La hija del Daimyo

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La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:28

Aqui mi nuevo fic, aunque en esta ocasion es novela historica. Ademas, de publicarla por aqui, tb esta en wattpad.

Os dejo la portada y los personajes




personajes:

Oda Nene



Ikeda Tsuneoki



Mori Ranmaru



Toyotomi Hideyoshi



Oda Nobunaga



Akechi Mitsuhide



Oichi



Añado tambien, que en wattpad no puedo, los mapas de la epoca




Última edición por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:33, editado 1 vez
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 2 Feb 2016 - 23:31

Prólogo

Nene se encontraba parada cerca de la puerta de su habitación, dentro del templo Honnoji, donde esta hospedado el sequito de su padre. Oda Nobunaga era un importante señor de la guerra del país y, había sido convocado por el emperador para celebrar un banquete. Por ese motivo, ella se encontraba allí. Sin embargo, debido a que su padre era un personaje importante para la nación, el templo, había dejado de tener tal función y ahora, servía como un palacio, donde se celebraban audiencias y la puerta estaba llena de carretas y palaquines.

La joven descubrió que no solo habían ido hasta allí, sino que por el camino su padre había adherido nuevos territorios a su provincia. Debido a ella, el ejército de su padre, estaba disperso por todo el país y, apenas tenían una docena de soldados.

A pesar de que durante todo ese día había tenido un mal presentimiento, decidió no prestarle atención. Era demasiado joven para estar pendiente de cosas importantes. Habían llegado rumores de que el fin de Nobunaga estaba cerca, pero desde hacia ellos era un guerrero formidable y estaba rodeado de fieles seguidores que darían la vida por él. Casi había logrado unificar el país y hacerlo entrar en una época de paz. Ella no creía que nadie pudiera acabar con él.

Nene se acomodó el obi y avanzo por el largo pasillo que la llevaría al banquete. Su sirviente personal iba delante de ella alumbrando el camino con un pequeño farolillo. Al girar la esquina, le llego el sonido de la música y la risa de los invitados. Frente a la puerta había un joven montando guardia. Vestía completamente de negro y lucia el blasón de su clan bordado en hilos de oro. El pelo estaba perfectamente recogido en una coleta que apenas rozaba su cuello. Al verla aparecer hizo una profunda reverencia.

- Creo que nos conocemos desde hace muchos años para que seas tan formal conmigo, Ranmaru.

El joven se levantó y le devolvió una sonrisa. Era mucho más alto que ella y, aunque no era muy corpulento, la joven sabia de la fuerza que tenía. Todas las sirvientas suspiraban por él, pues aunque ya era un adulto, seguía conservando rasgos de la niñez.

- Debemos mantener el protocolo, señora – el joven volvió a inclinarse – estas realmente bella esta noche.

Ella no podía negar esa belleza. Tenía una piel asombrosamente blanca y unos ojos que llamaban la atención. Normalmente eran oscuros, pero por algún motivo, los suyos eran más claros de lo normal. Los monjes, cuando la vieron por primera vez, dijeron que eso era un bien presagio, aunque ella no le daba importancia. Además, no abusaba del maquillaje como las demás mujeres. Tan solo aplicaba un poco de maquillaje a sus mejillas y rojo en los labios.
Ranmaru se apartó para que la sirvienta pudiera abrir la puerta, pero Nene levanto una mano como orden para que no lo hiciera. La muchacha se retiró un poco de la puerta.

- ¿Hay noticias de Tsuneoki?
- Se encuentra en la provincia de Tamba, acompañando a Hideyoshi en la lucha.
- Ya van a hacer casi 2 meses que se fue…
- No debes preocuparte por él. Sabes que el solo podría hacer frente a un ejército enemigo.

Ambos se giraron al unísono al no escuchar el sonido de la música y las risas. En ese momento la puerta se abrió y un hombre apareció en la puerta. Se trataba de Akechi Mitsuhide, uno de los vasallos más leales de su padre. En esa ocasión estaba rojo de ira y de sake. Miro a la joven de arriba abajo y, después de una leve inclinación de cabeza, se marchó molesto por el corredor.

- ¡Nene! – un joven mayor que ella la invito a pasar. La joven inclino levemente la cabeza para despedirse de Ranmaru y este cerró la puerta tras ella – perdona los modales de Mitsuhide, parece que no se encuentra de humor.

La joven se inclinó para saludar a todos los presenten, que habían vuelto a hablar animadamente y al sake. El joven que la había invitado a entrar era su hermano mayor y sucesor de su padre. Nobutada era el vivo retrato de su padre, aunque no poseía la audacia de este en la batalla. Su padre estaba sentado al fondo de la habitación jugando con un grupo de geishas. Se limitó a realizar una ligera inclinación de cabeza y continúo bebiendo sake.

- Padre – ella se sentó frente a el - ¿me mandasteis llamar?
- ¡Señor! – exclamo una de las geishas – vuestra hoja es hermosa.
- Y peligrosa – sonrió este con orgullo – es toda la guerrera.
- Deje mi entrenamiento hace mucho padre – sonrió Nene – cuando deje de ser una niña.
- Mentirosa – susurro Nobutada poniéndose al lado de ella y llevándose un codazo. El joven sonrió y se dirigió a Nobunaga – padre, a pesar de que Nene acaba de llegar, nuestro invitado de honor se ha ido. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer con ella?
- Volveré a mi habitación y si me….

Ranmaru abrió la puerta de golpe, hizo una reverencia y se puso al lado de la joven y su hermano. Le tendió una carta a este último y, espero órdenes.

- Es de Hideyoshi – dijo Nobutada – pide refuerzos.

Todos los presentes dejaron de beber y las risas se apagaron poco a poco. Nobunaga mando salir a las geishas y a Nene con ellas. Aquella fiesta se había convertido en un consejo de guerra.

Nene escucho a lo lejos el sonó de las campanas que anunciaban los incendios, pero apenas le prestó atención, pensando que era en sueños.

- Despierta – era su hermano quien estaba a su lado.

Ella se incorporó de golpe y miro a su alrededor. Esta sola con su hermano, pero las campanas pertenecían al templo. Por todos lados se oía el griterío de los sirvientes intentando huir. Sin tiempo para vestirse, cogió una túnica y salió detrás de su hermano.

- ¿Dónde está padre?

Nobutada no le respondió. Iba delante hablando con otro samurái. El pasillo estaba abarrotado de gente y ella agarraba a su hermano de la mano para no perderse. El joven se abrió paso entre la gente, apartándose del patio central y dirigiéndose a la zona de donde provenía el humo. Nene lo siguió restregándose los ojos. Cuando llegaron a la zona, que creían que eran las cocinas, el humo era tan denso que apenas veían nada. Avanzaron a tiendas, dando traspiés y tapándose la cara con las mangas. Salieron por una pequeña puerta lateral y se detuvieron jadeando. El aire frio del amanecer le llenaban los pulmones, mientras veían arder el templo.

- ¿Dónde está padre? – volvió a repetir la joven.
- Nene… Padre… me ha mandado sacarte de aquí – le limpio un poco la cara que estaba cubierta de hollín y le coloco la túnica tapándole la cabeza – tapate bien y no digas nada, solo sígueme.
- Espera, padre no estará…
- Padre es un samurái y cumplirá con su deber. No podemos hacer nada.
- ¡Debes ayudarle! ¿Y Ranmaru? ¿Dónde está?
- Tengo órdenes de mi padre y señor para protegerte. Eso es lo que voy a hacer y después… iré a buscarlo. Ahora vamos.

Nene obedeció y lo siguió en silencio. Había un grupo de samuráis apiñados frente a la puerta de los cobertizos y pudo ver un palanquín, en el que huiría. Escucharon gritos otra vez y Nobutada la subió a su transporte. Ella doblo las piernas bajo el cuerpo y se metió los faldones bajo la rodilla para que no le dolieran las piernas durante el trayecto.

- Te sacaremos de aquí antes de que caigas en sus manos.

Un fuerte estruendo hizo que perdiera de vista a su hermano. Nene observo que el grupo de samuráis había comenzado a pelear con otro grupo recién llegado. De pronto vio la cabeza de Nobutada que se agarró a la puerta del palanquín con sus huesudas manos. Nene dio un grito ahogado al ver la herida de su cuello. Por un momento le brotaron las lágrimas de disgusto y frustración. La puerta se cerró de golpe y noto como el palanquín se elevaba y comenzó a andar. Perdió el equilibrio y cayó contra una de las paredes. Como iban deprisa, parecía que iba en una barca con el mar picado. La joven oía el chacloteo de cascos y el crujido de pies recubiertos de paja. Levanto un poco las tiras de la cortina de bambú y vio guerreros a caballo y samuráis que corrían tras ella. ¿Iría su hermano a su lado?

No sabía cuánto tiempo llevaba viajando cuando el palanquín se detuvo en seco. Escucho gritos y cortar de espadas. Aparto un poco la cortina y vio un grupo de samuráis acabando con sus portadores. Ella asió su daga e impotente e intento permanecer sentada. El palanquín se balanceaba y daba fuertes sacudidas. De repente, este paro y ella se quedó muy quieta, intentando no moverse. De pronto una mano sacudió la puerta del palanquín, pero desapareció al instante. Ella escucho algo inesperado: cascos de caballos y una fuerte explosión.

El palanquín comenzó a girar y ella daba vueltas dentro de él. No sabía que estaba pasando, pero de repente se detuvo y todo estaba en completo silencio. La joven estaba echa un ovillo y, cuando intento moverse, le dolían todas las partes de su cuerpo. Se quitó de encima la estructura de paja del palanquín y se vio rodeada de maleza y árboles. La levantar la vista, vio una pequeña ladera. Seguramente debido a la pelea, había caído sin poder parar. Así que ahora se encontraba sola y perdida en medio del bosque.

No era capaz de escuchar ningún ruido, por lo que no sabía a qué distancia estaba del camino o si, alguno de sus portadores había sobrevivido. Decidido ponerse en marcha, pues no iría a buscarla y quedarse allí parada significaba que era una presa fácil. Removió la estructura del palanquín y recupero su daga, que estaba todavía dentro de su funda.

Aunque su hermano había intentado sacarla de Kyoto, no tenía a otro sitio a donde ir. No debía encontrarse lejos de la ciudad y la otra opción: volver al castillo Azuchi, estaba descartada. Demasiado lejos para ir sola y a pie.
Volvería a Kyoto. Seguramente su padre y los generales habían conseguido parar al enemigo y todo estaría en calma. Con esa esperanza en mente, emprendió el camino.

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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Sáb 6 Feb 2016 - 17:21

Capitulo 1


No estaba segura del  tiempo que había estado caminando por el bosque, cuando vio aparecer las primeras casas. Lo único cierto era que el sol, hacia largo tiempo que estaba alto en el cielo.

Evito acercarse a los caminos, aunque le resultaba extraño que todavía no hubieran dado con ella o, no encontrarse con ninguna patrulla. Estuvo desorienta en algunos momentos, pero por suerte se encontró con el lago Biwa, que estaba cerca de la capital y lo bordeo hasta llegar a su destino.

Nene observo escondida tras la maleza como los habitantes realizaban sus quehaceres, sin importar lo que ocurría en la ciudad. A las orillas del lago, estaban amontonados algunos botes mientras otros, faenaban en él. Algunos niños jugaban en la orilla y también podía ver el humo de los hogares en las casas. No estaba segura de haber llegado a la capital, pero la enorme columna de humo que se veía en la zona norte, se lo confirmo. Debía de encontrarse en alguno de los barrios marginales.

Conocía la existencia de los paria, aquellos ciudadanos que se consideraban impuros por los trabajos que realizaban y también sabía que vivían en la periferia. Sin embargo, nunca los había visto y tampoco entendía que no le dieran importancia al humo que se veía. ¡Estaban atacando la capital! Prefirió no pensar en ello. Tenía que llegar hasta su padre y hermano, además de conseguir algo de ropa. Todavía se encontraba con el kimono blanco, que ya estaba manchado y echo jirones, y la capa que le dio Nobutada. Su atuendo delataba  que había huido de algún lugar y eso la hacía sospechosa.

Escucho risas y se giró preguntándose de dónde venían. Subió por una pequeña duna y vio a un grupo de mujeres cerca del lago. Estaban lavando la ropa, o al menos eso creía porque realmente parecían sacos. Alguna de las prendas estaba tendida sobre las ramas, así que solo tendría que conseguir uno.

Intentando hacer el menor ruido posible, estiro el brazo pero no llegaba. Podía rozar la tela con la punta de los dedos, aunque para llegar a ella se tendría que exponer a ser descubierta. Observo que casi todas estaban agachadas restregando la ropa contra las rocas, mientras reían entre ellas. Solo dos estaban más cerca de ella, pero no la habían visto. Estaban susurrando entre ellas y miraban de vez en cuando el humo.

- Lleva toda la mañana ardiendo. Me pregunto cuando conseguirán apagar ese fuego.
- Dicen que han atacado a alguien importante.
- Son cosas que a nosotras no nos importan – grito una desde el lago – como si quieren prenderle fuego a toda la maldita ciudad. Ahora, regresad a trabajar. La ropa no se lava sola.

Nene espero a que se agacharan con las demás y volvió a estirarse todo lo que pudo, esta vez, saliendo de la protección de su escondite. Además de la ropa, se hizo con una cuerda para atarlo. Volvió a refugiarse en la maleza y allí se cambió. Nunca había usado algo tan áspero e incómodo. Tal como imaginaba, no era un kimono pero tampoco un saco. Se trataba de una tela de arpillera que tenía tres agujeros: uno para la cabeza y dos para los brazos. Se ató la cuerda a la cintura, para darle algo de forma. Se soltó el pelo e intento colocarlo delante de la cara. Entraría en la ciudad haciéndose pasar por un paria. Nadie la miraría y tampoco se acercarían. Sabía que solo podrían entrar con un permiso especial o una petición de las clases altas pero, ¿Quién se atrevería a acercarse para preguntarle?

Avanzo por las estrechas calles procurando no perder los peces que había robado. Su excusa, si alguien le preguntara,  sería que iba a distribuir los víveres a una casa importante de la ciudad. Maldecía ir siempre en palanquines cubiertos, que no le permitían ver a través de ellos. Si su padre no hubiera sido tan insistente en que fuera siempre protegida cuando salía, quizás ahora, sería capaz de saber en qué punto exacto se encontraba.

Pronto apareció en una de las calles principales. Esta era más ancha que las demás y las casas tenían las puertas abiertas, ofreciendo sus productos a los compradores. Se encontraba en el distrito de los comerciantes, donde la calle estaba repleta de personas. ¿Habia sido su imaginación todo lo que había ocurrido? No era posible. La cortina de humo, que se elevaba en el cielo, así lo demostraba. Sin embargo, a nadie parecía importarle. ¿Podría ser que como el templo estuviera alejado, no afectaba la ciudad? Lo cual significaba, que estaban atacando a su padre, no a la capital.

Avanzo hacia la parte norte, de donde provenía el humo y, a medida que avanzaba iba desapareciendo la gente y las casas. La desolación se apodero de ella, al llegar a las puertas del templo. Todo estaba completamente quemado e incluso, algunas partes aún seguían ardiendo. Soldados imperiales transportaban cadáveres de un lado a otro y, un grupo de curiosos estaba en la puerta murmurando. Una patrulla impedía el paso.

- ¿Qué ha pasado? – pregunto ella casi sin voz.
- ¿Qué quieres saber tú? – dijo un soldado de mala manera – este no es lugar para ti.
- Me han pedido que entregara aquí esto – Nene mostro la mercancía.
- Ya no lo necesitan – respondió el soldado – aquí ya están todos muertos.

¿Eran verdad aquellas palabras? ¿Nadie había sobrevivido? ¿Qué había pasado con Nobutada? Estaba convencida de que la había seguido. ¿Podría haber muerto en la escaramuza del bosque?

- Aquí se alojaba Oda Nobunaga – dijo ella - ¿Qué ha pasado con él?
- ¿Cómo conoces tu a la persona que se hospedaba aquí? – pregunto un hombre del grupo de los curiosos después de que todos se miraran en silencio.
- Era un señor muy famoso – Nene se reprendió en silencio. Habia sido una bocazas – todo el mundo sabía que se alojaba aquí.
- ¡Basta de charla! – el soldado la amenazo con la katana - ¿Porque te interesa tanto lo que ocurrió aquí? Como sigas siendo tan entrometida, jamás encontraras un marido. Lárgate de aquí, antes de que se me acabe la paciencia.

Nene no quiso discutir, así que dio media vuelta. Perdida en sus pensamientos, tardo unos segundos en darse cuenta de que la seguían. Tras ella, iban dos hombres que se separaron del grupo de curiosos. No conseguía verles la cara, pero seguramente sus intenciones no eran buenas. Doblo una esquina y echo a correr lo más rápido que pudo para huir. Giro otra esquina y se dio de bruces con un callejón sin salida. Intento retroceder sobre sus pasos, pero los hombres ya estaban sobre ella.

- ¿Qué queréis? – pregunto ella apoyándose contra la pared.
- Para ser una rata hablas mucho – uno de los hombres dio unos pasos hacia ella - ¿no te han enseñado a callar y obedecer?
- ¡Kojiro! – el otro hombre parecía nerviosos y miraba constantemente hacia atrás - date prisa, creo que nos han seguido.
- Si me tocáis lo pagareis caro Nene saco la daga que estaba oculta entre los peces que llevaba y la blandió frente a ellos. Ambos se echaron a reír y, con unos rápidos movimientos, la desarmaron y le cogieron del pelo.
- ¿De qué sirven ahora tus amenazas mujer? – el hombre que respondía al nombre de Kojiro, la atrajo hacia él y olisqueo su pelo.

Nene debía controlar su miedo y, aprovechando un descuido de su agresor, consiguió darle una patada. Debido a la conmoción del momento, pues ninguno esperaba que se defendiera logro echar a correr, aunque solo hasta la entrada del callejón. Apenas pudo gritar, cuando le taparon la boca y volvieron a me
fçterla en el callejón. Esta vez, la tiraron al suelo bruscamente y le sujetaron los brazos sobre la cabeza. Nene no podía moverse y cuando Kojiro cayó sobre ella, casi la dejo sin aire. Aun así, se revolvió intentando librarse. El otro hombre continuaba tapándole la boca y ella, le mordió, consiguiendo lanzar un grito antes de llevarse una bofetada y que le volvieran a tapar la boca.

- Debes ser una buena chica – susurro Kojiro oliendo su cuello – ya deberías estar acostumbrada a estas cosas. Los de tu clase, solo sois escoria. Ahora, probemos esta daga. ¿De dónde la has sacado? Tenéis prohibido portar armas.

Horrorizada, no sabía cómo salir de la situación. Deseaba haber muerto en ese bosque a manos de sus atacantes, que mancillada por esos sucios hombres. Mientras el otro hombre le sujetaba con fuerza los brazos, Kojiro fue rompiendo la tela y ella sentía nauseas al notar su aliento recorrer su cuerpo. Escuchaba al otro hombre apremiarlo porque él también quería disfrutar. Se sentía totalmente indefensa y sucia pero, ¿Qué podía hacer contra dos hombres? Cerró los ojos esperando que aquello acabara pronto. Sabía que no tardarían en desnudarla y hacer lo que ellos quisieran y a pesar de todo, su mente se resistía a abandonar la idea de buscar una manera de huir de allí.

Un gemido llego a sus oídos y, algo cálido rozo su piel. La presión que sentía sobre ella y sus brazos quedo liberada. Ahora con total libertad de movimiento, se hizo un ovillo y enterró la cabeza en señal de protección. Escucho al otro hombre pedir perdón y suplicar por su vida. Oyó gruñidos y gritos, el chirrido del acero contra los huesos y los golpes de los cuerpos al caer al suelo. A continuación se hizo el silencio sepulcral, solo roto por el trino de un pájaro. Sin embargo, ella estaba ocupada intentando controlar los temblores de su cuerpo como para ver qué pasaba.

Una voz conocida la llamaba, pero tenía miedo de que fuera su imaginación. Volvió a escuchar su nombre, aunque esta vez a su misma altura y una mano rozo su hombro. La joven se sentó y se llevó las manos al pecho, que estaba manchado con un líquido escarlata.  Respiro hondo intentando calmarse y levanto la vista.

Ranmaru estaba frente a ella. Tenía la cara manchada de barro y sangre, así como el cabello completamente revuelto. Aun así, los oscuros ojos del joven, consiguieron que se tranquilizara.

- ¿Estás bien? – pregunto quitándose la capa y cubriéndola con ella.
- ¡Ranmaru! – susurro ella al borde de las lágrimas - ¿Qué ha pasado?
- No hay tiempo, te lo contare más tarde. Casi los pierdo al doblar una esquina. Luego escuche un grito y…
- ¿Y mi padre? ¿Y Nobutada?
- Nos han traicionado y ellos… - Ranmaru mostraba una expresión sombría – vamos a huir a las montañas. Una vez que estemos a salvo, te lo explicare todo. Ahora levántate. Mantén tu vista en mí y no la desvíes.
- ¿Por qué?
- Solo hazme caso.

El joven la ayudo a levantarse. Nene obedeció y no aparto la vista de él, aunque un desagradable olor impregnaba el ambiente. Era una mezcla de sangre y excremento. Por lo cual,  cuando el hedor llego a ella, contuvo una arcada. La tierra estaba húmeda  por donde pisaba, lo notaba en sus pies descalzos. Intrigada bajo la vista y, contuvo un grito al ver el charco de sangre de uno de los cuerpos sin vida de sus atacantes. Apretó los ojos con fuerza y también las manos de Ranmaru, negándose a andar. Este la cogió en brazos y, la obligo a esconder la cabeza en su cuello para que no viera nada.

Llegaron al comienzo de un sendero que los llevaría a las montañas. Allí había un samurái que esperaba con dos caballos. Ranmaru monto en el caballo y luego, ayudo a subir a Nene, colocándola delante suya. En completo silencio emprendieron el camino.

No era capaz de recordar en qué momento se quedó dormida. Al despertar, se encontró en una pequeña estancia iluminada solo por la luz de las velas. Todavía se encontraba cubierta por la capa y llevaba el traje destrozado. Sentía la mejilla dolorida, recuerdo de la bofetada recibida.

Nene se incorporó y avanzo hacia la estancia contigua. Era un poco más grande y en el centro, había un agujero con una hoguera que servía para preparar los alimentos, aunque en esta ocasión había agua hirviendo.

Le llego el sonido de una campana de viento y comprobó, que había una puerta abierta por la que entraba un poco de brisa. Al salir, descubrió que era de noche, aunque con los arboles tan frondosos, no sabría decir la hora. Imaginaba que sería tarde.

Justo al lado de la puerta, cerca de la débil luz que salía del interior y pegado a la pared, se encontraba su amigo y salvador. Estaba abrazado a la katana pero completamente inmóvil. Por lo tanto, no sabía decir si dormía o no.

- Ranmaru… ¿estas despierto? – pregunto con cautela. Un ligero movimiento de la cabeza del joven le confirmo que escuchaba. Rápidamente se arrodillo a su lado y lo miro – cuéntame que está pasando. ¿Dónde estamos?
- Es un refugio que utilizan los cazadores cuando se quedan en el bosque. Tienes ropa para cambiarte en la habitación y agua para limpiarte. Cámbiate y, una vez que hayamos comido algo, te lo explicare todo.

Obedeció inmediatamente. Estaba deseando quitarse la sangre seca, el hedor y todo el barro que tenia en el cuerpo. Aparto el agua del fuego, a la espera de que se enfriara un poco y examino la ropa, un sencillo hakama gris y un haori oscuro.

Tardo un rato en conseguir limpiar la sangre seca y, mientras se secaba, examino lo que había llevado puesto. Temblaba solo de pensar en lo que podría haber pasado, así que con furia, lo lanzo al fuego. Minutos después se vistió y se sentó al lado de Ranmaru, quien tenía una hoja a modo de bandeja con tres bolas de arroz.

- Tendrás que conformarte con esto.

Ella sonrió agradecida pero tenía un nudo en el estómago, por lo que estaba segura de que iba a ser incapaz de probar bocado.

- El otro hombre que te acompañaba, ¿Dónde está?
- Él consiguió la ropa y la comida. Ahora lo he enviado a buscar información. ¿Cómo estás?
- Es la primera vez que me enfrento a esto – respondió ella – siento que todo el tiempo que pase practicando, no ha servido para nada. Estaba asustada y me quede bloqueada. No sabía qué hacer.
- Luchar y ver sangre por primera vez no es fácil – Ranmaru perdió la mirada en la oscuridad de la noche y, se preguntó cómo fue la primera vez para el joven. Sin embargo, no le dio tiempo a preguntar y continuo – luego… te acostumbras, ya que es tu deber.
- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está mi padre y Nobutada?
- Nobunaga ha muerto – contesto el con suavidad e inseguro. Había buscado la forma de decirlo de manera suave, pero no la encontró y opto por ser directo. Observo que durante un segundo, Nene se quedó paralizada al ir a coger una bola de arroz. Enseguida se recuperó y la coloco de nuevo  sobre el hakama – Nobutada huyo a Azuchi.
- ¿No ayudo a mi padre? – Nene tenía la voz temblorosa, intentando parecer fuerte y no romper en llanto.
- Nobutada recibió la orden de tu padre de mantenerse alejado de Honnoji. Fui yo quien ayudo a nuestro señor a cometer seppuku.
- Se… seppuku – susurro ella y se sumió en el silencio durante un rato. Ranmaru la observaba, a la espera de que siguiera preguntando - ¿Cómo… como sobrevivirte? Había mucho fuego y…
- Me hice pasar por muerto – respondió el – aunque debería haber seguido a mi señor después de que muriera, pero me dio la orden de protegerte. Akechi había salido detrás de tu hermano y…
- ¿Akechi Mitsuhide traiciono a mi padre? – Nene tenía un nudo en la garganta – era uno de sus hombres más leales.
- Nobutada tenía la orden de sacarte de allí. Sin embargo, las fuerzas de Nobunaga habían sido mermadas y fue en su ayuda. Cuando el llego, vuestro padre ya estaba muerto y decido huir a Azuchi para salvar su vida.
- No lo entiendo… ¿Por qué Mitsuhide tenía los mandos del ejercito?
- Nobunaga le ordeno partir inmediatamente para ayudar a Hideyoshi. Le dio el mando del ejército y no esperar a que amaneciera, sino que esa misma noche salió. Sin embargo, lo traiciono y regreso para matarlo.
- ¿Por qué haría algo así?
- No lo sé.

Nene se sumió en el silencio. Aquello debía ser una pesadilla de la que pronto despertaría. ¿Qué iba a hacer ahora que se encontraba sola? ¿A dónde debía ir? ¿Porque Mitsuhide había traicionado a su padre?

- ¿Cómo me encontraste? – pregunto de repente - ¿Cómo sabías que estaba en el callejón con esos… esos…?
- Estaba entre el grupo de curiosos, intentando conseguir información para saber si te habían capturado. En el momento en que dijiste el nombre de tu padre supe que eras tu. ¿Qué paria conocería el nombre de un daimio?
- Fue una imprudencia por mi parte. Debí haberme callado.
- Si lo hubieras hecho, no te habría encontrado – sonrió Ranmaru intentando hacerla  sentir mejor – pero al alejarte esos dos hombres fueron tras de ti y yo…
- Gracias por salvarme – Nene cogió una de las bolas de arroz y se la tendio a su amigo – come conmigo. Dime Ranmaru, ¿Qué vamos a hacer ahora?

El joven no respondió porque no lo tenía muy claro. Esperaría noticias y sobre ellas, tomaría una decisión. Escucho como Nene sollozaba mientras comía la bola de arroz. Ahora mismo estaban fuera de peligro, por lo que debía dejarla descansar. Mañana, cuando estuviera más tranquila, se enfrentarían a la decisión.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Jue 25 Feb 2016 - 22:25

Capítulo 2

Aquella mañana el campamento amaneció completamente empapado. La tarde anterior había comenzado a llover y tuvieron que detener la escaramuza. Aun así, se había producido numerosas bajas en ambos ejércitos. El torrente de agua que caía era tan fuerte, que dieron la orden de retirada. Durante la noche, el agua continúo cayendo sin descanso.

Tsuneoki salió de su tienda más temprano de lo normal. Por alguna extraña razón, no había sido capaz de conciliar el sueño. Se preguntaba si aquello era una mala señal hacia la cruzada que estaban llevando a cabo. El joven se dirigió a la tienda de su general, pero este no se encontraba allí. ¿Dónde podría estar? Mientras el campamento empezaba a despertarse, decidió recorrer los alrededores.

Se encontraba en el ejército que Nobunaga había enviado para controlar la provincia de Bitchu, en la parte oeste del país. Aquella tarea había sido encomendada a uno de los generales más leales, Toyotomi Hideyoshi. Este, hacía tres años que estaba embarcado en el proyecto, aunque Tsuneoki solo lo había acompañado durante los últimos dos meses. Lo habían enviado para ayudar en la caída del castillo de Takamatsu, el último punto que quedaba por conquistar de la provincia. En su interior se encontraba e daimio Shimizu Muneharu, aliado del clan Mori y enemigo de Nobunaga.

Una fina lluvia lo obligo a volver al campamento. Para cuando entro en su tienda, volvía a llover copiosamente. Comenzó a cambiarse de ropa, cuando un soldado le aviso de que Hideyoshi quería verlo.

Con paso ligero se dirigió a la tienda de su superior y entro. Después de una inclinación a modo de saludo, se sentó frente a Hideyoshi. Este era un hombre bajo y muy delgado. Además, su cara recordaba a un mono y por ello, Nobunaga siempre lo llamaba así. Sin embargo, no había que dejarse engañar por su aspecto. Tsuneoki sabía que tenía un don innato para la manipulación y era capaz de ver las intenciones de los otros hombres. Quizás por eso, había ascendido tan rápido. Minutos después de su llegada, entro Kanbei, subordinado de Hideyoshi y amigo de confianza. También era muy delgado y cojeaba de una pierna. Aunque durante unos minutos reino el silencio y solo se escuchó el sonido de la lluvia, Kanbei rompió el silencio.

- He examinado a nuestras tropas y un nuevo ataque sería demasiado arriesgado. Tenemos que esperar los refuerzos de Nobunaga.
- Shimizu no lo va a permitir – dijo Hideyoshi – en cuanto esta lluvia amaine, volverá a atacar.
- Esta mañana he podido espiar a las tropas enemigas – respondió Kanbei – su ejército está muy mermado. Se están refugiando en el castillo, por lo que no atacaran.
- Lo que nos lleva a un asedio largo y tedioso – concluyo Hideyoshi volviendo a caer la habitación en silencio. El general observo la lona donde caían las gotas de lluvia – esta estación de lluvias me deprime. Tsuneoki, ¿alguna idea?

El joven permaneció unos minutos en silencio. Hacía días que una idea rondaba su cabeza, pero no había terminado de darle forma. Por ese motivo, no había dicho nada al general. Tsuneoki miro a Hideyoshi y luego a la puerta, temiendo ser escuchado por los soldados. No sabía si algún espía podía estar escondido.

- Estamos completamente solos – dijo Hideyoshi – los soldados tenían orden de dejarnos solos en cuanto Kanbei entrara.
- Parece que el joven tiene un plan – Kanbei parecía animado – escuchémoslo.
- Durante los últimos días he observado donde se encuentra situado el castillo y la geografía que lo rodea. Solo tengo una vaga idea y podría ser arriesgado.
- Si no tomamos este castillo, es como si hubiéramos sido derrotados – dijo Kanbei – oigamos ese plan. No tenemos nada que perder.
- El castillo Takamatsu está en una llanura y sobre un terreno fangoso. Además, está rodeado de montañas y por estas discurren diferentes ríos. No sería difícil desviarlos para inundar el lugar.
- He oído de asedios a castillos con fuego que han tenido éxito, pero nunca con agua – dijo Kanbei.
- En crónicas militares antiguas, he leído que nuestro país ideo algo parecido cuando los chinos intentaron conquistar esta tierra – intervino Hideyoshi que había estado callado, meditando la idea – se llenaron con agua depósitos que se liberarían, inundado a las tropas enemigas y frenando su avance. Sin embargo, los chinos se retiraron antes y no se pudo probar su eficacia.
- Si llevamos a cabo este plan no sabemos si tendremos éxito – Kanbei no parecía muy convencido.
- Pero si tenemos éxito, será una grandiosa victoria – Hideyoshi miro a Tsuneoki y supo que su plan había sido aceptado – eres realmente brillante para la edad que tienes. Ve junto al soldado que confecciona los mapas. Poneos a trabajar inmediatamente. Tenemos que hacer diques de contención hasta que lleguen los refuerzos.

Tsuneoki regreso al anochecer. Estaba cansado de dar órdenes y ayudar a los campesinos que Hideyoshi había contratado para la construcción de los diques. Cuando se dirigía a su tienda, en la entrada había un muchacho que lo espera nervioso. El joven tenía la ropa manchada de barro y sangre, así como el pelo revuelto. Lo reconoció como uno de los pajes de Ranmaru y le ordeno que entrara en la tienda. No tuvo tiempo de preguntar qué le había pasado cuando este, le extendió una carta.

“Hemos sido atacados. No tenemos la fuerza suficiente para enfrentar al enemigo. Todo está perdido. Nos han traicionado.”

Tsuneoki releyó la nota sin creer lo que estaba escrito en ella. ¿Atacados? ¿Quién había atacado a Nobunaga? ¿Quién los había traicionado? Le pidió al joven que explicara lo que había ocurrido, pero estaba demasiado cansado para hablar. Había cabalgado todo el día para entregar el mensaje. Le indico que lo siguiera y se dirigió a la tienda de Hideyoshi.

En ese momento llego otro mensajero a la entrada del campamento y los guardias lo rodearon. También había cabalgado todo el día sin descanso y, cuando llego ante la tienda de Hideyoshi se desmayó. Tsuneoki cogió la carta que llevaba, ordeno a su mensajero esperar con los guardias y le prohibió hablar. Después, entro en la tienda sin avisar. Dentro, Kanbei explicaba un posible plan de ataque cuando la lluvia parara.

- ¿Qué ocurre muchacho? Parece que has visto un fantasma.
- Lamento interrumpir en este momento, pero ha llegado esto – dijo tendiendo la carta.
- Oh!! La respuesta de Nobunaga – Hideyoshi parecía satisfecho – ha sido más rápido de lo que yo creía. Muchacho, pronto estarás en casa.
- Yo también he recibido un correo – respondió Tsuneoki – ambos mensajeros han tardado un día en recorrer la distancia que nos separan de la capital.
- Demasiado rápido para ser solo un correo de respuesta a la petición de tropas – intervino Kanbei y Tsuneoki asistió. El general lo había comprendido.
Hideyoshi miro a ambos mientras desenrollaba la carta. A medida que leía e iba tornando más pálido y se le erizaba la piel.
- ¿Qué ha pasado? – pregunto Kanbei.
- Nobunaga ha muerto – Hideyoshi dejo caer la carta al suelo. Ninguno de sus acompañantes fue capaz de articular palabra. El silencio parecía interminable y finalmente el general continuo - ¿Dónde están los mensajeros?
- Uno esta inconsciente. El otro esta fuera esperando.
- Hazlo entrar.

El muchacho entro tímidamente y muerto de miedo. Tsuneoki le apretó los hombros para darle confianza y lo apremio para que hablara. El chico relato la parte que conocía. Indico que cuando empezó el incendio, Ranmaru lo llamo y redacto la nota que le había entregado a Tsuneoki. Después le mando salir de la capital y no parar hasta llegar al campamento. Cuando termino su relato, Hideyoshi hizo una señal y entraron unos pajes.

- Llevadlo a la cocina y darle de comer – cuando el joven salió añadió – encerradlo en una habitación y que no hable con nadie. Kanbei, tú te ocuparas del otro mensajero.

Tsuneoki comprendió a Hideyoshi. No quería que la noticia del incidente perturbara la moral de los soldados. Por lo tanto, del mensajero que iba a deshacer Kanbei, que asintió ante su orden.

- ¿Y Nobutada? – pregunto Kanbei - ¿También ha caído?
- No. Se ha refugiado en Azuchi. Nobutada ha sido quien ha enviado el mensajero – Hideyoshi golpeo el suelo con el puño - ¿Por qué Mitsuhide ha atacado?
- Nobunaga apenas tenía soldados en Honnoji. Si había enviado a Mitsuhide en nuestra ayuda, le había entregado las pocas tropas de las que disponía.
- Era su oportunidad. Nunca iba a tener a Nobunaga más vulnerable – dijo Hideyoshi.
- Señor – Tsuneoki se había mantenido en silencio todo el tiempo. Los dos hombres se habían olvidado de el – Nene… ella… estaba con Nobunaga. En la carta…
- No dice nada. Quizás se encuentre con Nobutada.
- Señor… no puedo quedarme aquí sentado. Quizás no solo Nobunaga ha muerto. Ranmaru, en la nota… no tengo noticias de Nene y mi amigo. Solicito…
- No puedo moverme de aquí – le dijo Hideyoshi – estamos a punto de conquistar la provincia. Además, si yo muevo a las tropas en retirada llamaremos la atención.
- Iré solo – afirmo Tsuneoki – el proyecto ya está en marcha, por lo que no me necesitas aquí. Seré una avanzadilla. Iré a Azuchi a ver cómo están las cosas y ver a Nobutada.
- Tsuneoki…
- Deja marchar al muchacho – intervino Kanbei – no te está pidiendo permiso. Se va a marchar con tu consentimiento o sin él.
- Ve a Azuchi. Encuentra a Nobutada y también ve a Fukui, al castillo de Kitanosho. Allí te reunirás con Shibata Katsuei. Cuéntale lo ocurrido y espera que te envié un mensajero.
- Si señor – Tsuneoki saludo rápidamente y salió de la tienda.

Si Ranmaru y Nene seguían vivos, seguramente estaban con Nobutada. Por lo tanto, en Azuchi se encontraría con ellos. ¿Qué podía haber llevado a Mitsuhide a cometer semejante acto de traición? ¿Lo había planeado todo solo? ¿Quién más podría estas implicado?

No se molestó en empacar gran cosa. Rápidamente mando ensillar su caballo y partió, sin pensar que ya era noche cerrada y que los caminos podrían ser peligrosos. Solo tenía una idea en mente: encontrar a sus amigos.

Nene se encontraba sentada en el interior de la choza. Había anochecido y no tenían noticias del mensajero que Ranmaru había enviado a Azuchi. ¿Estaría todo bien? Todo aquello aun le parecía irreal, pero había tenido todo el día para asimilarlo. También se prometió a si misma que nunca volvería a quedarse parada ante un combate.

Estaba segura que el silencio que se provocó en el banquete tenía que ver con el desenlace y no podía evitar preguntarse qué es lo que harían ahora. Ranmaru le había dicho que un mensajero avisaría a Tsuneoki y este a Hideyoshi pero, ¿Qué podría hacer él? Se encontraba muy lejos y tampoco estaba convencida de que el hombre cumpliera su cometido. Si un general había traicionado a su padre, ¿Qué impedía a un simple paje traicionar a Ranmaru?

Escucho movimientos en la pequeña entrada y la puerta se cerró de golpe. Escucho la voz de su amigo, pidiéndole que no saliera. Ella se apartó hacia la pared más alejada y se acurruco. Escucho el choque de espadas y gritos. De repente, la puerta cedió y un samurái desconocido, con katana en mano, entro en la estancia.

Nene alcanzo un trozo de madera que tenía al lado, para mantener la caldera encendida y lo blandió frente al recién llegado. Este parecía divertido por la situación y arrojo la espada a un lado.

- No la necesito para ocuparme de una mujer. Además, tengo orden de no matarte.
- ¿Quién te ha dado las órdenes?

El hombre no tuvo tiempo de responder. Como un rayo, Ranmaru entro en la habitación, atravesó al hombre desarmado y volvió a salir. Nene no lo pensó dos veces y, cogiendo la katana, se abalanzo hacia la puerta para seguir al joven. Sabía que no había manejado un arma en mucho tiempo y que, seguramente Ranmaru se enfadaría, pero estaba dispuesta a ayudarlo.

Ranmaru había contabilizado cuatro hombres, incluyendo al que había matado en el interior de la choza. Vio salir a la joven con la katana en la mano y uno de los atacantes, se abalanzo sobre ella. No tendría tiempo a reaccionar al ataque, así que el joven fue más rápido y la aparto de un empujón, parando el golpe. Los atacantes sonrieron divertidos, pues conocían el punto débil del chico. Si estuviera solo, no tendría problemas para acabar con ellos. Sin embargo, con ella allí, no podía concentrarse.

El joven le grito algo a Nene, que la joven no escucho. Salió corriendo en dirección a los arbustos para perderse en el bosque y, uno de los atacantes, la siguió. ¿En que estaba pensado esa idiota? Primero se desharía de los estorbos y luego, iría tras ella. Deseando que no le pasara nada, se puso en posición de combate.

- ¿Crees que podrás con nosotros? – el samurái rio – primero acabaremos contigo y después, nos la llevaremos.
- ¿Cómo nos habéis descubierto?
- Tu paje fue capturado antes de llegar a Azuchi. A cambio de su vida, desvelo vuestro paradero. Lástima que el señor Mitsuhide no sea tan benévolo como nosotros.
- No tengo tiempo de jugar con vosotros.

El combate fue bastante rápido. Ranmaru pasó entre ambos, golpeándolos con la katana. Cayeron al suelo sin moverse e iba a seguir a la joven, cuando vio a un último atacante que había permanecido oculto.

Nene se había dirigido hacia el bosque en un impulso. Solo pensaba en alejar a los enemigos del joven, para que este tuviera más libertad de movimiento. Paro unos segundos para coger aire en un pequeño claro, cuando escucho pasos que se pararon tras ella. Al girarse vio a su perseguidor. Estaba sola y debía hacerle frente. El samurái se dispuso a atacar, pero ella retrocedió y evito el golpe. Al atacante pareció divertirle la idea de un combate contra una chica y sonrió.

- Te equivocas si piensas que no podre defenderme. Ven a por mí - tal y como pidió fue atacada. Se agacho y esquivo la estocada. Con un rápido movimiento, le clavo su espada en la garganta – te lo dije, no debiste subestimarme.

Ranmaru observaba a su enemigo y, aunque sabía que debía resolver su problema más inmediato, no podría dejar de estar preocupado por Nene. Paso a paso se acercaron y se detuvieron a la distancia de un golpe de espada. Hubo un pequeño combate, sin embargo el joven no estaba concentrado y cayó de rodillas al suelo, con su katana al lado. La hoja de su enemigo cayó sobre él y, apenas tuvo tiempo de esquivarla, recibiendo un arañazo en el brazo.

El joven se levantó e intento atacar pero su adversario fue más rápido y lo hirió en el pecho. Casi inconsciente por el dolor, se apoyó en su espada para no caer al suelo. En ese momento llegaba Nene, que regresaba en su ayuda. Su adversario se giró para encararla, ya que no vio a Ranmaru como una amenaza, debido a su herida. Por lo que no se esperó la estocada de este, matándolo en el acto. La joven corrió hacia su amigo, que estaba de rodillas y lo ayudo a entrar en la choza. Cuando se fijó en ella y vio que estaba empapada en sangre, se apresuró a examinarla.

- Estoy bien, no es mía – dijo ella rompiendo un trozo de su hakama y vendando la herida de su amigo. Estaba completamente magullado y tenía cortes en los brazos - estas…
- Estoy bien – Ranmaru se intentó incorporar – tenemos que salir de aquí. No sabemos cuándo volveremos a ser atacados.
- Yo… he matado a un hombre – susurro ella temblando ligeramente.
- Sino lo hubieras hecho, el habría acabado contigo.
- Me quieren viva.
- ¿Cómo? – Ranmaru observo a la joven. Intento incorporarse pero se llevó la mano a la herida dolorido – tenemos que irnos. Fuera hay caballos.
- Iré a buscarlos – Nene se puso de pie y el joven le cogió una mano para detenerla – estaré bien.

Nene apareció segundos después con dos caballos que debían pertenecer a los atacantes. Ranmaru se incorporó y con dificultad subió al caballo. Luego, alargo la mano para que Nene subiera.

- Con un solo caballo seremos más rápidos – dijo cuando ella se acomodó delante de él. Con un ligero golpe de los talones, el caballo empezó a andar.
- ¿A dónde vamos?
- A Azuchi.

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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Mar 8 Mar 2016 - 16:06

Capítulo 3


Al despuntar el alba, vieron las primeras casas de la ciudad que se había construido alrededor del castillo. Habían avanzado a galope ligero durante la noche en completo silencio. En alguna ocasión, Ranmaru había dejado caer su cabeza sobre el hombro de Nene, señal de que la herida lo agotaba.

El lugar estaba desierto y algunas casas estaban abiertas y las cosas tiradas por la calle, señal de que había sido saqueado. Nene rogaba para encontrar a su hermano en el interior del castillo, pero al llegar al pie de la escalinata de piedra que llevaba al mismo, la desolación se apodero de ella. Cientos de cuerpos yacían a ambos lados del camino, entre los que se encontraban soldados, campesinos e incluso mujeres y niños. Al llegar a la altura de las murallas, bajo del caballo y traspaso el lugar donde se suponía debía estar la puerta. Los jardines, por los que había paseado días antes, estaban destruidos. Con la llegada de Nobutada y del ejército de Mitsuhide, los aldeanos corrieron a refugiarse al castillo y desde allí, habían enfrentado al enemigo. Continuo avanzando hasta la parte central, donde debía alzarse la fortaleza que su padre mando construir. Esta, todavía presentaba pequeños focos de llamas y algunos pabellones anexos ya se habían consumido. Allí ya no quedaba nada.

“Este castillo servirá como base para conquistar este país”

Las palabras de su padre resonaban en su memoria como si las hubiera pronunciado hacia tan solo unos segundos. Sin embargo, se diluían a medida que las llamas consumían las pinturas de tigres y dragones que se habían dibujado en los muros exteriores de la torre. Quiso entrar para buscar a su hermano o a cualquier persona que pudiera seguir con vida, pero una mano la retuvo. Ranmaru se encontraba detrás de ella, se había olvidado de el por un momento.

- Aquí ya no queda nada – susurro ella vencida – creí que aquí podría encontrar a mi hermano. Deseaba que Azuchi hubiera resistido, pero ha caído tan rápido… esto es...
- No sabemos qué ha pasado con Nobutada. Quizás ha huido a Kiyosu o incluso a Fukui, donde esta Shibata Katsuei. Allí le prestarían ayuda.

Ella permaneció en silencio mirando cómo se consumía un pabellón cercano al lago artificial que estaba repleto de carpas. Recordaba como jugaba a darles de comer cuando era pequeña, mientras su padre disfrutaba del té sentado en un pequeño templete del que ya no quedaba nada.
- Es peligroso permanecer aquí – continuo Ranmaru – puede que haya grupos de renegados e incluso pueden volver. No puedo protegerte en este momento.
Nene miro por primera vez a Ranmaru desde que estaban allí. El joven se encontraba más  pálido que antes y se apretaba la herida, que había vuelto a sangrar. Ella echo una última mirada al castillo y subió al caballo de nuevo.

- Jamás se lo perdonare – susurraba ella mientras descendían de nuevo al pueblo.

Ranmaru dejó caer la cabeza sobre el hombro de la joven de nuevo. Lo llamo, pero no obtuvo respuesta. Llegaron a las primeras casas y detuvo el caballo. Se giró para intentar despertarlo. Era imposible para ella bajarlo del caballo.

- Ranmaru, necesito que hagas un último esfuerzo – pidió ella. El joven abrió los ojos con dificultad – ayúdame a bajar.

Cuando Nene estuvo en tierra, le dio la mano para que el bajara. Pesaba más de lo que creía y casi caen al suelo. Ranmaru consiguió estabilizarse y ella le agarro de la cintura y le paso los brazos por sus hombros para entrar en la casa. Era pequeña, pero no necesitaba más. Lo tumbo en una estera frente al hogar, encendió un fuego y puso agua a calentar. Busco también paños limpios para realizar las curas y desinfectar la herida.

Tsuneoki no dejo de cabalgar hasta llegar a Kyoto. Una vez allí, se obligó a parar para dejar descansar el caballo. Su idea inicial era continuar hasta su destino, aunque sabía que el caballo no lo soportaría. La capital estaba en absoluta calma, como si allí no hubiera pasado nada. Sin embargo, sabía que no debía extrañarle. El actual emperador no era muy amigo de Nobunaga y seguramente ayudo a Mitsuhide en su empresa. Y si no fuera así, no iba a ayudar a esclarecer los hechos, ya que habían acamado con uno de sus más feroces enemigos. En la capital lo único que importaba era vivir la vida con toda clase de lujos y comodidades.

Le fue difícil recopilar información. Los pocos amigos que su líder hubiera podido tener en la capital, estaban muertos,  acusados de traición o huidos. Tsuneoki no podía negar que las cosas estaban pasando demasiado deprisa y las malas noticias llegaban una tras otra. Desde luego, el horizonte se veía muy oscuro. Con Nobunaga muerto y los generales dispersos por diferentes puntos del país, hacerse con la región de Owari no iba a ser difícil. Sabía que Nobutada plantaría cara, pero si Mitsuhide lo enfrentaba antes de que consiguiera agrupar el ejército, no tendría ninguna posibilidad.

El joven descansaba en un pequeño puesto callejero antes de continuar el camino, cuando dos hombres empezaron a discutir delante de él. Al parecer, eran mercaderes y tenían noticias de Azuchi. Nobutada había huido hacia allí perseguido por Mitsuhide, tal y como Tsuneoki había supuesto. Una vez en el castillo, lo había acorralado mientras su ejército asaltaba la pequeña ciudad que estaba a sus pies. Se decía que Nobutada había cometido suicido después de prenderle fuego al castillo.

- ¿Es eso cierto? – pregunto el joven asustando a los hombres. Se había acercado a ellos a medida que escuchaba - ¿Azuchi ha caído?
- Vengo de una aldea cercana – dijo uno de ellos después de detenerse unos instantes a mirarlo – algunos campesinos huyeron. Además, el fuego del castillo se veía a leguas. Seguramente si fueras a la parte norte, cerca del lago, tú también lo comprobarías.

Abatido, volvió a sentarse en el banco. Una mujer le acerco unos dangos y una taza de té. ¿Qué debía hacer ahora? Tenía la esperanza de encontrarlos allí, de que hubieran podido huir y estar vivos. Sin embargo, estas noticias lo dejaba en una vaga ilusión. Agito la cabeza para quitarse esa idea de la cabeza. ¿En que estaba pensando?  Puede que Azuchi hubiera caído, pero conocía a Ranmaru. Si realmente estaban juntos, no dejaría que a Nene le pasara algo.

Los tres jóvenes se conocían desde que eran pequeños. Nene era la hija más pequeña de Nobunaga y pronto, se quedó sola. Sus hermanos habían comenzado a despuntar en el arte de la guerra, formando parte de las tropas de su padre mientras que sus hermanas se habían casado y abandonado el hogar familiar, convirtiéndolas en desconocidas. Solo quedo su tía Oichi, con la que pasaba gran parte del tiempo. Por lo tanto, Nobunaga permitió que los hijos de sus generales pasaran tiempo en el interior del castillo.

La primera vez que la vieron fue cuando Oichi la acompaño al patio de entrenamiento, en un lateral de la muralla exterior del castillo. Como era tradición, al cumplir los siete años de edad eran entrenados en el manejo del arco y la flecha. A los cinco comenzaban a acudir a clase para conocer las letras y poder leer y después, se formaban militarmente. Lo cierto era que las niñas, pronto abandonaban esa práctica ya que debían casarse, pero las hijas de samuráis podían continuar practicando, por si en alguna ocasión debían defender a su familia y hogar.

El samurái a cargo del entrenamiento miro a la niña y suspiro molesto. Los chicos que estaban entrenando también la miraron curiosos. Era una niña menuda, envuelta en un precioso kimono blanco con carpas que parecían nadar cuando caminaba. Oichi la animo a coger el arco, pero la niña apenas tenía fuerza para tensarlo. El instructor intento ayudarla, pero temía que saliera herida, asi que le pidió que solo observara. Todos conocían el temperamento de su señor y,  la ira de Nobunaga,  podría llevarlos a la muerte. Por ese motivo, se convirtió en una niña solitaria, que se dedicaba a mirar en el porche del patio como los demás entrenaban.

Una de las veces, Tsuneoki y Ranmaru se quedaron entrenando un poco más, ya que sus padres estaban reunidos. Después de ir al pozo para echarse un poco de agua, volvieron al patio para jugar mientras esperaban. La vieron coger el arco que hacía unos minutos, el instructor sostenía, pero no era capaz de tensarlo lo suficiente, por lo que la flecha caía a sus pies continuamente. Después de varios intentos la joven, molesta, lanzo el arco al suelo y le dio un puntapié.

- Es un poco grande para ti – Tsuneoki recogió el arco y lo llevo a una pequeña mesa. Allí cogió otro más fino y pequeño. Luego, se lo tendió a la niña – este es el que usábamos al principio. Prueba con él.

Ranmaru se acercó a por otro arco y se puso al lado de ella. Coloco los pies en posición y espero a que Nene lo imitara. Después, doblo el cuerpo y tenso el arco. Ella lo imito, pero no conseguía mantener la flecha. Tsuneoki, cansado de esperar, se colocó tras ella y la ayudo. Ambas flechas fueron disparadas casi a la vez, aunque la de Nene no impacto en la diana y cayó a mitad de camino.

- Pronto lo lograras – sonrió Ranmaru – nosotros te ayudaremos. Él es Tsuneoki y yo me llamo Ranmaru.

Ambos jóvenes se giraron al escuchar que los llamaban y después de saludar, se marcharon. Después de aquella primera clase, practicaban todos los días y luego de entrenar, continuaban jugando. Poco a poco se fueron haciendo amigos. Incluso Nene cambio su kimono largo por uno corto, que le daba mayor movilidad para correr.

Una de las veces, mientras jugaban al escondite, la joven se ocultó tras un árbol. Sabía que pronto la descubrirían, como siempre hacían. Por ese motivo, decidió cambiar de táctica. Levanto la vista y vio una rama que le parecía lo suficiente estable para ocultarse. Nunca había subido a un árbol, pero observo como los otros niños lo hacían. No parecía muy complicado.

Comenzó a trepar hasta colocarse en la rama y, minutos después, apareció Ranmaru. Dio la vuelta al árbol y se quedó pensativo. Tsuneoki apareció poco después. Ella sonrió satisfecha, pues su plan había tenido éxito. Escucharon la voz de Nobunaga y Hideyoshi que caminaban cerca y se inclinaros a saludar.

- Que extraño veros solos – dijo Nobunaga - ¿Dónde está Nene?
- Estamos jugando al escondite, señor. Sin embargo, no la encontramos.
- Sería una buena kunoichi – Hideyoshi alzo la vista y señalo. Al pasar bajo el árbol, descubrió los pies de la niña – aunque es la primera vez que veo a una pequeña subida a un árbol.
- ¡Nene! – exclamo Tsuneoki –  Las doncellas te están buscando. Baja.

Aquello parecía fácil, pero la niña no estaba muy segura de cómo hacerlo. Al comenzar a moverse hacia el tronco, la rama crujió, por lo que no aguantaría el peso. Nene miro a su padre, quien no tenía intención de intervenir, ya que pensaba que la niña debía ser capaz de solucionar sus problemas.

- Salta – dijo Tsuneoki – no está muy alto y yo te recogeré.
- Pero….
- Confía en mí.

La joven cerró los ojos y se lanzó al vacío. Un fuerte dolor recorrió su pierna izquierda, aunque al abrir los ojos se encontró sobre Tsuneoki, quien había parado la caída. Sin embargo, su pierna dolía cada vez más fuerte y ella empezó a llorar. Rápidamente Hideyoshi la cogió en brazos y se la llevo.

- Señor – Tsuneoki se incorporó y cayo de rodillas frente a Nobunaga – es culpa mía. Por favor, castígueme.
- No señor, fui yo quien propuso el juego – Ranmaru imito a su amigo – castígueme a mí.
- Apenas sois unos críos de ocho años y esto ha sido un accidente – rio Nobunaga – sin embargo, Tsuneoki le ha dicho a Nene que confié en el y ella, lo ha creído ciegamente. Por eso ha saltado.
- Se ha herido por mi culpa – susurro Tsuneoki.
- Nene tiene que aprender a salir herida – sonrió Nobunaga - cuidar de ella, ese es el castigo que os pongo.
- Cuidaremos siempre de ella. Pondremos nuestra vida en juego, señor – repitieron los dos a la vez inclinándose.

Tsuneoki sonrió al recordar aquel momento y, dejando el té a medias, monto en su caballo. Iba a continuar hasta Azuchi, sin embargo pensó que serie más rápido atravesar el lago. Quizás ya no quedara nada en la ciudad, pero debía asegurarse.

Mitsuhide observo sobre su caballo como los últimos soldados de Nobutada pedían clemencia antes de ser ejecutados. No podía culparlos. A diferencia de los generales, solo eran campesinos que estaban bajo unas órdenes que no podían evitar. No conocían las normas de los samuráis, donde era un honor morir en batalla.

No había sido una escaramuza especialmente dura, sobre todo porque poseía el grueso del ejército. Aunque, no podía negar la astucia de Nobutada y la valentía. Había huido de la capital para refugiarse en el castillo de su padre. En él, se atrinchero y planto resistencia hasta el anochecer. Mientras los generales de Mitsuhide planeaban la ofensiva final, vieron llamar que procedían de una de las torres. Poco después, los espías le confirmaron lo que estaba pasando. El fuego se extendía rápidamente por la fortaleza y lo habían iniciado desde dentro. No estaban seguros de si se trataba de un acto desesperado ante una derrota anunciada o, si simplemente era un señuelo para algún truco de Nobutada. Independientemente de cual fuera el motivo, Mitsuhide tenía una cosa clara, no iba a permitir que muriera con honor. Le informaron de que Nobutada habia salido por una puerta secreta, pero Mitsuhide se adelantó al movimiento y dispuso hombres en cada salida de la ciudad. Como habia imaginado, en el caso de que huyera, se iria en dirección a Owari, donde su padre habia nacido.

A pesar de la desventaja numérica y de llevar algunas mujeres con ellos, los hombres de Nobutada lograron huir, aunque solo hasta el monte Ryozen, a unos kilómetros de Azuchi. Amparados por la oscuridad de la noche, Nobutada pensó que si se dispersaban, tendrían más posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, no fue posible ejecutar la orden. Las tropas de Mitsuhide cayeron sobre ellos casi al instante. El bosque que estaba a los pies del monte, se convirtió en un cruel campo de batalla. ¿Qué podían hacer un pequeño grupo de apenas cien hombres, contra un ejército de casi trece mil soldados? Rápidamente fueron reducidos y Nobutada fue presentado ante su captor.

El joven dirigió una mirada llena de odio a la persona que estaba encima del caballo. Este sonrió de medio lado y bajo. Observo al joven, que había luchado ferozmente, pero que al final no había servido de nada. Tenía atadas las manos a la espalda  y no podía apenas moverse. Mitsuhide se agacho a su altura.

- A pesar de que eres tú el que sucedió a tu padre, el seguía dando órdenes. Sin embargo, para acabar con el clan Oda, tengo que darte muerte a ti.
- ¿Por qué traicionaste a mi padre?
- Llevaba aguantando sus insultos e insensateces demasiados años. ¿De verdad pensaba que el seria la persona que se haría con el control de todo el país? Se había labrado muchos enemigos a su paso. Simplemente tuve que ir recogiendo el odio que sembraba.
- Aunque me mates a mí, no acabaras con los Oda – sonrio Nobutada – aun queda Oichi y Nene.
- Oichi no será realmente un problema, ya que acabare también con Shibata Katsuei pero… - Mitsuhide fijo la mirada en el joven quien lo desafiaba en todo momento - ¿Nene no estaba contigo?
- Nos separamos en la capital. De todas las mujeres que has matado aquí, ninguna era mi hermana.
- Seguramente no haya sobrevivido sola. Por lo tanto, en mi opinión, el clan Oda está acabado.
- Aun no me has respondido porque lo has hecho.
- Porque tu padre me traiciono primero.

Fue lo último que Nobutada escucho. Una punzada de dolor de atravesó el pecho y al bajar la vista puso ver como la katana que, momentos antes estaba en la funda que tenia su cinturón, le atravesó el estomago. Realmente fue un golpe certero, ya que la sangre se agolpo en su garganta y salió despedida al toser. Poco a poco dejo de percibir los sonidos y a oscuridad lo iba tragando poco a poco. Apenas noto como Mitsuhide lo agarraba de los pelos, levantándole la cabeza y alzando la katana para degollarlo. Sin embargo, si fue capaz de percibir su risa de triunfo, antes de que la oscuridad se lo tragara completamente.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Miér 23 Mar 2016 - 12:56




Capítulo 4


Ranmaru se encontraba en un estado que no había experimentado nunca. La sensación de estar sumergido en un profundo sueño, se mezclaba con pequeños ruidos que parecían venir de la realidad. Muchas pesadillas acudieron a él. Amigos que había perdido en el incendio, venían a atormentarlo completamente desfigurados y ensangrentados. Luego, desaparecían súbitamente y la sombra de Nene asomaba como un fantasma. Parecía querer decir algo, pero al abrir la boca, no salía sonido alguno. Ranmaru la llamaba, pero enseguida se desvanecía.

La única sensación que le recordaba que no estaba muerto, era el olor de un perfume. Era un olor ligero, que a veces desaparecía, pero enseguida volvía. No era capaz de asociarlo con nada conocido pero, queriendo saber a quién pertenecía, se obligó a sí mismo a abrir los ojos.

Lo primero que vio fue un techo de paja de una simple casa. Al mover un poco la cabeza, vio a una mujer de espaldas que parecía preparar algo. En un primer momento pensó que era Nene. El kimono simple y oscuro que llevaba le era completamente desconocido, pero imagino que lo usaría para pasar inadvertida. Sin embargo, se llevó una sorpresa al ver a otra chica. También era joven, aunque un poco más mayor que su amiga. Esta se había girado un momento para atender la comida del fuego. Luego, sus miradas se cruzaron por un segundo y ella se acercó, volviendo ese olor que lo desconcertó en sueños.

- Estoy vivo – susurro.
- Lo estás, pero no podrás manejar la espada en un tiempo. Te alcanzo en el hombro y, aunque en un principio parecía más profunda, lo cierto es que no es demasiado grave.
- ¿Cuánto tiempo…?
- Dos días – respondió la joven a una pregunta no formulada. Ranmaru se maldijo por permanecer inconsciente todo ese tiempo. ¿Qué había pasado con Nene? La mujer continúo hablando – gracias a tu joven esposa, estas vivo. Si ella no hubiera realizado las primeras curas, seguramente ahora serias un cadáver.
- ¿Mi esposa? – repitió el incrédulo.
- Una lástima lo ocurrido – continuo ella lanzando un suspiro e ignorando la reacción del joven – lleváis poco tiempo casados y ha ocurrido esto… la buena noticia es que ningún ha muerto. Alégrate por ello.
- La chica… quiero decir, mi esposa – Ranmaru tardo unos minutos en asimilar la poca información recibida. Intento incorporarse pero le fue imposible - ¿Dónde está?
- Cuando regrese a casa – la joven señalo alrededor, dándole a entender que era ese lugar – ella estaba aquí realizando las curas, junto a otro joven.
- ¿Otro joven?
- También parecía bastante preocupado por ti. Ninguno de los dos quiso moverse hasta estar seguros de que te recuperarías. Así que esta mañana los he obligado a salir. No tardaran mucho en volver. No estaban muy conformes.
- ¿Quién eres?
- Me llamo Saki. Aquí es donde vivían mis padres. Ambos fueron asesinados durante el ataque.

Le tembló la voz al decir aquello y rápidamente volvió a la comida para que no la viera llorar. Sin embargo, el  joven no le prestó atención. ¿Quién era el joven que estaba con Nene? ¿Cómo había sido tan imprudente de confiar en alguien? Toda clase de horrores pasaron por su mente. Aquel desconocido podría haberla raptado, asesinado o cualquier otra cosa. ¿Acaso no había aprendido la lección de lo ocurrido en la capital? Quizás estaba exagerando las cosas. Saki había dicho que su acompañante también parecía preocupado. ¿Quizás no fuera un enemigo? ¿Nobutada quizás?

Tsuneoki observaba a Nene que caminaba en completo silencio a su lado. Todavía le parecía increíble lo rápido que los había encontrado. Cuando consiguió que alguien lo llevara a la otra orilla del lago, estaba avanzada la mañana. Al poner el pie en tierra firme, el silencio reinaba en el lugar. ¿Realmente podrían estar muertos? Pensaba mientras avanzaba por las calles. Cuando llego a la escalinata y vio los cadáveres, le quedo claro que todo estaba perdido. Se disponía a buscar algún superviviente, cuando escucho una voz. Sonaba desesperada y aterrada. Debía ser la única persona que quedaba allí, por lo tanto debía ayudarla y conseguir noticias.

Abrió despacio la puerta, pero esta chirrió y el silencio reino en el interior.  Echo una rápida mirada y solo vio a un joven tirado en el suelo. Al principio no lo reconoció, pero mientras avanzaba se dio cuenta que era Ranmaru. Se precipito hacia él. ¿Estaba muerto? ¿Dónde estaba la voz que había oído? ¿Podría ser Nene? No tuvo tiempo de reaccionar cuando una katana apareció pegada a su cuello. Lentamente levanto la cabeza y miro a su enemigo. Suspiro aliviado al reconocer a Nene. Estaba salpicada de sangre, sucia y completamente asustada. Ella tardo unos segundos en reconocerlo. Rápidamente tiro el arma al suelo y se arrodillo a su lado.

- Ranmaru… ayúdalo Tsune… Por favor.

El joven le pidió a Nene que terminara de limpiar la herida y saco un pequeño tarro que tenía en una bolsa de viaje. Por suerte, siempre llevaba algo de ungüento encima, ya que nunca sabía cuándo le podría ser útil. Sobre todo, cuando iba al campo de batalla. Además de entrenar para la guerra, los samuráis aprendían pequeñas nociones de fitoterapia, para ser capaces de auto curarse. Los ungüentos que preparaban eran muy básicos pero completamente validos en casos de urgencia.

Nene se paró frente al lago, sacando al joven de sus pensamientos. Hacía dos meses que no la veía y la joven parecía haber ganado años. Suponía que era normal, por lo ocurrido en los últimos días. Demasiado incluso para él. Las ojeras eran muy visibles en la cara de la joven, así como una delgadez que parecía estar consumiendo su cuerpo. Aunque tenía que reconocer que era una autentica mujer guerrera. Todos los golpes recibidos en estos días, no habían acabado con ella.

- ¿Qué debería hacer ahora? – pregunto ella de repente.

Tsuneoki no respondió enseguida, pero se paró al lado de ella. En pocos días lo había perdido todo. Nobunaga se había suicidado, Azuchi se consumió hasta sus cimientos y, por si no fueran suficientes golpes, Nobutada había sido asesinado. La noticia llego a la ciudad pocas horas después de que encontrara a sus amigos. Mitsuhide los rodeo en la montaña cercana y asesino a todos los que iban con él. ¿Cómo podía darle ánimo a una persona, a la cual no le quedaba nada?

- Eres hija de Oda Nobunaga. Todavía quedan personas fieles a él.
- No quiero que nadie más muera. No más derramamientos de sangre en nombre de los Oda – Nene perdió la vista en la lejanía del lago, dirección a la capital – yo vengare a mi clan.
- Deja que Hideyoshi se encargue – pidió Tsuneoki. Comprendía los sentimientos de ella, pero le iba a ser imposible – vayamos a Fukui. Hideyoshi enviara un mensajero.
- ¿Cómo podemos confiar en alguien? Yo acabare con Mitsuhide
- Nene – Tsuneoki suspiro derrotado, pero debía disuadirla – en Fukui estarás a salvo. Allí esta Oichi. Shibata es amigo, no levantara las armas contra ti. Estáis unidos por sangre.
- No podemos mover a Ranmaru todavía – respondió ella tras un breve silencio. Parecía estudiar la propuesta – tenemos que esperar a que despierte.
- Tardará varios días en recuperarse, quizás semanas - Tsuneoki sabía que no podían esperar tanto.
- No pienso dejarlo atrás.
- Es peligroso permanecer aquí. Mitsuhide podría regresar con el ejército.
- Tendrás que ir solo a Fukui – Nene no podía creerse lo que Tsuneoki estaba sugiriendo. Se supone que eran amigos – Ranmaru me ha salvado la vida y ha estado a mi lado. Como ya he dicho, ni pienso dejarlo solo.

Ambos se mantuvieron la mirada. En el pasado, el joven habría ganado el duelo, pero en esta ocasión no iba a ser así. Además de cabezota, Nene tenía la determinación de ejercer su voluntad por encima de cualquier cosa. En eso se parecía a su padre. La joven por su parte, conocía a Tsuneoki. Sabía que no se daría por vencido hasta conseguir lo que quería y que si era necesario, se la llevaría a la fuerza. Por lo tanto, no debía renunciar a su determinación. En esta ocasión ella ganaría.

- Supongo que tu disfraz de esposa, servirá por unos días – Tsuneoki lo dijo molesto, pero Nene no pareció percibirlo.
- Gracias Tsune – sonrio ella.

El castillo de Kiyosu se encontraba en una frenética actividad. Los sirvientes corrían de un lado a otro de la cocina, entorpeciendo la labor de las cocineras, y algunos soldados robaban comida mientras estos discutían.

Mitsuhide había caído sobre la población de Kiyosu al amanecer del dia siguiente, después de asesinar a Nobutada. No había esperado a que se corriera la notica, porque de esta forma, los podría coger indefensos. Debido a que no había podido tener Azichi, Kiyosu era la prioridad, ya que se trataba de la cuna del clan Oda. Por lo tanto, hacerse con ese castillo, era proclamarse señor de las provincias de Owari, Mino y Omi.

Al igual que lo acontecido en el monte Ryozen, no tuvo piedad con los leales a Oda. Pocos fueron los que pudieron salvarse y huir. Todos los demás, fueron obligados a suicidarse, incluyendo mujeres y niños de familias nobles. Acabo con familias enteras, que permanecieron fieles a Nobunaga.
En la enorme sala de audiencias del castillo, se encontraba reunido con los generales que estaban bajo su mando. Se quedarían unos días en Kiyosu, pero enseguida tendrían que partir.

- ¿Qué vas a hacer con el castillo? En el momento en que lo dejemos, se revelaran contra nosotros – preguntaba uno de los generales.

Sabía que tomar el control por la fuerza no era suficiente, pero de momento tendría que servir. Para controlar a los vasallos de Oda, iba a necesitar un vínculo mucho más fuerte que la fuerza bruta.

- Necesitamos a alguien que conozcan y que no suponga una amenaza para ellos. Si ponemos a algún desconocido, nos arriesgamos a continuas revueltas internas.
- Tengo al hombre perfecto -  sonrió Mitsuhide.

Alzo la mano y un sirviente abrió la puerta. Un joven de unos veinte años estaba de rodillas y se inclinó a modo de saludo. Los presentes lo miraron con precaución. Mitsuhide le indico que pasara y este, se deslizo hasta el interior de la estancia colocándose a su lado.

- Os presento a Mori Tadamasa. Es hijo de Mori Yoshinari, quien era leal a Nobunaga.
- Su padre murió luchando contra los Asakura – recordó uno de los samuráis – Nobunaga….
- Mando a mi padre a una lucha que no podía ganar – intervino el joven – mi padre fue asesinado por Nobunaga. La caída de este clan, debió producirse hace tiempo.
- Tu hermano es Ranmaru, ¿no es cierto? Ese chico es fiel a Oda.
- Ha roto sus lazos con el clan Mori – intervino Mitsuhide – lo voy a adoptar como mi hijo. Ya no es un Mori. Por eso, él se hará cargo del castillo de Kiyosu.

Se hizo el silencio en la sala. Nadie se atrevía a discutir las órdenes de su general. No confiaban en el joven. Sin embargo, el había estado antes en este castillo y conocía a los sirvientes y a la gente. Los nobles que habían escapado de la matanza, confiarían antes en el que en cualquier otra persona. Mitsuhide sonrió satisfecho y pidió que entrara la comida. El banquete de la victoria iba a durar todo el día.

Tadamasa se encontraba leyendo las hojas de recaudación, cuando un paje pidió permiso para entrar. Mitsuhide abandono Kiyosu al día siguiente del banquete para dirigirse a la provincia de Iga. Allí se encontraban los monjes guerreros que habían huido del monte Hiei, al cual Nobunaga prendió fuego. Allí,  buscaría su apoyo para hacer frente a Hideyoshi y a Ieyasu Tokugawa. Todavía no tenía noticias de ellos, pero tarde o temprano, buscarían venganza.

- ¿Qué ocurre? – pregunto Tadamasa.
- Señor, traigo noticias de Azuchi. Los espías lo han encontrado.
- ¿A mi hermano? – Tadamasa observo al paje - ¿no murió en Honnoji? No quedo nadie con vida.
- Esta herido.
- Traerlo – dijo Tadamasa después de un periodo de silencio – traer a Ranmaru a Kiyosu.

Nene observaba el castillo sentada en un pequeño banco situado en la entrada de la casa. A pesar de la oscuridad de la noche, era capaz de distinguir la silueta de la torre. Dejo que el viento le despejara las ideas y levanto la cabeza, que había agachado en algún momento, y mostro sus lágrimas.  Caían por sus mejillas hasta los labios y podía sentir su sabor.  Conocía la preocupación de Tsuneoki, pero por otra parte casi deseaba que Mitsuhide la encontrara. Quizás así, sería capaz de acabar con él. No le importaba lo que luego ocurriera con ella.Escucho como la puerta se abría y alguien se sentó a su lado.

- Deberías estar acostado. Aun no te has recuperado.

Ranmaru no dijo nada. La había observado durante todo el día y sabía que estaba tramando algo. Tsuneoki también estaba extraño, aunque no era capaz de adivinar que le ocurría.

- Debiste sorprenderte cuando Saki te dijo que eras mi esposo. Fue lo primero que se me ocurrió en ese momento. Lamento si te molesto.
- Es un honor haber sido de utilidad incluso en ese momento – dijo el – no me molesto.
- Deja que te cambie las vendas.

Nene entro y salió minutos después con una pequeña caja lacada. Ayudo al joven a quitarse el haori y limpio la herida. Después coloco vendas limpias y se centró en guardar las cosas de espaldas a Ranmaru.

- ¿Estás pensando en entregarte? – el silencio de la joven le dio a razón – sin duda es una opción. Sin embargo, le darás de victoria a Mitsuhide. Con lo cual, estarías cometiendo una estupidez.
- No deberías preocuparte por eso – ella se giro y lo miro – ahora mismo lo que más me preocupa es que te mejores.
- Deberías marcharte. Es peligroso estar aquí. Vete con Tsuneoki. En cuanto me recupere, iré tras vosotros.
- No quiero seguir huyendo.
- Ahora mismo es necesario. Huir ni significa perder, sino prepararte para el asalto – sonrió el joven.
- Ranmaru, yo…

Gritos procedentes de unas casas más alejadas llegaron hasta ellos, haciendo que se levantaran instantáneamente. Se formó un gran revuelo de gente corriendo de un lado a otro en medio de feroces combates. Ranmaru perdió a la joven de vista. Tsuneoki llego corriendo en ese momento.

- Nos atacan – dijo entrecortadamente – tenemos que salir de aquí.

Nene había entrado en casa para alertar a Saki, quien se ocultaba dentro. Siguiendo las órdenes de la joven, salto por una ventana. Nene iba a seguirla, pero un samurái entro en la estancia, seguramente buscando algo para robar. El hombre desenfundo la katana y ella busco algo para defenderse. Al pasar junto a la estera donde dormía  Ranmaru, vio que al lado del hogar había un palo largo, con el que se movían las brasas. Corrió hacia el e intento defenderse de un ataque que no la mato de milagro. Iba a defenderse de otro ataque, pero Tsuneoki entro de repente y se deshizo del hombre. Después se acercó a ella y la ayudo a levantarse.

- Me siento tan inútil – susurro ella.

Tsuneoki no le prestó atención. Miraba de un lado a otro como un animal al acecho. Ranmaru apareció apoyándose en la puerta y los miro con preocupación.

- Camino libre. Ahora es el momento.
- Yo me ocupare de todo.
- ¿Qué creéis que estáis haciendo? – pregunto la joven mirando a uno y luego al otro.
- Hago las cosas a mi manera – Tsuneoki la miro y ella supo, que no iba a poder llevarle la contraria – no pienso permitir que te pongas más en peligro.
- Marchaos ya – grito Ranmaru volviendo a salir.

Tsuneoki agarro la mano de Nene y corrió en dirección al puerto. Esta no opuso resistencia y lo siguió. Corrieron esquivando soldados y llegaron casi sin aire a la embarcación que los esperaba. El joven la obligo a subir y soltó amarras.

- ¡Ranmaru! – exclamo ella mirándolo aterrada - ¿Qué estás haciendo Tsuneoki?
- No lo comprendes – el joven cogió los remos – Ranmaru nos esta…

De repente se giró y se abalanzo sobre ella, arrojándola al suelo con violencia. Nene no tuvo tiempo de gritar, solo sintió un enjambre de flechas a su alrededor y un golpe en la cabeza. Tsuneoki se irguió, pero una nueva andanada de flechas le obligo a protegerse. Observo que al caer, Nene se había golpeado la cabeza y se había desmayado. Se tumbó sobre ella mientras el bote iba a la deriva y escuchaba gritos de dolor a su alrededor.


Última edición por Ayame el Lun 11 Abr 2016 - 23:38, editado 1 vez
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 11 Abr 2016 - 17:09



Capítulo 5


El paisaje era precioso. Estaban atravesando el lago, del que emergían pequeños islotes. Una fina niebla se alzaba en aquel momento, envolviendo las formas y dándoles protección. Tsuneoki seguía la corriente con el mantenimiento de los remos y de vez en cuando miraba a la joven, quien se encontraba sentada en una esquina, en completo silencio. No había pronunciado palabra desde que abandonaron Azuchi y el joven, no era capaz de adivinar que pasaba por la mente de la chica.

Navegaron durante tres días, parando solo para coger algunas bayas y descansar. Atravesaron el lago y un rio. De vez en cuando se cruzaron con algunas barcazas, aunque la mayor parte del tiempo, el rio estaba desierto. La tarde del cuarto día se detuvieron en una playa. Un poco más adelante se encontraba el mar. Habían llegado a la provincia de Echizen, en la zona norte de la península. Tsuneoki escondió la embarcación y se acercó a unos pescadores. Estuvo hablando con ellos unos minutos y luego regreso con la joven, quien esperaba en la entrada de una pequeña casa.

- ¿Qué pasa? – pregunto.
- Nada – respondió Tsuneoki – hay que esperar.

Ranmaru se levantó dolorido. Días después del ataque, se había despertado en una habitación con Saki a su lado. Se distrajo mientras los ayudaba a escapar y no vio como lo atacaban por la espalda.

Con trabajo, se acercó a la ventana y la abrió. El cielo estaba claro y varios niños jugaban en el interior de un patio. No sabía si se sentía peor por haber perdido a Nene, o por ser vencido. Escucho como se abría la puerta y se giró para enfrentarse a su captor. Su sorpresa fue mayúscula al ver a su hermano mayor frente a él. Hacía años que no se veían, desde la muerte de su padre en la guerra contra el clan Asakura. Nobunaga juro que se haría cargo de los cinco hermanos, pero Tadamasa se negó a servirle y se convirtió en ronin, un samurái errante. No habían recibido noticias de el en años, así que imaginaron que había muerto en alguna pelea de taberna o escaramuza.

- Quien ha curado tu herida – Tadamasa señalo el pecho de su hermano, del cual sobresalía una venda – ha aumentado tu tiempo de vida.

Ranmaru no dijo nada. En silencio observaba a su hermano. Ya no quedaba nada de aquel débil muchacho que había visto alejarse en un caballo. Tadamasa estaba cubierto de pequeñas cicatrices que eran visibles debajo de las mangas del kimono. En aquellos años, se había convertido en un hombre alimentando el odio y el rencor. Lo podía ver reflejado en su mirada.

- ¿Dónde estamos?
- Kiyosu – respondió Tadamasa y sonrió cuando su hermano abrió los ojos en señal de asombro – ahora soy amo y señor de este castillo.
- ¿Te has vuelto loco? Este castillo es de Oda.
- ¿De Oda? – Tadamasa estallo en una carcajada – ya no queda nada de ese clan. Están todos muertos. Ah! Te refieres a la hija pequeña, Nene. Pronto también desaparecerá. Este castillo me lo ha regalado mi padre adoptivo, el señor Mitsuhide. Ahora, estas tierras pertenecen al clan Akechi.
- ¿Qué locura estas diciendo? ¿Soy rehén del clan Akechi? ¿Por eso estoy aquí? No conseguirás nada de ningún general fiel a Oda reteniéndome. Para ellos no existo.
- Estas aquí para tener una oportunidad de vivir. Independientemente de la guerra que se avecina, sigues siendo mi hermano pequeño. Es mi deber protegerte. Cuando Mitsuhide acabe con Hideyoshi y Shibata, ningún general podrá hacerle frente. Tendrá a todas las provincias de Oda bajo su mando, haciendo posible la derrota de los demás daimios y por tanto, que gobierne este país.
- ¿Piensas que como agradecimiento, te apoyare en esta locura? Mi lealtad ha sido clara todos estos años. No voy a cambiar de parecer.
- Si mueres, no tendrás oportunidad de vengar a padre. Si te quedas a mi lado…
- La muerte de nuestro padre no fue culpa de nadie – Ranmaru se sentó en el suelo de la habitación – la mala suerte fue la culpable de su muerte ese día. Nobunaga nos dio protección. Además, cuido de nuestra madre y hermanos todos estos años. No puedo…
- Acabare con todo – lo interrumpió su hermano – destruiré las provincias. Las arrasare hasta sus cenizas y de ellas, creare un nuevo clan.
- Estás loco.
- Solo observa – Tadamasa abrió la puerta para salir – solo tienes dos opciones: vives y peleas conmigo o, mueres como un perro por el honor de un clan derrotado. Te daré tiempo para que lo pienses.
- ¿No está clara mi respuesta?
- Te confundes hermano. Tu lealtad nunca ha pertenecido a Nobunaga.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Ranmaru miro a su hermano, quien sonreía desde la puerta. No iba a obtener respuesta, así que decidió cambiar de tema - ¿Dónde está Saki?
- ¿La joven que te acompañaba? Vendrá enseguida con comida.

Tadamasa cerró la puerta y Ranmaru lanzo un largo suspiro. ¿Qué iba a hacer ahora? Lidiar con un hermano al borde la locura no entraba en sus planes. Sino tenia cuidado, su vida acabaría antes de lo esperado.

Nene y Tsuneoki esperaron hasta que la luna estuvo alta en el cielo. Entonces, el joven se incorporó. En ese instante aparecieron tres jinetes. La joven no comprendía que pasaba, pero al ver los blasones de la ropa, suspiro. Por una parte, se alegraba de estar a salvo. Sin embargo, no estaba convencida de confiar del todo el Shibata Katsuei. Tsuneoki subió al caballo que acompañaba a los jinetes y la ayudo a subir. En la oscuridad, se dirigían al casillo, donde lo tenían todo preparado para recibirlos.

La joven fue llevada a una habitación, donde la bañaron y comenzaron a prepararla. Una vez vestida, le recogieron el pelo en una coleta y la ataron con una cinta blanca. Todas las sirvientas, habían mirado con desaprobación el remolino de pelo que llevaba recogido con una cuerda, pero era lo único que había sido capaz de encontrar. Cuando terminaron de maquillarla, se miró en el espejo y casi no se reconocía. Pequeñas llagas habían aparecido  en sus manos, a pesar del poco uso que había hecho de la espada y la delgadez de su rostro, delataba el hambre y penurias por las que paso. La imagen del espejo, no mostraba a la joven llena de vida que había sido. Por un momento, cerró los ojos y deseo de nuevo que todo fuera un mal sueño. Suspiro derrotara y volvió a mirarse en el espejo. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que había lucido telas tan lujosas.

Avanzo por un pasillo para dirigirse a la sala de audiencias. Allí, un joven paje, anuncio su llegada. Las puertas se abrieron y vio que Tsuneoki estaba ya sentado frente a Shibata Katsuei. Nene hacía muchos años que no lo veía, pero físicamente estaba igual. Era un hombre regordete y con un fino bigote. A su lado, un poco más baja, estaba Oichi. Su tía era una mujer morena y de piel pálida. Vestía un kimono ricamente decorado y la miraba ansiosa por conocer cómo se encontraba Nene. Un nudo se formó en su estómago, pues a pesar de la diferencia de edad, era muy parecida a su padre.

- Me alegra que estéis perfectamente señora – dijo Katsuei haciendo que la joven mirara hacia el – debéis haber pasado por demasiadas penurias. Aquí estaréis a salvo. Cualquier cosa que necesitéis, solo tienes que pedirla.
- Gracias por acogerme – respondió Nene inclinándose a modo de agradecimiento.
- Tsuneoki ha sido un gran protector en todo este largo trayecto – sonrió Oichi – gracias por haber cuidado de mi sobrina y haberla traído sana y salva.

Tsuneoki se mantuvo en silencio y simplemente inclino la cabeza. Nene lo miro incrédula. ¿Es que se iba a quedar el con el mérito? Había sido Ranmaru quien más la ayudo. ¿No iba a nombrarlo?

- De hecho – intervino la joven fulminándolo con la mirada – tengo otro protector. Estoy esperando noticias suyas. Dijo que en cuanto fuera posible, vendría hacia aquí.
- ¿De quién se trata? – pregunto Katsuei
- Mori Ranmaru.
- El hijo de Yoshinari – recordó Katsuei – tu padre lo tenía en alta estima.
- Señor – Tsuneoki levanto la vista evitando mirar a Nene – hay asuntos que debo discutir con usted.
- Si lo sé. Ayer llego un mensajero de Hideyoshi. Ha conquistado el castillo de Takamatsu. Gracias a tu plan, el enemigo se rindió rápidamente. Hideyoshi se dirige a la capital a reunirse con el emperador. Me ha pedido que esperara por ti y partamos juntos.
- Nene debe estar cansada – intervino Oichi – ¿os importa que me la lleve? Estos temas políticos son demasiado aburridos para nosotras.

Katsuei aprobó la petición de su esposa y ambas se levantaron para salir de la estancia. Nene siguió a su tía de mala gana, pues quería conocer los planes, aunque sabía que no estaba permitido que una mujer interviniera. Antes de que la puerta se cerrara, Nene se paró y miro a Tsuneoki, quien seguía con la mirada clavada en algún punto del suelo.

- Señor – Nene se inclinó – voy a hacer uso de su amabilidad. ¿Podríais avisarme si hay alguna noticia de Ranmaru?
- En cuanto sepamos algo, te avisaremos – respondió este cogiendo una taza de sake que le servían.

Nene siguió a las doncellas en silencio. Mientras iban recorriendo los pasillos, comentaban entusiasmadas la aventura que la joven había vivido.  Ella estaba perdida en sus pensamientos y no las escuchaba. ¿Qué pasaba con Tsuneoki? ¿Por qué actuaba como si Ranmaru no le importara? Ella pensaba que eran muy buenos amigos. De hecho, Tsuneoki habia estado horas despierto ayudando a curar la herida del joven y también ayudo a bajarle la fiebre cuando estaba inconsciente. ¿Cómo había cambiado tanto en cuestión de horas? Recordó que ambos habían estado susurrando poco antes del ataque. Los vio dibujar en el suelo de la casa y borrarlo enseguida. ¿De que podrían estar hablando? ¿Era el motivo de su distanciamiento?

Tuvo que salir de sus pensamientos cuando casi tropieza con una doncella que habia parado delante de una puerta. La abrió e invito a pasar a la joven. Era una pequeña estancia que daba a un patio interior, donde unas enormes carpas nadaban tranquilas dentro del estanque. Oichi se encontraba sentada cerca de ellas, lanzándoles comida. Una suave brisa nocturna, evitaba que el calor se adueñara de la estancia. Nene se apresuró a sentarse junto a ella. Alguien entro y dejo una tetera caliente sobre la mesa, donde ya se encontraban dos tazas.

Oichi le dedico una dulce sonrisa y se levantó parar servir el té. La siguió con la mirada, pero no la acompaño. Su tía había cambiado mucho. Cuando era una niña, la recordaba como una joven indomable. Tenía el carácter muy parecido a su hermano, así que lo mejor era no hacerla enfadar.  Recordaba los gritos que se habían dedicado, cuando Nobunaga le anuncio su boda con Katsuei. Ahora, parecía que se había adaptado perfectamente a su nueva vida de señora de un castillo.

- No se equivocaron cuando los monjes predijeron que te esperaban grandes aventuras – dijo Oichi dejando la tetera sobre la mesa – tu padre estaría orgulloso.
- ¿Aventuras? Lo único que me han ocurrido han sido desgracias. ¿Qué debería hacer ahora?
- Dejar que ellos se encarguen de tomar las decisiones. Quedarte aquí conmigo y descansar. ¿No te parece un buen plan?
- Tengo un deber que cumplir como hija. El honor de los Oda…
- Solo conseguirás acabas como tu padre y hermano – Oichi alzo la voz para hacerla callar. Luego, volvió a susurrar – creo que ya hemos perdido bastantes vidas inútilmente.
- Pero…
- Normalmente las mujeres somos pronto entregadas en matrimonio. Nuestro deber es tener descendencia para así fortalecer las uniones politicas con vínculos de sangre – Oichi se acercó a la joven y le dio su taza - ¿sabes porque tu aun estabas bajo la protección de mi hermano?
- Siempre me lo he preguntado, pero no fui capaz de…
- Mi hermano te adoraba. Sabía que eras una chica fuerte y muy parecida a él. No quería entregarte a cualquiera y para Nobunaga, nadie era lo suficiente bueno para ti. Conocía las traiciones que se producían y como nos convertíamos en monedas de cambio. No quería eso para ti – Oichi la hizo dejar la taza de té y le cogió las manos. Estas eran cálidas y la joven se sintió protegida – Nene, olvídate de los Oda. Ya no hay ningún clan que proteger. Busca un esposo que cuide de ti y adopta su apellido.
- ¿Quién querría casarse con la hija de un daimio muerto y de un clan caído en desgracia?
- El joven que te acompaña es un buen candidato. Tsuneoki siempre ha estado a tu lado.
- ¡El… él es solo un amigo!
- La amistad es solo el comienzo – rio divertida Oichi – no creo que se negara a la propuesta.
- No bromees.
- Oh espera, ¿Sera que ya estas enamorada? – pudo ver que la joven su ruborizaba, pero lo negó con la cabeza. Aquella conversación divertía a Oichi y además, servía para animar a su sobrina – no seas tímida muchacha.
- No tengo intención de casarme – respondió Nene con seriedad – acabare con Mitsuhide Akechi.
- No seas tonta Nene, no podrás ni acercarte a él. Entrar en el mundo de la guerra solo hará que salgas herida. Deja que los generales se encarguen. Cásate con Tsuneoki. Deja que el clan Oda desaparezca y se feliz. Eso era lo que Nobunaga más deseaba.

Aquella noche fue muy larga. Nene era incapaz de conciliar el sueño y daba vueltas de un lado a otro de la habitación. No pudo evitar dejar escapar unas lágrimas al recordar a su padre. La conversación con Oichi debería haberla hecho desistir, pero solo consiguió afianzar su determinación. No estaba dispuesta a abandonar su venganza, ya que era lo único que la motivaba a seguir con vida.

La joven abrió la puerta de su dormitorio y, después de mirar a ambos lados, salió y cerró con cuidado. Se sentía atrapada entre esas cuatro paredes. El camino estaba iluminado con pequeñas velas situadas en el suelo. Paso cerca de la sala de audiencias y se sentó en las escaleras del patio central. Allí también se recibían visitas, se realizaban entrenamientos e incluso, los días de festejos, teatro y danza. Perdida en sus pensamientos, se sobresaltó cuando alguien se sentó a su lado. Tsuneoki tenía la mirada fija en las piedras. Nene sabía que era una costumbre que tenía desde pequeño. Cuando estaba confuso, era capaz de mirar a Nene a la cara.

- ¿No puedes dormir? – pregunto ella.
- Estaba paseando por el pasillo cuando te vi salir de la habitación. Me preguntaba a donde irías. ¿Tú tampoco?
- Demasiadas cosas en las que pensar – tras las palabras de Nene se produjo un largo silencio. La joven le daba vueltas a las palabras de su tía. ¿Casarse con Tsuneoki? La idea le pareció descabellada al principio, pero Oichi tenía razón. Siempre la ayudaba en todo – Tsune… tu… esto…
- Es la primera vez que no sabes cómo formular una pregunta. Tú, que siempre eres tan directa – Tsuneoki soltó una carcajada.
- ¿Alguna noticia de Ranmaru?
- Nada – suspiro el – yo también estoy preocupado. Sin embargo…
- ¿Qué estas preocupado? Fuiste tú quien insinuó abandonarlo allí. ¿Cómo puedes…?
- Ranmaru sabe cuidarse perfectamente. Él estaba más preocupado por ti que por sí mismo. Te lo propuse porque…
- ¿Me estás diciendo que lo que le haya podido pasar a Ranmaru es culpa mía? – Nene se levantó molesta y se dispuso a marcharse. Tsuneoki la observo. La joven se giró y furiosa se enfrentó a el – debo estar loca por escuchar a Oichi y dejar que me confunda. Casarme contigo, cuando me estas culpando de la posible muerte de…
- ¿Qué has dicho? – Tsuneoki la agarró del brazo para que no se escapara.
- Ah! Yo… - Nene lo había soltado sin darse cuenta en el ataque de rabia que había sufrido. Intento librarse del agarre del joven, pero no fue posible.
- ¿Casarme contigo?
- No deberías hacerme caso. He estado hablando con Oichi sobre lo que debería hacer y….

No pudo terminar la frase. Tsuneoki  paso una mano por su cintura y con la otra, le acaricio el pelo. Lentamente se acercó a ella. Notaba su respiración, agitada por los nervios. Estaba tan sorprendida que no sabía cómo actuar. El debió notar su sorpresa, porque se apresuró a juntar sus labios con los de la joven para que no pudiera decir nada. Era un beso dulce y suave, pero también expresaba todo lo que no había podido decir con palabras. Nene decidió dejarme llevar y sin ningún esfuerzo, correspondió su beso.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 25 Abr 2016 - 20:29



Capítulo 6


Nene estaba tan distraída, que era incapaz de concentrarse en la lectura. Se encontraba en una sala con Oichi. Esta, se dedicaba al bordado, mientras su sobrina estaba apoyada en la puerta del jardín simulando que leía. ¿Cómo había podido enfadarse tanto con Tsuneoki, que le había dicho que estaba pensando en casarse con él? ¿Es que se había vuelto loca? Y por si fuera poco, había correspondido su beso. Nene estaba segura de que no podía hacerlo peor.

Suspiro y se puso a juguetear con un trozo de papel que tenía a su lado. Debía arreglar las cosas y decirle que todo había sido un malentendido. Que estaba confusa por lo ocurrido y por la conversación con Oichi. No pensaba con claridad en ese momento. Después del beso, había salido corriendo completamente avergonzada y sin darle tiempo a preguntarle todo lo que quería saber. Sin embargo, le intrigaba su amigo. Le sorprendió que no se echara a reír en ese momento y por el contrario simplemente la besara. ¿Es que había sido incapaz de ver los sentimientos de Tsuneoki todos estos años? Razón de más para hablar con él.

- Nene – la voz de Oichi la saco de sus pensamientos - ¿Qué te ocurre muchacha? Es la quinta vez que suspiras.
- Lo siento – Nene dejo el papel y regreso al libro.
- Hacía años que no veía una grulla de papel – Oichi señalo a su lado – has mejorado mucho.

La joven sonrió en agradecimiento y miro la grulla. Hacía mucho tiempo que no se entretenía con ellas. Solamente cuando necesitaba calmarse usaba la papiroflexia. La primera vez que vio una y se interesó por ellas, fue unos días después de caer muy enferma, cuando tenía ocho años.  La grulla de papel aparecido en la puerta de su habitación y nadie sabía quién la podría haberla dejado allí. Estas siguieron apareciendo todos los días hasta que se recuperó.

- Las grullas de papel se hacen para desear salud, felicidad y prosperidad – Dijo Nobunaga cuando la niña se hubo recuperado y le pregunto – quien quiera que lo haya hecho, se preocupa por ti.
- ¿Entonces… sirven para los amigos? – pregunto la niña – sé que Tsuneoki y Ranmaru han estado preocupados todo este tiempo. Quiero agradecérselo.
- Las grullas de papel también se usan para expresar otros deseos – continuo Nobunaga – se regalan cuando nace un hijo, cuando una pareja se casa, cuando alguien enferma o simplemente, se puede regalar a alguien que es importante para ti o alguien a quien quieres.
- ¡Enséñame a hacerlas! – pidió ella - ¡le daré una a cada uno!

Nene disimulo una sonrisa cuando recordó las caras de sus amigos al ver las grullas. Fueron las primeras que hizo y, estaban bastante arrugadas por doblar tantas veces el papel. Con el tiempo, le fueron saliendo mejor y también se volvió un hábito para relajarse.

Una doncella entro en la habitación y anunció que todo estaba preparado. Nene la miro intrigada y luego, clavo la mirada en su tía, que se había levantado.

- Vamos a despedirnos – dijo saliendo por la puerta.

Nene medito unos segundos esas palabras, se levantó corriendo y salió detrás de su tía. ¿Despedirse? ¿Es que iban a dejarla allí? Sabía que Tsuneoki se iría, pero jamás imagino esto. Al llegar a la entrada principal del castillo, vieron que Shibata había congregado una pequeña comitiva que la acompañaría en el viaje. La idea principal era ir a caballo, pero Tsuneoki ofreció otra. A caballo tardarían más tiempo, pero si bajaban hasta el lago y lo atravesaban, tardaría solo un día y medio en llegar a la capital. La idea le gusto al daimio y la acepto.

La joven buscaba a Tsuneoki entre la multitud. Este se encontraba subido a un caballo, cerca de la puerta. Algunas doncellas intentaban captar la atención de los jóvenes soldados, sin conseguir su objetivo.

- Oichi se quedara al mando del castillo en mi ausencia – grito Shibata. Luego, miro a su esposa, quien inclino la cabeza – regresare pronto.

Nene estudiaba a su amigo. En ningún momento desvió la mirada hacia las mujeres y se limitaba a pasar revista a las tropas para disimular. Cuando Shibata atravesó la puerta de salida, lo siguió sin mirar atrás.

- ¡Alto! – grito Nene. Bajos las escaleras, atravesó el patio y a la multitud y avanzo hacia Tsuneoki. Shibata se giró en el caballo y la miro sorprendido. La joven tenía el descaro de hacer que un daimio detuviera su marcha. Ella no le prestó atención y se enfrentó a su amigo - ¿Dónde crees que vas Tsuneoki?

El joven lanzo un suspiro e inclino la cabeza hacia Shibata en señal de disculpa. El daimio hizo una mueca de disconformidad, pero dio media vuelta y siguió avanzando. Una vez que el pequeño ejército hubo salido, Tsuneoki bajo del caballo y se enfrentó a Nene.

- ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo se te ocurre detenerlo?
- ¿Dónde vas? – la joven ignoro a su amigo - ¿me vas a dejar aquí? ¿Sola?
- Hideyoshi me ha convocado en Kyoto. Tengo que ir y es peligroso que tú vayas. Ya te lo he dicho, aquí estarás a salvo.
- ¿Y si no lo estoy? – Nene lo miro suplicante – déjame ir contigo.
- Quédate aquí Nene. Hablare con Hideyoshi y si todo está bien, pediré que vengan a buscarte.
- ¿Y ya está? Me abandonas aquí y…
- No te abandono – Tsuneoki le cogió una mano y le entrego un amuleto. La joven vio que tenía el blasón de su familia, una mariposa – cuida de esto por mí. Devuélvemelo cuando nos volvamos a ver.
- Pero…
- Además, tienes una misión aquí. Espera por Ranmaru.
- ¿Aún no hay noticias suyas? – Nene lo miro preocupada.
- Debo irme – Tsuneoki negó con la cabeza y la miro con una triste sonrisa –  Nene…  Tengo que alcanzar a Shibata. Volveré pronto.

Un mal presentimiento la acompaño el resto del día. No se sentía segura y por ese motivo, se encerró en su habitación temprano. No había conseguido sacarle información a su amigo, pero si el emperador estaba reuniendo a los generales de Oda, quería decir que iban a repartir el territorio entre ellos. ¿Cómo era posible? Ella seguía viva. Era cierto que no podía hacerse con el poder, pero quien fuera su esposo, si podría gobernar las provincias. ¿Quizás Shibata la había dejado allí como rehén? Imposible, Tsuneoki no lo habría permitido. ¿Y si se habían convertido en aliados? Estaba dándole demasiadas vueltas a las cosas.
Un gemido la despertó en medio de la noche. La joven se sentó de golpe en su cama y a través de la oscuridad, vio una silueta borrosa que estaba en la puerta que daba al jardín. Instintivamente llevo las manos al pequeño puñal que guardaba bajo la almohada. Lo apuntó hacia la dirección de la silueta, pero esta desapareció. Su corazón latía deprisa y tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba sola. Intento calmarse, pero un terrible presentimiento seguía manteniéndola en alerta.

La habitación estaba helada, producto de la corriente que entraba por la puerta que el intruso había dejado abierta. Se levantó para cerrarla, pero tropezó con algo. Se agachó para apartarlo, pensando que se trataba de la ropa de cama. Sin embargo, tocó algo cálido, húmedo y pegajoso. Se apartó y busco a tientas la lámpara de aceite y algo para encenderla. Tardó varios minutos en conseguirlo, pues le temblaban las manos. Cuando lo hizo, casi se le para el corazón y sus pulmones buscaban aire para calmarse.

Una de las sirvientas yacía boca arriba. La sangre manaba de un tajo que tenía en la garganta y un charco se formaba a su alrededor, que era donde Nene había tocado. Sus ojos sin vida, miraban al techo y cerca de ella había una preciosa horquilla para el pelo que le pertenecía. Nene comprendía que había pasado. La sirvienta entró a robar y acabó muerta en su lugar. Sin molestarse en vestirse, cogió su pequeño puñal y salió al jardín dando traspiés.

- ¡Un asesino! – gritó con todas sus fuerzas.

Enseguida se vio rodeada de antorchas y soldados. Oyó a las sirvientas preguntarse qué pasaba y como desaprobaban que saliera en ropa de cama, pero a Nene no le importó. Oichi apareció minutos después con un kimono colocado de prisa. El soldado que Shibata había dejado al cargo de la seguridad, también llegó con ella.

- Nene… ¿Qué…
- ¡Señor! – gritó uno de los soldados desde dentro de la habitación de Nene – esta… esta…

La joven volvió a entrar en su cuarto y observo que en el pasillo de entrada a su habitación, también había un joven inerte en el suelo. Unos oscuros moretones cubrían su cuello. Nene observo que apenas era un niño y había muerto estrangulado. Cerró los ojos y se dejó caer al suelo. Todo aquello era culpa suya.

- Señora – el samurái a cargo de la seguridad, la ayudo a levantarse – llevadla a la habitación de al lado. Buscad al asesino.

Aparte de Nene, Oichi y algunas sirvientas, así como varios soldados, esperaban noticias del asesino huido. No obstante, aunque se buscó en cada rincón del castillo, no encontraron a nadie. El asesino, simplemente había desaparecido.

- Es Sayo – susurró una de las doncellas cuando salía de la habitación – increíble que intentara robar.

Las siguientes horas fueron lentas y confusas. Por si fuera poco, rumores se esparcieron entre soldados y servicio, donde apuntaban a Nene. Al final, varios soldados que habían sido elegidos como los jefes de los equipos de búsqueda, se sentaron frente a Oichi.

- No hay ningún asesino señora.
- ¿Estáis segura de que había un asesino? - pregunto un samurái a Nene.

Nene intento aguantar estoicamente y con autocontrol, pero parecía imposible para ella. Además, la estúpida pregunta que le habían hecho, la hizo estallar.

- ¡Claro que había un asesino!
- ¿Cómo podemos estar seguros de que no los mataste tú? – aventuro un soldado.
- Parece un asesinato por robo – dijo otro soldado - ¿Qué hacías con un arma en tu habitación? La descubriste robándote la horquilla y…
- Mirad mi puñal. No hay sangre en él. Ni siquiera sabía que un soldado vigilaba mi puerta. ¡Cómo iba a matarlo! Y esa joven…  el asesino la confundió conmigo. Además, si lo hubiera hecho, ¿Qué sentido tendría salir al jardín a dar la voz de alarma? Lo normal sería huir de aquí. Tenemos que formar una patrulla y registrar las carreteras cercanas. También mirar los alrededores del castillo.
- Señora, todo esto es muy precipitado. Hay que investigarlo con calma y…
- Es muy tarde y no habéis encontrado a nadie. Por lo tanto, quien lo haya hecho, ya no está aquí – Oichi parecía cansada – ocupaos de los cadáveres y acostémonos todos. Mañana decidiremos qué hacer.
- Pero…

Nene iba a protestar pero su tía le lanzo una mirada de advertencia y no lo hizo. La dejaron sola en la habitación y pocos minutos después, la joven salió corriendo hacia los establos. No iba a quedarse allí, ya que no podían asegurar su vida en ese castillo. ¿Y si el asesino se había mezclado entre los soldados? ¿Quién le aseguraba que no lo intentaría de nuevo esa noche? Además, la habían acusado a ella, cuando podría haber sido la víctima. La única forma de llevar una vida tranquila, iba a ser acabando con Mitsuhide, ahora ya lo tenía claro. Seguiría a Tsuneoki hasta Kyoto, donde pediría audiencia con el emperador y solicitaría su ayuda. Nadie iba a poder detenerla.

Tsuneoki se asomó a la proa del barco, incapaz de conciliar el sueño. No sabía decir con exactitud que le preocupaba más, su amiga o el viaje a la capital. Dejar a Nene sola había sido una decisión precipitada, casi tanto como la confesión de la joven sobre el matrimonio. Sin embargo, sabía que con Oichi estaría a salvo. Allí nadie permitiría que le pasara nada, o eso quería creer.

Por otro lado, le preocupaba no saber qué se iba a encontrar en la capital. El emperador era una persona soberbia y tramposa. Ni siquiera estaba seguro de si ellos iban a salir con vida de allí, ¿Cómo iba a arriesgar la de Nene? Tampoco confiaba en Shibata y se preguntaba si realmente Hideyoshi estaría allí. Además había otra preocupación añadida, no tenía noticas de Ranmaru. Shibata indico que habían atacado desde Kiyosu, lo cual significaba que habían conquistado el castillo. Algo totalmente lógico, ya que al no tener señor, era un blanco prioritario. Si Mitsuhide se habia hecho con su control. Iba a ser difícil derrotarlo. Eso les llevaba a tener que pedir ayuda a los Tokugawa.

Tsuneoki jamás comprendió la buena relación que tenían con Nobunaga. El líder de los Tokugawa, Ieyasu, era un hombre cobarde y falto de iniciativa. Solo se dedicaba a esperar tranquilamente en su territorio y nunca intervino en ningún conflicto. Prueba de ello era que, a pesar de todo lo ocurrido, no había enviado ayuda a Azuchi y defendido el castillo de Kiyosu. Sin embargo, si estaría en la reunión para repartir el territorio. El joven no tenía dudas al respecto.

- ¿Tu preocupación se debe a ella o a tu amigo? – pregunto Shibata colocándose al lado de él.
- Ranmaru podrá arreglárselas solo, estoy seguro.
- Creo que en el fondo, desearías que no fuera así.
- ¿Qué va a pasar con el territorio de Oda? – pregunto Tsuneoki después de estudiarlo con la mirada unos minutos e ignorando la observación - ¿Qué va a pasar con Nene?
- El emperador dividirá el territorio y nos dará las provincias a los generales. En cuanto a esa joven… con la mejor de las suertes se convertirá en concubina de alguno – notó que el joven apretaba la barandilla con fuerza – es el destino más agradable que puedo imaginar. El emperador estaba en desacuerdo con su padre y ella, no tiene decisión sobre su vida en estos momentos.
- Ella luchara por su clan.
- Su deber era haber muerto junto a su padre. Eso es lo que se espera de los hijos. Deben mantener el honor y no deshonrar a sus padres.
- Nene no ha deshonrado a Nobunaga – la defendió Tsuneoki – Ranmaru jamás la hubiera permitido morir. Le hizo un juramento a su padre. Además, él no lo hubiera permito. Estoy seguro de ello.
- ¿Qué importa un juramento cuando una de las partes desaparece? De todas formas, si fuera mi hija no permitiría que sufriera esta humillación. Convertirse en moneda de cambio para fines políticos…. Hubiera acabado yo mismo con ella.
- No conoces a Nene – sonrió Tsuneoki – esa chica no será fácil de domar. Puedes acabar con un cuchillo en tu garganta si lo intentas.
- ¿Por qué no lo has intentado tú? – Shibata soltó una carcajada al ver la cara de asombro del joven - ¿creías que no me iba a enterar  de lo que ocurrió la otra noche? Mi castillo no tiene secretos para mí. Nada te hubiera impedido tomarla en el camino y realmente, a nadie le hubiera importado. Incluso convencí a Oichi para que ella…
- ¡Señor! – Tsuneoki lo miro realmente molesto - ¡Es la hija de Nobunaga!
- ¿Quién es Nobunaga? Muerto el padre, solo queda repartir el territorio y ella, no es más que…
- No pienso permitir que sigáis deshonrando el nombre de Oda y tampoco el de Nene – Tsuneoki estaba realmente furiosos y si pudiera acabaría allí mismo con Shibata pero, debía mantener la calma – Nene es…
- Si la deseas – lo interrumpió Shibata alejándose con una sonrisa triunfal – reclámala como tuya ante el emperador. Sino lo haces, será vendida como mercancía junto al resto de territorios o incluso, algo peor.

Tsuneoki golpeo con fuerza la proa. Aquello se había convertido en algo mucho más complicado de lo que él pensaba. ¿Cómo iba a lidiar con esto? ¿Realmente podría reclamarla como suya? Si Shibata tenía razón y la joven seria moneda de cambio, era la única solución posible. Aunque sabía que esa idea a Nene jamás de gustaría,  si era la única forma de salvarla, no le importaba ser odiado por ello.
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Re: La hija del Daimyo

Mensaje por Ayame el Lun 20 Mar 2017 - 20:26

Capítulo 7

Nene noto algo húmedo en su mejilla. Molesta, movió la mano, pero lo que fuera volvió al ataque. Dio otro manotazo, pero esta vez entreabrió los ojos. De un salto se puso en pie, esperando ver a los enemigos. Sin embargo, se encontró sola dentro de un establo repleto de caballos y, el más cercano, era quien la atacaba. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era huir de Fukui en mitad de la noche. No sabía que dirección había tomado, solo quería alejarse de allí. En algún punto del camino debió ser asaltada por bandidos, recibió un golpe en la cabeza y todo se volvió oscuro.

El caballo la empujo molesto, sacándola de su recuerdo. Decidió averiguar dónde estaba y para ello, salió fuera del establo. Era un día claro y corría un poco de brisa. Parecía encontrarse en una pequeña granja, a las afueras de alguna aldea. Debía darse prisa y dirigirse a Kyoto cuanto antes.

Después de caminar un rato, llego a un mercado abarrotado de gente. Descubrió que se encontraba en un pequeño pueblo costero llamado Tsuruga, entre Fukui y la capital. ¿Cómo había llegado hasta allí? Continuo curioseando entre los diferentes puestos hasta que noto que la vigilaban. Se detuvo en un tenderete y simulo preguntar algo. En ese momento, una multitud se arremolino alrededor y, su vigilante, continúo caminando sin verla. Se trataba de un chico joven y corpulento. Nene simulo interesarse por unas telas y, cuando paso al lado de ella, lo siguió. Continuo avanzando unos minutos tras él, hasta que lo perdió de vista después de girar en un puesto de comida. Noto que le hacían señales y pudo verlo en una puerta apoyado, pidiéndole que entrara. No espero a comprobar si la joven lo seguía y esta dudo en hacerlo, pero al final se acercó. Abrió la tela y accedió al interior. Dentro solo estaba el joven sentado sobre una esterilla. La saludo e invito sentarse.

- ¿Quién eres? ¿Cómo…? – pregunto intrigada, pero el joven la mando callar.
- No me confundí cuando os vi. Sois la hija de Nobunaga. Debéis tener cuidado señora, pues muchos os buscan.
- ¿Cómo sabes…?
- Era un soldado de Nobutada. Sobreviví a lo ocurrido en el bosque gracias a que me hice pasar por soldado de Mitsuhide. Jure que si os encontraba, os ayudaría.
- ¿Cómo he llegado a Tsuruga?
- Las últimas noticias eran que estabais prisionera en Fukui, así que me dirigía hacia allí, cuando me topé con unos bandidos que se jactaban de haber conseguido a una joven como botín. Decidí ayudarla antes de continuar, pero no imagine que seríais vos. Os rescate de ellos y os aleje de Fukui, donde corríais peligro.
- ¿Prisionera en Fukui? Allí estaba con mi tía y Shibata…
- Katsuei ya no es aliado de Nobunaga. Quizás lo fuera, pero al enterarse de su muerte, ambiciona sus tierras. Nobutada sabía desde hacía tiempo que no era trigo limpio y estaba informado de sus movimientos en secreto. Sin embargo, Katsuei se enteró y, si Mitsuhide no hubiera asesinado a vuestro hermano, él lo hubiera hecho. Está casado con Oichi, por lo tanto, unido por sangre con el clan Oda.
- Entonces, el asesino de la otra noche no lo mando Mitsuhide – Nene suspiro derrotada. No podía confiar ni en su propia familia – fue una orden de Katsuei para acabar conmigo y Oichi…. Lo había permitido.
- Ella ya no es del clan. Se debe a su señor y marido. Por lo tanto, tampoco puedes confiar en ella.
- ¿En quién puedo confiar entonces? ¿En ti?
- Solo he devuelto un favor que le debía a Nobutada de hace muchos años – el joven se levantó, saludo y se dirigió a la puerta – a partir de ahora estas sola.

Nene sintió miedo y un escalofrió en forma de temblor sacudió su cuerpo. Escucho ruidos en una ventada detrás de ella y se giró. Iba a volver a hablar con el joven, pero ya había desaparecido. Lo mejor sería ocultarse hasta decidir qué hacer.

Saki abrió la puerta de la habitación y entro con la bandeja que llevaba. La coloco sobre la pequeña mesa, que se encontraba en el centro de la habitación, y sirvió una taza de té. En silencio, observo al joven, que no parecía haberse percatado de su entrada. Este se limitaba, desde hacía días, a estar apoyado en la pared y a mirar por la pequeña ventana. No se atrevía a preguntarle que le pasaba por la cabeza en ese momento, pero estaba segura que tenía un debate interno sobre si debía mantener la lealtad al clan que lo había criado o hacia su hermano. A pesar de no oír directamente nada de boca del joven, los criados no paraban de cuchichear sobre lo ocurrido entre ambos.

- Lamento que te hayas visto envuelta en esto – dijo Ranmaru después de unos minutos de silencio – si solo hubiéramos podido…
- Me encontraba sola. Si me hubiera quedado allí, ahora mismo estaría muerta.

Ranmaru recordó como la joven intento liberarlo cuando fue capturado por los soldados. Tuvo que pedir que no le hicieran daño y que si la dejaban ir con él, se entregaría voluntariamente. Accedieron a ello, prometiendo que no le harían daño, pero no debían confiar en él, puesto que lo golpearon en la cabeza.

- ¿Alguna noticia de Tsuneoki? – pregunto el joven. No podía recibir noticias del exterior directamente, pero ella parecía disponer de cierta libertad de movimiento. Eso le permitía recabar información.
- Solo sé que se van a reunir en Kyoto – respondió ella – son las únicas noticias que he podido conocer de tu amigo y tu esposa.
- Mi esposa – Ranmaru se giró de nuevo hacia la ventana simulando una pequeña sonrisa.
- ¿Has decidido que hacer respecto a tu hermano? – pregunto Saki tras unos minutos de silencio – sé que no es asunto mío pero…
- Parece que no tengo más opción que seguir la corriente que me arrastra. Es la única forma para volver a verlos.
- Te ayudare – sonrió ella – déjame ser tus ojos y oídos de este castillo.
- Esa opciones peligrosa – Ranmaru se sentó frente a ella y probo el té – no puedo permitir que te pongas más en peligro. Hablare con Tadamasa para que te deje en libertad.
- Muy amable de tu parte – sonrió Saki – pero en el mismo momento en el que se produzca mi liberación, estaré condenada a muerte. Lo note en los ojos de tu hermano. Conozco lo ocurrido aquí y en el bosque de Ryozen. Ahora mismo el estar contigo es lo que me mantiene viva.

Tsuneoki abandono el interior de la taberna y se subió a su caballo. Avanzo por la calle sin rumbo fijo, sumergió en sus pensamientos. Hacía cuatro días que había llegado a Kyoto acompañando a Katsuei y desde entonces, todo eran preocupaciones.

Se había intentado reunir con Hideyoshi en varias ocasiones, pero el emperador tenia a los generales aislados en el palacio sin poder recibir visitas. No podía trazar un plan con el general que más confianza le daba y tampoco podía hablar con Kambei, su mano derecha. Lo había dejado al mando del ejército, a las afueras de la ciudad pero, cualquier intento de acercarse, se podría considerar traición por parte de Katsuei. Para este, Tsuneoki formaba parte de sus tropas y los generales eran enemigos hasta el reparto de tierras. El único frente común era acabar con Mitsuhide.

Además, estaba preocupado por Nene. Pronto llegaron las noticias del asesinato de la doncella y la huida de la joven. A diferencia de Katsuei, no se sorprendió de la huida. De hecho, le hubiera extrañado más que se quedara obedientemente en Fukui. Aun así, le preocupaba y no se atrevía a moverse de Kyoto para ir en su busca, porque sabía que ella se dirigía hacia allí.

También lo desconcertaba que había ocurrido con Ranmaru. Se suponía que se hacía pasar por prisionero para obtener información y adelantarse a los acontecimientos, pero que enseguida se reunirían para hablar con Hideyoshi. Al menos eso era lo acordado en Azuchi antes del ataque. Pero había pasado demasiado tiempo y seguía sin saber nada de él. ¿Podrían haberlo matado? No lo veía posible. De hecho, se sorprendió cuando Tadamasa apareció y se presentó como el señor de Owari. Y mayor fue su sorpresa cuando vio a su amigo al lado de su hermano. Tsuneoki estaba convencido de que no mataría a su propio hermano o al menos, eso quería creer. Sin embargo, tampoco esperaba que ambos se unieran para gobernar Owari.

Guio su caballo por una callejuela atestada de gente, donde se hallaban vendedores de fruta, cerveza, pescado y otras mercancías. Los peatones se apartaban al paso del animal, mientras algunos trataban de venderle sus mercancías, pero él estaba demasiado enfrascado en sus pensamientos y los aparto con un ademan.

En la terraza de una casa, una mujer agito una alfombra y el movimiento lo saco de sus cavilaciones, además de cubrirlo de polvo. Maldijo y tosió al mismo tiempo. Detuvo el caballo y se sacudió el polvo. La mujer bajo la mirada hacia él, se llevó la mano a la boca y desapareció por una escalera interior. Salió precipitadamente a la calle y se arrojó al suelo, balbuceando disculpas.

- No ha sido más que un accidente – Tsuneoki saludo con una inclinación de cabeza y agito las riendas.

Pronto se adentró en una calle más ancha, cuidando de circular por el centro, fuera del alcance de las mujeres dedicadas a la limpieza. Volvió a agitar las riendas, apurando el paso del caballo. Paso un umbral tras otro y la calle parecía desierta. El sol caía directamente sobre su cabeza. El calor brotaba de la tierra y fluía hacia él desde las paredes altas e irregulares de las casas, que se alzaban por encima de su cabeza. Estaba saliendo del barrio rojo o barrio del placer.
El caballo sudaba y Tsuneoki lo animo a ir más deprisa. No estaba lejos de la casa donde se alojaba, pero al llegar al final de la calle, vio un destello de piel desnuda y un vestido blanco.

Con un grito, tiro con fuerza de las riendas en el momento en que un niño se arrojó delante del caballo. El animal disminuyo la velocidad con dificultad, luego se alzó sobre sus patas traseras y relincho en señal de alarma, al ver en su camino un bulto borroso en movimiento. Tsuneoki luchaba por recuperar el equilibrio y controlar al caballo al mismo tiempo.

Viendo que le sería imposible mantenerse sobre el animal. Sin esperar a recuperar el aliento, salto a tierra e intento coger un arnés, pero se encontró rodeado de soldados con espadas y lanzas. Eran soldados de infantería, no guardia real. Tsuneoki conto nueve y comprobó que no tenía ninguna posibilidad de escapar. Dos de ellos refrenaron al caballo y lo calmaron. Oyó el resoplido de otro animal y alzo la vista para encontrarse con un jinete que avanzaba por la calle. Con el rostro inexpresivo, Ranmaru iba junto a otro hombre que no conocía. Ranmaru salto del suyo y pasó junto a Tsuneoki. Este dirigió una mirada amenazadora al recién llegado.

- ¿Qué estás haciendo, maldito seas?
- Ven conmigo.

Tsuneoki movió la cabeza con un gesto de incredulidad mientras miraba el círculo de los soldados.

- ¿Qué pasa? – Pregunto Ranmaru mirándolo - ¿No confías en mí? No… veo que no. Entonces ven porque no tienes otra opción.

Tsuneoki miro como el joven desaparecía en las negras profundidades de la casa junto a la que se habían detenido. Tres de los hombres dieron un paso hacia él, y el joven les dirigió una de las miradas que reservaba a los reclutas inexpertos que habían cometido algún error, durante los entrenamientos. Los soldados se detuvieron y el siguió a Ranmaru hacia la casa. Antes de entrar, hecho un vistazo a la calle por encima del hombro. A excepción de su escolta, habían desaparecido todos los soldados, el desconocido y su caballo. Pero de pronto apareció una mujer con un burro. Tsuneoki pensó por un momento en la posibilidad de huir, pero una mano lo cogió del brazo y lo arrastro hacia la oscuridad. Se aferró a su katana, pero la mano se desprendió de su brazo.

- Suéltala, Tsune – dijo Ranmaru – te enfrentas a lanzas.

El joven aparto las manos del cuerpo y alguien cerró la puerta. Otro soldado apareció desde el interior sosteniendo dos lámparas. Los rasgos finos de Ranmaru aparecieron bajo una lluvia parpadeante de luz. La llama amarilleaba su oscuro cabello. De repente, se quedaron solos.

- Quiero hablar contigo – dijo Ranmaru. Tsuneoki se volvió, fue hasta la puerta y puso la mano sobre la manija - Así que tú también crees las mentiras.
- ¿Qué mentiras? - El joven soltó la manija de la puerta, dio media vuelta y apoyo la espalda contra la pared.
- Puedo vivir con un vulgar mendigo Tsune o como un gran señor para recabar información. Tú, más que nadie, prestas atención a los rumores, así que debes estar enterado de todos los que circulan sobre mí. No estoy en contra de Nobunaga y no me he aliado con Tadamasa. Somos amigos desde que éramos jóvenes.
- Así es.
- Me salvaste la vida - Tsuneoki no se movió cuando Ranmaru se acercó y mantuvo la mirada clavada en los ojos de su captor.
- Si, lo hice – respondió Tsuneoki - - Y juntos hemos servido a Nobunaga.
- Es verdad.
- Y en todo este tiempo – prosiguió el joven – nunca me habías secuestrado para obligarme a cumplir tus órdenes.

Ranmaru soltó una maldición, se giró molesto y bajo la mirada. Al cabo de un rato volvió mirar a su amigo.

- Perdóname, viejo amigo. Tengo que ser cuidadoso. No puedo fiarme de nadie y si Tadamasa se entera de que nos hemos visto, me haría matar.
- ¿Y los soldados? – pregunto Tsuneoki.
- Son leales a Nobunaga. Mitsuhide puede haber puesto a mi hermano como señor de Owari, pero nadie le guarda lealtad. Solo tienen miedo de él.
- ¿Sabes algo de Nene?
- ¿Qué pasa con ella? Imagine que estaba contigo – pregunto Ranmaru atónito – iba a preguntarte como se encontraba.
- Nene huyo de Fukui y nadie sabe nada de ella ni la han visto.
- Tadamasa recibió algo de información sobre eso, pero no conozco los detalles.
- Alguien contrato mercenarios para seguir nuestro rastro y asesinarla - No hubo ni un parpadeo, ni la contracción de ningún musculo.
- Mitsuhide es un enemigo poderoso.
- Si… tan poderoso que puede enviar soldados en su búsqueda, como tú has hecho conmigo.
- Hay una diferencia – dijo Ranmaru con voz suave.
- ¿Cuál es?
- Tu un estas vivo – dijo Ranmaru y sonrió cuando Tsuneoki alzo la barbilla.
- ¿Voy a seguir estándolo?
- No… si no dejas de dudar de mí. ¿Cómo puedes preguntarme algo así? Me he dirigido a ti en busca de ayuda… Ahora pienso que debí haber hablado directamente con Hideyoshi, aunque me juegue el pellejo.
- ¿Cómo pretendes que te ayude? No puedo hablar con Hideyoshi.
- Yo te puedo colar en el banquete de mañana – sonrió Ranmaru – déjamelo a mí.
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