traje negro de ninja, no la había reconocido, pero al ver su cara se quedó sin palabras.

- Saki – susurro el joven.

Ranmaru se movía como un león enjaulado dentro de la tienda donde estaba confinado. Habían curado sus heridas y llevado comida, pero no sabía nada de Nene. Escucho a los soldados que custodiaban su puerta, que iban a tomar la capital gracias a la ayuda de los monjes del monte Hiei. ¿Estaría Hideyoshi al corriente de ese plan? ¿Tendría alguna forma de hacerle llegar la información? Pronto debería tener noticias de Saki y entonces, planearía escapar de allí con Nene.

Escuchó movimiento en la entrada de la tienda y cuando se levantó el trozo de tela, su hermano estaba parado ante él. Durante unos minutos, ninguno de los dos dijo nada y solo se estudiaron con la mirada.

- ¿No vas a preguntar nada? – pregunto por fin Tadamasa.
- ¿Dejaste que me golpeara en la cara?
- ¿Lo único que te preocupa es tu cara? – Tadamasa no pudo evitar la carcajada – realmente hermano cada día me sorprendo más.
- Nene está bien, estoy seguro de ello. ¿Por qué tantas molestias de traerla aquí para matarla? No…. Algo queréis de ella.
- ¿Y tú integridad? ¿Es que no te preocupa?
- Ya te dije en su momento que yo carezco de importancia en esta lucha.
- Para ella no.

Ranmaru miro a su hermano intentando comprender aquellas últimas palabras. Un soldado entro en la tienda y después de saludar, entrego a Tadamasa un remolino de ropa y salió. El joven reconoció la ropa de Nene y se tensó al instante. Alarmado miro a su hermano, quien no le prestó atención. Estiro la ropa mostrándole el cerco de sangre que bañaba los bajos. Dio un paso agarrando a Tadamasa por el cuello, cogiéndolo totalmente desprevenido, y lo arrincono contra el poste central que sujetaba la tienda.

- ¿Qué le habéis hecho?
- Tranquilo hermano. Ella está bien. Mitsuhide se encargara de que a la hija de Oda no le falte nada.
- ¿Has dejado que se encuentren? ¿Te has vuelto loco? Nene no está…
- ¿Crees que una estúpida chiquilla podrá hacer algo a Mitsuhide? – Tadamasa soltó una sonora carcajada, pero su hermano apretó el agarre y se apagó en una tos ronca – realmente te tiene totalmente en su poder. No eres capaz de razonar. Ahora, suéltame.
- ¿Por qué debería?
- Los hombres que te vigilan solo necesitan una señal de mi parte, la que sea, para entrar aquí y acabar contigo. Así que, si en algo aprecias tu vida, suéltame.

Ranmaru se tomó unos instantes para reflexionar. Necesitaba llegar a Nene para poder escapar de allí. Sabía que no iba a ganarse la confianza de ninguno, asi como ellos sabían que no la abandonaría. Sin embargo, tenía que conseguir salir de esa maldita tienda para trazar un plan y conocer un poco el terreno.

Con extrema lentitud, se separó de su hermano e intento recuperar la compostura. Los segundos se hicieron minutos y ninguno de los dos hermanos parecida dispuesto a decirse nada. Un muchacho accedió a la tienda y los saludo. Después, espero a que Tadamasa hablara.

- Este es Kenji – dijo a modo de presentación – será tu ayudante mientras eses aquí.
- ¿Ayudante? No necesito….
- No vas a poner un pie fuera de esta tienda – dijo Tadamasa – da igual la de vueltas que le des en esa cabeza tuya. Todas las vías de escape están vigiladas. Te conozco Ranmaru. Se poco piensas y me he adelantado a cualquier movimiento que puedas intentar hacer. Ademas, Kenji será mis ojos dentro de esta tienda.

El joven no dijo nada y se sentó en la cama. Se llevó las manos a la cabeza y después se tumbó boca arriba. Necesita quedarse a solas para pensar. Con la molesta voz de su hermano, no era capaz de concentrarse. Tadamasa reacciono a este movimiento moviendo la cabeza en señal de aprobación. Su hermano parecía haber comprendido finalmente que era un prisionero.

- Me marcho – anuncio por fin – disfruta de tu estancia en el campamento.

Tadamasa salió al sofocante calor del verano y maldijo entre dientes mientras se alejaba. El muchacho se acercó a Ranmaru y saludo. Después, se sentó en un rincón y permaneció en silencio. Se lo agradecía, eso le ayudaría a pensar. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo podría hacer llegar un mensaje hasta Nene? Al igual que el, ella no podría salir de su cárcel o mucho menos acercarse a él. Necesitaba utilizar un método que solo ellos dos conocieran. Se llevó la mano al pecho, donde la herida lo molestaba. Entonces toco algo que siempre llevaba consigo y lo saco para observarlo. Casi sin pensarlo, la idea fluyo a su mente y, aunque era arriesgado, sabía que Nene lo podría comprender.

- Tu nombre era Kenji, ¿verdad? – pregunto incorporándose lentamente – bien, creo que te pondré a trabajar. Tráeme papel.
- El señor Tadamasa no le va a permitir escribir nada.
- ¿Qué podría escribir solo con papel? – pregunto el con una sonrisa – consúltalo con el si quieres. Tengo tiempo de sobra.
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Ayame
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Re: La hija del Daimyo

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